Archive for the 'General' Category

Sep 13 2009

“Paco Cabrera”, un orgullo de la docencia nacional

Published by Humberto under General

Este es un blog dedicado a la educación musical. Pero este artículo no tiene que ver con la educación musical sino con la EDUCACIÓN. Así en mayúsculas. Y me refiero a la educación, porque la “educación” es una abstracción que sólo podemos concretar quienes nos dedicamos a ella, cuando le ejercitamos con pasión y como ideal de nuestras vidas.

Tengo el honor de conocer al Señor, Maestro y Educador Francisco Cabrera. El tiempo, el trabajo y la vida nos han alejado, pero hubo una época en mi vida donde trabajando con él (en mi tránsito por el Collegium Musicum, como  parte de un coro y en una cantidad de charlas que me ilustraron y ayudaron mucho para mi labor), pude apreciar lo que significa un docente que da sentido a la educación, además de una persona con un gran sentido ético y de gran profundidad de pensamiento.

Leí con mucha satisfacción que ha sido merecedor de distinciones tanto en el plano del Gobierno de la Ciudad, como en el plano Nacional. Creo que se ha hecho justicia y celebro que se reconozca y se aplauda su dedicación, creatividad y convicción para la formación de quienes son y fueron los ciudadanos de nuestra nación.

El muy apreciado “Paco Cabrera”, es uno de esos hombres que da sentido de aplicación práctica a esa “educación”, de la que tanto hablamos y no siempre logramos poner en práctica. Es de desear que su ejemplo y su amor sean imitados por quienes lo sigan en esa maravillosa profesiópn de educar.

En lo personal, recuerdo su afabilidad, buen tratno y conocimientos, y solo me queda por decirle “Felicitaciones y Muchas Gracias, MAESTRO!”

Humberto López

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Sep 13 2009

El Coro Kennedy: un disgusto musical (II)

Published by Humberto under General

Estimados lectores, con gran satisfacción he recibido una serie de mails y comentarios acerca de mi primer artículo con referencia a la “jocosa” actuación del Coro Kennedy, entonando una canción referida a la gripe A. Increíblemente mi satisfacción está motivada por quienes, intentando defender esa causa – con argumentos referidos al humor, a la alegría de vivir, a mi “poca capacidad de disfrutar de la vida”, etc. etc. – también acudieron al insult y a la descalificación probándome que, en forma lamentable, quienes defienden esas causas, lo hacen por medio del agravio, de la prepotencia y del “patoterismo”, cuestión muy en boga en estos días.

Hemos tenido que “censurar” algunos comentarios recibidos, con una nota a los remitentes, solicitándoles que se publicarían sus ideas, si se quitaban de ellos los comentarios soeces que incluían. Tal vez hubiera sido mejor publicarlos de esa manera, para mostrar a todos cuales son los argumentos de la defensa de dicha actitud, pero por otra parte, no creímos necesario contribuir a llenar estas páginas con escritos de tan mal gusto.

Sigo sosteniendo que el humor es muy sano, pero que tiene los límites de la ética y del respeto por el sufrimiento del otro. Sigo afirmando que hacer música no es excusa para decir cualquier cosa, simplemente porque “nos hace famosos”. Sigo pensando que la música es un hecho muy respetable y que al menos debe buscarse la calidad cada vez que la utilizamos como medio de comunicación. Sigo afirmando que utilizar una de las mejores melodías del mundo – con un texto que paradójicamente habla de la hermandad – para reírse del dolor ajeno (o al menos reirse a costa del dolor ajeno), no habla ni de alegría, ni de disfrute y mucho menos de hermandad. Creo que en realidad, habla de tristeza y asombro ante la poca sensibilidad que demuestran algunos congéneres.

Por último y contestando un comentario donde se manifiesta que el Coro Kennedy ha dejado de pertenecer desde hace un tiempo a dicha Universidad, no pongo en duda dicha afirmación, pero le sugeriría a dicha casa de altos estudios, reveer a quienes prestan su nombre, considerando una vez más lo que significa la responsabilidad de enseñar y de mostrar cultura ante la sociedad. He enviado en su momento un mail a la rectoría de dicha Universidad, sin tener hasta el momento respuesta alguna.  

Esperando una vez más que todos podamos reflexionar acerca de lo que significa la música y su poder de comunicación

Hasta la próxima

Humberto López

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Ago 02 2009

Coro Kennedy: un disgusto musical

Published by Humberto under General,Música vocal

Estimados lectores, después de mucho tiempo me reúno con Uds. otra vez. Algunos problemas de salud me han mantenido, tal como el año pasado, lejos del blog, así que pido perdón por la tardanza en volver a escribir y por los comentarios que no pude contestar hasta el momento.

Lamento también, tener que reiniciarme en mi diálogo con quienes nos leen, a través de una circunstancia que personalmente no considero para nada agradable. Dedico mi vida a la educación musical, vivo hondamente preocupado por los problemas de la educación en general y por las causas-consecuencias de esa cultura en la cual estamos inmersos que, en líneas generales, remite a la falta de valores y a una generalizada intrascendencia, donde pareciera que nada importa y que hasta las cuestiones más serias son tomadas con un dejo de “no importancia”.

