Archive for March, 2008

Mar 18 2008

Componer en el aula

Published by Humberto under General

Me he referido muchas veces al hecho de “componer en el aula”. Es ésta una idea a veces aplaudida, a veces combatida, pero que sin duda plantea ciertas connotaciones que es interesante plantear como forma de pensar y repensar la actividad.
Componer, dentro del aula, significa crear música a partir de los elementos musicales o no musicales disponibles y desde los conocimientos (cualquiera sea su nivel) que posean los alumnos.
Todos podemos, con un mínimo esfuerzo, tomar conciencia de nuestras posibilidades de hacer música (entonar una melodía, crear una melodía, producir sonidos con el cuerpo, con los elementos de nuestro entorno, con instrumentos, etc.), al pensar en ese hacer como una forma de uso de los sonidos no relacionada con sistemas musicales elaborados.
Cuando decidimos plantear que nuestros alumnos compongan, inmediatamente debemos pensar en cuales serán nuestros parámetros de observación, cuales los puntos que deberemos evaluar y cual será nuestra postura con respecto a algo que visto desde ciertos cánones tradicionales, no va a “sonar” como una sonata de Mozart.
Espero que estemos todos de acuerdo en que nuestros sistemas de hacer música han ido variando con el correr del tiempo, han ido modificándose, han experimentado múltiples “recetas”, encontrándonos con que en nuestra época actual, se han derribado muchas barreras y si bien por un lado hemos llegado a límites insospechados de realización musical inmersos en un gran intelectualismo, esas especulaciones casi “sin límites”, también nos han permitido un uso menos “limitado” del sonido, aceptando una experimentación que enriquece las posibilidades del aprendizaje.
¿Se nos ha ocurrido que cada niño del aula, haga una simple y pequeña melodía con su nombre? Les pido que no se desmoralicen en el primer intento, donde lo más común son las risas de sorpresa, las miradas entre sí, los “noes” de los más tímidos y aquellos que por sentirse cohibidos utilizan dos notas para decir “A-na”. Sin embargo, luego de un par de veces de realizar este simplísimo ejercicio, veremos como su creatividad crece y poco a poco, estas pequeñas fórmulas van cobrando una mayor vida.
¿Pensamos también en repetir un pulso en forma sucesiva a fin de detectar a quienes tienen dificultades en mantenerlo coherentemente? ¿Y luego de ello un esquema rítmico?  Sencillo, no complicado, esto será solo una experimentación.
Todo esto, debería ser realizado muy rápidamente, tal vez utilizando menos de 12 minutos de clase.
Bueno, una vez que hemos “demostrado” a nuestros alumnos que todos pueden marcar un pulso, sostener un ritmo y crear una melodía, mi pregunta es: ¿qué más necesitamos para componer música? Tal vez ayude una idea generadora: pensaron en invitarlos a crear una composición llamada “el reloj”?
Probablemente nos sorprenderemos de la riqueza que iremos encontrando en este sencillo trabajo que no debería llevar más que 15 minutos por clase. Eso sí, no nos olvidemos que es conveniente dividir la clase en grupos de alrededor de ocho chicos, para que puedan trabajar mejor.
Cuando los escuchemos, nos daremos cuenta que a lo que han hecho, le podríamos agregar dinámica, articulación, velocidad, carácter, variaciones tímbricas, etc.
¡Cuántos elementos de la música en muy breve tiempo!
Quise ilustrar esto, para ejemplificar aquello que llamamos componer. Con el correr del tiempo, podremos ir agregando fórmulas rítmicas, melodías con un cierto esquema tonal, forma, estructura, etc.
Siempre con la misma característica: la de la experimentación.
Siempre alentando, siempre evaluando sobre lo positivo, siempre tomando conciencia que estamos trabajando con seres que tal como nosotros dudan, sienten vergüenza, temen al juicio, pero se preocupan para que sus producciones sean tan buenas como puedan serlo.
De aquí en adelante, nuestra actitud les ayudará a seguir creciendo.
Hasta pronto!

