La dinámica o intensidad es otro de los factores de muy fácil acceso para quienes tengan la oportunidad de ingresar a la música por medio de la composición.
La noción de “fuerte”, “suave”, “muy fuerte” y “muy suave”, es un concepto muy fácil de comprender y de captar.
Tal vez acá debamos detenernos pensando en las dos actividades fundamentales: componer e interpretar.
Cuando componemos, puede parecer fácil escribir una determinada intensidad o gama de ellas para indicar lo que pretendemos.
Cuando interpretamos, probablemente no será tan sencillo realizar lo que el compositor pide. No siempre es igualmente fácil interpretar un pasaje fuerte o suave.
Ahora bien, cuando incitamos a los niños a componer y volviendo a nuestras pequeñas obras: “el reloj” o “la fábrica” (en tal caso ver notas anteriores), podemos pensar que ya tenemos dos elementos básicos que pueden realmente embellecer su composición: la velocidad y la dinámica.
Considerando un trabajo consciente deberíamos (luego de haber escuchado su composición), plantear a los alumnos el porqué del uso de la dinámica en determinados lugares: la intensidad no es un recurso que usamos en forma “aleatoria”, sino que debe estar justificado por razones musicales, de expresividad, de comunicación, en instancias superiores por razones armónicas, melódicas, de equilibrio sonoro, etc.
Sin pretender tanto de los niños que asisten a nuestras escuelas, considero que existen a priori, ciertas circunstancias que pueden ser de rápida comprensión para un uso adecuado de este recurso:
a. Podemos hacer notar que la dinámica puede ser aquello que permita que una melodía se escuche por sobre el acompañamiento, ya que si tenemos cinco tambores y una flauta dulce es necesario tener en cuenta el volumen que producen los instrumentos para que todo pueda escucharse adecuadamente.
b. El uso de la dinámica como recurso para finalizar adecuadamente una obra.
c. Su uso para destacar una voz sobre otra (recurso similar al primero, pero donde no incida la cantidad de instrumentos, sino sólo la necesidad de destacar alguna voz).
d. El destacar un punto culminante de la obra.
Estos son sólo ejemplos de las explicaciones que podemos brindar a los alumnos – fáciles de comprender – acerca del uso musical de la intensidad.
Aquí y para terminar agrego un par de datos más; el primero se refiere a las “gradaciones” de intensidad: no tenemos solo fuerte o suave, sino que podemos tener un movimiento que va del suave al fuerte o viceversa.
El último es su combinación con la velocidad. Cuando termine esta serie de comentarios, probablemente incluiré alguno sobre la combinación de elementos, ya que cada uno de ellos debe tener distinto tratamiento en su combinación con los otros. En este caso específico, los niños tienden a incrementar el volumen cuando se aumenta la velocidad. Es muy importante mostrar que pueden existir todo tipo de combinaciones entre ambos recursos, para no caer en vicios que luego son difíciles de erradicar.
Hasta pronto!