Ha habido muchas obras, comedias, películas, etc. que se han referido en forma burlesca a situaciones trágicas, pero ello se puede comprender como una forma de catarsis frente a hechos que sobrepasan por su horror, a las concepciones humanas y al entendimiento del funcionamiento de la sociedad como tal, o a tragedias que llevan al límite la resistencia de los individuos al intentar asimilarlas.

Aquí, en cambio, ha llegado a mí, un video donde se aúnan la música y las situaciones cotidianas, una de las banderas que enarbolo en este blog y que justifican muchos de los proyectos que he realizado en mi vida. Eso sí, siempre he pensado en la música y su nexo con la cotidianeidad, en forma positiva, de acción, de respeto y con el objeto de mejorar la formación de los individuos.

El Coro Kennedy, organismo de una extensa trayectoria y de clara influencia en el ambiente musical argentino ha interpretado, según se puede apreciar en la siguiente dirección de web: http://www.youtube.com/watch?v=dQj8DtYQPWY una canción referida a la gripe A, pandemia que además de ocasionar una cantidad de muertes, ha trastocado la vida de muchas personas, del mundo educativo y de alguna manera de toda la sociedad argentina. Para ello y por otra parte, ha utilizado la melodía de la parte coral de la Novena Sinfonía de Beethoven, en un arreglo “ad hoc” y cuyo texto se refiere, paradójicamente, a la hermandad entre los hombres.

No pretendo hablar de crítica musical. Mi ser músico se ha sentido tocado, pero no en mi profesión ni en la técnica musical, sino en mi aspecto de ser humano, como persona que trata de sentir al “otro” en el convencimiento de que yo también soy un “otro”. He meditado en el humor basado en una circunstancia que ha conllevado sufrimiento, que ha arrastrado vidas y que – especialmente en la salud y la educación - ha ocasionado casi un colapso en los sistemas establecidos.

Celebro el humor, aplaudo las bromas, creo que no es necesario ser adusto para ser serio, ni es indispensable dejar de lado la simpatía, para llevar a cabo tareas importantes. Si creo que así como es necesario respetar y respetarnos en nuestras ideas, más aún es importante hacerlo en nuestros padecimientos.

Lamento una vez más, reiniciar un contacto que siempre ha sido tan fructífero y hermoso con una queja de este tipo, pero no sería honesto conmigo, si luego de escribir tantas palabras acerca del valor de la música, no defendiera precisamente ese valor, al comprender que, como todos los aspectos y creaciones del ser humano, aquello que es creado para mejorar puede ser empleado también para perjudicar. La música es un producto de alta sensibilidad y enorme poder, que imaginamos tiende a permitir nuestra superación y que debe llegar a todos, como forma de patrimonio cultural indiscutible.

Un organismo musical y que además, específicamente depende de una institución educativa, debería en todo momento marcar senderos de formación y contribuir a elevar el nivel educativo y cultural de aquellos que son sus oyentes, máxime cuando por medio de Internet, esos oyentes pueden ser toda la Nación y el mundo entero. El Coro Kennedy ha realizado grandes contribuciones al conocimiento del canto coral y tenido muy importantes ocasiones de trabajar junto a notables figuras de la música popular de nuestro país. Creo que esas magníficas circunstancias no sólo brindan lugares destacados y de lucimiento, sino que también producen situaciones de responsabilidad, atendiendo a la cantidad de personas sobre las que logran influencia.

He enviado en las últimas horas, una carta a la Rectora de la Universidad Kennedy, manifestando mis puntos de vista acerca del video de referencia. No se si obtendré respuesta y por supuesto ignoro, en el caso de producirse, cual será el tenor de la misma. Sólo se, que he cumplido con lo que creo mi deber como músico y como responsable de la educación musical de mucha gente, y por supuesto con mi conciencia.

Muchas gracias, hasta pronto.

