Música Viva

Conversando sobre la educación musical

La contaminación sonora

No hay dudas que – en forma aparentemente inexplicable – los seres humanos adoptamos costumbres que, aunque parecen “placenteras” o “agradables”, terminan perjudicándonos y a veces, matándonos. Si pensamos en el cigarrillo, las drogas, la bebida y muchas otras formas de “gratificarnos” en apariencia, pero que en el fondo nos conducen a la destrucción, podemos apreciar la realidad de esta paradoja.No soy psiquiatra o psicólogo para conocer acerca de los recovecos de la mente, pero cuando digo esto, sólo me refiero a una realidad tangible que vemos día a día. Autos que chocan y nos matan, pero dentro de los cuales seguimos conduciendo en forma irreflexiva o sin respetar las normas de tránsito. . . Vale la pena seguir enumerando?Creo que no, pero sí, incluir en esta categoría (la de los placeres destructivos) a la contaminación sonora, a esos hábitos que va adquiriendo nuestra sociedad, queriendo cada vez más volumen, sin percatarse (o haciéndolo) de lo destructiva que esa actitud resulta para nuestra vida.Los jóvenes que dentro de una discoteca reciben una andanada sonora en la cual se sienten muy cómodos (en realidad ocurre así, porque a fuerza de recibir “impactos sonoros” son en gran cantidad hipoacúsicos, los conductores que utilizan bocinas que aturden, creyendo que de esa manera pueden solucionar algo (creo que sólo dan rienda suelta a su ansiedad) o las construcciones de todo tipo que con sus máquinas nos aturden día a día, sin que nadie (ni siquiera los organismos encargados de ello) hagan algo para solucionarlo.Creo que los músicos, los maestros de música y todos aquellos que trabajamos con los sonidos, deberíamos tener un papel más activo en colaborar para formar a los niños en una “cultura del silencio”, en encontrar el placer de la tranquilidad y en aprender, por sobre todas las cosas a escucharnos a nosotros mismos y a “oír el silencio”. Me permito reproducir a continuación un artículo tomado de Clarín.com del día 19 de septiembre del corriente, que habla específicamente de esta “polución” que nos invade cada día en forma sigilosa pero ostensible.Su autor, Marcelo A. Moreno, hace un hermoso reconocimiento al silencio y a la música. Creo que los músicos, deberíamos leerlo con atención y reflexionar acerca de él.  El bochinche urbano y la música en paz
 

Marcelo A. Moreno
mmoreno@clarin.com

El otro día fui a escuchar al prodigioso intérprete Luis Salinas, un caballero de hablar suave que, con deslumbrante pericia, puede hacer gemir, reír, llorar o gritar a una guitarra.

“Gracias por el silencio”, fue el reiterado reconocimiento del artista hacia el público. Y lo explicó. Dijo que si había silencio “se podían oír notas chiquitas, que si no, se pierden”.

Vivimos en una ciudad atronada por el auge indeclinable de la construcción y sus sierras mecánicamente infernales, surcada por colectivos y camiones que juraría que no cumplen estrictamente con las normas sobre el nivel de decibeles que pueden emitir, recorrida por motos y motitos que ídem, donde a nadie le da cosa pegar bocinazos y en la cual muchos juegan a derrapar o arrancar con estrépito.

Eso sin contar con que los porteños, como los napolitanos, tenemos una inclinación natural a comunicarnos a grito pelado.

¿Sufriremos en masa de alguna tara infantil que vincula el silencio con el terror? Lo cierto es que a muchos les cuesta horrores arrancarse el iPod o el celular de las orejas. Y a los que van a escuchar un concierto, seguro que les ataca la irrefrenable tos, más en los intervalos pero también en la función.

Desde luego solemos detestar saludablemente aquel “¡Silencio!” cuartelero impuesto por algún vozarrón docente en alguna patria de la infancia. Y sabemos que por pura biología, cuanto más decenios, más ruidosa nos parece la música nueva. En su tiempo a Los Beatles los denostaron por bochincheros y el emperador José II de Austria reprochó “¡Demasiadas notas, Mozart!” al compositor angélico por la obertura inigualable de “El rapto en el serrallo”.

