Tenemos acá y como consecuencia de lo que comenté acerca de la voz en el aula, un tema que siempre me preocupa y que creo importante mencionar aunque sea tangencialmente: la evaluación de un alumno.
No es tema de este escrito, ni es mi deseo profundizar en él ahora, ya que hay mucho para hablar y también creo que es un tema para enfocar entre muchos, pero cuando decidimos o pretendemos decidir “quien canta y quien no” estamos evaluando, juzgando y de alguna manera situándonos en un plano superior de conocimientos y habilidades.
En mis años de director de coro, tuve la oportunidad de escuchar a mucha gente viniendo a rendir una “prueba de voz”. Curiosa terminología: ¿qué es una prueba de voz? ¿Qué se prueba, la voz, el individuo, la actitud, la afinación, la musicalidad? ¿o todo eso junto?.
Si la respuesta es “todo eso junto”, me cuesta pensar que en el término de no más de cinco minutos (no me refiero aquí a pruebas realizadas para concursos de cantantes profesionales, sino a las pruebas para ingresar a un coro de aficionados o coro escolar), podamos medir algo más que si el aspirante puede entonar aceptablemente un par de arpegios.
Y a veces, entonces, en una sola, pequeña, rápida y en muchos casos standarizada prueba, juzgamos la capacidad de alguien para pertenecer al coro o para poder seguir cantando. Y en esa pequeña, rápida y standarizada prueba decidimos sobre el futuro de un individuo que pretendía gratificarse haciendo música!
Suena un poco tremendista, pero de alguna manera es así.
Por supuesto que en esa “maratón” de examen y juicio, quienes participan buscan defenderse y en la mayoría de los casos, el diálogo comienza con: “Maestro, disculpe pero hoy estoy un poco resfriado” u otras excusas similares.
Una prueba para un coro aficionado o para un coro escolar, debería ser un período – a lo mejor bastante extendido – donde permitamos a cada uno crecer y mostrar sus posibles aptitudes en un ambiente cordial, donde predomine – por sobre todo – la cordialidad y la comunicación del hecho musical.
Los directores de coros deben tratar de conducir a los grupos a que suenen lo mejor posible, pero creo que también deberíamos entender que en un grupo que canta, además de la excelencia estética, existe la necesidad social, la búsqueda de relación, la canalización de necesidades que, una vez que se cumplen, también favorecen el desarrollo musical.
Archivo mensual: septiembre 2007
El docente de música frente al canto
Me tomé el atrevimiento de concluir el artículo anterior con una afirmación más que temeraria:
“Por otra parte no olvidemos que también TODOS los docentes deberían estar preparados para enseñar el como” en lo referido a la enseñanza del canto.
Esto me trajo otro pensamiento, íntimamente relacionado con la preparación de un maestro de música y pienso que aún deberíamos ir mucho más atrás, preguntándonos que significa un docente y que significa enseñar. Ojalá que quienes lean esto se sientan atraídos para aportar datos y opiniones con respecto a este tema, que excede y con mucho el área de la música. Retornando a nuestro tema específico, nos debemos replantear qué esperamos de un docente que en el aula deba ocuparse de que los alumnos canten.
Creo que todos los seres humanos, alguna vez cantamos. Lo hemos hecho en nuestras casas, en una fiesta, en una cancha de fútbol, en público, etc. Lo hacemos porque nos produce placer, porque es una manifestación de nuestra afectividad y como forma de transmitir nuestras emociones.
Imagino que para un docente, enseñar a cantar debe significar extraer todo esto del alumno y encauzándolo además para que cultive su voz, para que entone y/o afine mejor, para que adquiera precisión rítmica, para que exprese en forma consciente y con un sentido aquello que desea, por medio del canto.
Probablemente aquí aparezca una de las conclusiones a las que he llegado luego de presenciar múltiples clases de canto, clases de aula y de haber sido docente y director de coros durante muchos años: enseñar a cantar, significa en principio… saber escuchar.
