Archive for December, 2007

Dec 31 2007

Una despedida que es una bienvenida – Julio Bocca

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Siempre pienso que las coincidencias pocas veces son tales. Hace varios días que no escribo en el blog (ruego me disculpen quienes siguen estos escritos) y hoy retomo esta comunicación, justo hoy que despedimos el año, hablando de la despedida de un grande.
No creo necesario aquí explicar por que es un grande. Que lo es, es algo indiscutible, pero a mis ojos se agiganta aún más, porque ha sabido retirarse a tiempo, porque tuvo la madurez necesaria para comprender los límites que nos impone la vida, límites que, cuando son adecuadamente aceptados, nos abren otras puertas y nos brindan otra dimensión.
A lo largo de mi existencia, he visto artistas, grandes artistas, que pretendieron continuar haciendo aquello para lo cual ya no tenían las capacidades necesarias. Ojos que no captan, músculos con menos tonicidad, memoria que falla, voces que no responden, son algunas de las limitaciones que vienen aparejadas con la edad.
No voy a negar que cada uno es único y que no todos tenemos los mismos problemas a la misma edad, ni tampoco puedo discutir que existen seres privilegiados que mantienen sus capacidades mucho más allá que otros. Pero indiscutiblemente, cada uno, cuando hace un serio análisis de su ser, conoce – aunque lo niegue – sus reales capacidades.
La música y principalmente el ballet, necesitan de una contribución muscular importante. En ciertos niveles, esa capacidad muscular debe estar desarrollada en forma adecuada y mantener su tonicidad y los reflejos necesarios para realizar los movimientos precisos. Lamentablemente la edad, muchas veces nos juega malas pasadas y estas características se van perdiendo. Percibir esto, nos ubica como seres humanos que asumimos nuestra realidad y que no imaginamos perpetuarnos en la cima de la fama. O, paradójicamente, renunciar a ella, sea la forma más sabia de conservarla.
Por otra parte, la madurez nos acerca al momento de la vida en que nuestra misión, más que seguir demostrando lo que podríamos hacer, se transforma para  poder transmitir a otros desde esa visión madura, el profundo sentido del arte.
Por eso es que me atrevo a decirle al gran bailarín que
Lo despedimos como un Gran Artista y lo recibimos como un Gran Maestro!         

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Dec 23 2007

Un gran saludo

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Deseo enviar a todos los lectores del blog y a quienes nos visitan, un muy cálido FELICES FIESTAS y que tengan un venturoso AÑO 2008.
Ojalá que el nuevo año nos llegue con muchos deseos de participar muy activamente en el crecimiento de la Educación Musical en nuestro país, compartiendo nuestras ideas y nuestros pensamientos.
MUCHAS FELICIDADES
Humberto López

