dic 17 2007
Un artículo muy importante – Escuela y universidad
No tengo por costumbre analizar en este blog artículos que no tengan que ver específicamente con la educación musical, pero considero que en este caso, vale la pena hacer una excepción, dada la trascendencia que adjudico a un escrito en “La Nación” del sábado 15 de diciembre.
El artículo de referencia se denomina “Universidad, verdad y autocrítica” y está escrito por Juan Cianciardo, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral y miembro del Conicet. Desde ya, mi comentario elude expresamente cualquier connotación política o ideológica que creo, no corresponde a este espacio, pero sí desea comentar la importancia que tiene como referente de nuestras realidades educativas. Lo que el autor menciona es la transformación de las universidades en “enseñaderos” o en “negocios” donde lo que se busca es impartir conocimientos prefijados u obtener prestigio, desdeñando la búsqueda de la verdad y promoviendo la aceptación llana de conocimientos prefijados antes que la investigación o la pérdida de valor de las ciencias humanísticas en pos de una libertad de pensamiento que se confunde con el relativismo absoluto. No es un tema simple para abordar y no me creo en condiciones de profundizar más en él, pero hizo surgir en mí una reflexión que, como valor agregado, se relaciona con nuestra educación general secundaria y primaria que podría, mediante una adecuada preparación de sus alumnos, devolver a nuestras universidades la jerarquía que alguna vez supieron conseguir.
Estamos ante una cultura del facilismo, donde la permisibilidad, la cultura “light” y el poco o nulo cuestionamiento son los procederes habituales de quienes estudian y peor aún, de quienes enseñan. No pongo en duda y jamás he puesto en duda que desde muy pequeños debemos acostumbrarnos a la reflexión y a pensar de acuerdo con nuestras propias opiniones. Pero aquí aparece esa delgada línea que confunde libertad con libertinaje, esa corriente educativa que pregona que los niños deben aprender lo que les gusta y que los adolescentes deben disfrutar de una libertad casi absoluta para pensar, sentir y actuar en el marco de la relatividad que ofrece el “show off” o lo que “se ve”.
Docentes poco preparados para enfrentar las realidades cotidianas de cada colegio, alumnos que surgen de medios sociales que ofrecen la violencia o la agresividad como los métodos de sobrevivencia y de triunfo, directores que necesitan satisfacer a los inspectores, que a su vez tienen que mostrar logros estadísticos, etc. conforman un panorama educacional que, pocas veces toma al alumno como el centro, sino como la mercadería de cambio entre la necesidad de sobrevivir o triunfar. Por supuesto que existen excepciones a esta regla, pero que sólo contribuyen a confirmarla. Aulas donde no se incita al conocimiento sino que se trabaja para una nota, donde lo importante no es el conocimiento en sí, sino la aprobación de exámenes que no prueban nada pero que sostienen el pilar de la mediocridad, generan estudiantes que entrarán a la Universidad para seguir aprendiendo sin cuestionarse para nada los conocimientos, sintiéndose seguros en la poltrona del aprendizaje, sin levantarse nunca a buscar la incomodidad del cuestionamiento y de la búsqueda profunda de la verdad.
En todos los niveles se confunde el permisivismo con la flexibilidad, la especulación sin sustento con el pensamiento crítico, la falta de límites con la democracia y las defensas de la “comodidad intelectual” con la aplicación práctica de los conocimientos. Se desdeñan los límites, porque necesitamos “jóvenes libres”, sin reparar que la verdadera libertad se consigue precisamente mediante el reconocimiento de esos límites que nos marca la presencia del otro, aquel que deberíamos reconocer como “ese otro” que distinto a mí, pero que me permite reconocerme en él.
Por otra parte, creo que tanto permisivismo choca con la propia naturaleza del adolescente que necesita de esos límites para tener contra qué luchar y no volcar esa agresividad, nacida del desconcierto del aprendizaje, contra sí mismo.
El no control de los niños, que luego serán jóvenes y acudirán a esas universidades, ha comenzado a establecer ese círculo pernicioso donde pronto esos universitarios serán a su vez profesores y tendrán hijos, a quienes inculcarán esa no necesidad de la búsqueda de la verdad, ya que en ese contexto cualquiera puede generar su “propia verdad”. Cuando esos límites desaparezcan por completo, entraremos probablemente en una anarquía no política sino pero aún, una anarquía de pensamiento y de acción que impulsará un “todos contra todos”, en aras de evitar un seguro naufragio de nuestra identidad.
