Retomo el tema del coro escolar, pero que en definitiva tratará del canto en la escuela. ¿Qué separa ambos términos en el devenir del aula? Estoy convencido que ambas tareas son dos facetas de una tarea similar.
Cuando decimos el coro del colegio y “ensayamos”, en realidad estamos dando clase. Cuando decimos que damos clase, si realmente enfocamos el tema desde el punto de vista artístico-pedagógico, es como si estuviéramos ensayando.
La siguiente es una de las ideas fundamentales que deseo destacar:
“Todo el mundo puede cantar”;
“Todo el mundo puede formar parte de un coro”;
Cantar es un hecho natural, que no debemos bloquear con las falsas premisas de que un niño “no sirve” por falta de entonación.
Obviamente soy músico y docente; conozco las dificultades para entonar que tienen algunas personas; hay también quienes tienen dificultades para correr, otras a las que les es difícil relacionarse, aquellas para las cuales hacer cálculos matemáticos es complicado o comprender las reglas de la economía les resulta complejo; no por ello dejan de correr, o de buscar comunicación con otros y estudian matemáticas o economía cuando tienen que hacerlo.
Por otra parte, todos tenemos dificultades para algo y no siempre renunciamos a tratar de hacerlo o lograrlo.
Como directores de coro, tenemos el deseo – porque nos facilita la tarea – de elegir personas para nuestro coro que posean una bella voz, musicalidad y excelente afinación.
Como docentes, tenemos la obligación de enseñar a entonar, de abrirle camino a los que desan cantar y de fomentar el canto y el canto grupal a quienes les enseñamos música.
No concibo una enseñanza áulica donde no se haga cantar a los niños. No me refiero al canto de canciones para las cuales nos sentamos a tocar el piano. Me refiero sencillamente a cantar: una melodía, una frase; a hacer música con nuestra voz.
Aquí aparece el segundo tema:
“En un colegio, ser director de coro u orquesta, es ser docente“.
“En un colegio, al ser docente de música, debemos pensar y actuar – en ocasiones – como directores de coro”.
No hay dudas que esto complica un poco el panorama, porque enseñar, y hacerlo a partir de la improvisación como sostengo en otros de mis escritos, es una posición constructivista, en la que debemos observar la creación del alumno para generar aprendizaje. Dirigir un coro, en cambio, es una tarea de sesgo conductista, donde nosotros debemos conducir al grupo, que debe acatar la dirección sin objeciones. Esto genera un dilema que debe poder resolver el director-docente.
Me gustaría que se consideren las palabras previas como una introducción, para entrar, ahora sí, en el tema del coro y contestar una serie de preguntas que me fueron hechas durante todo este tiempo:
Generar un coro, es una tarea para especialistas en dirección coral. Eso es indiscutible desde la teoría; por tanto muchas preguntas podrían ser contestadas invitando a quienes las realizan a estudiar la carrera de dirección.
La realidad es que muchas veces se exige al docente de música ser maestro, pianista, actor, director, especialista en eventos, etc. y luego se lo ata con la realidad de que no hay horas disponibles, no tenemos un aula adecuada, no hay instrumentos, etc. etc. Y ese docente no puede negarse a riesgo de dañar su relación laboral. El desconocimiento de las autoridades educativas y de la comunidad educativa en general, acerca de las complejidades y características de encarar un evento musical, los lleva a ver el tema con un excesivo facilismo.
Pese a todo, creo que los inconvenientes no deben ser excusas para plantear que uno no puede hacer la tarea: la música puede hacerse en cualquier parte y en cualquier circunstancia porque se encuentra dentro nuestro.
Me he permitido compartir 20 ideas para que, cuando el docente de música deba crear un coro, (porque quiere o porque se lo piden), tenga algunos conceptos en los cuales pensar, para realizar la tarea en la forma más práctica y exitosa posible:
1) El repertorio. Pensar en canciones adecuadas para los chicos: no olvidemos que las canciones que son para adultos, que están de moda o que “gustan a todo el mundo” son poco aptas para ser cantadas por niños; no creer que con esas canciones se va a tener éxito porque son conocidas.