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Dec 17 2007

Un artículo muy importante - Escuela y universidad

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No tengo por costumbre analizar en este blog artículos que no tengan que ver específicamente con la educación musical, pero considero que en este caso, vale la pena hacer una excepción, dada la trascendencia que adjudico a un escrito en “La Nación” del sábado 15 de diciembre.
El artículo de referencia se denomina “Universidad, verdad y autocrítica” y está escrito por Juan Cianciardo, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral y miembro del Conicet. Desde ya, mi comentario elude expresamente cualquier connotación política o ideológica que creo, no corresponde a este espacio, pero sí desea comentar la importancia que tiene como referente de nuestras realidades educativas. Lo que el autor menciona es la transformación de las universidades en “enseñaderos” o en “negocios” donde lo que se busca es impartir conocimientos prefijados u obtener prestigio, desdeñando la búsqueda de la verdad y promoviendo la aceptación llana de conocimientos prefijados antes que la investigación o la pérdida de valor de las ciencias humanísticas en pos de una libertad de pensamiento que se confunde con el relativismo absoluto. No es un tema simple para abordar y no me creo en condiciones de profundizar más en él, pero hizo surgir en mí una reflexión que, como valor agregado, se relaciona con nuestra educación general secundaria y primaria que podría, mediante una adecuada preparación de sus alumnos, devolver a nuestras universidades la jerarquía que alguna vez supieron conseguir.
Estamos ante una cultura del facilismo, donde la permisibilidad, la cultura “light” y el poco o nulo cuestionamiento son los procederes habituales de quienes estudian y peor aún, de quienes enseñan. No pongo en duda y jamás he puesto en duda que desde muy pequeños debemos acostumbrarnos a la reflexión y a pensar de acuerdo con nuestras propias opiniones. Pero aquí aparece esa delgada línea que confunde libertad con libertinaje, esa corriente educativa que pregona que los niños deben aprender lo que les gusta y que los adolescentes deben disfrutar de una libertad casi absoluta para pensar, sentir y actuar en el marco de la relatividad que ofrece el “show off” o lo que “se ve”.
Docentes poco preparados para enfrentar las realidades cotidianas de cada colegio, alumnos que surgen de medios sociales que ofrecen la violencia o la agresividad como los métodos de sobrevivencia y de triunfo, directores que necesitan satisfacer a los inspectores, que a su vez tienen que mostrar logros estadísticos, etc. conforman un panorama educacional que, pocas veces toma al alumno como el centro, sino como la mercadería de cambio entre la necesidad de sobrevivir o triunfar. Por supuesto que existen excepciones a esta regla, pero que sólo contribuyen a confirmarla. Aulas donde no se incita al conocimiento sino que se trabaja para una nota, donde lo importante no es el conocimiento en sí, sino la aprobación de exámenes que no prueban nada pero que sostienen el pilar de la mediocridad, generan estudiantes que entrarán a la Universidad para seguir aprendiendo sin cuestionarse para nada los conocimientos, sintiéndose seguros en la poltrona del aprendizaje, sin levantarse nunca a buscar la incomodidad del cuestionamiento y de la búsqueda profunda de la verdad.
En todos los niveles se confunde el permisivismo con la flexibilidad, la especulación sin sustento con el pensamiento crítico, la falta de límites con la democracia y las defensas de la “comodidad intelectual” con la aplicación práctica de los conocimientos. Se desdeñan los límites, porque necesitamos “jóvenes libres”, sin reparar que la verdadera libertad se consigue precisamente mediante el reconocimiento de esos límites que nos marca la presencia del otro, aquel que deberíamos reconocer como “ese otro” que distinto a mí, pero que me permite reconocerme en él.
Por otra parte, creo que tanto permisivismo choca con la propia naturaleza del adolescente que necesita de esos límites para tener contra qué luchar y no volcar esa agresividad, nacida del desconcierto del aprendizaje, contra sí mismo.
El no control de los niños, que luego serán jóvenes y acudirán a esas universidades, ha comenzado a establecer ese círculo pernicioso donde pronto esos universitarios serán a su vez profesores y tendrán hijos, a quienes inculcarán esa no necesidad de la búsqueda de la verdad, ya que en ese contexto cualquiera puede generar su “propia verdad”. Cuando esos límites desaparezcan por completo, entraremos probablemente en una anarquía no política sino pero aún, una anarquía de pensamiento y de acción que impulsará un “todos contra todos”, en aras de evitar un seguro naufragio de nuestra identidad.
Muchas producciones musicales de colegios, escuelas, institutos de enseñanza, etc. muestran esa negligencia surgida del desconocimiento y de la comodidad, donde se ha perdido la cultura del esfuerzo, donde ha desaparecido el pensamiento crítico y donde el facilismo interpretativo y la falta de una sociedad crítica permiten cualquier cosa sobre un escenario mientras que “guste”. Sin tomar en cuenta, por supuesto, que el gusto se forma, se educa, se mejora, se amplía, mediante el esfuerzo, la perseverancia, el aprendizaje y la responsabilidad.
Es también misión de cada uno de nosotros como docentes de música, como inspiradores de las manifestaciones más profundas de los individuos, como guías de seres que se internan en las profundidades del arte, contribuir a que en las universidades haya alumnos que reclamen las funciones que la universidad siempre ha tenido como “buscadora” de la verdad.    
Los músicos, los artistas y quienes se dedican a su enseñanza, tienen, por las características de sus procedimientos educativos y por las áreas de los individuos donde ejercen su influencia, grandes posibilidades de fomentar la creatividad individual y el pensamiento divergente, dentro de los límites que marquen la capacidad y la habilidad necesarias y de contribuir al pensamiento crítico, siempre sostenido por los conocimientos y la seriedad del estudio responsable.
Hagamos uso de ese privilegio y apliquémoslo en cada clase de las que seamos partícipes.   

