Una de los deberes de nuestra actividad como educadores musicales, es la evaluación de los alumnos. Personalmente imagino que también deberíamos realizar otras, que tal vez no son tan explícitas pero sí necesarias como la del entorno, las autoridades, los contenidos, la didáctica que empleamos y por supuesto nosotros mismos, en cuanto a nuestra actitud de enseñanza.
Todo acto relacionado con la enseñanza presupone una evaluación, al menos tácita. Cuando enseñamos un tema y luego pretendemos pasar a otro un poco más complicado, pero que necesita del conocimiento de aquél, comprobarlo es una evaluación per se. Por lo tanto, deberíamos admitir que hay una evaluación implícita en cada acto educativo.
También existen las evaluaciones expresas: las preguntas, los exámenes, las observaciones con respecto a alguna interpretación, el juicio del público, etc. Personalmente, no comparto demasiado los sistemas educativos que ponen el peso y el énfasis en los exámenes (trimestrales, anuales, mensuales, etc.), haciendo perder, muchas veces, el horizonte de educar para ubicarlo en el de examinar. Se comienza entonces a “enseñar y aprender para el examen”, en lugar de hacerlo para formar al alumno o para lograr que adquiera los conocimientos. Creo más en la enseñanza como un proceso, que va guiando al alumno y – como ya mencioné en otros escritos – permite a ambos (docente y estudiante), aprender juntos desde sus roles respectivos. Y aquí surge una pregunta que imagino puede sonar un poco conflictiva: si hablamos de un proceso continuo y constantemente monitoreado, ¿para qué hacen falta los exámenes?
Pero mi tema central, hoy es otro: en cualquiera de nuestras evaluaciones, generalmente mencionamos lo que está bien y ponemos énfasis en lo que está mal. Muchas veces observo dos actitudes frecuentes frente a las respuestas de los alumnos: una, indicar que está bien o que está mal, pasando a otro tema rápidamente, creo que ambas respuestas merecen una explicación; la otra actitud es la de aceptar lo que está bien y detenerse en aquello que está mal, brindando muchas explicaciones en un intento que el alumno comprenda todo aquello que hasta el momento no comprendió. Sin duda ésta, muestra más preocupación por el alumno y una genuina actitud de interés.
Pero, ¿cuántas veces nos detenemos a explicar por qué está bien lo que está bien? Esta frase parece algo obvia e incluso con poco sentido. Pero la realidad nos dice que ponemos mucho esfuerzo en corregir lo que está mal y hacemos poco énfasis en lo que está bien. Hace muchos años un profesor me dijo: “no es necesario señalar lo que está bien, porque eso es lo que corresponde; hay que indicar lo que está mal, para aprenderlo bien”. Sin dudas parece haber una lógica irrefutable en esa idea, pero que olvida palabras tales como el aliento, el premio, el reconocimiento, etc. fundamentales para que un alumno se sienta entusiasmado para continuar con ese proceso de aprendizaje.
Expliquemos lo que está bien, con el mismo énfasis con que detallamos lo que está mal.
Probablemente logremos alumnos más reflexivos y dueños de un mayor espíritu crítico!
La educación musical y la evaluación: ¿qué y cómo evaluamos?
Categoría: General
YANINA comentó:
ME PARECIO FANTASTICO LEER SU EXPERIENCIA A TRAVES DE LARGAS FRASES A VECES ESTA BUENO NO SABER SIMPLEFICAR SOY PROFE DE MUSICA Y AMO CANTAR ESTOY TRATANDO DE ARMAR UN CORO ME ANIME Y CLARO QUE ANALIZO TODO CON MUCHA CAUTELA SUS PALABRAS ME ESTAN SIRVIENDO DE PILAR MUCHISIMAS GRACIAS