Jan 01 2008
Derribar las barreras – El retiro de Julio Bocca
Retomando mi artículo acerca del “retiro” de Julio Bocca, vuelvo otra vez a la idea del Maestro y en este caso la extiendo al maestro que se atreve a experimentar.
Los que me conocen saben que soy un músico de formación clásica, ortodoxa, tradicional, para quien durante muchos años la experiencia más gratificante en la música era un madrigal renacentista, una cantata de Bach o una sinfonía, manifestaciones musicales que suponía como de nivel superior.
Pasó mucho tiempo y mucha agua bajo el puente, para darme cuenta que la música es una manifestación del hombre y que, por lo tanto, existen muchas autenticidades y que la cuestión de los niveles no es un tema tan simple de resolver.
No voy a discutir que una sinfonía presupone una elaboración mucho más grande que una zamba, que una ópera concentra más recursos que un tango, que un oratorio necesita más elementos que una cumbia o que un lied tiene mayor profundidad compositiva que un cuarteto. Tampoco voy a negar, que sigo prefiriendo los lieder a los cuartetos y las cantatas a las cumbias.
Pero también he comprendido que la música es un hecho social y que como tal, es necesario analizarla dentro del contexto donde se desenvuelve. No acudo aquí a la premisa facilista de aceptar todo lo que hay, porque es así. Creo en las transformaciones, creo en la educación, creo en que hay que guiar a nuestros jóvenes en la capacidad del pensar para que puedan decidir, pero no podemos negar la realidad ni tampoco aislarnos, sosteniendo que “hay quienes a los que la cultura no les interesa” o que “el Colón solo se debe usar para la ópera o el ballet”. La cultura en el contexto de un teatro, es un tema que se aprende y la responsabilidad de enseñarla recae en quienes ya la conocen.
Creo que los parámetros de validez del arte son su calidad y su comunicación. Ambos dentro del marco en que se inserta. Por eso me sentí tan feliz al ver el espectáculo de despedida de Julio Bocca!.
Más allá de unir los distintos géneros musicales, su última presentación (la de despedida), funcionó para mí como un símbolo, ya que estuvieron representados el ballet, la canción, la música instrumental y todo ello en un ambiente seriamente distendido, quitándole esa lejanía que muchas veces caracteriza a géneros tan “formales” como el ballet o la ópera.
Ojalá que muchos artistas de los “grandes” logren esta confluencia de distintas culturas, sin perder por ello la calidad y el respeto por el arte.