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Dec 15 2007

Un paso más

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Me he de referir una vez más a la Orquesta de Instrumentos Autóctonos y Nuevas Tecnologías, que bajo la dirección del Maestro Alejandro Iglesias Rossi, forma parte de la UNTREF. Sólo para mencionar que podemos apreciar su interpretación y su conciente y elaborada preparación en algunas direcciones de youtube, de las cuales menciono dos:
www.youtube.com/watch?v=89uXEETRExA&feature=related
www.youtube.com/watch?v=Cu_vs2huP6M

Pregono siempre por la excelencia en la interpretación y en la enseñanza. Se que a veces las condiciones no son las ideales y que entonces debemos aspirar a lo mejor, dentro de las condiciones del entorno y de nosotros mismos y considero a este grupo como el resultado de un muy serio trabajo, responsable y fundamentado en su concepción de una de las misiones de la música y su educación.
Sigo repitiendo una y otra vez, que enseñar música es un hecho que resume tres niveles de acción: pedagógico, artístico y social. Si no tenemos un claro camino pedagógico con los recursos didácticos necesarios, la educación se resiente; si no enseñamos a interpretar desde el vamos, no hay música; si  no proyectamos esa música hacia fronteras que van mucho más allá de la estética de la música (cuestión que creo también debe estar presente), la música se aísla del hombre y deja de tener sentido trascendente.
 

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Dec 13 2007

Una invitación

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Cómo muchos de Uds. saben, mi hijo es quien me impulsa a realizar estas “modernidades” del blog, del grupo de discusión (a quien en breve enviaré un mensaje de comienzo). Admiro la cibernética, pero no puedo afirmar que sea mi fuerte. Sin embargo, es muy bueno tenerla a disposición.
De las estadísticas que él me proporciona, he podido advertir que visitan el blog muchos colegas o interesados en la música, que provienen de varios países de habla hispana (Latinoamérica), España e incluso Estados Unidos. Mi preocupación constante es la educación musical aquí, en Argentina, donde a veces podemos apreciar que está “poco atendida” por las autoridades educativas. Sin embargo, tengo mucho interés y supongo que mis colegas también, en conocer las realidades de otros pueblos, con los cuales compartimos el idioma, muchas costumbres y también sus raíces.
No me gusta referirme a las estadísticas para conocer las situaciones humanas, ya que ellas solamente reflejan la generalización de una fría mirada. Me interesa la opinión de quienes día a día trabajan, se dedican y van formando a otros en la música. Esa es la opinión que vale ante mis ojos: la que surge del conocimiento de la tarea y de las realidades que la circundan.
Por eso los invito a unirse a nuestro grupo de google, a través del cual podríamos conocer y compartir nuestras respectivas realidades y así, aunarnos en pos del ideal común: el educar por medio de la música.
En el blog hay un lugar a la izquierda mediante el cual pueden suscribirse al grupo, compartiendo los diálogos y aportando la experiencia de sus realidades.
Los esperamos!
 

