Música Viva

Conversando sobre la educación musical

El docente y los grupos III

Continuando con el tema del escrito anterior, me gustaría profundizar un poco en el segundo interrogante planteado: la situación del docente frente al grupo y sus variantes relacionadas con la cohesión del mismo.

Ante todo quiero aclarar que en forma premeditada utilicé en el escrito anterior las palabras: “con el grupo” y ahora “frente al grupo”. Quería marcar específicamente la diferencia que no sólo es semántica sino de actitudes. Muchas veces decimos que el docente se para “frente al aula”, sin reparar que el aula es una cosa, que no necesariamente se para y que dentro de ese aula hay individuos que no deberían ser cosificados.

Que el docente esté “con el grupo”, brinda a esa relación una característica más cercana, más humana, más perceptiva que permite a todos los participantes del aula (la cosa que contiene), percibir, comunicarse, entenderse y aceptarse (en definitiva vivirse), con mucha mayor aceptación del otro. Todo grupo contiene subgrupos, en los que puede o no intervenir el docente, pero de los cuales él debería estar “avisado”, para colaborar con los posibles conflictos que surjan.

Debería también tener conciencia que él y la relación con cada subgrupo, con cada alumno o con todos en general, conforman diversos niveles de relación que son particulares en cada caso, pero que tienen un patrón común: el docente, que pertenece a todos ellos, además de pertenecer también al conjunto (grupo formal o informal) de los profesores.

Imaginemos por un momento una orquesta: la orquesta es un sistema, que tiene subsistemas (las cuerdas, los vientos, la percusión, etc.). Dentro de cada uno de ellos puede haber grupos, que además de su función específica (violines primeros o segundos, violas, etc.), pueden estar o no articulados como grupo. Por otro lado podemos encontrar grupos menores formados ad hoc: cuartetos para obras específicas, dúos, etc. y por supuesto afinidades personales que influyen (querámoslo o no) en la conformación de la orquesta y en su resultado final.

Obviamente el director no puede estar al tanto (o sí) de cada uno de los grupos que se manejan dentro de cada uno de los subsistemas, pero no caben dudas que cuanto más conozca de la articulación humana dentro del organismo, mayores resultados podrá obtener, simplemente por el mejor aprovechamiento de las relaciones que subyacen al ente “orquesta”.

Un aula es eso: una gran/pequeña orquesta, cuyo director puede decidir estar integrado al grupo o imaginar que puede conducirlo “desde afuera”, sin involucrarse emocional y perceptivamente con el grupo y con los individuos que lo forman.

El docente y los grupos II

Hablamos de las características de un grupo y del tema que debería preocupar a cualquier docente: si estará o no frente a un grupo. Tal vez deba explicar la importancia de la cuestión en la dinámica diaria del aula. El tema plantea dos opciones interesantes para su análisis:

a) ¿cuál es el grado de cohesión del grupo y cuán dispuestos a trabajar en forma conjunta: son o no son un grupo?

b) ¿cuál es el rol del docente frente a las distintas formas que adquiere ese conglomerado de personas que están junto a él en el aula, para una tarea que durará por lo menos 9 meses?

El primer punto es sencillo para ser comprendido: pocos dudarán que con un grupo que funcione como tal, donde todos se conozcan y se respeten en sus individualidades (mutua representación interna), donde todos apunten a un objetivo común, estén juntos el tiempo y en el espacio adecuados y reconociendo las tareas que deben llevar a cabo, el proceso de aprendizaje será más sencillo y más efectivo.

El segundo vuelve a plantear interrogantes: ¿cuál es el rol del docente frente a las diversas forma que adquieran los alumnos como conjunto de personas? y tal vez más importante aún: ¿se considerará el docente parte del grupo, compartirá sus vivencias, entenderá sus inter-relaciones y considerará a cada uno como un “otro” que no debe ser masificado sino respetado en su identidad? Esta pregunta, necesita de lo expresado en el punto anterior, para adquirir sentido y ser de utilidad.

En un aula de música, el docente puede formar un coro, hacer cantar un grupo acompañado de guitarras, crear una banda, generar grupos de improvisación, etc. todas actividades prácticas esenciales para el aprendizaje de la música. Poder vislumbrar las características del aula como grupo, tiende – al menos lo considero así – a facilitar cualquiera de esas actividades, donde no sólo existirá un aspecto cognitivo, sino también un compromiso psicomotriz y por sobre todo emocional y perceptivo.

 

El docente y los grupos

Muchas veces, cuando entramos al aula, pensamos cual va a ser el grupo con el que nos vamos a encontrar: ¿será un grupo que nos haga caso?, ¿se portarán bien?, ¿serán atentos?, ¿aprenderán rápidamente? etc. Algunas veces tenemos referencias de otros docentes, otras nos enfrentamos con perfectos desconocidos y en algunos casos, continuamos con nuestros propios grupos de otros años, pero probablemente ya con cambios.

Pocas veces consideramos que nos vamos a encontrar con un grupo o suma de individualidades, con sus propias normas individuales, pero también con las normas que subyacen a cualquier relación grupal. Esta visión, desde mi punto de vista, cambia notablemente el espectro de preguntas que podríamos hacernos frente a esos alumnos.

Si atendemos a las características que conforman un grupo, vemos que, según el destacado psicólogo social Pichon Riviere:

un grupo es un conjunto restringido de personas que, ligadas por constantes espacio-temporales y articulado en su mutua representación interna, se propone en forma implícita y explícita una tarea que conforma su finalidad, interactuando a través de complejos mecanismos de asunción y adjudicación de roles”.

Esta definición plantea múltiples aspectos: “conjunto restringido de personas”, “ligadas por constantes espacio-temporales”, “articulado en su mutua representación interna”, con “tareas implícitas y explícitas como finalidad”, con “complejos mecanismos de asunción y adjudicación de roles”, que nos deberían llevar a la primera de las preguntas: ¿cuándo entre al aula, me encontraré con un grupo que responde a estas características? o ¿será simplemente un conjunto de personas que actuando en forma desarticulada, conviven en un aula varias horas por día?

Para cualquier docente estas preguntas pueden ser importantes, pero para un maestro de música son fundamentales, ya que la mayoría de su trabajo será un trabajo grupal, ya sea por grupos pequeños o con la participación de toda la clase.

 

 

 

 

EL REGRESO AL BLOG

Estimados todos, después de un largo receso, motivado por diferentes circunstancias, estoy nuevamente aquí, muy decidido a que sigamos compartiendo algunas ideas acerca de la música y de su aplicación en el aula.

Afortunadamente he podido enriquecerme con conocimientos que he incorporado porque estoy realizando la carrera de Counselor (consultor psicológico), que me han abierto mucho la mirada acerca del manejo de grupos y de la relación entre las personas.

Todos sabemos que en nuestras clases, estamos constantemente manejando grupos (grupos pequeños o grupos grandes, pero grupos al fin) y en muchas ocasiones, en la música es fundamental comprender este manejo, ya que es un arte esencialmente comunitario.

Para quienes han dejado algún comentario, les pido disculpas por no haberlo podido contestar y les digo que iré haciéndolo en la medida de lo posible, así como trataré de contestar todas las preguntas recibidas.

Les envío un deseo de muchas felicidades y un muy buen año 2012. Este era simplemente un saludo de reencuentro y seguimos en comunicación.

Humberto López