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Mar 16 2008

Educación musical: Dos caminos que se unen

Published by Humberto under General

Muchas veces pienso que la Educación Musical, debería transitar, en los colegios de enseñanza general, por dos caminos que si bien son opuestos, también son complementarios.
Por un lado, el camino de las indicaciones precisas – casi sin discusión – cuando queremos formar un grupo de música (coro, orquesta, etc), ya que están orientados específicamente a interpretar obras musicales, para las cuales los chicos no tienen la preparación suficiente, ni en el aspecto analítico ni en el interpretativo.
Por el otro, existe el camino de la creación, con su carga de imprevisibilidades, que – a mi criterio – es indispensable para conocer la música desde dentro. Improvisar, componer, son actividades que deberían estar siempre presentes en la actividad del aula, para permitir a los niños descubrir por sí solos las posibilidades de la música.
En la primera opción el docente tiene que dictaminar e “imponer” (en el buen sentido del término) su práctica, ya que en líneas generales se trata de la solución de problemas puntuales (afinación, precisión rítmica, fraseo, etc.), que debe conducir a la realización de obras específicas.
En la segunda, el maestro debería enseñar y compartir, pero desde la propuesta del alumno, porque se trata de descubrir, de interactuar, de llegar a un conocimiento que, desde su proceso y por sus objetivos, contribuye a la formación de ambos.
Muchas veces he comentado que veo ciertos preconceptos en la actividad musical: si dirigimos un coro, para ser bueno, debe ser a cuatro voces o cantar “a capella”; si componemos, debemos hacer una obra memorable que – muchas veces – debe ser tan difícil de ejecutar como sea posible; si somos pianistas debemos ser “concertistas”; los cantantes deben hacer ópera, y así sucesivamente.
Pocas veces nos detenemos a elogiar la sencillez, la simplicidad, la tarea consecuente que nos permite el vivir de cada día y el enseñar en cada momento. Como siempre digo, no hablo de obras que se hacen en forma descuidada, hablo de responsabilidad en la interpretación o composición de lo que puede estar al alcance de todos.
Desde ya, la sencillez se vuelve sublime en manos de los genios, pero tendríamos que aceptar que todos podríamos disfrutar y hacer disfrutar, de enseñar y aprender, de compartir experiencias por medio de lo simple.
Si queremos cantar o formar un coro con nuestros alumnos, pensemos en lo hermoso de cantar a una voz o a dos y no nos disculpemos de hacerlo con piano; busquemos que lo que hagan sea lo mejor posible, que sientan el enorme placer del canto expresivo, ajustado y preciso. 
Si inducimos a componer, no esperemos una fuga de nuestros alumnos y tratemos de darles los elementos necesarios para que logren hacer música equilibrada en el estilo que elijan.
Si les proponemos improvisar, no pretendamos que lo hagan como un “jazzero” avezado, pero dejemos volar su imaginación y rescatemos todo lo bueno que puedan lograr en su cometido.
Interpretar y componer, son los dos caminos que deberían ir de la mano en cualquier aula donde se haga música. Y me atrevo a decir esto para cualquier nivel de enseñanza: en escuelas generales, en conservatorios y en universidades. Obviamente en las instituciones especializadas, el interpretar llevará una mayor exigencia técnica y el componer se realizará con una profundidad mayor, pero los pasos deberían ser los mismos.
En definitiva ambos caminos se dirigen al “hacer música”.
Hasta pronto   

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Mar 13 2008

Cómo hacemos cantar a los chicos (3)

Published by Humberto under Música vocal

Un muy amable comentario a una de las notas de una muy buena y dedicada especialista en la educación musical, me hizo interrumpir mi secuencia planificada para estos escritos, con el fin de aclarar algunos aspectos de la forma de hacer cantar.Sostengo que el maestro debe ser un poco director y que todo director debería ser maestro. Cuando uno se pone frente a un grupo para que cante, debería siempre poder utilizar recursos de la dirección coral. Voy a ir poco a poco conversando acerca de estos, pero aquí quisiera referirme puntualmente a cierta metodología que deberíamos aplicar en ocasión de formar un grupo de canto (notarán que evito la palabra “coro”).

Uno de los comentarios de María Fernanda (la lectora de referencia), se refería a generar el interés en los niños. Esa generación de interés debe ser realizada desde varios ángulos. Cuando creemos que su entusiasmo podrá generarse por el repertorio, tenemos algo de razón; si se debe a las oportunidades de poder cantar, otro poco; si es porque se sienten contenidos, otro poco; y si se debe a nuestra personalidad, otro poco. Son todos granos de arena que contribuyen a generar el entusiasmo, pero que resultan insuficientes cuando son aplicados en forma individual. Todos (y muchos otros que no menciono), deben aplicarse en forma simultánea (dentro de lo posible), para lograr ese entusiasmo que pretendemos. Pensando en esto, es que se me ocurrió unir aquí, cuatro palabras que creo que deben ir profundamente unidas en la actividad del canto en el colegio:

Arte – Dirección – Calidad – Espectacularidad.