Pero, por ahí, vale la pena probar con el silencio. El que reina, por ejemplo, cuando todo se apaga, en algún lugar en el que prime la naturaleza. Lo primero que se notará es que el silencio está poblado de sonidos, de susurros casi imperceptibles, rumores secretos y de “notitas chiquitas”, todo lo cual suma una especie de quietud que parece cubrirnos con un manto luminoso muy parecido a la paz. Sólo por eso, vale la pena la experiencia.

El Canto Coral en la Escuela – ¿Qué deben cantar?

Retomo el grupo de artículos que he dedicado al canto coral en la escuela. Y entramos aquí en un terreno bastante difícil, que corresponde al material que los niños (y sus profesores), deberían utilizar en el colegio.
Cuando pensamos en un coro, nuestra mente (que generalmente acude a estereotipos), imagina: a)un grupo cantando “a capella”, obras que pueden ir desde el renacimiento (o el medioevo), hasta canciones correspondientes a lo denominado “música contemporánea” o, b) agrupaciones que se dedican a cultivar la música popular, generalmente acompañadas por instrumentos, donde se incluyen arreglos de piezas populares para coro de muchas obras que están en boga (desde folklore, tango, hasta música “étnica” o música “fusión”).
Como lo realizado por el primer grupo es prácticamente imposible de abordar en los colegios (ya que requiere ciertas condiciones técnico-musicales, que no se pueden alcanzar en el escaso tiempo destinado a los coros), muchas veces estos, se dedican a la segunda categoría, aquella que utiliza arreglos de música “popular”.
El tema es – a mi criterio – que este material no está orientado para niños o jóvenes en edad escolar, sino que está pensado para adultos y en muchos casos adultos profesionales. Lógicamente que, utilizarlo, garantiza un porcentaje de “éxito” ya que son canciones conocidas y “aplaudidas” por el público.
Sin embargo, considero que existen miles y miles de partituras que, con gran calidad musical, están adaptadas y son “formativas” para la voz del niño o del joven. Existen muchos compositores serios – y no con esto pienso sólo en aquellos que hacen “música académica” – sino serios por su formación, cualquiera sea el tipo de música que realicen, que han dedicado muchas horas de su vida a componer para colegios, para niños o para jóvenes, hermosas obras corales que forman un vastísimo repertorio para los coros escolares.
Y aquí creo que compartimos la responsabilidad por esa “carencia” de repertorio adecuado los docentes y las autoridades educativas por igual. Los docentes porque no siempre destinamos el tiempo necesario a investigar en el material que existe en el mundo (Internet es un vehículo formidable para conectarse con otras culturas y otras formas de hacer música) y las autoridades porque – aprovechando los mayores recursos disponibles – podrían generar catálogos de obras que, abarcando los diversos ángulos de la interpretación musical, permitan a los docentes de material diverso, clasificado incluso, por nivel de dificultad, por época, por autor, por país, etc. (como todos sabemos las bases de datos hacen milagros de clasificación), tema que – según creo – no se ha encarado seriamente. Además, cuando se enseña música en los Conservatorios a quienes quieren dirigir coros, ¿se realiza un acabado estudio del repertorio? ¿se enseña a percibir las dificultades inherentes a cada obra? ¿se prepara a los alumnos para dirigir un coro de niños o uno de adultos? ¿se establecen las diferencias – fundamentales – entre ellos?
Por último y siendo un poco más “cotidiano” me gustaría ilustrar con otro ejemplo: cuando vamos a comprar un auto, ¿queremos un auto que satisfaga nuestras aspiraciones sin tener que modificarlo o nos da lo mismo comprar un tractor y cambiar sus componentes para adaptarlo? ¿porqué en la música utilizamos tractores en lugar de buscar autos que, aunque pequeños sean originales?  
No me canso de repetir que cuando se dirige un coro o una orquesta se enseña. Tampoco que, cuando se enseña, se dirige un grupo que en algún momento hará música.
    

