Música Viva

Conversando sobre la educación musical

Regreso al aula

Ha comenzado el mes de febrero. Un mes de expectativas (a veces con un poco de mal humor, porque hay que terminar las vacaciones), un mes de reuniones, de proyectos y de comenzar.
Aquí tenemos dos formas – creo yo – para este comenzar:
Una, pensando en que hay que volver a la rutina, a los chicos que se “portan mal”, a llenar planillas, a aceptar al director, etc.
Otra, la posibilidad del encuentro con los alumnos “viejos”, el conocimiento de los “nuevos”, los próximos descubrimientos, las posibilidades de aprendizaje y el comenzar un camino que luego de transitarlo, nos deje un sentimiento de alegría y éxito.
Siempre pensé que nuestra sensación de éxito o fracaso, se relaciona íntimamente con nuestras expectativas. Por supuesto que siempre hay éxitos o fracasos que se deben a cuestiones que nos exceden. Pero, hay una actitud interior, que nos permite vivir cada hecho, cada acción y cada resultado en una forma personal y que se relaciona con lo que esperábamos, con lo que realizamos y con nuestra visión al evaluarlo.
No quiero convertir el escrito en una página de autoayuda. Pero sí, llamar la atención (sobre todo de mis colegas jóvenes), acerca de las particularidades de nuestra profesión: tenemos el privilegio de compartir año tras año nuestra existencia con 30, 50, 100 o 200 mentes que esperan algo de nosotros, pero que también nos enriquecen con sus aportes y con las que podemos realizar una tarea en común que nos hará disfrutar: hacer música.
Vivamos cada día haciendo música; porque jamás podremos negar que cualquiera sea nuestro estado de ánimo, nuestra relación con los alumnos y nuestros pares, o las condiciones de trabajo, la música sigue estando: en un piano, en una guitarra, en nuestra voz o en la simple pandereta medio estropeada que alguien alguna vez compró para la escuela.
Y lo bueno, es que con cualquiera de los elementos, y más allá de quien nos acompañe, podemos HACER MÚSICA.
Muchas veces he escuchado a colegas decir: “pero si no tuviera que estar acá, podría hacer mejor música y de mejor nivel”. Probablemente eso es cierto. Si yo no estuviera en mi casa en el centro de la ciudad llena de smog, probablemente podría vivir en la Costa Azul en un palacio al lado del mar. Siempre hay hipótesis mejores. Pero no dejemos de ver – imaginando situaciones que no son – las maravillas de nuestra realidad.
Podemos educar, podemos trascender, podemos seguir viviendo en la mente de muchos de aquellos chicos, que un día no se atreven a golpear un pandero y luego se sienten felices de sentirse “músicos”.
Enfrentemos los primeros días de clase: sintamos en ellos la alegría del vivir, la emoción de la comunicación y brindemos junto a los chicos, todo lo que la música nos ofrece, para el crecimiento propio y de los demás.
Gracias y . . . adelante!

Maestro Rodolfo Caracciolo

No soy un erudito en la Historia de la Música de la Argentina. Hay mucha gente que con grandes conocimientos, puede ilustrarnos e ilustrarme acerca de esas generaciones de músicos que fueron construyendo nuestro pasado y nuestro presente musical.
Es por eso que rara vez hago comentarios acerca de músicos de nuestro pasado, pero en este caso, el escrito se halla inspirado en una circunstancia, que me llevó al deseo de escribir este artículo.
Se ha creado una nueva página dedicada a la memoria del pianista y docente Rodolfo Caracciolo (www.rodolfocaracciolo.com)
Si bien la misma está aún en formación, su construcción responde a la inquietud de un alumno del Maestro Caracciolo, actual profesor en Conservatorios y Centros de Enseñanza Artística de nuestro país: el Maestro Claudio Griggio.
No quiero extenderme demasiado, pero enterarme de esta noticia me llevó a algunas reflexiones que me pareció importante compartir con Uds.:
a) La importancia de celebrar a quienes brindaron muchos años de su vida al arte y a la educación en nuestro país, tal el caso del gran pianista. 
b) La enorme alegría de ver como un alumno, que a su vez devino en profesor, dedica tiempo, energías y conocimiento a honrar a quien contribuyó a su formación.
c) La posibilidad de ver una página compartida, donde quien la ha diseñado, no pretende invadir con su erudición, sino que comparte y escucha a quienes puedan aportar información a la misma, continuando esa tradición de los grandes maestros, que prefieren compartir antes que imponer.
Cuando en nuestra época, vivimos discutiendo por ese alejamiento de la tradición, cuidándonos de la irrupción de una dudosa cotidianeidad y sufriendo las superficialidades de una cultura “light”, que sólo nos permite vernos a nosotros mismos olvidando que somos parte de un todo, es maravilloso (y repito el término: maravilloso), ver a personas interesadas en rescatar la memoria de ese pasado, que nos permite explicarnos el presente y reflexionar acerca del futuro.
El Maestro Griggio, prestigioso docente de música, con una gran preocupación por el desarrollo del arte musical en los niños, por generar nuevas ideas para su educación, por favorecer pedagogías de vanguardia, no deja de respetar el pasado que lo formó, ni de agradecer a los docentes que dieron sentido a sus conocimientos.
Permítanme felicitar a Claudio Griggio por su iniciativa, visitemos ese sitio dedicado a un grande y colaboremos con él acercándole información que puede ser muy valiosa para ilustrar la vida de una celebridad en nuestro país.
Honrar el pasado, compartir el presente y reflexionar el futuro: Qué buena conjunción para una muy adecuada y valiosa enseñanza!  