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Dec 13 2007

La conmoción de enseñar – la maravilla del descubrir

Published by Humberto under General

He tenido nuevamente el placer de apreciar el trabajo de la Orquesta de Instrumentos Autóctonos y Nuevas Tecnologías que dirige el maestro Alejandro Iglesias Rossi. Esta vez en una forma más cercana, ya que quienes conformamos el grupo de trabajo que lidero en el Colegio Northlands, tuvimos la oportunidad de compartir un taller que brindaron y que estuvo íntegramente referido a su forma de realización, su fundamentación teórica y su filosofía de trabajo y de pensamiento.
Las características de su tarea no son las habituales entre los músicos de nuestro país, en el cual, la mayoría de los grupos se reúnen por breves lapsos de tiempo y la prioridad está puesta en la “excelencia técnica”, más que en la comunión entre los individuos y en la entrega al espíritu de la música. Su trabajo apunta al desafío de lo nuevo, al respeto de lo ancestral y por sobre todo a conjugar el pasado con el presente. Las raíces con el cielo y la densidad de la tierra con la fluidez del agua, para intentar alcanzar una dimensión cósmica.
Edgar Willems, plantea en uno de sus libros “Las bases psicológicas de la educación musical”, como esa antigua división entre mente, cuerpo y alma, se ve por momentos plasmada en la música realizada por las tres razas principales que habitan nuestro mundo: la raza negra, con una música predominantemente instintiva y rítmica prioriza el cuerpo, la raza amarilla, que busca primordialmente lo afectivo, lo sensitivo da prioridad a la melodía, refiriéndose al alma y la raza blanca, cuya visión puesta en lo técnico y lo racional, posee una música esencialmente armónica, en donde predomina lo mental y lo racional. No dudo que estos conceptos puedan estar superados o ser discutidos por otros teóricos de la educación musical, pero no podemos negar que por lo menos hasta la mitad del S. XX, la audición nos marcaba esa tendencia como predominante.
Un grupo que hace caso omiso de la tradición armónica, que prefiere evitar el descanso de la “cadencia perfecta”, los cuestionamientos atonales, el serialismo o cualquiera de las manifestaciones “racionales” de nuestros sistemas musicales e incursiona en el afecto y el instinto, en lo melódico y lo rítmico, yendo más allá del pensamiento al internarse en la sensación, está sin ninguna duda, cuestionando. Y el cuestionamiento es vida, es movimiento, es conmoción.
Creo personalmente, que mucho de lo que este grupo pretende rescatar – de las tradiciones, de los ancestros, de las raíces – fue en muchos casos sutilmente invadido, despreciado, destruido o invadido en aras de la “civilización”. Que se dediquen a ello, con conocimientos que lo fundamenten, con esa posibilidad que brinda el trabajo serio y un alto nivel profesional, convierte esa conmoción en un hecho saludable y muy positivo, que además puede perfectamente conectarse con la intelectualidad que nos rodea.
Quienes educamos, necesitamos la conmoción, necesitamos alimentar ese proceso vital que nos lleva a los descubrimientos y a lograr que otros se maravillen ante lo nuevo que pudieran encontrar en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Muchas veces nos sentamos en la poltrona del educador, nos refugiamos en el poder del que sabe (o que cree que sabe) y hacemos oídos sordos a cualquier cosa que pretenda removernos de nuestro sillón. Y educar es levantarse, caminar, quedar expuesto, cuestionar y cuestionarse. Es conmocionar!
          

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Dec 11 2007

La lectura musical

Published by Humberto under General

Muchas veces he conversado este tema con músicos y educadores y pocas veces nos hemos llegado a poner de acuerdo. Porque muchos asocian lectura musical con tocar una partitura en un instrumento a “primera vista”. No cabe duda que esta es una habilidad específica que no todos poseen y que permite a muchos tomar rápido conocimiento de cualquier partitura y muchas veces con gran exactitud.
Esta habilidad se desarrolla específicamente en muchos conservatorios y universidades de música del mundo, mediante la práctica intensa y en el piano, está asociada con la reducción de obras para piano de aquellas compuestas para otros instrumentos. Se comienza practicando con la lectura a primera vista de obras para piano (dos pentagramas), luego obras de tres (órgano, tríos, etc.), luego cuartetos, quintetos y así sucesivamente hasta poder descifrar rápidamente obras para orquesta sinfónica y reducirlas para piano. Pero, sigo insistiendo en que la “lectura musical” es algo que va más allá de esta capacidad.
Espero que los lectores me permitan alejarme por un momento del tema y que nos hagamos una pregunta: en general dedicamos nuestro tiempo a leer novelas, como un interesante pasatiempo. Cuando leemos una novela o el diario, ¿debemos dedicar tiempo a “estudiarlo”, o simplemente lo leemos para entenderlo y disfrutarlo? Por supuesto que en algún momento de nuestra vida hemos dedicado tiempo al aprendizaje de las letras y sus combinaciones en palabras y otro tiempo al sentido de ordenar adecuadamente esas palabras para formar las frases. Pero la realidad es que sencillamente abrimos la novela y la leemos. Hay libros que, sin duda, nos darán más trabajo comprenderlos y necesitarán más de una lectura. Pero en líneas generales todos podemos leer fácilmente un simple cuento.
Volviendo a la música, creo que la lectura musical debería ser como la lectura de un libro o del periódico: abrir una partitura y saber que nos quiere decir; cantar una melodía sin necesidad de acompañamiento instrumental; ver una obra musical y sin necesidad de ayuda externa, saber como suena y entenderla. Eso es lo que yo comprendo como “leer música”. He mostrado en ocasiones a docentes de música, piezas muy sencillas para niños y me han dicho: “Uy que lindo, a ver como suena?
Y se han sentado al piano o han tomado una guitarra para conocer el resultado musical, cuando simplemente mirándola uno debería tener conciencia de su sonido.
Busco llamar la atención sobre esto, porque creo que aquí hay una falla de funcionamiento en el sistema de educación musical argentino. Pese a que las materias figuran en el planeamiento de conservatorios e instituciones especializadas, nuestros músicos y docentes no “leen” la música. La descifran. Excelentes cantantes necesitan de un preparador para “aprender la parte”, grandes pianistas van al piano cada vez que buscan saber como algo suena, muy buenos guitarristas acuden a su instrumento para saber como es una partitura. No sería lógico que pudiéramos revisar estas instancias del sistema de enseñanza aprendizaje musical?          