Humberto López

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Feb 10 2009

La educación musical y la rutina

Published by Humberto under General

Estamos por comenzar un nuevo año lectivo y eso implica recibir una vez más a una legión de niños y jóvenes que concurren a nuestras clases para aprender.
De acuerdo con la organización escolar y con nuestra función, debemos encontrarnos con ellos para enseñarles música. Nuestra experiencia nos indica, de acuerdo al lugar en que nos toca desenvolvernos, que seremos depositarios por un tiempo semanal, de individuos en formación que tendrán mayor o menor interés en aprender música, o cualquiera de las otras materias del currriculum.
Que compartiremos distintas formas de ser, distintos habitats, costumbres, culturas, intereses, alegrías y frustraciones que son lo que conforman cada una de las personalidades que tendrán nuestros próximos alumnos.
Conoceremos a algunos de ellos, los veremos iguales, cambiados, más pícaros, más tímidos amando aún más la música o más desinteresados en ella. A otros ni siquiera los conoceremos y serán una incógnita, un pequeño tesoro a descubrir.
Nuestra costumbre nos dice que si ellos vienen a aprender, nosotros debemos ir a enseñar (sería la forma lógica de compensar la ecuación). Esto nos desafía, en casos nos asusta, muchas veces nos preocupa y casi siempre nos acota.
Tal vez podríamos sentir ese encuentro desde otra dimensión: aquella que nos permitiera acercarnos para sentir que nosotros también podemos aprender, que de nuestra observación y de sus actitudes, surgirán interesantes temas de aprendizaje que contribuirán también a formarnos, a crecer junto con ellos.
Muchas veces pensamos los comienzos de clase como parte de una especie de guerra anual que debemos librar contra circunstancias que pueden ser adversas (grupos  desatentos, burocracia que cumplimentar, exigencias planteadas sin la provisión de recursos suficientes, situaciones sociales extremas, desinterés tanto de alumnos como de las autoridades por nuestro trabajo, etc.).
Puede ser muy útil, vivir tales situaciones pensando y sintiendo  que no existe tal batalla, que lo que puede ocurrir sea compartir, descubrir, hacer y disfrutar nuevas experiencias en un campo muy lejano al de una confrontación.
No niego que enseñar requiere e implica esfuerzo, energía y una permanente actitud de dar. Pero no olvidemos tampoco, que eso termina siendo un ejemplo para los alumnos que poco a poco integrarán su esfuerzo, su energía y nos permitirá recibir aquello que ellos también puedan dar.
Tal vez aquí debamos acudir a algunas palabras que ilustren nuestra actitud como docente: escuchar, respetar, comprender.
Y a otras que reflejarán aquello que debemos alentar en ellos: crear, idear, producir, interpretar y apreciar.
Probablemente eso nos conducirá a un último grupo de vocablos que sin dudas coronará los esfuerzos de todos: descubrir, investigar, sorprenderse y disfrutar.
La rutina del diario enseñar en un colegio puede verse alterada positivamente por la conjunción de todos estos verbos, que definen actitudes y posicionamientos poco comunes.
Cuanto menos permitamos que esa rutina se instale en nuestra actividad, más felices seremos apreciando los logros que pocas veces podríamos haber imaginado.
Muy feliz comienzo de año “lectivo” para todos los que empezamos
Muy cordialmente
Humberto López

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Ene 25 2009

El Teatro Colón: espejo y consecuencias.

Published by Humberto under General

 

                Como muchos de Uds. sabrán, el Teatro Colón de Buenos Aires, tiene sus puertas cerradas desde hace más de dos años, con motivo de ciertas restauraciones y modificaciones que no han cumplido los términos pactados.

                Esto ha generado múltiples polémicas, acusaciones y reproches, ya que el más importante Teatro de Ópera de nuestro país y uno de los más importantes de Latinoamérica, no cumple su función principal y está sometido a cuestionamientos tan graves como la permanencia de la que fue siempre su gran acústica y la falta de definiciones acerca de su futuro.

                Toda esta indefinición, coloca a nuestro país en una situación poco feliz ante los artistas del mundo, genera un gran malestar social, altera la tranquilidad de los artistas y deja a la cultura y a la música, sin el apoyo de uno de los grandes espacios para su difusión.

                Sin embargo, esta situación nos enfrenta con muchas otras consideraciones que – según mi entender – se relacionan en alguna medida con la educación y la formación que nuestro sistema educativo debería brindar a quienes transitan por él y que me llevan a escribir esta nota.  

He reiterado en distintas oportunidades que no soy un músico dedicado a la ópera o al ballet, por lo cual no creo que mi voz tenga la autoridad suficiente para opinar acerca de los problemas prácticos – y muy desafortunados por cierto – que aquejan al Teatro Colón.

                Es por eso que sólo me permito una reflexión, pretendiendo extraer un par de conclusiones que imagino podrían ayudarnos en el futuro, intentando lograr una aproximación positiva a la desgracia por la cual atraviesa esa institución y que sin dudas afecta a la sociedad y a la República toda.  

                Para ello, me permito utilizar dos palabras como eje del escrito: “espejo” y “consecuencias”, vocablos aparentemente inconexos pero que – al menos en mi pensamiento – crean la imagen de “las consecuencias de mirarse al espejo”.

                En mis años de vida he visto y comprobado que los gobernantes tienen dos premisas básicas sobre las cuales asientan su desempeño: “todo lo anterior ha sido malo” y “a partir de ahora se solucionarán todos los problemas”, premisas erróneas desde su concepción dada la naturaleza humana, donde nunca el todo es todo o la nada es nada. No recuerdo haber oído de quienes han llegado al poder (político al menos), decir: “si bien esto ha sido un error y debemos corregirlo, esto otro ha sido un gran acierto, sigamos construyéndolo”.

                Lo preocupante, es que cuando se manifiesta que el pasado ha sido un cúmulo de errores (a veces incluso atribuidos a la mala fe), rara vez existan consecuencias tangibles, lo cual nos lleva a pensar que ello no ocurre para que no se conviertan en un espejo, que luego nos devolverá nuestra propia imagen.

