Música Viva

Conversando sobre la educación musical

Los deseos para el 2012

Estimados lectores, espero que el año que comienza les depare mucha felicidad y que todos sus deseos se vean cumplidos.

Pero deseo también que todos podamos volver al camino de la reflexión, del desarrollo personal basado en el conocimiento, en el reconocimiento del otro, en el entender que debemos trabajar en equipo, aprendiendo a escuchar y a respetar las ideas de quien comparten nuestro equipo y también aquellas que pertenecen a otros grupos.

La humanidad ha avanzado gracias al disenso. El intercambio de las ideas genera tensiones, altera el equilibrio y en ocasiones puede generar problemas. Sobrellevar las tensiones, aceptar el desequilibrio y solucionar los problemas es la misión de cada hombre y cada mujer cuando desean avanzar y trascender.

Ojalá que este año 2012 nos permita entender al otro, aceptarlo y comprenderlo como parte indispensable del mundo que debemos vivir; que nos traiga humildad y que podamos hacer nuestras las palabras: “Unidad en la diversidad”.

Muchas gracias, muchas felicidades

La educación musical y la moda

Algunas conversaciones con colegas y/o con estudiantes, me llevaron a escribir este artículo relacionado con la moda en la música y más aún con la moda en la educación musical.

Muchas veces, los seres humanos tendemos a “liberarnos” de los problemas actuales, utilizando para ello cualquier recurso a nuestro alcance, sin darnos cuenta que ese problema puede reproducirse, ampliarse o traernos nuevas complicaciones (a nosotros o a nuestros semejantes) en el futuro cercano o lejano.

Tal vez se pregunten que tienen que ver las dos primeras frases entre sí: no se preocupen, no estoy divagando; simplemente estoy ligando dos ideas que creo son convergentes: la “moda” y el “facilismo”. Vamos a verlas por separado, antes de unirlas para alertar por el peligro – que a mi entender – generan dentro de la educación:

MODA:

Según el diccionario de la Real Academia Española: (Del fr. mode):

  1. Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos.
  2. entrar en las modas: seguir la que se estila, o adoptar los usos y costumbres del país o pueblo donde se reside.
  3. estar algo de moda: usarse o estilarse.
  4. pasar, o pasarse, algo de moda: perder actualidad o vigencia.
  5. salir una moda: empezar a usarse.

Las definiciones y mi propia vida, me llevan a compartir algunas ideas:

  1. en ningún momento la definición de moda incluye las palabras calidad, crecimiento, desarrollo u otras que tuvieran que ver con el progreso.
  2. parece referirse a algo ambigüo, no preciso, sin causa o responsabilidad aparente, pero que tiende a instalarse en nuestra vida con una fuerza que guía y determina nuestros pasos y nuestra conducta.
  3. pero que además, es efímero. Y tiendo a imaginar que ser efímero es condición intrínseca para ser moda, porque si no lo fuera, perdería las cualidades que la definen como tal.
  4. que “estar a la moda”, es imaginar que poseemos una serie de objetos, rituales o acciones; sin darnos cuenta en ocasiones, que somos poseídos por esos objetos, rituales o acciones y que en cualquier momento y por su ser efímero, nos abandonarán, dejándonos en una permanente búsqueda de “nuevas modas”.
  5. que en muchas ocasiones la moda no pasa por una cuestión de decisión, sino de compulsión o acomodamiento.
  6. por último y para ligarlo con nuestro tema principal, que cuando sólo usamos “música de moda”, no siempre tomamos conciencia, que en realidad es esa música la que nos utiliza a nosotros.

No estoy en contra de la moda: la vivo y muchas veces la disfruto: estoy en contra de la moda no pensada, de la moda que masifica, de la moda que “nos posee”.

