feb 01 2008

La Música

Publicado por Humberto at 8:14 en General

He reiniciado mi labor del año y no quería dejar pasar el día de hoy sin escribir en el blog, buscando simbolizar mis pensamientos, con respecto a la música y a su educación.
Pensando en él, surgieron las siguientes preguntas: ¿Cómo llamarlo? ¿A qué referirme?
Pensé que lo mejor sería comenzar pensando en la música en general, no sólo en aquella de los recitales, de los conciertos, de los colegios o de los conservatorios, sino sólo de la MÚSICA. Y por supuesto pensé también en quienes tienen a su cargo el enseñarla, el transmitirla, el ponerla en manos de los demás.
Vivimos un momento en el cual la sociedad cuestiona muchas de las tradiciones, busca nuevos caminos, desafía con nuevos mensajes y por sobre todo, desde un punto de vista, pone en tela de juicio las aparentes “seguridades” y por otro, en muchos casos, acepta pasivamente modificaciones que hacen a profundos cambios en su modo de vida.
No soy sociólogo ni un entendido en la materia, pero pareciera que hay una especie de “cuestionamiento superficial”, que nos hace protestar contra todo, pero que a la vez nos lleva a aceptarlo.
Vivimos en un entorno que nos muestra enormes acontecimientos mediáticos, donde – sin cuestionar sus fundamentos ni sus objetivos – asistimos a concursos, torneos, selecciones de actores, actrices, cantantes, con jurados no acordes con la materia de que se habla, en los que ilusionamos a miles de jóvenes con un “estrellato fácil” que en muchos de los casos termina “estrellándolos” contra una realidad muy dura.
Una forma de vida que privilegia el facilismo por sobre el esfuerzo y que en muchos casos nos lleva a comparaciones no muy positivas: “¿para qué me voy a preocupar, si aquel consiguió tal cosa sin ningún esfuerzo?” Una era de zapping, un período de velocidades extremas, una época donde, por dar un ejemplo, a pesar de los muertos que se ven a diario en accidentes de tránsito, todos seguimos considerando que podemos violar sus normas y donde lo que predomina es la falta de respeto y la fuerza por sobre la razón.
Llegado aquí, pareciera que el escrito no tiene referencias a la música, ni a su educación y que es una serie de pensamientos negativos con respecto a la vida. No es mi intención brindar panoramas oscuros, sino ver como podemos, desde nuestro lugar de músicos y educadores, compensar un poco esa extrema superficialidad que nos rodea.
La música – cualquiera sea su manifestación – hecha con un sentido de trascendencia, con un objetivo de comunicación profunda, de transmisión de aquello que sentimos y realizada con la necesaria responsabilidad, es una actividad que – creo que todos sabemos – nos conduce a pensar, a sentir y a encontrarnos con nosotros y con nuestros semejantes que la comparten.
Lamentablemente creo que debemos excluir de este grupo a la música comercial y a aquellos que buscan realizarla sólo para lograr una fama efímera. Creo que quienes me conocen saben que respeto y aliento cualquier actividad musical que se emprenda: coros, grupos de rock, orquestas, cantantes, folkloristas, etc. No es importante cual sea la manifestación musical, lo que es importante es la intencionalidad y la profundidad con la que esta actividad se realice.
Esa es una de nuestras misiones al enseñar música: conducir a que, quienes pretenden adquirir conocimientos o formarse con nosotros, comprendan y acepten que los verdaderos logros – más o menos modestos – se alcancen mediante una actitud de compromiso y esfuerzo, que al cabo del tiempo, nos dará muchas más satisfacciones.
La música es interpretación. Su actividad nos expone. También su realización, su escucha y su análisis son cuestiones de proyección hacia la sociedad.
Enseñarla es un proceso pedagógico, artístico y social. En su devenir están involucradas todas las áreas de nuestro ser: lo físico, lo racional y lo sensitivo.
Con esto termino: los músicos tenemos todas las herramientas posibles para un pleno trabajo personal y social, para un crecimiento integral de nuestro ser, que además nos puede producir infinitas satisfacciones. No lo desperdiciemos!
Tampoco pensemos en abrumar a nuestros alumnos con la responsabilidad de “ser músico”. Conduzcámolos con alegría, tratemos que las clases sean descubrimientos, que se sientan contentos con sus logros y que puedan desarrollar su creatividad. Tal vez, luego podamos decir: Misión cumplida!
Me alegro mucho de encontrarnos nuevamente y agradezco a quienes comparten sus comentarios y espero que muchos más sigan haciéndolo
Hasta pronto!     
 

No responses yet

Trackback URI Comments RSS

Leave a Reply