Siempre pienso que las coincidencias pocas veces son tales. Hace varios días que no escribo en el blog (ruego me disculpen quienes siguen estos escritos) y hoy retomo esta comunicación, justo hoy que despedimos el año, hablando de la despedida de un grande.
No creo necesario aquí explicar por que es un grande. Que lo es, es algo indiscutible, pero a mis ojos se agiganta aún más, porque ha sabido retirarse a tiempo, porque tuvo la madurez necesaria para comprender los límites que nos impone la vida, límites que, cuando son adecuadamente aceptados, nos abren otras puertas y nos brindan otra dimensión.
A lo largo de mi existencia, he visto artistas, grandes artistas, que pretendieron continuar haciendo aquello para lo cual ya no tenían las capacidades necesarias. Ojos que no captan, músculos con menos tonicidad, memoria que falla, voces que no responden, son algunas de las limitaciones que vienen aparejadas con la edad.
No voy a negar que cada uno es único y que no todos tenemos los mismos problemas a la misma edad, ni tampoco puedo discutir que existen seres privilegiados que mantienen sus capacidades mucho más allá que otros. Pero indiscutiblemente, cada uno, cuando hace un serio análisis de su ser, conoce – aunque lo niegue – sus reales capacidades.
La música y principalmente el ballet, necesitan de una contribución muscular importante. En ciertos niveles, esa capacidad muscular debe estar desarrollada en forma adecuada y mantener su tonicidad y los reflejos necesarios para realizar los movimientos precisos. Lamentablemente la edad, muchas veces nos juega malas pasadas y estas características se van perdiendo. Percibir esto, nos ubica como seres humanos que asumimos nuestra realidad y que no imaginamos perpetuarnos en la cima de la fama. O, paradójicamente, renunciar a ella, sea la forma más sabia de conservarla.
Por otra parte, la madurez nos acerca al momento de la vida en que nuestra misión, más que seguir demostrando lo que podríamos hacer, se transforma para poder transmitir a otros desde esa visión madura, el profundo sentido del arte.
Por eso es que me atrevo a decirle al gran bailarín que
Lo despedimos como un Gran Artista y lo recibimos como un Gran Maestro!
Una despedida que es una bienvenida – Julio Bocca
Categoría: General
Etiquetas: artista;maestro
Fernando Candeias comentó:
Creo que sin lugar a dudas será como lo titulaste “Despedida de un ARTISTA, bienvenida a un Maestro”. Supo retirarse a tiempo y eso lo hace aún mas grande.
Abrió la despedida con Eleonora Cassano su eterna pareja que, como ella misma dijo, ahora se queda viuda y con Maximilano Guerra, para muchos su rival… siempre buscamos rivales en vez de potenciar logros.
Reunió, en su despedida, a aquellos amantes del ballet, a los que no lo son… a padres, hijos, abuelos, nietos… Se despidió entre generaciones que lo vieron nacer y otras que sólo lo vieron despedirse. Tuvo el privilegio de que el Obelisco sea el testigo de su último salto y de llevarse en el alma el afecto de los que supieron reconocer a UN GRANDE.
Simplemente un ejemplo a seguir.
Humberto comentó:
Estimado Fernando, una respuesta tardía, pero he estado ausente. Muchas gracias por el comentario. Soy un convencido que la música en cualquiera de sus manifestaciones es un gran instrumento para unir a los individuos. Creo que todo aquello que pueda servir de ejemplo para eso es muy útil y terminará beneficiándonos a todos.
He conocido muchos “grandes” que se empequñecieron por no seguir la lección de la vida, esto es: darnos cuenta cuando debemos ceder los espacios a otros, para que continúe ese hilo conductor que nos impulsa como humanidad.
Encontrar gente que comprende eso, alienta a seguir en el camino.
Muchas gracias, feliz 2008!