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Dec 09 2007

El coro en la escuela – El repertorio del concierto

Published by Humberto under Música vocal

Luego de muchos ensayos, puede llegar el momento de un concierto y con el mismo probablemente cerraremos el año de trabajo. Aunque alguna vez hayamos cantado previamente algunas canciones en algún acto escolar o nos hayan invitado a algún festival musical en otro colegio, éste, debería ser el momento más importante del año: el concierto final!
Todo concierto exige una exhaustiva preparación del programa. Mi opinión es que las obras musicales no pueden presentarse en cualquier orden, que cada concierto debe ser planeado, no sólo en cuanto al estudio individual de las obras que lo componen, sino al orden de las mismas y al porqué de ese orden.
Existen muchas formas de “ordenar” un programa de concierto: en orden cronológico, por orden temático, por la habilidad de sus ejecutantes, etc. Probablemente deberíamos elegir el que más conviene a cada situación, aunque debo dejar en claro que muchas veces el gusto personal o situaciones extra-musicales influyen en estas elecciones.
El orden cronológico es difícilmente aplicable en los colegios, porque los coros habituales no tienen una variedad de repertorio tan amplia como para incluir distintos períodos de la música. En cambio, el orden temático, puede ser interesante y por momentos divertido (canciones referidas a la lluvia, a los oficios, a la música, a los juegos, a la ecología, etc.). También el orden por dificultad (en los habituales conciertos Suzuki, primero tocan los que están en un nivel de dificultad superior, y luego se van agregando otros de menor dificultad, por lo tanto son más, hasta concluir en una gran masa instrumental, con la obra más sencilla) puede ser aceptable.
Todas estas son formas, igualmente útiles, según su aplicación y ésta debe estar analizada y definida por el docente. Obviamente hay algunos criterios comunes que podrían ser tomados en cuenta antes de decidir, de los cuales menciono los siguientes:
• Las obras deben alternar su carácter, (tempi rápido y lento, diferentes articulaciones, dinámicas contrastantes, etc.). Desde ya que para esto, el director debe elegir un programa donde estén presentes estos diferentes caracteres. Si un director elige un programa donde todas las obras son lentas y ligadas, probablemente su concierto será aburrido, si elige todas obras rápidas y muy articuladas probablemente será. . .aburrido también. No olvidemos que el oído se acostumbra a escuchar y deja de prestar atención. El cambio, la sorpresa, lo inesperado es aquello que le otorga variedad al concierto.
• Las obras deberían seguir un orden que vaya motivando cada vez más al público. Esto también tiene sus alternativas, ya que podemos ir generando cada vez una mayor exaltación en el público, pero, en algún momento generar un “anti-climax”, que podrá servir de “descanso” a la tensión creada por dicha exaltación.
• Las obras, si tienen diverso acompañamiento instrumental, pueden estar intercaladas de tal manera que provean al público de una variedad tímbrica interesante. Si algunas piezas son acompañadas con piano y violín y otras con guitarra y flauta (por dar un ejemplo), no ubiquemos todas las primeras juntas y las otras luego. Busquemos alternar, para generar también un clima de interés.
• La primera obra y la última son de enorme importancia. Nunca pongamos allí las obras más difíciles, ya que con la primera, necesitamos que el público se sienta cómodo y satisfecho y con la última que se vaya muy entusiasmado. Poner obras complicadas en esos lugares, es hacer más difícil el éxito. La primera obra debe tratar de ser alegre y muy fluida, para que la gente “entre en confianza”. La última debe ser “apoteótica” y si es posible utilizando todos los recursos a nuestra disposición, para que resulte impactante.
• Los solos, dentro del repertorio deben estar cuidadosamente colocados, para que su posible efecto, no sea anulado por las obras de conjunto.
• Por último hay que tener mucho cuidado si por alguna razón, amplificamos parte de los instrumentos o el grupo en su totalidad. El efecto sonoro que causa la amplificación, dificulta mucho la continuación de un “grupo acústico”. Puede que queramos hacerlo, pero sólo servirá para algún tipo de efecto y siempre hay que utilizarlo con muchísimo cuidado.
Me parece que por ahora es suficiente, aunque menciono un par de últimas recomendaciones: es conveniente hacer un programa escrito del concierto, donde figure el nombre de todos los participantes. Esto nos dará trabajo, pero alentará a los niños a seguir adelante. Y es muy adecuado que el director explique las obras que se cantarán (esto último lo comentaré en algún otro escrito).  