Éste no es un escrito filosófico o sociológico (no tengo conocimientos para enfocarlo desde esos puntos de vista), pero tiene que ver con la educación y creo que la moda está muy relacionada con ella: cuando enseñamos a pensar, a discernir, a elegir – y eso lo hacemos educando – podemos o no estar a la moda, podemos optar por lo que sí está de moda o por lo que no está de moda: entonces la moda deja de ser algo ambiguo, abstracto y sin responsables y pasa a convertirse en una decisión, pensada y asumida por cada uno de los que la viven.

FACILISMO:

Según el diccionario de la Real Academia Española:

m. Arg., Cuba, Ec., Hond., Ur. y Ven. Tendencia a hacer o lograr algo sin mucho esfuerzo, de manera fácil y sin sacrificio.

No pienso que todo debe hacerse con enormes esfuerzos, sacrificios, sin disfrutar y sufriendo en cada instancia, como ocurría hace unos años, sobre todo en la educación. Por el contrario, creo que la educación debe ser amena, divertida, un lugar de descubrimientos y un proceso donde todos aprenden: alumnos y profesores que caminan juntos por un sendero donde crecen y se van formando. Nadie “está formado” en una especialidad, todos nos “vamos formando” en los aspectos del conocimiento que elegimos. Recordemos que “no somos”, sino que “vamos siendo”.

Pero si bien creo que educar es aprender, formar, disfrutar, divertirse, etc. no creo que el camino adecuado sea ingresar en lo que llamamos “el facilismo”. Nuestra vida esta signada por el esfuerzo, cosa que vemos hasta en las etapas más sencillas y cotidianas: nacemos con esfuerzo, nuestros dientes nos representan esfuerzo, relacionarnos con otros puede serlo, independizarnos también lo es. Todos placeres que contribuyen a nuestro bienestar, pero que implican esfuerzo.

Acudir al facilismo, implica denigrar el aprendizaje, desnaturalizándolo y quitándolo del contexto de la vida; ayudar es lógico; abrir puertas, deseable; compartir experiencia, excelente; pero aceptar y enseñar por medio del “facilismo”, no sólo interrumpe el proceso de aprendizaje, sino que opera en sentido contrario, llevando al alumno y al profesor a “desaprender”.

Ahora sí relaciono todo esto con la enseñanza de la música: cuando sólo enseñamos lo que está de moda porque “a los chicos les gusta” o “se divierten”, estamos dejando de cumplir nuestro rol de guías del aprendizaje: al hacerles cantar sólo las canciones que están de moda, nunca podremos mostrarles que existen otros mundos que vale la pena explorar.

Tampoco tengo nada contra la música “de moda”, sea música tecno, cuarteto, salsa, cumbia, fusión, etc. Toda la música estuvo alguna vez “de moda”. Creo que el peligro está en la unión de “la moda” con “el facilismo”; está en recostarse en aquello que es fácil y rápidamente aceptado porque no implica esfuerzo. Todas las visiones parciales son facilistas, porque nos libran del placer (y del deber) de elegir; para elegir hay que poder pensar, conocer, reflexionar y decidir. O sea, asumir responsabilidades, no como una carga, sino como parte de nuestra esencia de seres humanos.

Concluyo con una frase de J. Baudrillard (filósofo y filólogo francés contemporáneo):

No hay un progreso continuo en esos ámbitos: la moda es arbitraria, pasajera, cíclica y no añade nada a las cualidades intrínsecas del individuo. Del mismo modo es para él el consumo un proceso social no racional. La voluntad se ejerce – está casi obligada a ejercerse – solamente en forma de deseo, clausurando otras dimensiones que abocan al reposo, como son la creación, la aceptación y la contemplación.

Está en nosotros, como docentes y más como formadores del arte – tan  íntimamente relacionado con la personalidad – ver si podemos convertir el consumo en un proceso racional, a transformar el puro deseo en creatividad, reposo y reflexión y a lograr que además de disfrutarla, la moda pueda ser un factor más de desarrollo de nuestras cualidades.

