Hablar de educación, significa entre otras cosas, aproximarse a aquello que se quiere enseñar o que pretendemos que se aprenda. Cuando nos referimos a la educación musical, queremos significar que nos vamos aproximando a los distintos elementos, obras, composiciones e interpretaciones de la música.
Ahora bien, partimos del hecho que hablar de educación musical, implica ayudar a otros a conocer los elementos de la música y a saber utilizarlos, ya sea para crear nueva música, para interpretarla o para escucharla y apreciarla.
Esta secuencia de componer, interpretar, escuchar y apreciar es un orden de actividades que – al menos para mi – reviste mucha importancia y probablemente en futuros artículos iré refiriéndome a esas actividades en forma más frecuente.
Sin embargo, lo que quiero poner de relieve en este artículo, es aquello que expresé en el título, porque una vez aceptado que enseñar música tiene como objeto aproximarse a ella, el tema se convierte en cómo hacerlo.
Y es por eso que quiero mencionar un ejemplo a mi criterio paradigmático y que corresponde a una muy eficaz colaboradora de nuestros proyectos, que me pareció una cabal muestra de creatividad a partir de los recursos disponibles. Muchos de sus alumnos escuchan “cumbia villera”. Quienes hacemos música habitualmente desde un punto de vista más académico, coincidimos en que este género de música no es muy elaborado y que muchas veces la letra, que es parte de sus canciones, no acude a imágenes muy edificantes. Sin embargo, es un producto musical consumido por gran parte de la población.
La profesora Nelly Peticco, a quien me refiero, ha mostrado siempre la capacidad de comenzar sus actividades pedagógicas partiendo de la realidad, lo cual es a mi criterio, una forma muy sana de enfrentar los temas, y su realidad es, que esa música ocupa mucho del “espacio auditivo” de sus alumnos. Sin embargo, ella pretende que los chicos que estudian, puedan ampliar su horizonte y conocer otras músicas. Por otra parte, es una docente muy involucrada con la utilización de la composición y la improvisación como herramienta para el conocimiento musical.
Partiendo entonces de su realidad, descubrió que en la cumbia villera existen ciertos giros modales, que pudo ligar perfectamente con la música de ciertas Cantigas de Alfonso El Sabio. Trabajando hábilmente con ambos tipos de música, logró que sus alumnos, casi imperceptiblemente, estuvieran cantando “Cantigas”, pero por sobre todo logró también que al explicarles su “truco” reconociendo esta música, se sintieran entusiasmados y muy contentos de descubrirla.
Fue un recurso muy ocurrente para aprovechar una realidad poco constructiva y transformarla en una posibilidad de enseñanza-aprendizaje.
Sería ideal que cada uno de nosotros pudiéramos acudir a recursos creativos, que además de impulsar a nuestros alumnos, nos brindaran la satisfacción de la meta lograda sin la consabida obligación que aparenta existir cuando hablamos de educación.
La aproximación a la música – De la “cumbia villera” a las “Cantigas”
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