Obviamente hacer cantar a los niños en el colegio es una actividad pedagógica, que necesita conocimientos, recursos, comunicación, etc. Pero que, para contribuir a generar el entusiasmo necesario, necesitamos relacionarla con el Arte.

Pretendemos y así tenemos que mostrarlo a los chicos, que ellos se consideren artistas y que nosotros tengamos la visión y la imaginación de que enseñar una canción y cantarla ante el público es un hecho artístico. No es el llenar un hueco y cantar porque “queda bien” o le “gusta a los padres”. Si queda bien, bárbaro, si los gusta a los padres, tanto mejor, pero nuestro objetivo (y el de los chicos) debe ser realizar una obra de Arte.

Para ello hay que Dirigir. Dirigir implica tener consignas claras, guiarlos hacia el éxito, contenerlos en sus temores y hacerlos hacer música. No sirven los directores dubitativos. Lamentablemente, es mejor equivocarse haciendo que creer estar siempre acertados por no ir adelante. El director debe sentirse seguro (aunque no lo esté) y transmitir esa seguridad. Debe lograr que se disipen los temores propios del cantar y además transmitir la satisfacción y la alegría de hacerlo. Cómo? Mostrando su propio placer y compartiendo su propia seguridad. Es muy importante que el director cante todo aquello que va a enseñar, que evite las dudas (a lo mejor para eso hay que estudiar antes de ir a la clase) y que esté en pleno conocimiento del análisis de la obra que vaya a enseñar.

Estas dos situaciones previas, tienen una influencia muy grande en la Calidad del resultado. Si hacer Arte eleva la autoestima y una Dirección clara brinda seguridad, la Calidad permite justificar el esfuerzo realizado. Por supuesto que la Calidad estará relacionada con nuestra propia capacitación, pero existen reglas básicas que respetándolas, aún cuando uno no sea un especialista en lo coral, darán muy buen resultado a la experiencia de canto.

Por último, la Espectacularidad. No necesariamente se relaciona con cuestiones grandilocuentes que necesiten mucho trabajo visual o grandes erogaciones en dinero. Tampoco es necesario – para lograrla – utilizar lo que está de moda. La Espectacularidad a la que me refiero pasa – dentro de la vida del colegio – porque cada evento o concierto donde participe el coro, despierte expectativas, sea esperado con mucho interés, sea valorado e impresione (en el buen sentido) a la comunidad educativa para que escucharlo, se convierta en una necesidad. Cada concierto debería llevar consigo una sorpresa, algo diferente que quede en el recuerdo de todos.

Planificar todo esto requiere entre otras cosas un cuidadoso análisis de las circunstancias y de los procedimientos para que todo esté adecuadamente organizado, pero también un análisis ecuánime de las posibilidades del coro. No debemos ser demasiado indulgentes con el repertorio y tampoco pensar que podremos hacer obras que vayan más allá de sus posibilidades.

La vieja costumbre de lo coral indica que un coro “a capella” tiene más calidad que otro acompañado; y que uno a varias voces será más virtuoso que otro al unísono. En mi entender prefiero un coro acompañado bien afinado, que una demostración sin instrumentos donde la afinación sea errática. Y también la experiencia dice que lograr un buen unísono no es una tarea tan sencilla como parece.

Una idea magnífica para cualquier concierto es hacer cantar a la audiencia. Y hasta podemos armar un canon con ellos! Eso despierta una gran alegría y convierte la rutina de un concierto en un hecho vivo y participativo, donde todos terminan entendiendo más.

Por último no olvidemos aquello que mencioné en uno de los artículos anteriores: la alegría, emoción que a mi criterio, debe estar siempre presente en cada concierto. Alegría de los chicos, alegría del público y alegría de quien conduce!

Hasta pronto!

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Mar 05 2008

Cómo hacemos cantar a los chicos (2)

