Nov 24 2007
El Teatro Colón y los organismos oficiales
Hay mucha preocupación en el medio musical argentino por el destino del Teatro Colón. No sólo en lo que atañe a su edificio (en pleno plan de reformas, que no se cumplirán dentro del plazo establecido), sino en cuanto a su reestructuración interna, a sus próximas temporadas y a su organización definitiva. Esto incluye el destino de muchos de sus organismos internos. Esa preocupación se transmite muchas veces en agudas críticas referentes a la cultura en nuestro país, al enfoque que exhiben algunos gobernantes en cuanto a que “la cultura debe autofinanciarse” y a la escasa repercusión que tienen los temas culturales y/o artísticos en la problemática de nuestro país.
Existe un foro de opiniones que sabia y generosamente ha creado el Sr. Armando Ayache, donde muchas prestigiosas figuras musicales de nuestro medio, envían sus mails – tanto desde nuestro país, como del extranjero – haciendo conocer sus opiniones. No siempre me siento autorizado a intervenir, ya que el foro aborda temas muy vinculados con la ópera, género al que no pertenezco y sobre el cual no me siento de ninguna manera persona autorizada.
Sin embargo, me pareció adecuado escribir algo acerca de la educación musical, que creo que es el punto más importante en la decisión acerca del Teatro, de las Orquestas y de la vida musical en nuestro país. Es muy complicado, desde mi punto de vista, hablar de cultura, si no existe educación que la sustente. Copio aquí algunos de los párrafos que envié a dicho foro, ya que me parece importante compartirlo con Uds.:
“Quienes enseñamos música, vemos a diario cual es el nivel musical de los alumnos en los colegios que frecuentamos. Hago énfasis en los colegios, porque desde ya, los conservatorios son lugares especializados que - imaginamos - congregan a quienes están vocacionados para la música, pero en realidad debería decir: el nivel musical de alumnos de colegios y conservatorios. No pretendo con esto realizar ninguna crìtica a los directivos o docentes de los conservatorios, en muchos casos profesores que brindan mucho más que lo “estipulado por ley”, para que sus alumnos puedan aprender. No, mi énfasis está puesto en largos años de lo que considero una comprensión poco adecuada de lo que significa ser músico
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En otra ocasión una docente de música, se me acercó a preguntarme: disculpe, pero ¿cómo me doy cuenta cuando un niño desentona?
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Escucho docentes de música que ensayan con “orquestas de flautas dulces” y no afinan antes de comenzar!
Oímos clases de música en los colegios donde se usan las canciones de las telenovelas de moda “porque a los chicos les gusta y con eso se enganchan”.
Podría dar cientos de ejemplos (tal vez eso habla de la cantidad de años vividos), donde la Música, la verdadera música, brilló por su ausencia en los lugares donde debía ser enseñada. Y eso funcionó siempre con la “complicidad” de muchos músicos que consideraban que la música era para arriba de los escenarios!.
Tampoco es esto una acusación: tenemos una larga tradición en nuestro país de música del romanticismo, impregnada del concepto del divismo, del instrumento solista, de las vocaciones de genios, que llevó a nuestros músicos a imaginar que lo único que era necesario era tocar o cantar o bailar bien. Y fuimos generando en la mente de quienes viven en nuestra sociedad que “la música era para elegidos”, que “sólo quienes tenían vocación podían hacer música”, e incluso que “quienes enseñaban música eran los músicos fracasados”. Y nos fuimos olvidando que la música es de todos, que el sonido nos circunda en forma omnipresente, que el hacer música debe ser un goce desde el primer momento en que se enseña, que ser músico no es ser elegido (que dentro de los músicos, luego aparecerán los elegidos) y fuimos degradando su enseñanza y alejándola de la vida cotidiana. Creo que sólo un ingeniero elegido llegó a hacer el puente de San Francisco y sin embargo hay millones de ingenieros, un sólo economista elegido llega a presidente del Banco Mundial y hay millones de economistas, hubo sólo un Bach, un Mozart, un Schoenberg, un Verdi, un Mendelssohn, pero es necesario que haya millones y millones de músicos para que surjan otros “elegidos”.
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¿cuántos Britten tenemos en la Argentina?. ¿Cuántos compositores hacen música para el aula? (música seria, con sentido artístico que tenga la dignidad de conciertos, pero las facilidades para estudiantes). ¿Cuántos Kodaly? ¿Cuántos músicos de nuestras orquestas van a las aulas de los colegios a mostrarles a los niños los milagros de un fagot, de un violín, de un corno, de una hermosa frase musical bien tocada, para despertar en ellos el sentido de la música?
Todos esos espacios que hemos ido dejando los músicos, han sido sabiamente aprovechados por quienes tienen una innegable capacidad de negocios, fomentando programas que brindan “oportunidades” a “jóvenes talentos” a los que se forma en un año para ser protagonistas de musicales que en los países de origen son interpretados por músicos con una formación académica muy grande, o programas donde se bastardea el canto y la gente habla con gran liviandad de afinación, ritmo, fraseo, etc. y que su objetivo está muy lejos de educar. Ese espacio es el que hay que recuperar o crear: el de la educación.
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Criticamos a los políticos (no estoy para defenderlos, porque no creo que lo merezcan), decimos que a los gobernantes les falta “cultura musical”, pero me gustaría saber: quien le enseñó música al Presidente de la Nación o al Jefe de Gobierno de la Ciudad o a cualquiera de los políticos que realizan sus plataformas electorales? (repito para que quede claro, no estoy defendiendo su posición), pero creo que para todos ellos, el Colón siempre ha sido un misterio (maravilloso misterio), pero misterio al fin. Me gustaría conocer una estadística que nos señale cuantas veces (en promedio), nuestras principales figuras políticas en los últimos 60 años han asistido regularmente a conciertos.
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Permítame terminar con la frase de un Maestro y Músico (así con mayúscula), con una profundidad conceptual que superó con creces los límites de la música, de la didáctica, y que siempre pensó su enseñanza desde la amplitud de un ser visto en forma holística:
“Nuestro tiempo busca mucho. Pero ha encontrado ante todo una cosa: la comodidad. Esta se extiende a todo, incluso al mundo de las ideas, y nos lo hace tan cómodo como jamás hubiéramos podido suponer. Hoy todo el mundo se las ingenia para hacerse la vida agradable”. . . “Lo mismo da que se vaya del movimiento a la búsqueda o de la búsqueda al movimiento: sólo el movimiento produce lo que puede llamarse verdaderamente formación. Es decir: preparación, conocimientos sólidos. El profesor que no se preocupa de decir más que ‘lo que sabe’ y que por lo tanto no se apasiona, exige demasiado poco de sus alumnos. El movimiento debe partir de él mismo y comunicar su inquietud a los alumnos. Entonces ellos buscarán como él”. . . El movimiento que de esta manera procede al profesor, volverá de nuevo a él. También en este sentido he aprendido este libro de mis alumnos. Y debo aprovechar esta ocasión para agradecérselo”. Arnold Schônberg (tomado del libro “Armonía” de dicho autor, publicado por “Real Musical Editores - Madrid” pag. XXIV.
Esto fue escrito en el año 1911! ! !”
He quitado párrafos de esta nota, para no hacerla tan extensa. Realmente mi pensamiento está colocado en que si todos tuviéramos la formación adecuada, muchos de los problemas que nos aquejan, no existirían. Nadie discutiría por el nivel cultural, porque éste sería un hecho.