La música desde el compromiso

Interrumpiendo mi secuencia de artículos relacionados con el coro en la escuela, deseo insertar este comentario que surge de una muy interesante vivencia experimentada al reunirme con un compositor y docente argentino que ha provocado en mi un fuerte impacto por sus concepciones acerca de la música, el pasado, el futuro, el universo y la vida misma: el Maestro Alejandro Iglesias Rossi. Tuve el honor de recibir un obsequio de sus manos correspondiente a una grabación de su “Orquesta de Instrumentos Autóctonos y Nuevas Tecnologías”, perteneciente a la Universidad de Tres de Febrero, donde también es director de una Maestría en Creación Musical, Nuevas Tecnologías y Artes Tradicionales. (www.untref.edu.ar/posgrados/posgrados_16.htm)
Leyendo los comentarios que acompañan a la grabación y luego de conversar con él, quedó en evidencia una palabra que me pareció fundamental: el compromiso. Y así como algunas veces una idea subyace en nuestro cerebro por días, semanas, meses hasta que un día surge como una revelación, así uní dentro de mi mente esa palabra que tanto he utilizado con mis alumnos, con mis pares y con quienes me rodean, en una íntima y indisoluble ligazón con la música.
En una sociedad “light”, donde muchas cosas se conforman desde el “más o menos”, o desde el “no importa” o donde el patrón de referencia es el “me gusta o no me gusta”, encontrar una persona, un músico, me trae nuevamente el uso de la palabra “Light”, pero no como liviandad sino como Luz.
Compromiso con el pasado, con las raíces, con el yo, con la Música, con el otro, con el futuro, con el alumno, con el enseñar y con el aprender, con el crear y con el Creador, con lo que fue y lo que será, con la magia del viento y el agua, con el ser que habitó las tierras que ahora pisamos nosotros y con aquellos que nos sucederán.
Pero no un compromiso adusto de dedos que señalan y de fríos encorsetamientos, un compromiso de energía, de pasión, de entrega, de alegría.
Siempre sostengo y en algún momento volveré a escribir sobre ello, que una de las formas más fecundas de aproximar al individuo a la música es la composición y la improvisación. No la composición de Mozart (maravillosa por cierto), sino la que surge de la intimidad de su ser, utilizando el sonido, esa “circunstancia” omnipresente que nos envuelve cada día, que nos comunica y nos une.
Un niño compone música y para eso no necesita conocer reglas tonales, ni escalas de quintas, ni poder marcar complicadas fórmulas rítmicas escritas en un papel: simplemente hace música con los elementos que más a mano tiene, comenzando por su propio cuerpo. El Maestro Iglesias Rossi experimenta algo similar desde el ángulo del conocimiento desde los instrumentos de los orígenes junto a los instrumentos del futuro. Una sabia combinación del antes y después que encierra el presente, basada en el conocimiento de lo que no necesitó utilizar para expresar la creación sonora.
Me permito para terminar citar algunas frases del Maestro Iglesias Rossi, tomadas de sus comentarios a la grabación mencionada anteriormente:
“Componer debe implicar un compromiso total”
“La noción de competencia es ajena a la búsqueda interior”
“Cada alumno es un desafío, cada uno de ellos es único y la forma que debemos establecer para ayudarlos en su crecimiento interior también debe ser única”.
Todo esto me hace pensar en la maravillosa consecuencia del compromiso: la libertad.
La libertad interior, aquella que buscamos cuando enseñamos música, cuando buscamos romper las ataduras y derribar las barreras que aislan y someten a los humanos, cuando buscamos restaurar el concepto de “unidad en la diversidad”.
Murray Schafer escribió:  
“Para el niño de cinco años, el arte es vida y la vida es arte. Para el de seis, la vida es vida y el arte es arte. El primer año de escuela es un jalón en la historia del niño: un trauma”. (El Rinoceronte en el Aula, pag. 14; Ed. Ricordi)
Este duro comentario responde a una realidad de duros acartonamientos, donde las máscaras buscan protegernos hasta de nosotros mismos. Es necesario que esa transformación ocurra, desde la óptica de quienes necesitan preservar un “statu quo”, de tradiciones mal entendidas y de futuros inciertos.
Dije muchas veces que la música nos prepara para la incertidumbre. Que esa incertidumbre es una cotidianeidad. Pero me permito agregar que en circunstancias como la presente lo hace desde la certeza del compromiso, desde la verdad del origen, desde la fusión de lo que nos rodea en el tiempo y que da identidad a nuestro presente.
Agradezco haber podido capitalizar la experiencia de conocer la actividad del Maestro Iglesias Rossi, porque contribuye a formar las nuevas dimensiones donde creo debe instalarse la enseñanza de la música.