El docente y los grupos III

Continuando con el tema del escrito anterior, me gustaría profundizar un poco en el segundo interrogante planteado: la situación del docente frente al grupo y sus variantes relacionadas con la cohesión del mismo.

Ante todo quiero aclarar que en forma premeditada utilicé en el escrito anterior las palabras: “con el grupo” y ahora “frente al grupo”. Quería marcar específicamente la diferencia que no sólo es semántica sino de actitudes. Muchas veces decimos que el docente se para “frente al aula”, sin reparar que el aula es una cosa, que no necesariamente se para y que dentro de ese aula hay individuos que no deberían ser cosificados.

Que el docente esté “con el grupo”, brinda a esa relación una característica más cercana, más humana, más perceptiva que permite a todos los participantes del aula (la cosa que contiene), percibir, comunicarse, entenderse y aceptarse (en definitiva vivirse), con mucha mayor aceptación del otro. Todo grupo contiene subgrupos, en los que puede o no intervenir el docente, pero de los cuales él debería estar “avisado”, para colaborar con los posibles conflictos que surjan.

Debería también tener conciencia que él y la relación con cada subgrupo, con cada alumno o con todos en general, conforman diversos niveles de relación que son particulares en cada caso, pero que tienen un patrón común: el docente, que pertenece a todos ellos, además de pertenecer también al conjunto (grupo formal o informal) de los profesores.

Imaginemos por un momento una orquesta: la orquesta es un sistema, que tiene subsistemas (las cuerdas, los vientos, la percusión, etc.). Dentro de cada uno de ellos puede haber grupos, que además de su función específica (violines primeros o segundos, violas, etc.), pueden estar o no articulados como grupo. Por otro lado podemos encontrar grupos menores formados ad hoc: cuartetos para obras específicas, dúos, etc. y por supuesto afinidades personales que influyen (querámoslo o no) en la conformación de la orquesta y en su resultado final.

Obviamente el director no puede estar al tanto (o sí) de cada uno de los grupos que se manejan dentro de cada uno de los subsistemas, pero no caben dudas que cuanto más conozca de la articulación humana dentro del organismo, mayores resultados podrá obtener, simplemente por el mejor aprovechamiento de las relaciones que subyacen al ente “orquesta”.

Un aula es eso: una gran/pequeña orquesta, cuyo director puede decidir estar integrado al grupo o imaginar que puede conducirlo “desde afuera”, sin involucrarse emocional y perceptivamente con el grupo y con los individuos que lo forman.

El docente y los grupos II

Hablamos de las características de un grupo y del tema que debería preocupar a cualquier docente: si estará o no frente a un grupo. Tal vez deba explicar la importancia de la cuestión en la dinámica diaria del aula. El tema plantea dos opciones interesantes para su análisis:

a) ¿cuál es el grado de cohesión del grupo y cuán dispuestos a trabajar en forma conjunta: son o no son un grupo?

b) ¿cuál es el rol del docente frente a las distintas formas que adquiere ese conglomerado de personas que están junto a él en el aula, para una tarea que durará por lo menos 9 meses?

El primer punto es sencillo para ser comprendido: pocos dudarán que con un grupo que funcione como tal, donde todos se conozcan y se respeten en sus individualidades (mutua representación interna), donde todos apunten a un objetivo común, estén juntos el tiempo y en el espacio adecuados y reconociendo las tareas que deben llevar a cabo, el proceso de aprendizaje será más sencillo y más efectivo.

El segundo vuelve a plantear interrogantes: ¿cuál es el rol del docente frente a las diversas forma que adquieran los alumnos como conjunto de personas? y tal vez más importante aún: ¿se considerará el docente parte del grupo, compartirá sus vivencias, entenderá sus inter-relaciones y considerará a cada uno como un “otro” que no debe ser masificado sino respetado en su identidad? Esta pregunta, necesita de lo expresado en el punto anterior, para adquirir sentido y ser de utilidad.