Un gran ejemplo

He tenido en el día de ayer la oportunidad de ver, en un canal de cable, un concierto que brindó el Maestro Daniel Barenboim con su Orquesta West-Eastern Divan, realizado en el Palacio de Alhambra en Granada. 
Más allá del maravilloso ejemplo de unidad que nos brinda al realizar una aplicación concreta de las posibilidades sociales de la música, pude apreciar con cuanto refinamiento el Maestro Barenboim conducía la orquesta.
Su cuidado en el fraseo, en destacar cada instrumento cuando correspondía, la claridad del discurso musical, la prolijidad del contrapunto, etc. convirtieron esa escucha en un verdadero placer.
Lamentablemente no todos podemos ser maestros de ese nivel, pero mi pensamiento voló una vez más hacia una clase de música.
Cuántas veces descuidamos la precisión rítmica!
Cuántas veces le pedimos a los chicos que hagan música sin tener nosotros puestas todas nuestras energías para recibir esos sonidos!
Cuántas veces no nos permitimos disfrutar de la música que los chicos hacen, porque a priori la consideramos “pobre” y de “poca importancia”!.
No vamos a comparar – es obvio – la sensación de dirigir una orquesta sinfónica interpretando Brahms, con la de estar en el aula día tras día atendiendo la complejidad de la interrelación con los alumnos. Pero, sin embargo encontrar música en esta relación con los niños, depara también muchas satisfacciones de otro tipo.
Si nos ponemos a pensar que utiliza un gran director para que sus obras suenes “lindas” encontraremos siempre tres elementos básicos: exactitud rítmica, precisión melódica y adecuado fraseo.
Es exactamente lo mismo que deberíamos utilizar en nuestras clases. La diferencia probablemente esté en la complejidad del material y de los elementos utilizados. Pero su aplicación es la misma! ¿Por qué muchas veces descuidamos esos factores y nos perdemos el privilegio de tener un grupo consolidado en cada clase de música?
Tal vez hay muchas respuestas para esta pregunta y muchos factores que inciden en la situación, pero le doy tanta importancia al asunto que me gustaría verlo un poco más de cerca. En otros escritos me referiré al tema. Por ahora me importa mucho mencionarlo, como reflexión para nuestras actitudes.
Por otro lado me place mucho comentar la importancia de la creación de esta orquesta desde el punto de vista social. La misma tiene su sede en Sevilla y podemos encontrar información acerca de ella en www.barenboim-said.org
Es una prueba viviente de la importancia de la música en nuestra sociedad.

Para terminar, transcribo un párrafo que se halla entre las bases fundacionales de dicha institución:

“Uno de los principios inspiradores de la nueva Fundación es que la música no puede aislarse de la sociedad. Partiendo de este principio, el objetivo prioritario de la Fundación Barenboim-Said es integrar la música en el tejido de la sociedad, ámbito del que se ha ido alejando a lo largo del siglo XX como resultado de un movimiento generalizado de especialización.
En palabras de Daniel Barenboim “tenemos que concienciar a la gente de la necesidad de la educación musical como elemento orgánico de la cultura. Incluso si hay educación musical, ésta es llevada a cabo de un modo especializado. En el mejor de los casos, a los jóvenes se les ofrece la oportunidad de practicar un instrumento, de adquirir inevitablemente un nivel teórico necesario, de musicología, y de todo aquello que un músico precisa profesionalmente. Pero al mismo tiempo existe una incomprensión general y creciente de un problema que es a la vez simple y complejo: esto es la imposibilidad de articular con palabras el contenido de una obra musical. Después de todo, si fuera posible expresar con palabras el contenido de una sinfonía de Beethoven ya no necesitaríamos esa sinfonía. Pero el hecho de que sea imposible expresar con palabras el contenido de la música no significa que ésta no tenga contenido.”