El canto coral en la escuela – ¿Cómo deben cantar?

Hay una natural tendencia en la formación de los directores de coros, que el “verdadero” canto coral, es aquel se hace “a capella” y en lo posible a varias voces.
Estoy en un todo de acuerdo con que un coro (afinado, preciso rítmicamente y con un buen fraseo) que canta a capella a varias voces, tiende a mostrar mayores posibilidades de ejecución que aquel que lo hace a una sola voz y acompañados por el piano. Esto lo veremos en un próximo artículo.
Pero, antes de decidir como deben cantar, el director de un coro escolar debe analizar muchos factores que seguramente incidirán en el rendimiento del grupo: la edad, la cantidad de integrantes, las edades, sus voces, el ámbito donde ensayarán, y la proporción entre las diversas cuerdas.
En nuestro país, venimos de un entorno poco amigable con el canto coral y la disciplina que entraña. De alguna manera todos quieren un coro, pero con pocos ensayos y que no altere el ritmo normal del colegio.
* Una de las variables a analizar para decidir como deben cantar es la que se relaciona con el lugar de ensayo. He presenciado con mucho horror, que en un colegio el lugar asignado para ensayar con el coro, era un patio que daba ¡a una avenida! por la que pasaban múltiples autos y camiones, donde el grupo padecía de una gran cantidad de perturbaciones sonoras. Alabo y felicito a la profesora que seguía tenazmente la práctica con el grupo a pesar de condiciones tan adversas.
* Otra y muy importante se refiere a los posibles varones que desean intervenir en el coro: cuando empiezan a perder sus voces de sopranos o contraltos e inician el camino del cambio de la voz, no sólo aparecen problemas de afinación, de tesitura y de calidad de voz, sino que también y mucho más importante, surgen problemas de índole personal y afectiva, como vergüenza, timidez, desvalorización, bromas, etc.
* Otra variable se relaciona con la clasificación de las voces dentro del coro, y aquí tenemos un tema que siempre me ha llamado la atención: los directores o docentes de música, tienen mucho miedo de alcanzar las notas agudas. A veces, porque ellos mismos no pueden cantarlas, otras porque creen que los niños “no llegan” y también simplemente por comodidad. Cuando uno toma las voces a los niños, debe comenzar con secuencias sonoras musicales que van subiendo en su tesitura, tratando de que el alumno esté cómodo y relajado y utilizando si es necesario, una canción conocida en lugar de un ejercicio. Llegar a los límites de su extensión no sólo implica saber “hasta donde llega”, sino también ver como llega, en cuanto a timbre, a sonoridad y a claridad en la emisión. Ahora bien, no nos engañemos, el canto es – entre otras cosas – una ejercitación muscular, que permite por medio del adiestramiento, adquirir mayores capacidades y habilidades. Si partiendo del do central un niño canta bien una sexta, en muy poco tiempo alcanzará al octava. Si parte de la octava rápidamente llegará a cantar apropiadamente una décima y así sucesivamente. Si no le “exigimos” que, con el correr del tiempo, logre notas más agudas o más graves que aquellas que somos capaces de producir, probablemente su voz no se desarrolle adecuadamente.  
* Una vez ubicadas las voces y contempladas todas las variables mencionadas, hay que hacer mucho énfasis en la correcta afinación y precisión rítmica y el fraseo. Fraseo en todas sus instancias: articulación, dinámica, respiración, pronunciación, etc.
Esto contesta el como cantar: correcta y musicalmente, desde las pruebas de voz.
Recapitulando, aceptar a todos y comenzar a cantar bien desde el principio, con el propósito de que las voces crezcan, es un trabajo duro y complejo al comienzo, pero que con el correr del tiempo brinda muchas satisfacciones y allana los caminos.. 