En un aula de música, el docente puede formar un coro, hacer cantar un grupo acompañado de guitarras, crear una banda, generar grupos de improvisación, etc. todas actividades prácticas esenciales para el aprendizaje de la música. Poder vislumbrar las características del aula como grupo, tiende – al menos lo considero así – a facilitar cualquiera de esas actividades, donde no sólo existirá un aspecto cognitivo, sino también un compromiso psicomotriz y por sobre todo emocional y perceptivo.

 

El docente y los grupos

Muchas veces, cuando entramos al aula, pensamos cual va a ser el grupo con el que nos vamos a encontrar: ¿será un grupo que nos haga caso?, ¿se portarán bien?, ¿serán atentos?, ¿aprenderán rápidamente? etc. Algunas veces tenemos referencias de otros docentes, otras nos enfrentamos con perfectos desconocidos y en algunos casos, continuamos con nuestros propios grupos de otros años, pero probablemente ya con cambios.

Pocas veces consideramos que nos vamos a encontrar con un grupo o suma de individualidades, con sus propias normas individuales, pero también con las normas que subyacen a cualquier relación grupal. Esta visión, desde mi punto de vista, cambia notablemente el espectro de preguntas que podríamos hacernos frente a esos alumnos.

Si atendemos a las características que conforman un grupo, vemos que, según el destacado psicólogo social Pichon Riviere:

un grupo es un conjunto restringido de personas que, ligadas por constantes espacio-temporales y articulado en su mutua representación interna, se propone en forma implícita y explícita una tarea que conforma su finalidad, interactuando a través de complejos mecanismos de asunción y adjudicación de roles”.

Esta definición plantea múltiples aspectos: “conjunto restringido de personas”, “ligadas por constantes espacio-temporales”, “articulado en su mutua representación interna”, con “tareas implícitas y explícitas como finalidad”, con “complejos mecanismos de asunción y adjudicación de roles”, que nos deberían llevar a la primera de las preguntas: ¿cuándo entre al aula, me encontraré con un grupo que responde a estas características? o ¿será simplemente un conjunto de personas que actuando en forma desarticulada, conviven en un aula varias horas por día?

Para cualquier docente estas preguntas pueden ser importantes, pero para un maestro de música son fundamentales, ya que la mayoría de su trabajo será un trabajo grupal, ya sea por grupos pequeños o con la participación de toda la clase.

 

 

 

 

EL REGRESO AL BLOG

Estimados todos, después de un largo receso, motivado por diferentes circunstancias, estoy nuevamente aquí, muy decidido a que sigamos compartiendo algunas ideas acerca de la música y de su aplicación en el aula.

Afortunadamente he podido enriquecerme con conocimientos que he incorporado porque estoy realizando la carrera de Counselor (consultor psicológico), que me han abierto mucho la mirada acerca del manejo de grupos y de la relación entre las personas.

Todos sabemos que en nuestras clases, estamos constantemente manejando grupos (grupos pequeños o grupos grandes, pero grupos al fin) y en muchas ocasiones, en la música es fundamental comprender este manejo, ya que es un arte esencialmente comunitario.

Para quienes han dejado algún comentario, les pido disculpas por no haberlo podido contestar y les digo que iré haciéndolo en la medida de lo posible, así como trataré de contestar todas las preguntas recibidas.

Les envío un deseo de muchas felicidades y un muy buen año 2012. Este era simplemente un saludo de reencuentro y seguimos en comunicación.

Humberto López

“Paco Cabrera”, un orgullo de la docencia nacional

Este es un blog dedicado a la educación musical. Pero este artículo no tiene que ver con la educación musical sino con la EDUCACIÓN. Así en mayúsculas. Y me refiero a la educación, porque la “educación” es una abstracción que sólo podemos concretar quienes nos dedicamos a ella, cuando le ejercitamos con pasión y como ideal de nuestras vidas.