                Tenemos, en nuestra administración pública y en nuestros organismos, personas dedicadas, genuinamente preocupadas, dispuestas a colaborar, creativas y que buscan mejorar lo existente y generar nuevos avances con un gran aprovechamiento de los recursos. Pero, muchas veces y pese al esfuerzo de funcionarios realmente comprometidos con su actividad, los posibles logros se ven coartados por decisiones políticas que los superan.

                Pareciera que siempre lo técnico, lo artístico, lo que tiene que ver con el conocimiento, está subordinado a lo político, aunque en realidad “lo político”, sea una abstracción que en algunos casos se vuelve concreta, en la manifestación de los intereses personales de quienes detentan el poder o de quienes pretenden lograrlo.

No puedo negar que ésta ha sido una conducta del hombre desde que el mundo es mundo, pero valdría la pena – ante los hechos consumados – pensar nuevamente en el espejo y en las consecuencias de esos manejos que anteponen lo personal a lo social.

                El Teatro Colón – pobre entidad zarandeada por cada gobierno, así como por muchos de los individuos que han pasado por sus distintas direcciones – está siendo probablemente, víctima de un mal manejo arquitectónico, administrativo y financiero. No sé las causas, pero los resultados están a la vista. Los plazos no se cumplieron y muchas voces airadas clamaron y claman por una transparencia que no existe.

                Ahora bien, más allá de las actitudes de los gobiernos y de las autoridades, de los posibles desaciertos de funcionarios sin las capacidades adecuadas, o de las acusaciones de mala fe que sin dudas dejan también sus huellas nosotros, los músicos, ¿hemos tenido en las épocas de normal funcionamiento del Teatro, la conducta adecuada frente a la música y a su desarrollo?

                Como en todos los órdenes de nuestra sociedad, la paradoja del ser humano se ha hecho siempre presente en el Teatro: las glorias van emparentadas con las miserias, los triunfos con las mezquindades y lo sublime se da la mano con lo abyecto. He hablado en muchas ocasiones con directores extranjeros, que – obviamente – en conversaciones “off the record” se han manifestado muy asombrados de las capacidades de nuestros músicos, pero muy sorprendidos de sus actitudes. Quienes trabajan en el Teatro, han sido – indudablemente – muchas veces víctimas de reiterados abusos e injusticias en su trabajo, pero creo que tampoco debemos olvidarnos de las agremiaciones abusivas, del desinterés de algunos de sus integrantes frente al hecho musical y de los conflictos generados sólo por lograr o conservar espacios de poder, etc. que tampoco han mostrado al país y al mundo una imagen favorable de nuestro Teatro.

                Para terminar de dar forma a la reflexión propuesta, me planteo ciertos interrogantes que pongo a la consideración de todos para que podamos encontrar algunas respuestas:  

  • Si lo anterior estuvo mal, fue erróneo o hubo mala fe, ¿dónde están las consecuencias?.
  • Si lo actual es lo correcto, ¿porqué no se explicita en forma coherente, con los datos ciertos y plazos acordados?
  • Si existen problemas de fondo, presentes o pasados, ¿porqué no se aclaran y “se ponen sobre el tapete” para solucionarlos y porqué no se ubica a los responsables?
  • Esa mezcla de ocultamiento y olvido, ¿responderá al miedo al espejo?
  • El olvidar, ¿servirá para que otros olviden? El ocultar, ¿para que otros oculten?
  • Los músicos y personal idóneo, cuando el Teatro vuelva a su época de esplendor, ¿seguiremos anteponiendo las conveniencias personales al arte?

 

Todo esto – a mi criterio – debería dejarnos otra enseñanza: el espejo y las consecuencias (o sea el observarnos y el asumirnos), son dos elementos que están siempre presentes en la educación de todos las sociedades del mundo. Son parte esencial del proceso educativo y este proceso es a mi entender la solución para el problema de fondo que nos aqueja: el anteponer el interés personal antes que el interés social, el no reconocer al otro y el no intentar analizar los problemas en forma objetiva. Observar y analizar en forma ecuánime es el mayor logro que cualquier sistema educativo puede pretender alcanzar.

Creo por último, que en la situación que nos ocupa, la subjetividad ha primado por sobre la objetividad. La sensación es la de dos posiciones que consideran que todo lo de la vereda de enfrente es erróneo. Personalmente, me cuesta creer que no pueda haber aproximaciones objetivas al tema que busquen aprovechar lo mejor de cada una de ellas.

                Cuando educamos músicos, nos ocupamos de la técnica. Sin embargo deberíamos ocuparnos del ser humano que luego aprenderá y dominará esa técnica. Cuando educamos administradores, nos ocupamos de las funciones y olvidamos que debemos formar seres humanos que luego aprenderán y cumplirán esas funciones. Cuando designamos gobernantes y autoridades, nos basamos en el carisma, en la conveniencia material o política o en un impulso emocional, sin analizar sus capacidades y sin exigirles una formación en lo humano que le haga sentir que debe anteponer sus deberes a sus derechos, que sus acciones públicas deben estar sometidas a las consecuencias y que su poder es una cesión social y no una adquisición personal.