El canto coral en la escuela – ¿Quiénes deben participar?

Tengo ganas de detenerme en este punto, ya que hay varias cuestiones que durante mi vida en la educación, me han  planteado alumnos y colegas con respecto al canto y al coro en el aula o la escuela.
El primero de esos temas se refiere a quienes deben integrar el coro o los coros del colegio: Aquí mi respuesta es y siempre ha sido, “Todos los que quieran cantar”.
No participo de la idea por la cual hay que seleccionar a los niños para integrar el coro. Tampoco comulgo con la práctica de tener dos coros: el coro “oficial” y un coro “preparatorio” y mucho menos con aquello de: “los desentonados que practiquen en el aula”.  Esto sólo logra desmerecer a los niños y atacar su autoestima.
Todos aquellos que deseen cantar tienen el derecho de hacerlo. Quienes dirigimos, debemos enseñar a quienes no pueden hacerlo. Somos docentes y tal como he expuesto en múltiples ocasiones, nuestra tarea es enseñar. La vivencia de un niño cantando ante un público que lo aplaude, lo alienta y le permite sensaciones que no lograría de otra forma, es uno de los grandes generadores de interés para que el niño haga música.  El coro de un colegio no es un coro profesional, donde se pagan los conocimientos y habilidades con un fin netamente artístico. El coro de un colegio es un aula más, donde el niño debe transitar dificultades y el docente contribuir a allanárselas.
El director, por otra parte, debe tener los recursos suficientes como para que el coro suene bien a pesar de algunos integrantes con problemas de afinación.  Existen múltiples factores que operan en forma simultánea para lograr la sonoridad de un coro y para llevarlo adelante:

Vocación – voluntad – capacidad – afinación – precisión rítmica – ubicación de los coreutas – canto acompañado – elección del repertorio – sistemas de enseñanza – fraseo – articulación – etc.

Todas estas variables, que están “desordenadas” ex profeso, muestran un amplio panorama sobre el cual el director puede “operar” para compensar el sonido de aquellos niños que en un principio desentonan o desafinan.
Quitar a un niño el placer de participar en el coro, no es la variable por excelencia para que el coro suene mejor. ¡Cuántas veces he visto a un director que le prohibe la entrada al coro a un niño que desentona y cuando él debe enseñar las partes tampoco las afina adecuadamente y acude al piano o a la guitarra para ilustrar la melodía!
Tal vez esto suene un poco duro, pero es una de las realidades del aula y creo que debemos enfrentarla con firmeza. Probablemente nuestro coro tenga un poco menos de calidad que la de un coro ideal donde todos tengan excelentes voces, pero esta circunstancia se ve ampliamente compensada con la satisfacción que sentirán todos los que pueden participar, sean cuales fuesen las circunstancias.
Espero pronto, referirme a otras de las preguntas que he recibido durante mi vida con respecto a la práctica coral en la escuela.