2) Que estilo elegir. Nuestra tarea como docentes es educar y personalmente creo que no sólo hay que educar a los niños, sino también al público. Existe el prejuicio que la música clásica es aburrida; hasta ahora, nadie me supo contestar porqué! Música clásica y música popular son dos formas igualmente importantes y atractivas. Son música y la única condición que las califica es el componerlas e interpretarlas con calidad.
3) La audición. Cuando llega el momento de formar el grupo, hay que escuchar cada voz (una por una) y ubicarlas dentro del registro adecuado: sopranos o contraltos (agudas o graves) y si contamos con varones que ya han cambiado la voz, tenores o bajos; esto no quiere decir que debamos cantar a dos o a cuatro voces, pero sí que debemos conocer el “material” con el que trabajamos.
4) El ritmo y la afinación. Dar primordial importancia a la afinación y al ritmo dentro de cualquier canción, por sencilla que sea: todo el tiempo invertido para afinar o ajustar el ritmo, es tiempo ganado para mejorar el producto final. Esto implica que nosotros debemos ser capaces de detectar los problemas que surgen en estas áreas, cuando los chicos están cantando.
5) Unísono. El canto al unísono es muy importante y que todos se escuchen entre sí, empieza a sentar las bases de todo buen coro: que el grupo esté adecuadamente “afiatado”. No creer que cantar a varias voces agrega calidad al coro. Lo que añade calidad es hacerlo bien.
6) Las palabras. Se debe prestar mucha atención a las palabras y a su correcta pronunciación: las consonantes son necesarias para ajustar el ritmo y las vocales para sostener una melodía. Entender lo que se canta es una de las premisas fundamentales de la interpretación coral. Es, ni más ni menos, transmitir el mensaje del compositor.
7) La articulación. Atender un importante factor expresivo: la articulación; legato, non legato y staccato son tres posibilidades de emisión que enriquecen la interpretación ya sea vocal o instrumental: la experiencia me demostró que con un entrenamiento adecuado, los niños pueden realizar cualquiera de ellos.
8) La dinámica. El otro factor, la dinámica o intensidad debe también ser fielmente respetado: no tengamos miedo de cantar pianísimo y no forcemos a los niños a gritar creyendo que eso embellece el canto; nos sorprenderemos de cuánto atiende el público, cuando un grupo canta suavemente pero comunicando lo que pretende.
9) El silencio. Quienes me leen asiduamente saben de la importancia que le doy al silencio: se debe respetar en toda su plenitud. Si dura cuatro tiempos no debe existir sonido durante esos cuatro tiempos: es parte de la precisión rítmica.
10) Actitud. Busquemos que los niños sonrían cuando canten, no sólo por una cuestión de simpatía sino también para ayudar a la voz y para que estén más relajados.
11) Fraseo. Afinación, precisión rítmica, articulación, intensidad, silencios y fluidez, son los componentes esenciales del fraseo, que en definitiva es la claridad que hace comprensible al discurso musical.
12) Canto con voces diferentes. Si pensamos en cantar a dos voces, no caigamos en el error de que ambas lo hagan por terceras, ya que dificulta enormemente a los niños tomar conciencia de su propia voz y distinguirla de la otra. Cantar a más de una voz necesita, al principio, que ambas sean diferentes entre sí: una quieta mientras la otra se mueve o ambas fluyendo por movimiento contrario, facilita escucharlas y reconocerlas.
13) El canon. Es una de las formas más conocidas y utilizadas, pero no debemos olvidar que al hacer un canon, entramos en el contrapunto: cada voz debe ser muy importante en el momento que entra y cuando deja de cantar; debemos distinguir las voces durante toda la interpretación y hay que estar seguros de como lo vamos a concluir: si con todas las voces al mismo tiempo o en forma sucesiva tal como empezaron.
14) El acompañamiento. El acompañamiento de un instrumento armónico debe ser muy preciso y por supuesto con un absoluto respeto por la armonía de la obra. Para ello, no olvidar que un piano es más preciso que un teclado electrónico y que el sonido de una guitarra es tenue y no siempre adecuado para sostener la afinación del grupo. Yo aconsejo siempre no embarcarse con obras “a capella”, hasta no estar seguros que disponemos el tiempo y las condiciones adecuadas para ensayar.