Muchas producciones musicales de colegios, escuelas, institutos de enseñanza, etc. muestran esa negligencia surgida del desconocimiento y de la comodidad, donde se ha perdido la cultura del esfuerzo, donde ha desaparecido el pensamiento crítico y donde el facilismo interpretativo y la falta de una sociedad crítica permiten cualquier cosa sobre un escenario mientras que “guste”. Sin tomar en cuenta, por supuesto, que el gusto se forma, se educa, se mejora, se amplía, mediante el esfuerzo, la perseverancia, el aprendizaje y la responsabilidad.
Es también misión de cada uno de nosotros como docentes de música, como inspiradores de las manifestaciones más profundas de los individuos, como guías de seres que se internan en las profundidades del arte, contribuir a que en las universidades haya alumnos que reclamen las funciones que la universidad siempre ha tenido como “buscadora” de la verdad.
Los músicos, los artistas y quienes se dedican a su enseñanza, tienen, por las características de sus procedimientos educativos y por las áreas de los individuos donde ejercen su influencia, grandes posibilidades de fomentar la creatividad individual y el pensamiento divergente, dentro de los límites que marquen la capacidad y la habilidad necesarias y de contribuir al pensamiento crítico, siempre sostenido por los conocimientos y la seriedad del estudio responsable.
Hagamos uso de ese privilegio y apliquémoslo en cada clase de las que seamos partícipes.

La verdad que la lectura de este artículo, abre una vez más muchas de las paradojas o incógnitas que plantea la educación de nuestro tiempo. Apenas hace tres años que formo parte de una institución educativa, Artes Visuales en el IUNA, y lo cierto es que desde el primer cuatrimestre me he encontrado con situaciones en donde, en un nivel universitario, los alumnos plantean una búsqueda de una “formula mágica” que les pueda proporcionar un éxito seguro y sin demasiadas complicaciones.
Me pongo a pensar, que muchos de los contenidos que enseñamos en artes, llevan una carga subjetiva muy grande, pero que sin embargo, esta sostenida o debería estarlo, por una búsqueda autentica y genuina de la condición “estética y expresiva”, que creemos debe tener cualquier manifestación artística.
…Me he enfrentado una y otra vez ante situaciones en las que he pedido a los alumnos, que indaguen en sí mismos, que se cuestionen, que me cuestionen, que no acepten ninguna verdad como verdad absoluta, o como elixir mágico para el éxito, y debo confesar, que en la mayoría de los casos la experiencia no ha sido del todo provechosa.
Aun en el arte, en donde muchos pensamos que la verdadera libertad radica en esa BUSQUEDA, que implica la observación interior, la de los maestros, y la mirada critica del mundo, me encuentro con futuros “artistas”, que buscan la clave del éxito y las formulas mágicas para llegar a la “composición perfecta”, o que les permita rápidamente acceder a una galería o a un circuito comercial artístico.
Soy consciente de que mi formación pedagógica nunca me preparó de manera idónea como para enfrentarme a esta realidad en las aulas, lo cual hace, que muchas veces, por no decir todas, me plantee si aquello que enseño, es el camino que puede orientar o formar a quienes se enfrentan a mí.
…Esta es un poco mi experiencia, en mi joven vida de docente, en verdad me siento reflejado con tu comentario, y con el artículo comentado. Creo que como alguna vez me dijiste,…la docencia es un apostolado, tal vez en esa dedicación, en esa intención radique la posibilidad de un cambio efectivo, sumado por su puesto a la constante capacitación, que sustente esa intención, que de otra manera, terminaría por quedar trunca.
Querido Pablo, me pareció un comentario muy atinado, que enriquece mi experiencia ya que soy músico e ignoro lo que pasa en otras artes. En algo me animo a contradecirte: la experiencia de enseñar el cuestionamiento, es siempre provechosa y desde mi punto de vista tu camino es el correcto. Vivimos en una época donde vivir (y morir) son etapas que parecen mostrarse intrascendentes. En ciertas épocas morir podía llegar a ser la justificación del vivir. Ahora, se mata y se vive sin demaisado cuidado y casi “sin importar”. Pero lo trascendente, aquello que va a ser transmitido de generación en generación y que se guarda en lo íntimo de cada uno, eso es precisamente lo que debemos enseñar los artistas. Una sola mente a la que inspires, una sola alma a la que conmuevas justifica tu trabajo. Desde lo institucional, es mucho más fácil acomodarse a las realidades sociales aparentes, pero eso es un proceso que va a ir decantando poco a poco, sobre todo cuando la sociedad perciba que lo efímero no sirve para construir las columnas sólidas del crecimiento. Hay que seguir “predicando”, porque, por otra parte, quienes pensamos y sentimos de esa forma no podemos tampoco, fácilmente, sumarnos a las legiones del facilismo.