Tengo el honor de conocer al Señor, Maestro y Educador Francisco Cabrera. El tiempo, el trabajo y la vida nos han alejado, pero hubo una época en mi vida donde trabajando con él (en mi tránsito por el Collegium Musicum, como  parte de un coro y en una cantidad de charlas que me ilustraron y ayudaron mucho para mi labor), pude apreciar lo que significa un docente que da sentido a la educación, además de una persona con un gran sentido ético y de gran profundidad de pensamiento.

Leí con mucha satisfacción que ha sido merecedor de distinciones tanto en el plano del Gobierno de la Ciudad, como en el plano Nacional. Creo que se ha hecho justicia y celebro que se reconozca y se aplauda su dedicación, creatividad y convicción para la formación de quienes son y fueron los ciudadanos de nuestra nación.

El muy apreciado “Paco Cabrera”, es uno de esos hombres que da sentido de aplicación práctica a esa “educación”, de la que tanto hablamos y no siempre logramos poner en práctica. Es de desear que su ejemplo y su amor sean imitados por quienes lo sigan en esa maravillosa profesiópn de educar.

En lo personal, recuerdo su afabilidad, buen tratno y conocimientos, y solo me queda por decirle “Felicitaciones y Muchas Gracias, MAESTRO!”

Humberto López

El Coro Kennedy: un disgusto musical (II)

Estimados lectores, con gran satisfacción he recibido una serie de mails y comentarios acerca de mi primer artículo con referencia a la “jocosa” actuación del Coro Kennedy, entonando una canción referida a la gripe A. Increíblemente mi satisfacción está motivada por quienes, intentando defender esa causa – con argumentos referidos al humor, a la alegría de vivir, a mi “poca capacidad de disfrutar de la vida”, etc. etc. – también acudieron al insulto y a la descalificación probándome que, en forma lamentable, quienes defienden esas causas, lo hacen por medio del agravio, de la prepotencia y del “patoterismo”, cuestión muy en boga en estos días.

Hemos tenido que “censurar” algunos comentarios recibidos, con una nota a los remitentes, solicitándoles que se publicarían sus ideas, si se quitaban de ellos los comentarios soeces que incluían. Tal vez hubiera sido mejor publicarlos de esa manera, para mostrar a todos cuales son los argumentos de la defensa de dicha actitud, pero por otra parte, no creímos necesario contribuir a llenar estas páginas con escritos de tan mal gusto.

Sigo sosteniendo que el humor es muy sano, pero que tiene los límites de la ética y del respeto por el sufrimiento del otro. Sigo afirmando que hacer música no es excusa para decir cualquier cosa, simplemente porque “nos hace famosos”. Sigo pensando que la música es un hecho muy respetable y que al menos debe buscarse la calidad cada vez que la utilizamos como medio de comunicación. Sigo afirmando que utilizar una de las mejores melodías del mundo – con un texto que paradójicamente habla de la hermandad – para reírse del dolor ajeno (o al menos reirse a costa del dolor ajeno), no habla ni de alegría, ni de disfrute y mucho menos de hermandad. Creo que en realidad, habla de tristeza y asombro ante la poca sensibilidad que demuestran algunos congéneres.

Por último y contestando un comentario donde se manifiesta que el Coro Kennedy ha dejado de pertenecer desde hace un tiempo a dicha Universidad, no pongo en duda dicha afirmación, pero le sugeriría a dicha casa de altos estudios, reveer a quienes prestan su nombre, considerando una vez más lo que significa la responsabilidad de enseñar y de mostrar cultura ante la sociedad. He enviado en su momento un mail a la rectoría de dicha Universidad, sin tener hasta el momento respuesta alguna.

Esperando una vez más que todos podamos reflexionar acerca de lo que significa la música y su poder de comunicación

Hasta la próxima

Humberto López

Coro Kennedy: un disgusto musical

Estimados lectores, después de mucho tiempo me reúno con Uds. otra vez. Algunos problemas de salud me han mantenido, tal como el año pasado, lejos del blog, así que pido perdón por la tardanza en volver a escribir y por los comentarios que no pude contestar hasta el momento.