No todos podremos generar una Fundación de este tipo, ni alcanzar estos niveles de calidad, pero tal vez podamos en nuestro humilde espacio de cada día llevar adelante la misión de cuidar y alimentar la educación musical. Es de esperar que esto nos pueda servir de ejemplo.   

La Música

He reiniciado mi labor del año y no quería dejar pasar el día de hoy sin escribir en el blog, buscando simbolizar mis pensamientos, con respecto a la música y a su educación.
Pensando en él, surgieron las siguientes preguntas: ¿Cómo llamarlo? ¿A qué referirme?
Pensé que lo mejor sería comenzar pensando en la música en general, no sólo en aquella de los recitales, de los conciertos, de los colegios o de los conservatorios, sino sólo de la MÚSICA. Y por supuesto pensé también en quienes tienen a su cargo el enseñarla, el transmitirla, el ponerla en manos de los demás.
Vivimos un momento en el cual la sociedad cuestiona muchas de las tradiciones, busca nuevos caminos, desafía con nuevos mensajes y por sobre todo, desde un punto de vista, pone en tela de juicio las aparentes “seguridades” y por otro, en muchos casos, acepta pasivamente modificaciones que hacen a profundos cambios en su modo de vida.
No soy sociólogo ni un entendido en la materia, pero pareciera que hay una especie de “cuestionamiento superficial”, que nos hace protestar contra todo, pero que a la vez nos lleva a aceptarlo.
Vivimos en un entorno que nos muestra enormes acontecimientos mediáticos, donde – sin cuestionar sus fundamentos ni sus objetivos – asistimos a concursos, torneos, selecciones de actores, actrices, cantantes, con jurados no acordes con la materia de que se habla, en los que ilusionamos a miles de jóvenes con un “estrellato fácil” que en muchos de los casos termina “estrellándolos” contra una realidad muy dura.
Una forma de vida que privilegia el facilismo por sobre el esfuerzo y que en muchos casos nos lleva a comparaciones no muy positivas: “¿para qué me voy a preocupar, si aquel consiguió tal cosa sin ningún esfuerzo?” Una era de zapping, un período de velocidades extremas, una época donde, por dar un ejemplo, a pesar de los muertos que se ven a diario en accidentes de tránsito, todos seguimos considerando que podemos violar sus normas y donde lo que predomina es la falta de respeto y la fuerza por sobre la razón.
Llegado aquí, pareciera que el escrito no tiene referencias a la música, ni a su educación y que es una serie de pensamientos negativos con respecto a la vida. No es mi intención brindar panoramas oscuros, sino ver como podemos, desde nuestro lugar de músicos y educadores, compensar un poco esa extrema superficialidad que nos rodea.
La música – cualquiera sea su manifestación – hecha con un sentido de trascendencia, con un objetivo de comunicación profunda, de transmisión de aquello que sentimos y realizada con la necesaria responsabilidad, es una actividad que – creo que todos sabemos – nos conduce a pensar, a sentir y a encontrarnos con nosotros y con nuestros semejantes que la comparten.
Lamentablemente creo que debemos excluir de este grupo a la música comercial y a aquellos que buscan realizarla sólo para lograr una fama efímera. Creo que quienes me conocen saben que respeto y aliento cualquier actividad musical que se emprenda: coros, grupos de rock, orquestas, cantantes, folkloristas, etc. No es importante cual sea la manifestación musical, lo que es importante es la intencionalidad y la profundidad con la que esta actividad se realice.
Esa es una de nuestras misiones al enseñar música: conducir a que, quienes pretenden adquirir conocimientos o formarse con nosotros, comprendan y acepten que los verdaderos logros – más o menos modestos – se alcancen mediante una actitud de compromiso y esfuerzo, que al cabo del tiempo, nos dará muchas más satisfacciones.
La música es interpretación. Su actividad nos expone. También su realización, su escucha y su análisis son cuestiones de proyección hacia la sociedad.
Enseñarla es un proceso pedagógico, artístico y social. En su devenir están involucradas todas las áreas de nuestro ser: lo físico, lo racional y lo sensitivo.
Con esto termino: los músicos tenemos todas las herramientas posibles para un pleno trabajo personal y social, para un crecimiento integral de nuestro ser, que además nos puede producir infinitas satisfacciones. No lo desperdiciemos!
Tampoco pensemos en abrumar a nuestros alumnos con la responsabilidad de “ser músico”. Conduzcámolos con alegría, tratemos que las clases sean descubrimientos, que se sientan contentos con sus logros y que puedan desarrollar su creatividad. Tal vez, luego podamos decir: Misión cumplida!
Me alegro mucho de encontrarnos nuevamente y agradezco a quienes comparten sus comentarios y espero que muchos más sigan haciéndolo
Hasta pronto!