La educación musical y los proyectos

  Creo que aquí he llegado a uno de los puntos neurálgicos de la educación musical: lo que hemos dado en llamar “los proyectos”.
Podríamos intentar una definición de los proyectos, aunque desde nuestra perspectiva, las definiciones posibles serán siempre incompletas.  
De acuerdo a la Real Academia Española, http://buscon.rae.es, podemos apreciar las siguientes definiciones:
2. m. Planta y disposición que se forma para la realización de un tratado, o para la ejecución de algo de importancia.
3. m. Designio o pensamiento de ejecutar algo.
4. m. Conjunto de escritos, cálculos y dibujos que se hacen para dar idea de cómo ha de ser y lo que ha de costar una obra de arquitectura o de ingeniería. http://buscon.rae.es/draeI/

 Con algunas transformaciones podríamos utilizar estas definiciones para generar una propia y adaptada al trabajo que deseamos plantear:

“Un proyecto es la planificación de un pensamiento o idea referidas a una actividad musical, ejecutable, con el propósito de difundir la educación musical, jerarquizar la función de la música en la sociedad y permitir a los individuos participar en él, ya sea en forma activa o pasiva. El mismo requiere etapas de planificación, de desarrollo y de conclusión, debiendo mantener la constante de la evaluación a través de todas ellas”.
Cómo se relaciona el tema de los proyectos con la educación musical? Por qué he traído a colación esta palabra en el contexto de la enseñanza-aprendizaje de la música?
Porque de alguna manera la experiencia (propia y de otros), me ha llevado a vislumbrar que lo que denominamos “proyectos”, puede ser un efectivo aporte para un enfoque positivo en la educación musical.
Un proyecto que reúna determinadas características, puede ser un enorme motivador para que la gente se acerque a la música, permitiéndole realizarla en forma activa, ayudando a compartir nuevas experiencias y brindando la posibilidad de sentirse reconocido por sus semejantes.
Voy a comentar en próximos artículos, algunos proyectos en los que he trabajado, refiriéndome no sólo a su desenvolvimiento, sino también a los resultados concretos que pudimos obtener a partir de su realización.  

Jesús Gabriel Segade

Tal vez un poco tarde, pero no quiero dejar pasar el momento para mencionar unas palabras para quien ya no está entre nosotros, pero seguirá estándolo en forma permanente por su trayectoria.
No he conocido demasiado al Pbro. Segade (tuve algunas ocasiones de cantar con él), pero más allá de sus innegables dotes de músico como director y organista, deseo también destacar sus actitudes docentes que pude presenciar en algunas ocasiones.
Hombre de fe, tuvo la posibilidad de llegar hasta la esencia de algunos compositores entendiendo profundamente su mensaje iluminado precisamente por esa fe.
He visto jóvenes organistas acercarse a él – incluso en momentos de apuro – para pedir consejo u opiniones y ver como las brindaba, no sólo desde el punto de vista interpretativo, sino también desde su rol de creyente, buceando más allá de lo que la partitura significaba.
Me gustaría también mencionarlo como un difusor de la música, a través de su coro, de sus arreglos y de las oportunidades que ha brindado a jóvenes músicos para que pudieran salir “a la palestra”.
Desde la educación: bravo!. Desde la música: Más bravo!
Un adiós que no es adiós sino hasta siempre.

Me permito copiar un párrafo extraído de “La Prensa Digital del primero de Octubre, como parte de este pequeño homenaje:

“Adiós al padre Segade”
 
“Jesús Gabriel Segade, que fuera arreglador musical de la obra ‘La Misa Criolla’ junto a Ariel Ramírez, falleció el sábado en nuestra ciudad”.