                Construir demora mucho más que destruir. El educar es una construcción lenta, pero que debemos asumir de una buena vez, para evitar nuevos “Teatros Colón” y rehabilitar nuestra imagen ante el mundo y ante nosotros mismos.

El Teatro Colón nos muestra como en un gran espejo, las falencias que yacen en nuestra sociedad. Está en nosotros animarnos a verlas y vernos reflejados en él, a asumirlo y a plantearnos seriamente que debemos ver las consecuencias de lo realizado y responsabilizar a quien corresponda por ellas.

                Pero por sobre todo, a plantear los hechos con claridad, sinceridad y anteponiendo el conocimiento a la política, para que eduquemos sobre ello, a fin que nos podamos mirar en cualquier espejo sin temer a las consecuencias de nuestros actos.    

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Dic 24 2008

La Música y la Fe

Published by Humberto under General

Creo que a nadie le caben dudas de la íntima conexión que existe entre la Navidad y la Música.
Tampoco ignoramos que la Navidad es una de las fechas fundamentales para la fe cristiana.
Y que pocas personas podrían imaginarla sin música.
En realidad y más allá de las características de la fe de cada uno, creo que muy pocas celebraciones religiosas del mundo no apelan o apelaron a la música para expresar sus más profundas manifestaciones de fe.
Si continúo con la idea de “la música y la realidad”, no podemos dejar de lado que en la tangible realidad de la existencia de la fe dentro del género humano, la música ha sido una figura inseparable de ella.
Una vez más creo, que deberíamos preguntarnos que es lo que confiere a la música esa posibilidad de asociarse a lo místico, a las creencias, a los ritos, a las celebraciones y a los íntimos “temores” y “amores” que el hombre ha elaborado durante su existencia.
Cánticos, mantras, himnos, vedas, motetes, misas, anthems, oratorios, canciones tribales, son todas formas de la música por la fe.
Ojalá que así como cada una de esas creencias tiene sus “músicos”, con el tremendo poder de difundirlas, tengamos nosotros – los músicos – conciencia del asombroso “poder” que tiene la música para la vida del hombre.
Muchas felicidades a todos en estas fiestas y que el año 2009 nos encuentre unidos en la misión de hacer y enseñar música.
Humberto López

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Dic 21 2008

La música y la realidad

Published by Humberto under General

Estimados lectores, después de mucho tiempo y habiendo atravesado algunos problemas, tengo la alegría de volver a escribir en este lugar tan querido que es el Blog de Música Viva. Lugar en el que he recibido muchas satisfacciones y que me ha permitido conectarme con muchos colegas y personas interesadas en la música y en su educación.
Si bien yo pensaba con que tema reiniciaría mi contacto con Uds. nunca imaginé que podría hacerlo desde un grupo de comentarios que surgieron a raíz de mi escrito “¿Qué significa enseñar instrumentos en un colegio de enseñanza general?, del cual surgieron tres interesantes comentarios, absolutamente disímiles entre sí, pero que precisamente por esas diferencias, me plantearon un hecho de mucha significación para mi.
Uno de ellos, generado por Gustavo, plantea el interrogantes acerca de cuales son los problemas dentro de la Enseñanza Musical.
El segundo de Ana Lucía habla acerca de la motivación, la evaluación y la formación de grupos musicales y sus características en los colegios.
El tercero de José Luis, plantea un panorama cuanto menos sombrío de la Educación Musical en nuestro país y de la formación de quienes deben llevarla adelante.
Como Uds. sabrán es un tema que me apasiona y que creo debería merecer la atención de todos aquellos quienes tratamos de formar seriamente a los estudiantes para poder apreciar, vivir, interpretar la música ya sea en forma amateur como profesional.
Entrando en tema, creo que entran en este incipiente análisis de la educación musical, muchas variables que se deberían analizar y de las cuales sólo hago un listado enunciativo, esperando que otros tengan la amabilidad de agregar al mismo sus propias conclusiones y experiencias.
He de enviar este artículo también a todos los miembros del Grupo de Música VIva, ya que dada la trascendencia del tema considero muy importante mencionarlo ante la mayor cantidad de gente posible.
Cuando hablamos de educación musical, creo que mencionamos un amplio espectro de temas y campos en los que un docente puede operar (música vocal, música instrumental, música electrónica, historia, audición, composición, etc.) que nos permitiría pensar que nos hallamos frente a un conglomerado de disciplinas, siendo cada una de ellas absolutamente distintas, pero que necesitan una serie de conocimientos y habilidades comunes que permiten avizorar su naturaleza peculiar.
Teniendo esto en consideración y analizando la situación en sus dos aspectos: la enseñanza en colegios generales y en conservatorios especializados, me parece que podríamos comenzar mencionando los siguientes aspectos:
1) La depreciación de nuestra educación musical, no es un hecho aislado, sino que creo se corresponde con la baja del rendimiento educativo en todas sus áreas, situación ampliamente divulgada y de conocimiento publico.
2) La ubicación en relación con su “utilidad práctica”, que la sociedad brinda a la música que, – paradojalmente – a pesar de reconocer su importancia dentro de la vida de los individuos, no se siente inclinada a considerar que necesite un espacio demasiado importante dentro del curriculum escolar.
3) La escasa importancia que le brindan las autoridades educativas, que sostienen que con que un alumno cumpla una de las asignaturas del “área artística”, ya sea ésta música, plástica, teatro, etc.) tiene cubierta su “cuota educativa” en las artes. Y esto sumado a la absurda separación que se realiza en forma tácita o explícita entre las ciencias y las artes.
4) Nuestra difícil situación social, como país y como parte de un mundo azotado por continuas crisis de todo tipo.
5) La operatividad de muchos directores de colegios que brindan un mínimo espacio a las actividades musicales, aduciendo razones de “costos”, de “importancia curricular”, de necesidad de ocuparse de las “materias importantes” (sic), de razones de “espacio”, etc. que contribuyeh a generar docentes humillados, resentidos, afectados en su autoestima y que generar un círculo vicioso que se retroalimenta en función del desprestigio de la música como materia.
6) La actitud de muchos docentes que se remiten a “cumplir” con su tarea o a ignorarla, resguardándose también en que “total, a nadie le importa lo que hacemos”.
7) La típica actitud social que nos envuelve de las “antinomias”: así como somos buenos o malos, de Ríver o de Boca, también nos ubicamos en ser “músicos clásicos” (considerando que la “otra música” es de muy baja calidad), o somos “músicos populares” (manifestando que la otra es música de elite”).