Lamento también, tener que reiniciarme en mi diálogo con quienes nos leen, a través de una circunstancia que personalmente no considero para nada agradable. Dedico mi vida a la educación musical, vivo hondamente preocupado por los problemas de la educación en general y por las causas-consecuencias de esa cultura en la cual estamos inmersos que, en líneas generales, remite a la falta de valores y a una generalizada intrascendencia, donde pareciera que nada importa y que hasta las cuestiones más serias son tomadas con un dejo de “no importancia”.

Ha habido muchas obras, comedias, películas, etc. que se han referido en forma burlesca a situaciones trágicas, pero ello se puede comprender como una forma de catarsis frente a hechos que sobrepasan por su horror, a las concepciones humanas y al entendimiento del funcionamiento de la sociedad como tal, o a tragedias que llevan al límite la resistencia de los individuos al intentar asimilarlas.

Aquí, en cambio, ha llegado a mí, un video donde se aúnan la música y las situaciones cotidianas, una de las banderas que enarbolo en este blog y que justifican muchos de los proyectos que he realizado en mi vida. Eso sí, siempre he pensado en la música y su nexo con la cotidianeidad, en forma positiva, de acción, de respeto y con el objeto de mejorar la formación de los individuos.

El Coro Kennedy, organismo de una extensa trayectoria y de clara influencia en el ambiente musical argentino ha interpretado, según se puede apreciar en la siguiente dirección de web: http://www.youtube.com/watch?v=dQj8DtYQPWY una canción referida a la gripe A, pandemia que además de ocasionar una cantidad de muertes, ha trastocado la vida de muchas personas, del mundo educativo y de alguna manera de toda la sociedad argentina. Para ello y por otra parte, ha utilizado la melodía de la parte coral de la Novena Sinfonía de Beethoven, en un arreglo “ad hoc” y cuyo texto se refiere, paradójicamente, a la hermandad entre los hombres.

No pretendo hablar de crítica musical. Mi ser músico se ha sentido tocado, pero no en mi profesión ni en la técnica musical, sino en mi aspecto de ser humano, como persona que trata de sentir al “otro” en el convencimiento de que yo también soy un “otro”. He meditado en el humor basado en una circunstancia que ha conllevado sufrimiento, que ha arrastrado vidas y que – especialmente en la salud y la educación - ha ocasionado casi un colapso en los sistemas establecidos.

Celebro el humor, aplaudo las bromas, creo que no es necesario ser adusto para ser serio, ni es indispensable dejar de lado la simpatía, para llevar a cabo tareas importantes. Si creo que así como es necesario respetar y respetarnos en nuestras ideas, más aún es importante hacerlo en nuestros padecimientos.

Lamento una vez más, reiniciar un contacto que siempre ha sido tan fructífero y hermoso con una queja de este tipo, pero no sería honesto conmigo, si luego de escribir tantas palabras acerca del valor de la música, no defendiera precisamente ese valor, al comprender que, como todos los aspectos y creaciones del ser humano, aquello que es creado para mejorar puede ser empleado también para perjudicar. La música es un producto de alta sensibilidad y enorme poder, que imaginamos tiende a permitir nuestra superación y que debe llegar a todos, como forma de patrimonio cultural indiscutible.

Un organismo musical y que además, específicamente depende de una institución educativa, debería en todo momento marcar senderos de formación y contribuir a elevar el nivel educativo y cultural de aquellos que son sus oyentes, máxime cuando por medio de Internet, esos oyentes pueden ser toda la Nación y el mundo entero. El Coro Kennedy ha realizado grandes contribuciones al conocimiento del canto coral y tenido muy importantes ocasiones de trabajar junto a notables figuras de la música popular de nuestro país. Creo que esas magníficas circunstancias no sólo brindan lugares destacados y de lucimiento, sino que también producen situaciones de responsabilidad, atendiendo a la cantidad de personas sobre las que logran influencia.