Published by Humberto under Música vocal

En el artículo anterior, me referí a ciertas características que a mi juicio debe tener la enseñanza del canto (o formación de coro), dentro de la Escuela de Enseñanza General.
Continuando con esa idea, creo que aquí es también muy importante distinguir la situación de cada clase, de cada docente y de cada alumno. El escrito anterior, tenía una clara referencia a todos aquellos aspectos que tenían que ver con la relación alumno-docente. En este, me gustaría detenerme en el entorno dentro del cual debemos hacer cantar a nuestros alumnos y en que forma sus particularidades afectan al desarrollo de una clase de este tipo.
Los aspectos que tienen que ver con el entorno, van desde el habitat donde desarrollamos nuestra clase, la experiencia previa de los alumnos (y la nuestra), hasta la conformación del curso.
Rápida y naturalmente, cuando un colegio o sus directores se proponen generar un coro (o un grupo de canto), pretenden resultados rápidos y si es posible espectaculares. En mi vida de docente, siempre desalenté esas expectativas, porque la realidad nos indica que todo trabajo de este tipo hecho apresuradamente, no da buenos resultados.
Obviamente que la falta de espíritu crítico de nuestro público, hace que los aplausos sean generosos (aunque a veces no muy justificables) y por otra parte, la falta de formación, contribuye a que los padres festejen más una canción de moda, que una obra de buena factura musical.
Creo que lo bueno es apuntar a un trabajo sereno, eficiente y que se distinga por su calidad; que vale la pena explicar a todos, que si bien lo haremos en el menor tiempo posible, ese tiempo debe transcurrir; que la espectacularidad no siempre tiene relación con la calidad; y que los niños merecen el respeto de una enseñanza con conciencia y que vaya a lo profundo.
Considero que todo esto, se debe explicar al director del colegio muy tranquilamente, ya que él tampoco – probablemente – comprende lo que significa el quehacer musical. La mayoría de las personas cree que la música se hace sin esfuerzo y que “no importa como sea, porque los chicos siempre gustan”. Es fantástico que los padres se inclinen por aplaudir a sus hijos, pero siempre va a ser mejor que los aplaudan con razón.
Así como en el escrito anterior focalicé mi atención en las cuestiones de relación entre docentes y alumnos, aquí me detengo a pensar en:
Es importante poseer un aula o salón con el menor nivel de ruido externo: esto es válido para todas las materias, pero en música trabajamos con sonidos y en un coro estos sonidos deben ser audibles por sobre todas las cosas. ¡Cómo podremos escuchar si el grupo afina, si estamos en un patio que da a la calle por donde pasan camiones!
Es también fundamental poseer un instrumento afinado: Si lo vemos desde el punto de vista coral, no es necesario contar con un instrumento: con un diapasón basta. He preparado coros muy complejos, sólo con la ayuda de mi voz, pero reconozco que es un enorme gasto de energía. Un piano, una guitarra, un teclado, son de gran ayuda para este trabajo. Pero sí, es esencial, que esos instrumentos estén bien afinados.
Hay que tener en cuenta la experiencia previa de los alumnos: No es lo mismo comenzar de cero para hacer cantar a un grupo de niños, que enfrentarse con un grupo experimentado. Nunca debemos olvidar que nosotros planteamos un desafío y que para ellos también lo es. Hay que tratar por todos los medios que se sientan muy cómodos haciendo este trabajo y que lo disfruten. El miedo a la exposición es normal en muchos seres humanos. Es lógico que deban exponerse para cantar bien, pero no debemos olvidar el esfuerzo que esto significa para ellos.
Debemos escucharlos a todos en forma individual: No es cuestión de tomar al grupo y hacerlo cantar. En todo grupo hay voces agudas, graves, entonadas, desentonadas, afinadas, desafinadas, fuertes, suaves, de timbre áspero, de mucha dulzura, con emisión rápida o lenta, etc. Debemos conocer el material con que hemos de trabajar y para eso es necesario escucharlos. No una sino varias veces, para que al tomar confianza puedan soltarse y dejar de lado el factor tensión (de gran influencia en el aspecto vocal).
Es conveniente utilizar obras que se adapten al registro medio del grupo, pero con alguna exigencia: No utilicemos sólo obras que les sean “cómodas”. Hagamos el trabajo cómodo, pero planteemos alguna exigencia en cada obra nueva. Es un proceso lento, pero debe ser sostenido. Existen experiencias de grupos corales en colegios que por años siguen cantando en el registro de una octava: de “do a do”. Cuando les he preguntado porqué, los docentes me contestan: “porque llegan hasta ahí”. En buena medida ese “hasta donde llegan” depende también del docente.
Siempre cantemos nosotros lo que les pedimos que canten ellos: Es importantísimo ejemplificar lo que vamos a hacer. No importa si nuestra voz es linda o fea, grave o aguda, lo importante es que ellos también nos escuchen cantar. El docente que toca el piano y les dice “canten” y jamás se expone, nunca podrá llegar a lo profundo del niño, porque lo pondrá en una posición desventajosa. El “riesgo” debe ser asumido por ambos.
Démosle partituras: así sea una simple línea melódica, es importante que ellos puedan ir visualizando esa escritura, que en un principio les será irreconocible, pero que poco a poco irá generando en ellos la costumbre de percibir ciertas diferencias sonoras.
Por último, jamás olvidemos que: es mejor una línea melódica bien afinada y precisa rítmicamente, que una canción a cuatro voces imprecisa y con errores de afinación. En ningún lugar del mundo está escrito que un coro DEBE ser a varias voces. Somos nosotros que imaginamos que si no es así no nos luciremos. Hacer un coro al unísono tiene sus propias dificultades y debemos enfrentarlas y vencerlas. Ya llegará el tiempo en que podamos cantar a varias voces, pero conservando la afinación y la justeza rítmica.
Les pido que no crean que busco “dictar cátedra”, sino compartir experiencias. Me gustaría mucho que quienes no estén de acuerdo lo hagan saber y que compartan sus opiniones, para el enriquecimiento mutuo. Hablo desde mi experiencia, desde años de esfuerzo, donde pude apreciar el valor del esfuerzo y la constancia como actitud fundamental para llegar al éxito. Todos los chicos pueden cantar, es sólo la actitud del docente la que los llevará a realizarlo!  
 