15) Balance sonoro. Es muy importante pensar en el balance sonoro y mucho más ahora cuando se acude tanto a la amplificación. El coro tiene que escucharse siempre con claridad y no ser “tapado” por los instrumentos.
16) Acústica del lugar. Hay que conocer la acústica del ámbito donde se va a cantar, ya que esto incide en el resultado musical, especialmente por la articulación y por el idioma. Una acústica muy seca puede llevarnos a enfatizar el ligado y otra muy resonante necesitará que las voces estén más marcadas o articuladas. Es igual con los instrumentos para evitar una “sequedad sonora” que los desluzca o una resonancia excesiva que los “empaste” y no permita distinguirlos adecuadamente.
17) Orden. Conservar el orden sobre el escenario y captar la atención de los chicos durante toda la presentación, es vital para obtener un buen concierto: ellos deben sentirse artistas y entender que esto, además de ser muy agradable, implica obligaciones tales como estar atentos y concentrados. Guardar ese orden no sólo implica a los niños, sino también a los adultos, ya sean participantes, autoridades o público. El director del coro debería ser una especie de autoridad absoluta en el momento de la interpretación musical.
18) Atención y silencio. Sugerir y si es necesario exigir silencio en el público, es una forma de respetar a los niños, a la música y por supuesto a uno mismo: si cantamos es para ser escuchados. Reiteradas veces en mi vida, no comencé con el coro, hasta que la audiencia había hecho un real y efectivo silencio.
19) Técnica de los movimientos. Si bien un docente de música no tiene porque conocer la técnica de la dirección coral, me permito recordar que lo ideal es, cuando se dirige, lograr el mayor efecto con el mínimo de movimientos posibles. Hay momentos en que los grandes directores llevan adelante una orquesta de cien músicos, con movimientos casi imperceptibles de sus manos.
20) Planeamiento y organización. Por último, no olvidar que desde el primer día en que juntamos al grupo y lo escuchamos hasta el día del concierto, la tarea es una tarea organizada, secuenciada, con un objetivo determinado y cuya planificación necesita ser respetada para alcanzar el éxito. Respetemos y hagamos respetar por todos los que nos rodean, ese planeamiento que será esencial para un buen desempeño del coro.
En resumen, afinación y precisión rítmica, dinámica y articulación, idioma y pronunciación, balance instrumental y acústica de la sala, son las reales herramientas que nos pueden jugar a favor o en contra para una correcta interpretación y todas ellas se deben trabajar con los chicos con la seriedad y respeto con que se llevan a cabo con los adultos.
Los niños son mucho más perfeccionistas de lo que imaginamos y se sienten muy satisfechos cuando están convencidos que el trabajo se realizó adecuada y correctamente. A veces parece que lo único que les importa es el facilismo y “zafar”. Sin embargo, es patente el orgullo con que toman conciencia que si bien la tarea requirió esfuerzo, éste está más que recompensado con la calidad del producto final.
Podría extenderme mucho más, pero prefiero dejar ciertos temas para futuros escritos; ha sido una lista básica de aquellos elementos que debrían tomarse en cuenta para iniciar un grupo de canto, sea o no un coro; espero sinceramente que pueda ser de utilidad para quienes me han preguntado acerca de ello.
Hace casi 50 años que dirijo grupos corales y no puedo recordar más que dos casos en los que personas (niños o adultos) con problemas de entonación no pudieron corregirlos con un trabajo adecuado. O sus barreras psíquicas eran demasiado potentes o padecían de algún leve trastorno físico que les impedía escuchar y reconocer el sonido. No hay gente “desentonada”, hay personas que deben ser preparadas y ejercitadas para entonar. Esa es nuestra responsabilidad!
No olvidemos que estamos educando y exigir (en el buen sentido) a los niños respetar las cualidades y la calidad de la música, les irá enseñando también a respetar la calidad de la vida.
Hasta la próxima.