8) La continua declamación de “Nuevos planteos curriculares” que en general se refieren siempre a la técnica de la interpretación (hablando de las instituciones especializadas), sin intentar comprender que el hecho musical es un tema que atañe a los individuos en forma personal y a la sociedad en general, tanto en el aspecto filosófico, psicológico, sociológico y antropológico.
9) La lejanía, en muchos casos, de las investigaciones de alto vuelo que se desarrollan dentro de la materia, de la constante de las aulas y de los problemas diarios que tienen los docentes que acuden a cada clase con cientos de dudas a enfrentar problemáticas que a veces los exceden desde todos los ángulos.
Tal vez considerarán que lo que acabo de mencionar es una mezcla de descripciones pesimistas u oscuras, sin embargo me he referido a circunstancias que están todos los días en las conversaciones de muchos quienes nos dedicamos a la educación y de muchos padres preocupados por el futuro de sus hijos.
Quienes me conocen, saben que soy un optimista a ultranza, pero no ignoran que trato de basar ese optimismo sobre las situaciones reales y concretas que me tocan vivir.
Y de ese optimismo y de esa realidad, surgen, a mi entender, como alternativa muy válida a esas descripciones, una serie de interrogantes que, si pudiéramos contestar, nos comenzarían a acercar a otra realidad muy distinta y mucho más promisoria:
¿ Tenemos conciencia los docentes de música, de la extraordiaria herramienta que poseemos, como elemento formador de la personalidad de los alumnos?
¿ Pensamos y reflexionamos alguna vez, que cuando impartimos una instrucción musical a nuestros alumnos, estamos generando en ellos un proceso sensitivo, que les va a permitir apreciar las circunstancias de su vida en una forma más amplia?
¿ Nos sentimos alertas ante el hecho de que podemos invitar a los alumnos a crear, generando en ellos la posibilidad de expresarse por medio de sus propias construcciones, alentándolos y guiándolos en el camino del arte?
¿ Somos conscientes que no necesitamos ser “genios” ni tener “vocaciones especiales” para hacer música y disfrutarla, sino que lo que hace falta es conocerla para poder llegar a amarla?
¿ Aceptamos la realidad que ese “conocerla” no necesariamente tiene un sólo camino, sino que cualquier ruta que elijamos, transitada con conocimientos, responsabilidad y esfuerzo, nos gratificará y gratificará a nuestros alumnos, permitiéndoles disfrutar de la actividad?
¿ Entendemos que ubicarnos en la óptica de pensar que “no hay docentes formados adecuadamente”, “los colegios no dan espacio”, “nunca afinan el piano”, “a nadie le importa”, etc. etc. no nos conduce más que a la frustración, alimentando el círculo que una y otra vez nos lleva a sentirnos fracasados?
¿ No podemos pensar que quienes creemos que estamos capacitados debemos ayudar a los otros, que quienes tienen medios pueden colaborar con otros, que quienes tienen circunstancias de éxito pueden compartiras y que – a fin de cuentas – los otros somos nosotros mismos?
¿ Queremos aceptar que el éxito y el fracaso no se miden en función de los logros, sino de las expectativas (expectativas ecuánimes, reflexivas y adecuadas a las circunstancias) y que los errores son la real fuente de aprendizaje?
¿ Estamos de acuerdo en que somos quienes podemos formar a los alumnos en la adquisición de un nuevo lenguaje no verbal, pero con un poder de comunicación extraordinario, que visto desde su aspecto científico o emocional, psíquico o fisico, íntimo o masivo, promueve grandes transformaciones en lo personal y en lo social?
Imagino que muchos considerarán que, aparentemente, estas preguntas tienen que ver poco con lo musical, pero sin embargo considero que en ellas se centra el cambio de actitud necesario para comenzar a modificar esa realidad que aparentemente nos abruma y que todo lo demás (técnica, habilidad, conocimientos específicos, etc.) estará absolutamente subordinado a la visión que podamos tener de nuestra enseñanza.
Los estudios de los volcanes no se dedican sólo al fuego y al humo, sino que se extienden a las circunstancias que los provocan, aunque el fuego y el humo, sean las manifestaciones que pueden apreciarse y que nos afectan.
Felicito a los jóvenes que se preocupan por esta problemática, me entusiasman los profesores que buscan conocer más de la técnica para enseñar cada día mejor, a veces es necesario ser cauto en las críticas al sistema (aunque las mismas se hagan debido a la urgencia y necesidad de que las cosas funcionen mejor) y creo que todos, deberíamos preguntarnos como interrogante final:
¿ Qué hacemos nosotros en nuestra actitud diaria, en nuestra cotidianeidad, por revertir esas situaciones? ¿Acudimos a los especialistas, para que escuchen nuestros reclamos? ¿Interesamos a los directores para que tomen conciencia de las ventajas de la música? ¿Dedicamos el tiempo necesario para que los alumnos y sus familias puedan conocer y amar la música? ¿Buscamos reunirnos en redes basadas en el compromiso con el otro y en su reconocimiento? ¿Generamos proyectos más allá de lo impuesto por el curriculum, como forma de que nuestros estudiantes disfruten del “hacer música”?
También son preguntas que deberíamos respondernos.
Soy consciente que no todo es simple y lineal, que esto no pretende ser ni un recetario de “autoayuda”, ni tampoco un descubridor de nuevas preguntas que probablemente Uds. ya se hayan planteado. Sólo pretende ser una manifestación de una visión de la realidad que nos circunda y que podemos – en caso que así lo pensemos – contribuir a modificar.
Muy feliz de estar nuevamente en contacto con Uds. los saluda
Humberto López