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Mar 04 2008

La alegría en la Música y en la Educación Musical

Published by Humberto under General

Una vez más tener la posibilidad de escuchar/ver un concierto en un canal de cable, me permitió volver a reflexionar sobre un tema que para mí es fundamental: que transmitimos o pretendemos transmitir cuando hacemos música. En dicho programa tocó la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por el maestro estonio/americano Neeme Järvi (de quien pueden encontrar abundante información en la web) con un programa de obras románticas.No cabe duda que estamos ante uno de los más prestigiosos organismos sinfónicos del mundo, ante una de esas orquestas donde los músicos “tocan solos” y los directores están para poner su dosis de genialidad y arte.Pero no es esto lo que me llamó la atención sino la sensación que surgió – al menos desde mi punto de vista – o “sobrevoló” todo el concierto: LA ALEGRÍA.Alegría de los intérpretes, alegría en los solistas, alegría en el director, alegría en el público – inmensa cantidad de público, sentados en un enorme anfiteatro al aire libre – para quien la orquesta dedicó algunos bises de su preferencia.Un director con una técnica irreprochable, que por momentos dejaba de lado, para dirigir sólo con gestos expresivos (y aún sin gestos) – con una orquesta de calidad rayana en la perfección – brindaron un concierto de muy alto nivel, donde una vez más, pudimos apreciar su enorme poder de comunicación.No nos asombra ver y disfrutar los miles de encendedores que se prenden en un concierto de rock (es ya casi un clásico) y entonces se habla de la motivación, la sensibilidad, y el “desacartonamiento” de esos espectáculos. En este concierto eran cientos y miles de “estrellitas” (esas que prenden los chicos para Navidad), siguiendo el compás de la música, y eran muchas personas bailando delante de sus sillas y aplaudiendo los “temas populares alemanes” con los que la orquesta cerró su concierto. Y yo me preguntaba porque en nuestro país, vivimos la música clásica como una “cosa seria” y el rock como “algo divertido”? Porqué nuestro folklore queda de lado en los conciertos sinfónicos? Porqué nuestra música original no se oye nunca en nuestros teatros? Porqué no hacemos que toda la música, sea motivo de alegría? Y en otro orden de cosas, porqué no entramos con alegría al aula y le mostramos a los chicos que hacer música es divertido, es alegre y es placentero? Porqué pensamos que hacer música clásica es más importante y más “difícil” que hacer rock, o jazz o tango?Porqué no mostramos a nuestros alumnos la alegría de la música “seria”? Será tal vez porque esto va de la mano con nuestra costumbre de ver las cosas desde un lado negativo o porque nos sentimos abrumados por la realidad o porque hemos olvidado la esperanza y la ilusión. Podemos encontrar miles de justificaciones pero en nuestra época donde la incertidumbre es la realidad, donde tendemos a la crítica despiadada, muchas veces carente de un análisis ecuánime, donde nos desconciertan hechos incomprensibles, donde la vida ha perdido valor como tal, los músicos tenemos el privilegio de poder vivir la alegría por medio de nuestra profesión.En un escenario no hay autoritarismos, no hay situaciones agobiantes, debe haber responsabilidad, trabajo, esfuerzo, capacidad, pero por sobre todo alegría.Y vuelvo a repetir el término con gran convencimiento. Si me permiten la utopía, de alguna manera somos portadores de alegría. Llevémosla a nuestros niños!Hasta la próxima

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