Gracias por tu artículo, es realmente reconfortante.
Hola, soy una estudiante de Magisterio Musical y la verdad es que la lectura de este artículo me ha hecho recordar las palabras de uno de mis profesores, pues también nos comenta lo bajo (que en comparación con su época de estudiante) está el nivel de las Universidades. Este hecho, cada vez más preocupante, a título personal lo estoy sufriendo y, en lugar de adoptar la postura más cómoda y pensar q así me va a costar menos tener la carrera, me lleva a la frustración y desorientación.
Estoy en segundo curso ya y me veo sin nada claro, no tengo seguridad en nada de lo que hago y dentro de nada me tendré que enfrentar a una clase.
Es una responsabilidad muy grande el pensar que depende de una misma el conseguir que los niños aprendan, que un error o una metología incorrecta puede perjudicarles, pues no tendran sentadas las bases para cursos posteriores.
En fin, que pienso que se debería replantear el Gobierno el análisis del sistema educativo español, así como, el invertir más tanto en colegios, como en universidades, para conseguir una formación mejor de profesores y maestros pues en ello está el futuro que queremos para nuestros hijos, así como, el conseguir una sociedad basada en el respeto, el amor, la confianza… valores que por desgracia encuentro poco presentes en la sociedad actual.
Muchas gracias por todos sus artículos, me ayudan mucho a encontrarle el sentido a lo que estoy haciendo.
Estimada Estela, le agradezco mucho sus palabras. Creo que es una preocupación muy legítima y que compartimos aquí en la Argentina. Lamentablemente nuestro nivel educativo, hace años ya, se ha depreciado mucho. No sólo en contenidos, sino también en actitudes, tanto de los alumnos como de los docentes y de las autoridades gubernamentales. Sin embargo, al leer lo que Ud. comenta, me surge decirle que se quede Ud. tranquila, porque en Ud. está la semilla de la buena enseñanza, que es la preocupación por como se enseña.
Uno de los problemas que a mi entender están ocurriendo en nuestra sociedad – y a juzgar por los comentarios que recibo en muchas otras – es el tema de ubicar la atención en los procedimientos pedagógios, en los edificios, en si tenemos o no suficiente tecnología, en la organización administrativa, etc. todas cuestiones muy importantes sin duda alguna, pero donde – a mi entender – falta la preocupación por generar el interés del alumno en aprender. Los sistemas educativos no deberían “obligar” a los alumnos a aprender, sino que deberían entusiasmarlos para que “deseen” aprender.
He comentado en algún escrito que una excelente profesora de cello de EEUU, a quien conocí enseñando cello a niños de tres años por medio del método Suzuki, me decía “no existen buenos métodos, existen buenos profesores”. . .”Cualquier método es bueno en manos de un buen profesor y cualquier mal profesor estropea cualquier método”.
Estoy plenamente de acuerdo con Ud. y su profesor acerca del deterioro de la enseñanza primaria, secundaria y universitaria. Es un mal de nuestra época. Pero también se que está la esperanza en los profesores (o futuros profesores) como Ud., que siente la necesidad de que esa comunicación con sus alumnos sea fluida y positiva para el futuro de ellos. Esa inquietud la va a convertir, sin duda alguna en un futuro agente de cambio, que podrá unirse a otros, para que poco a poco podamos tratar de generar las modificaciones necesarias en el gran sistema educativo. Por ahora, lo importante es mantener dentro del aula el espíritu de la preocupación por el alumno, de vivir el proceso de enseñanza-aprendizaje como un intercambio y de pensar en como acercar al alumno a la música, guiándolo y permitiéndole crear y ser él mismo.
Le comento que estamos generando un grupo en Google, compuesto por docentes que, encontrándose en líneas de pensamiento parecidas (o no), se están uniendo a él para discutir ideas musicales. Somos simplemente docentes de música que pretendemos intercambiar ideas. Por ahora lo estamos formando y acercándonos de a poco. En febrero, cuando regresemos de nuestras vacaciones, vamos a ir proponiendo temas y su enfoque acerca de la educación musical, que pueden servirnos a todos. Si le interesa la invito a suscribirse y ser parte de él. Creo que hay que hacerlo por medio de esa casilla que está a la izquierda del blog. (Mi hijo entiende más de estas cosas). Me gustaría mucho que Ud. pudiera compartir nuestras ideas y aportar las propias.
La felicito por sus inquietudes y no se preocupe. En la docencia nada más cierto que aquello que dice “se hace camino al andar. . .”. Y en su espíritu está el hacer el camino.
Un gran saludo y un excelente 2008!