feb 18 2008
La gran melodía de Beethoven
Si hay una melodía que podemos llamar hermosa, es aquella que aparece en el último movimiento de novena sinfonía (llamada Coral), del gran maestro alemán.
Si hay una melodía a la que podemos tildar de sencilla, es justamente esa melodía. Creo que hay pocas cosas tan difíciles como construir cosas simples: Beethoven lo logró.
Si hay una melodía que nos da ganas de cantar y cantar, repetir y repetir, es esa melodía, que debe ser la que ha sido interpretada por más instrumentos y más veces en el mundo y en su historia (incluyendo la voz humana).
He ahí, donde reside el valor de esta melodía y su peligro: su valor está en su extrema belleza, su extraordinaria simplicidad y el gusto que los humanos sienten cuando la cantan. Su peligro en exactamente lo mismo: su hermosura, su sencillez y su gran atracción.
Creo que lo del valor no necesita explicación, pero lo del peligro vale la pena conversarlo: esa simplicidad hace que todo el mundo la cante y la cante y termine cantándola de cualquier forma.
Son sólo unos pocos compases que, en su gran mayoría se desenvuelven por grados conjuntos, con un ritmo sencillo, pero a la cual Beethoven le puso un toque de gracia y “genialidad”: todos sus frases son téticas, pero cuando retoma el tema, anticipa su primera nota y genera una síncopa.
He escuchado los sonidos que la componen durante muchos años, por multitud de chicos, de colegios, de agrupaciones musicales de distinto género, por coros, grupos instrumentales, chicos solistas, maestro que ayudaban a tocarla y en la mayoría de las oportunidades, esa síncopa, ese toque de gracia, esa “sorpresa” en el desenvolvimiento, ¡desaparece!
He aquí un ejemplo tangible de lo que yo mencionaba cuando escuché a Baremboin: cada detalle estaba cuidadosamente atendido. Obviamente, no es necesario observar todas las posibilidades de una orquesta sinfónica cuando estamos haciendo que los chicos toquen o canten esta melodía, pero aquellos que son elementales (ritmo, melodía y fraseo), deberían ser atendidos siempre y con mucho cuidado.
A continuación voy a escribir la melodía tal como es realmente y como se la escucha habitualmente en los colegios:


Obviamente el error de referencia aparece entre los compases 12 y 13, que muchas veces es interpretado como en el segundo ejemplo, cuando en realidad debería ejecutarse como en el primero.
No sólo el problema radica en lograr mayor calidad, sino también por la posibilidad que nos da de enseñar otras cuestiones que no siempre aparecen en las canciones para chicos: síncopa, ligadura de prolongación, acento, matices, etc. (sin considerar la sorpresa del nuevo detalle que aparece para evitar la monotonía de la repetición).
Realmente, muchas veces, nuestro descuido puede hacernos perder maravillosas oportunidades interpretativas y pedagógicas, por lo que quiero mostrarles como cuando uno elige una melodía (y más si esa melodía pertenece a algún Gran Maestro), deberíamos investigar un poco más, ya que el propio Beethoven nos ilustra con una profusa serie de variaciones a lo largo de la obra, que nos permiten mostrar claramente, algunos de los procedimientos que pueden caber dentro de esa forma musical:


La melodía transformada de cuatro cuartos a seis por ocho, luego en seis cuartos, tomando solo el comienzo, etc., tal como se ve en los ejemplos escritos. Sin considerar las variaciones que podría aportar la parte instrumental.
Esto no pretende – obviamente – ser un análisis de la partitura, sino un llamado a cuidar con gran esmero la música escrita, para conservar la pureza y la calidad de quienes la compusieron, así esté interpretada por niños pequeños. A ellos les va a costar lo mismo tocar bien que tocar mal. Para el docente y su prestigio, debería haber una gran diferencia.
Cuando nos ponemos a observar el trabajo de los grandes maestros, no debemos nunca simplificar por nuestra cuenta, sin observar atentamente la partitura en su totalidad. Repito: por razones pedagógicas, uno puede modificar ciertos parámetros de una obra. Pero que esto se haga por comodidad o falta de atención, no es un buen ejemplo para quienes deben estudiar.
La melodía original, no ofrece dificultades mayores y aporta detalles que pueden contribuir y en mucho a que nuestros alumnos aprendan.
Gracias y hasta la próxima.

Tuve el placer hace dos años de cantar en dos oportunidades la 9ª Sinfonía de Beethoven. Para tal motivo nos fusionamos tres coros (UADE, Facultad de Ingeniería UBA y Adrogué) junto con la Orquesta Académica del Teatro Colón dirijida por Carlos Calleja.
Una de esas experiencias que uno guarda en una sección del cerebro especial.
Nos preparamos durante mucho tiempo para eso… fonética alemana, melodía, tiempos, coordinación, etc.
Quiero resaltar la palabra ‘Simpleza’. En la partitura se ve tan simple y sencillo que uno no puede creer el producto final.
Son tres movimientos y parte del último que la orquesta va preparando al espectador a algo que va a venir, a un momento increible, a la aparición de un Bajo que abre con un ‘O Freunde’ y que deja boquiabiertos hasta a los mismos coreutas y músicos.
Para aquellos que puedan tener esta oportunidad, les recomiendo tomarla con total responsabilidad, estudiarla, aprehenderla, conocerla, entenderla y poder cantar ‘Freude’ queriendo decir ‘Alegría’ y no otra cosa.
Estimado Fabián, gracias por su comentario. Ud. tiene el privilegio de ser uno de esos seres que puede ver y sentir la música en su plenitud. Por otra parte, es evidente que ha cantado esta sinfonía preparada y conducida por directores que son músicos (y de alto nivel) que saben de que hablamos cuando decimos “música”. A eso aspiramos desde este blog: a que nuestros chicos se formen, para que puedan ser músicos profesionales que “vivan la música” o ciudadanos que puedan apreciar la música en la forma en que Ud. puede y sabe hacerlo.
Es por eso, que hemos puesto estos ejemplos: para ayudar a aquellos docentes que por descuido, desinterés o cualquier otra circunstancia, no respetan los parámetros de la música en la formación inicial, generando desviaciones que luego no le permitirán a ese futuro adulto “vivir la música” adecuadamente.
Su formación personal, su “asociación con la música” a través del movimiento y la danza, le permiten apreciar con sutileza los maravillosos “recovecos” de la interpretación musical y vivirlos con alegría. Buscamos la posibilidad, por medio de la ayuda a quienes deben formar a los chicos, que en un futuro muchos puedan alcanzar su grado de sensibilidad.
Le agradezco mucho su testimonio musical y me gustaría que sirva de ejemplo para que otros jóvenes encuentren en el arte musical el refugio y la posibilidad de “hacer”, que es uno de los más importantes factores que dan sentido a la vida.
Muchas gracias!