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Abr 06 2008

La educación musical – un aporte de todos

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Estimados lectores, he recibido con mucho entusiasmo varios artículos de profesionales preocupados por la forma, los contenidos, la didáctica y su aplicación en el aula, donde destaco los dos últimos, uno del profesor Nuñez de Costa Rica y de la Lic. Yelén de nuestro país. Si bien en ambos se pueden apreciar situaciones de aplicación diferentes, hay un patrón común que es el hacer las cosas bien, para beneficio de quienes quieren aprender música y por otra parte, generar ese interés en quienes aún no lo poseen. Asimismo, voy descubriendo que nuestro grupo de google va creciendo día a día, no sólo en número sino también en profundidad de ideas y en búsqueda de aplicaciones concretas. La idea de Ángeles, acerca de empezar a generar algún tipo de planificación – basada en la realidad y no en ideas o “ideales” que luego se conectan muy poco con ella – reforzada por el aporte tecnológico de Hernán (nuestro webmaster), creo que puede dar origen a productos de indudable riqueza para cada uno de nosotros, para la educación en la música y para la sociedad en su conjunto. No son tareas fáciles, ni de rápido resultado. Sí, son tareas gratificantes que nos brindan la satisfacción del crecimiento y del sentir todo aquello de lo que somos capaces cuando trabajamos con seriedad y alegría (términos que no son antagónicos, sino complementarios).Las dificultades que atravesamos quienes enseñamos música, tienen una indudable compensación: rara vez se nos exige cumplir una planificación determinada, muy pocos directores entienden de que se trata y por otra parte ese desinterés (en muchos casos aparente) de la sociedad, hace que pocos se preocupen por los resultados. Si hablo de lenguajes todos estarían horrorizados si alguien en sexto grado, luego de estudiar seis años de lengua no conociera las letras, o que un alumno, después de seis años de matemáticas no conociera los números. Sin embargo pocos se preocupan que haya alumnos que, en muchos colegios después de tener seis años de música, no puedan leer las notas. Aquí entramos en el tema: ese desinterés por los resultados, hace que tengamos docentes tremendamente preocupados por la situación y otros que, al amparo de la falta de controles, conviertan la clase de música en una especie de “recreo controlado”, donde la falta de objetivos y la pobreza de aplicación, desprestigien aún más la actividad musical en las escuelas. Tal vez pueda ser duro, pero me parece que se debería “tomar el toro por las astas” y plantearlo, ya que exponer una realidad, es la mejor forma de mejorarla, transformarla o mantenerla, pero con conciencia de causa. Hemos emprendido una tarea (me voy a referir a ella en un próximo artículo) y nuestro grupo cuenta con miembros de varios tipos: docentes que recién se inician, otros muy experimentados, de enseñanza inicial, de primaria y de secundaria, pedagogos de mucha experiencia, músicos profesionales e incluso con algunos entusiastas aficionados que han sido y continúan siendo miembros de agrupaciones musicales (coros, orquestas, etc.). La tarea es como hemos dicho, generar un camino de enseñanza musical basado en la realidad del cada día en los colegios, con el fin de jerarquizar y ampliar las bases de acción de quienes enseñamos. Y aquí termino, diciendo que TODOS, pueden realizar su aporte a la tarea. Hay quienes dirán “yo no soy docente y no entiendo”, otros que pensarán “ya no enseño y no vale la pena”, otros que “no estoy de acuerdo y mejor no opino”. Sin embargo, TODOS pueden contribuir, porque el enseñar-aprender no es sólo una cuestión de técnicos, es un proceso vital en el cual todos – consciente o inconscientemente – tomamos parte durante toda nuestra vida. Todos alguna vez enseñaron, todos alguna vez aprendieron y nada más enriquecedor para estos procesos que las distintas visiones desde los distintos posicionamientos de la vida. A nuestros amables lectores, los invito a unirse al grupo, a quienes ya están en él a escribir, a discutir y a aportar ideas. Todos estaremos gratificados si nuestro trabajo termina con éxito. Muchas gracias Humberto