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Dec 09 2007

La educación para escuchar

Published by Humberto under General

Cuando hablamos de educación, siempre pensamos en la figura de un colegio, sus directores, los docentes o los chicos. Pocas veces tomamos nota que la educación es una constante que debe vivirse más que aplicarse, que no está circunscripta a las cuatro paredes de un aula, sino que se da en cualquier lugar y que no sólo debemos educar en el horario de clase, sino en cada momento.
Creo que esta falta de educación constante, es la que nos hace tirar a la calle cualquier desecho por la ventanilla del auto, la de inclinarnos a hablar durante una película, la de entrar y salir en un concierto en cualquier momento o la que nos hace cometer cientos de actos diarios, donde nunca está presente el otro y que nos llevan a – por descuido, omisión o ignorancia – dañar a nuestros semejantes aunque sea a la distancia.
Por supuesto soy músico y entonces no voy a referirme a la desconsideración de ensuciar la vereda de otros, de imponer nuestro auto aunque sea violando elementales normas de seguridad o de atropellarnos para adelantarnos en una fila, sino que quiero referirme a lo que ocurre en muchos conciertos. Y como soy educador, tal vez el mayor interés de este artículo está en lo que pasa en los conciertos, o “actos” que transcurren en los colegios.
De hecho, en cualquier concierto, salvo los teatros importantes (y no aseguraría que a esta altura ya también allí), rara vez se empieza a la hora indicada. ¿Porqué? Porque los artistas esperan al público y el público que se sabe esperado, considera que puede llegar a cualquier hora alrededor de la media hora después de citado!. Si muchas veces los propios actos gubernamentales no comienzan a la hora indicada, que podemos esperar de un concierto privado! Pero muchas veces me pregunto que pasaría si los conciertos privados comenzaran sí o sí  en horario y a la gente no se le permitiera el ingreso a la sala, hasta el intervalo, pese a que hayan pagado su entrada.
Pero en realidad vamos a los colegios. Muchas veces se realizan allí espectáculos musicales de mayor o menor jerarquía, que pueden denominarse conciertos, “concerts” o simplemente “actos”. Son sin duda espectáculos donde intervienen una gran cantidad de niños y obviamente sus producciones no son de gran jerarquía artística. Esto carece de importancia frente a la jerarquía pedagógica que muchas veces tienen estos eventos, donde muchos alumnos exhiben sus logros mediante un instrumento, una canción o un coro. En este lugar donde debería mostrarse (valga la paradoja), el mayor nivel de interés en la educación, es donde el público hace gala de la mayor “irrespetuosidad”. Mientras los niños actúan, los padres charlan, entran y salen, tratan de llevarse a sus niños apenas actuaron aunque haya muchos que todavía no lo hicieron, etc.
Evidentemente estas actitudes responden a esa contradicción de nuestra sociedad, donde podemos ser solidarios frente a las grandes tragedias, pero no nos permitimos estar con el otro en las pequeñas ocasiones de cada día (podemos hacer grandes donaciones para auxiliar a las víctimas de un terrible accidente, pero no nos importa “tirar el auto encima” a otro para pasar primeros aunque corramos el riesgo de provocar nosotros mismos un accidente). Obviamente que estas contradicciones ocurren por la falta de educación realmente solidaria que hemos recibido y que reciben nuestros hijos, pero lo más importante es que los docentes, muchas veces, tampoco mantienen ese mismo respeto por quienes están sobre el escenario.