“Segade se desempeñó como sacerdote en la basílica de Nuestra Señora del Socorro durante cincuenta años y, además de organista, era director coral de la Cantoría del Socorro y Maestro de Capilla de la basílica del Socorro.
Sus presentaciones como organista y al frente de conjuntos orquestales y corales, lo han revelado como una personalidad definida y profundamente mística. Sacerdote por vocación, asumió su condición de músico y compositor como parte de su servicio a Dios.
Segade, que era miembro de la Academia Argentina de la Música, realizó estudios musicales con el compositor Gilardo Gilardi y el organista Perceval.
Perfeccionó su formación organística y en dirección coral en Lyon, Francia. También en ese país se especializó en Modalidad y Rítmica Gregoriana en el Instituto Saint Grégoire Le Grand, siendo profesor titular de la cátedra de órgano del Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo.
También realizó los arreglos corales de la ‘Misa Criolla y de ‘Navidad Nuestra’, obras de Ariel Ramírez.
Segade también editó a través del sello EPSA Music el disco ‘Clásicos de la canción religiosa popular II’, en enero de 2000, con temas como ‘Dios de los corazones’, ‘Por tí, mi Dios’, ‘Esta es la luz de Cristo’ y ‘Cristo Jesús’, entre otros.
Los restos del padre Segade fueron inhumados ayer en el cementerio de la Recoleta”.   

La Educación Musical y la Orquesta II

Cuando hablamos de orquesta viene a nuestra mente un gran grupo de músicos, perfectamente ordenados, interpretando obras de gran envergadura y dificultad y en muchos casos dirigidos por músicos de gran renombre y por supuesto, capacidad.
Sin embargo, orquesta también puede ser el grupo de niños o jóvenes que aún en sus primeros pasos de dominio del instrumento, llegan a interpretar obras sencillas, pero con un sentido de grupo y desde ya, respetando los parámetros de la música.
Muchas veces quienes enseñamos música nos encontramos con “ideas”, que brindan los directores de los colegios o colegas que, sin dudarlo, con muy buena intención – pero pocos conocimientos – intentan aportar sus opiniones que, lamento decirlo, poco ayudan al desarrollo de la música. He escuchado de boca de un director de colegio la siguiente opinión: “. . .y no podemos formar una banda con alguien que enseñe todos los instrumentos y los “junte”. . .  Queda tan lindo!
A veces pienso que esos ¡queda tan lindo!, ¡que lindo “ver” a los chicos tocar! y otras frases por el estilo, terminan por dañar más que lo que benefician. Lamento ser un poco duro o enérgico en el tema, pero si pretendemos enseñar música, debemos respetar sus condiciones. A esta docente uno podría responderle: “y ya que hay docentes trilingües, ¿porqué no enseñan inglés, castellano y francés en la misma clase?. La verdad, es que se ahorrarían dos maestros!”.
Cada instrumento es un secreto en sí. No hablo de un secreto “oscurantista”, es un secreto a develar, una maravilla que produce sonidos con sus timbres, sus características y sus propios descubrimientos. He visto chicos de 10 años tocando pequeñas piecitas en el fagot, en el corno, en la trompeta, en el cello, etc. que pertenecen a escuelas de enseñanza general. Y tocarlas bien!. Esa es la verdadera base de una orquesta de niños, una correcta enseñanza de cada instrumento, donde quien la dirija cuente con el apoyo de todos los docentes de instrumentos, para ir sorteando los problemas técnicos que puedan aparecer. No es necesario tocar la Consagración de la Primavera o Adios Nonino o un concierto Brandemburgués: es fundamental tocar un simple arreglo de una pieza sencilla pero con un buen sentido rítmico (además de la precisión necesaria), una correcta afinación y el fraseo y la expresividad necesarias para comunicar el mensaje musical.