He visto profesores de canto que pretendían transmitir una técnica de canto donde se hablaba mucho de la respiración, de la máscara, de la voz de cabeza, de la colocación etc., pero que no percibían las desafinaciones de sus alumnos. He vivido el caso de una docente que en una interesante mezcla de candor, interés, preocupación y sorpresa, me preguntó al cabo de un taller: perdón profesor pero, ¿cómo me doy cuenta cuando un niño desentona?
Debo confesar que fue una pregunta que me descolocó. Primero por no poder brindar una respuesta y segundo por pensar que estaba dando. . . clases de música!
Comparto perfectamente que todo es necesario para ser un buen músico. Pero no creo que debamos inclinarnos tanto por la técnica que dejemos de prestar atención a las condiciones básicas de quien desee hacer música: afinación, precisión y fraseo.
Por eso y terminando, deslizo una pregunta que probablemente repetiré muchas veces dentro de este blog: tenemos muy buenos e importantes programas de carreras en docencia de la música: carreras que seguramente comprenden dictados de distintas especies: melódicos, rítmicos, armónicos, etc. Esos programas, ¿incluyen el aprendizaje de la escucha real?; tal vez menos técnica, pero muy valiosa para el análisis de la voz de un niño, voz blanca, donde la impostación aún no tiene lugar.
Y he aquí entonces que el docente debería mantener una actitud equidistante entre ser el propulsor, el guía, el inspirador de cualquier niño para que cante y a la vez respetar la idiosincrasia de cada alumno, advirtiendo mediante la escucha – tal vez en ciertos casos también atendiendo a lo visual – porqué un niño puede tener dificultades para expresarse adecuadamente por medio del canto y lograr corregirlo con un sentido de alegría y superación.
La práctica del cantar en el aula
Hola, nuevamente me pongo a escribir, pensando en continuar aquello que comenté en el artículo pasado: La voz en el aula!
¿Qué actividades sugiere esa frase?
Si pienso en responder esa pregunta debería inclinarme por una primera respuesta: cantar.
Respuesta muy predecible, ¿verdad?
Sin embargo, el cantar en el aula – cuestión muy obvia desde muchos puntos de vista – tiene ciertas características que no resultan tan obvias y que vale la pena comentar, aunque con la aclaración de que no pretendo señalar situaciones ni dictar cátedra:
Por un lado, me surgen estas preguntas:
- ¿La clase, es mixta o con alumnos del mismo sexo?
- ¿Cuál es la edad de los alumnos?
- ¿Están en el período de cambio de la voz?
- ¿Tienen costumbre de cantar o es su primera experiencia?
Por otra parte:
- ¿Qué cantar?
- ¿Hacerlo con piano o a capella?
- ¿A una voz o a varias voces?
- ¿En que idioma?
- ¿En más de uno?
- ¿A qué nivel técnico se pretende aspirar?
Todas estas preguntas y probablemente muchas otras, algunas de fácil respuesta, tendrían que estar en la mente del docente que trabaja con los niños su aspecto vocal.
Unas hacen al aspecto práctico de la tarea, pero otras son generadoras de pensamientos que sin duda son fruto de las connotaciones de la misma y a la vez bases y fundamento de las actividades.
Termino reiterando la frase que coronó el artículo previo: TODOS podemos cantar. Por otra parte no olvidemos que también TODOS los docentes deberían estar preparados para enseñar el como. No quiero decir con esto que los docentes de música debieran ser especialistas en canto, sino que tienen que tener los elementos básicos para lograr que sus alumnos canten.
EL CANTO EN EL COLEGIO
Hola a todos.
Tal como comenté en mi bienvenida, este blog va a estar dedicado fundamentalmente a
la Educación Musical, tema muy amplio por cierto.
Y la primer pregunta que uno se plantea, es por donde empezar a escribir algo de lo que habló y habla durante tanto tiempo. La educación y la educación musical en particular son temas tan familiares, tan presentes en nuestra vida, tan constantes durante nuestra existencia, que parece muy sencillo ponerlos sobre “blanco y negro”. Pero comenzar implica decidir y por supuesto definir. Y las opciones son tantas y cada una de ellas encierra tanto valor y tanta riqueza que no es sencillo desechar alguna.
De cualquier manera, creo que es justo comenzar por el instrumento más inherente al hombre: la voz humana.
