feb 07 2008
Regreso al aula
Ha comenzado el mes de febrero. Un mes de expectativas (a veces con un poco de mal humor, porque hay que terminar las vacaciones), un mes de reuniones, de proyectos y de comenzar.
Aquí tenemos dos formas – creo yo – para este comenzar:
Una, pensando en que hay que volver a la rutina, a los chicos que se “portan mal”, a llenar planillas, a aceptar al director, etc.
Otra, la posibilidad del encuentro con los alumnos “viejos”, el conocimiento de los “nuevos”, los próximos descubrimientos, las posibilidades de aprendizaje y el comenzar un camino que luego de transitarlo, nos deje un sentimiento de alegría y éxito.
Siempre pensé que nuestra sensación de éxito o fracaso, se relaciona íntimamente con nuestras expectativas. Por supuesto que siempre hay éxitos o fracasos que se deben a cuestiones que nos exceden. Pero, hay una actitud interior, que nos permite vivir cada hecho, cada acción y cada resultado en una forma personal y que se relaciona con lo que esperábamos, con lo que realizamos y con nuestra visión al evaluarlo.
No quiero convertir el escrito en una página de autoayuda. Pero sí, llamar la atención (sobre todo de mis colegas jóvenes), acerca de las particularidades de nuestra profesión: tenemos el privilegio de compartir año tras año nuestra existencia con 30, 50, 100 o 200 mentes que esperan algo de nosotros, pero que también nos enriquecen con sus aportes y con las que podemos realizar una tarea en común que nos hará disfrutar: hacer música.
Vivamos cada día haciendo música; porque jamás podremos negar que cualquiera sea nuestro estado de ánimo, nuestra relación con los alumnos y nuestros pares, o las condiciones de trabajo, la música sigue estando: en un piano, en una guitarra, en nuestra voz o en la simple pandereta medio estropeada que alguien alguna vez compró para la escuela.
Y lo bueno, es que con cualquiera de los elementos, y más allá de quien nos acompañe, podemos HACER MÚSICA.
Muchas veces he escuchado a colegas decir: “pero si no tuviera que estar acá, podría hacer mejor música y de mejor nivel”. Probablemente eso es cierto. Si yo no estuviera en mi casa en el centro de la ciudad llena de smog, probablemente podría vivir en la Costa Azul en un palacio al lado del mar. Siempre hay hipótesis mejores. Pero no dejemos de ver – imaginando situaciones que no son – las maravillas de nuestra realidad.
Podemos educar, podemos trascender, podemos seguir viviendo en la mente de muchos de aquellos chicos, que un día no se atreven a golpear un pandero y luego se sienten felices de sentirse “músicos”.
Enfrentemos los primeros días de clase: sintamos en ellos la alegría del vivir, la emoción de la comunicación y brindemos junto a los chicos, todo lo que la música nos ofrece, para el crecimiento propio y de los demás.
Gracias y . . . adelante!