Páginas musicales: un hallazgo de recuerdos

Recorriendo Internet, a fin de buscar información sobre músicos con los que podamos conectarnos en honor a compartir pensamientos similares acerca de la música, hallé un sitio que a partir de los próximos días estará entre nuestros favoritos: www.paginasmusicales.com.ar
Este website, diseñado en forma precisa reúne a mi criterio, ciertos condimentos no muy fáciles de hallar dentro de una página web: originalidad en el enfoque, erudición en los artículos, fundamentos, variedad y por sobre todo, cordialidad y amenidad. Esa cordialidad de la que a veces necesitaríamos tanto en nuestro país y esa amenidad que por momentos parece divorciada del conocimiento.
Debo confesar que además del hallazgo de la página (en estos años pasados, no he recorrido demasiado la web, por lo que no había reparado en ella), recibí una profunda emoción al encontrar en ella un artículo hecho por Pablo Sosa, músico, pastor metodista y docente, quien fue mi maestro por varios años.
No sólo recordé viejas épocas, sino que también – en ese artículo suyo “Música para todos” – vinieron a mi memoria los recuerdos de su fundación (fui uno de los primeros integrantes del grupo), y por supuesto sus ideas acerca de la importancia de la música.
Mucho compartimos con Pablo, mucho conversamos y mucho aprendí de él. Realicé mis estudios en la Facultad Evangélica de Teología (hoy ISEDET), donde el era director de su Escuela de Música. (www.isedet.edu.ar)
Fui aprendiendo su idea de la “Música Viva”, viva en quien la hacía, viva en quien la escuchaba, viva en quien la compartía. Tuve el placer de estar junto a él en algunos trabajos y proyectos, donde – por el paso del tiempo desde un “igual a igual” que nunca será “igual a igual” (no creo alcanzar su erudición y su experiencia) y en algún sentido será siempre uno de mis maestros – pude comprender más cabalmente aquello que designo con el nombre de “aspecto social de la música”.
“Música para todos” fue el nombre de un grupo. . . coral? Instrumental? Creo que mucho mejor “Musical”, eso es. . .¡Grupo Musical! que además de hacer arte y de generar arte, creó vocaciones, comunicó mensajes y permitió a mucha, mucha gente integrarse con el canto y con la música.
Recomiendo muy calurosamente a todos el artículo “Música para todos” en la página mencionada. He ahí un fantástico compendio de las ideas que me animan cuando hago música y cuando trato de enseñarla. Podemos encontrar resumidos en pocas frases los criterios por los cuales investigamos acerca de la “Comunicación Musical Creativa”!
Muchas gracias Pablo!       

Los proyectos para la Música Viva

Proyectos: he ahí una palabra muy vasta y abarcativa.
¿Qué implica esa palabra en el desarrollo de la educación musical?
¿Qué podemos hacer, cuando decimos que desarrollamos un proyecto?
Si pudiéramos “fabricar” una definición, podríamos pensar que un proyecto es una posible experiencia fundamentada, planificada, que puede desarrollarse, con un objetivo preciso, que congrega distintos actores (o no) y que puede ser evaluada con miras al desarrollo de otros proyectos.
De a poco tengo muchas ganas de ir incursionando en la forma que podríamos adoptar al educar musicalmente.
¿Cuando pensamos en la educación musical, que pensamos?
¿En brindar teoría de la música por medio de una planificación curricular?
¿En los recursos didácticos que nos permitirían llevar a cabo la tarea?
¿En enseñar los movimientos musculares por los que podemos hacer sonar un instrumento?
En el manejo de un arco, en el correcto soplido, la adecuada posición de los labios, la justeza de un salto sobre un teclado?
¿En oir obras musicales conociendo el “entramado” que les permite ser lo que son?
¿En aprender a emitir sonidos en forma afinada, con el adecuado respeto por la tradición y la correcta emisión para alcanzar a todo el público en salas cada vez más grandes?
¿O a cantar frente a un micrófono y percibir la música que nos llega desde el monitor?
Creo que muchas veces debemos pensar en todo esto, pero por sobre todas las cosas deberíamos pensar que estamos permitiendo a un ser humano, con sus propias características, adquirir ciertos conocimientos y habilidades para comunicarse con sus semejantes.
Y que en la tarea de la música, con todo el enorme aspecto emocional que la misma conlleva, debemos lograr que ese ser humano pueda comprometerse física, mental y emocionalmente con la música y ese proceso de aprendizaje.
Los proyectos pueden ser – a mi entender – una de las formas más sencillas, directas y efectivas de permitir sentir a un conglomerado de seres humanos (casi sin importar su edad), participar de esa experiencia apasionante y temeraria que es el hacer música juntos.
Y los proyectos no son sólo para la música. Los proyectos son para la Música Viva.