Ninguno de mis colegas ha de dudar cuando decimos que la voz debe ser una de las más importantes herramientas dentro de una clase de educación musical y a la vez uno de los puntos esenciales donde el educador debe enfatizar su labor.
Es fundamental que todo niño cante, que todo joven cante y que cada adulto cante, con muchas o con pocas aptitudes, pero que el cantar sea una constante, al menos durante todo su proceso educativo.
Y aquí aparece uno de los postulados que considero esenciales en cualquier formación musical: TODOS tienen el derecho y la “obligación” de cantar. Quienes tienen por naturaleza muy buena voz y quienes no han sido privilegiados por ella, TODOS pueden y deben cantar.
Es lógico que el educador musical no pueda generar grandes o bellas voces si la naturaleza no ha dado un paso previo, pero sí puede ayudar a que todo niño entone adecuadamente, tenga un claro sentido rítmico y genere una capacidad de fraseo que convierta a su canto en un hecho de comunicación.
Es mi interés dedicar bastante tiempo a presentar ideas en este aspecto. He visto muchos docentes inhibidos de cantar delante de sus alumnos y muchos más alumnos inhibidos de cantar delante de cualquier persona. Creo que una de las principales funciones de un docente de música es lograr que los niños canten sin inhibiciones y con felicidad.
Vuelvo aquí unos párrafos atrás para aclarar que es lo que quiero decir con que todos tienen el “derecho” y la “obligación” de cantar:
Derecho, porque cantar es un placer y un motivo de felicidad y nadie puede arrogarse la posibilidad de cercenarlo. Afortunadamente en muchas escuelas ya no se escucha eso de “Juancito canta horrible, así que lo puse a hacer otra cosa”, aunque todavía hay quienes crean que sólo deben cantar los que “tienen buena voz” y no entienden que cantar puede ser una meta, pero también es un proceso, que deben atravesar todos los que quieren cantar. No podemos rechazar en un coro de un colegio a un niño “porque no entona”. Nuestra obligación docente nos señala que debemos formarlos para que entonen y canten.
Obligación, por la necesidad de aplicar el canto al aprendizaje de la música, a superar las inhibiciones y a expresarse con el instrumento más cercano a nuestra esencia. La única forma de “aprender a cantar” es haciéndolo. Entonces debemos considerar que el canto es una de las formas fundamentales de aproximación a la música, y así como “imponemos” ciertas reglas (de conducta, de actitud, de desarrollo de un programa, etc.) también deberíamos “imponer” la actividad de cantar.
En mi experiencia docente he visto niños de ocho años volver a su casa llorando por haber sido rechazados para integrar el coro del colegio porque “vos no entonás” (sic). Algún profesor de matemáticas le dijo alguna vez a un alumno de tercer grado: “andate de la clase porque no sabés multiplicar”?. Es una pregunta que deberíamos hacernos cada vez que consideramos que alguien no sirve para la música: ¿Qué es enseñarla: un simple proceso de evaluación de aptitudes o un proceso complejo para alcanzar dichas aptitudes?
Y por último: ¿cuál es nuestra responsabilidad docente en ese proceso?
Bienvenida
Hola a todos!
Gracias a la tecnología y a las sugerencias de mi hijo, he decidido que nuestra página de Música Viva, se transforme en un blog.
Un blog cuyo enfoque se centrará en la música y más especialmente en la educación musical. Educación musical para todos. Música para todos. Sin limitaciones, excepto aquellas que surgen del interés de cada uno.
Nos va a interesar mucho la opinión de cada uno. Porque en base a todas esas opiniones es que podremos ir construyendo un edificio de educación. Un porqué y un para que.
Edificio en el cual podamos entender un poco más la función de la música en nuestra vida, la función de la música en la educación y las ventajas de la educación musical en la vida de todos.
Aquí comienza el blog de “música viva”. La modernidad lo denomina “blog”. Yo particularmente lo pienso como una puerta que todos podemos atravesar para encontrar soluciones a problemas comunes, respuestas a los interrogantes y planes para el futuro.
Muy cordialmente bienvenidos!