He enviado en las últimas horas, una carta a la Rectora de la Universidad Kennedy, manifestando mis puntos de vista acerca del video de referencia. No se si obtendré respuesta y por supuesto ignoro, en el caso de producirse, cual será el tenor de la misma. Sólo se, que he cumplido con lo que creo mi deber como músico y como responsable de la educación musical de mucha gente, y por supuesto con mi conciencia.

Muchas gracias, hasta pronto.

Humberto López

La educación musical y la rutina

Estamos por comenzar un nuevo año lectivo y eso implica recibir una vez más a una legión de niños y jóvenes que concurren a nuestras clases para aprender.
De acuerdo con la organización escolar y con nuestra función, debemos encontrarnos con ellos para enseñarles música. Nuestra experiencia nos indica, de acuerdo al lugar en que nos toca desenvolvernos, que seremos depositarios por un tiempo semanal, de individuos en formación que tendrán mayor o menor interés en aprender música, o cualquiera de las otras materias del currriculum.
Que compartiremos distintas formas de ser, distintos habitats, costumbres, culturas, intereses, alegrías y frustraciones que son lo que conforman cada una de las personalidades que tendrán nuestros próximos alumnos.
Conoceremos a algunos de ellos, los veremos iguales, cambiados, más pícaros, más tímidos amando aún más la música o más desinteresados en ella. A otros ni siquiera los conoceremos y serán una incógnita, un pequeño tesoro a descubrir.
Nuestra costumbre nos dice que si ellos vienen a aprender, nosotros debemos ir a enseñar (sería la forma lógica de compensar la ecuación). Esto nos desafía, en casos nos asusta, muchas veces nos preocupa y casi siempre nos acota.
Tal vez podríamos sentir ese encuentro desde otra dimensión: aquella que nos permitiera acercarnos para sentir que nosotros también podemos aprender, que de nuestra observación y de sus actitudes, surgirán interesantes temas de aprendizaje que contribuirán también a formarnos, a crecer junto con ellos.
Muchas veces pensamos los comienzos de clase como parte de una especie de guerra anual que debemos librar contra circunstancias que pueden ser adversas (grupos  desatentos, burocracia que cumplimentar, exigencias planteadas sin la provisión de recursos suficientes, situaciones sociales extremas, desinterés tanto de alumnos como de las autoridades por nuestro trabajo, etc.).
Puede ser muy útil, vivir tales situaciones pensando y sintiendo  que no existe tal batalla, que lo que puede ocurrir sea compartir, descubrir, hacer y disfrutar nuevas experiencias en un campo muy lejano al de una confrontación.
No niego que enseñar requiere e implica esfuerzo, energía y una permanente actitud de dar. Pero no olvidemos tampoco, que eso termina siendo un ejemplo para los alumnos que poco a poco integrarán su esfuerzo, su energía y nos permitirá recibir aquello que ellos también puedan dar.
Tal vez aquí debamos acudir a algunas palabras que ilustren nuestra actitud como docente: escuchar, respetar, comprender.
Y a otras que reflejarán aquello que debemos alentar en ellos: crear, idear, producir, interpretar y apreciar.
Probablemente eso nos conducirá a un último grupo de vocablos que sin dudas coronará los esfuerzos de todos: descubrir, investigar, sorprenderse y disfrutar.
La rutina del diario enseñar en un colegio puede verse alterada positivamente por la conjunción de todos estos verbos, que definen actitudes y posicionamientos poco comunes.
Cuanto menos permitamos que esa rutina se instale en nuestra actividad, más felices seremos apreciando los logros que pocas veces podríamos haber imaginado.
Muy feliz comienzo de año “lectivo” para todos los que empezamos
Muy cordialmente
Humberto López