Estas cuestiones tienen su lado cómico, ya que me ha ocurrido que, frente a un concierto de alumnos, donde muchos de ellos deben tocar instrumentos o cantar, han venido padres a decirme un día, si no podríamos “hacer los conciertos más cortos”, porque son un “poco aburridos” y llamarme al día siguiente reprochándome porque sus hijos saben muy bien tres piezas instrumentales y yo les permito tocar sólo una. Yo no dudo que un concierto de dos horas de duración (con interpretaciones un poco elementales), pueda resultar aburrido si lo comparamos con cualquier concierto profesional. Pero, ¿no se piensa en la formación de todos esos niños, que con esfuerzo aprendieron esas pequeñas piezas y en muchos casos tienen el valor de superar sus inhibiciones para estar sobre un escenario?  El público es un factor de gran importancia en un concierto, como receptor, como generador de aliento para los participantes y como partícipe, en definitiva, del hecho musical. Si el público lo ve como un sacrificio, los niños lo van a ver como una obligación, si el público lo ve como un hecho placentero, los niños lo disfrutarán mucho más. Considero que los docentes deben predicar con el ejemplo, con la palabra y con los hechos para revertir estas actitudes y “educar” si es necesario tanto a niños como a padres.
Y, señores padres, respetemos un poco más el trabajo de todos los niños, aunque no sean los propios. Eso también es solidaridad!.
   

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Dec 02 2007

La unión hace la fuerza

Published by Humberto under General

Este es un artículo que probablemente repetiré periódicamente en el futuro del blog.
Somos una gran comunidad de educadores musicales, que buscamos – podría afirmar que casi todos – difundir la música y acercar a los niños a practicarla y a apreciarla.
Tenemos una gran multiplicidad de enfoques, porque – afortunadamente – también la aproximación a la música los tiene. Podemos ser músicos o educadores musicales pero a la vez ser multidisciplinarios. Luego de mucho de tiempo de charlas y conversaciones he tomado conciencia que un profesor de violín, no tiene la misma visión de la música que un docente de aula, o un pianista no siempre la ve como un oboísta, un compositor no piensa como un cantante y así sucesivamente. Esto, que algunas veces parece alejarnos de un horizonte común, sin embargo, puede enriquecer ese horizonte, simplemente combinando todas esas visiones y puntos de vista. Obviamente hay músicos y docentes que tienen una visión más “holística” y pueden adoptar posiciones más “globales” de un proceso de enseñanza-aprendizaje.
Creo que si quienes nos dedicamos a la música y a su educación comenzamos a unirnos – no sólo unirnos en amistades – sino también en el compartir conocimientos, experiencias e ideas, podríamos establecer comunicaciones fluidas por medio de estos espacios que nos brinda la cibernética, tendríamos más chances de encontrar caminos para que nuestra actividad se viera jerarquizada y nuestro rol, en la comunidad educativa cobrara presencia.
Una primera sugerencia sería que, quienes tengan interés en comenzar a crear este espacio, completen el casillero con su dirección de mail y suscríbanse allí. Es un procedimiento muy sencillo, que nos permitirá estar más rápidamente conectados para comenzar esa red de “intereses compartidos”.

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