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Mar 18 2008

Componer en el aula

Published by Humberto under General

Me he referido muchas veces al hecho de “componer en el aula”. Es ésta una idea a veces aplaudida, a veces combatida, pero que sin duda plantea ciertas connotaciones que es interesante plantear como forma de pensar y repensar la actividad.
Componer, dentro del aula, significa crear música a partir de los elementos musicales o no musicales disponibles y desde los conocimientos (cualquiera sea su nivel) que posean los alumnos.
Todos podemos, con un mínimo esfuerzo, tomar conciencia de nuestras posibilidades de hacer música (entonar una melodía, crear una melodía, producir sonidos con el cuerpo, con los elementos de nuestro entorno, con instrumentos, etc.), al pensar en ese hacer como una forma de uso de los sonidos no relacionada con sistemas musicales elaborados.
Cuando decidimos plantear que nuestros alumnos compongan, inmediatamente debemos pensar en cuales serán nuestros parámetros de observación, cuales los puntos que deberemos evaluar y cual será nuestra postura con respecto a algo que visto desde ciertos cánones tradicionales, no va a “sonar” como una sonata de Mozart.
Espero que estemos todos de acuerdo en que nuestros sistemas de hacer música han ido variando con el correr del tiempo, han ido modificándose, han experimentado múltiples “recetas”, encontrándonos con que en nuestra época actual, se han derribado muchas barreras y si bien por un lado hemos llegado a límites insospechados de realización musical inmersos en un gran intelectualismo, esas especulaciones casi “sin límites”, también nos han permitido un uso menos “limitado” del sonido, aceptando una experimentación que enriquece las posibilidades del aprendizaje.
¿Se nos ha ocurrido que cada niño del aula, haga una simple y pequeña melodía con su nombre? Les pido que no se desmoralicen en el primer intento, donde lo más común son las risas de sorpresa, las miradas entre sí, los “noes” de los más tímidos y aquellos que por sentirse cohibidos utilizan dos notas para decir “A-na”. Sin embargo, luego de un par de veces de realizar este simplísimo ejercicio, veremos como su creatividad crece y poco a poco, estas pequeñas fórmulas van cobrando una mayor vida.
¿Pensamos también en repetir un pulso en forma sucesiva a fin de detectar a quienes tienen dificultades en mantenerlo coherentemente? ¿Y luego de ello un esquema rítmico?  Sencillo, no complicado, esto será solo una experimentación.
Todo esto, debería ser realizado muy rápidamente, tal vez utilizando menos de 12 minutos de clase.
Bueno, una vez que hemos “demostrado” a nuestros alumnos que todos pueden marcar un pulso, sostener un ritmo y crear una melodía, mi pregunta es: ¿qué más necesitamos para componer música? Tal vez ayude una idea generadora: pensaron en invitarlos a crear una composición llamada “el reloj”?
Probablemente nos sorprenderemos de la riqueza que iremos encontrando en este sencillo trabajo que no debería llevar más que 15 minutos por clase. Eso sí, no nos olvidemos que es conveniente dividir la clase en grupos de alrededor de ocho chicos, para que puedan trabajar mejor.
Cuando los escuchemos, nos daremos cuenta que a lo que han hecho, le podríamos agregar dinámica, articulación, velocidad, carácter, variaciones tímbricas, etc.
¡Cuántos elementos de la música en muy breve tiempo!
Quise ilustrar esto, para ejemplificar aquello que llamamos componer. Con el correr del tiempo, podremos ir agregando fórmulas rítmicas, melodías con un cierto esquema tonal, forma, estructura, etc.
Siempre con la misma característica: la de la experimentación.
Siempre alentando, siempre evaluando sobre lo positivo, siempre tomando conciencia que estamos trabajando con seres que tal como nosotros dudan, sienten vergüenza, temen al juicio, pero se preocupan para que sus producciones sean tan buenas como puedan serlo.
De aquí en adelante, nuestra actitud les ayudará a seguir creciendo.
Hasta pronto!

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Mar 16 2008

Educación musical: Dos caminos que se unen

Published by Humberto under General

Muchas veces pienso que la Educación Musical, debería transitar, en los colegios de enseñanza general, por dos caminos que si bien son opuestos, también son complementarios.
Por un lado, el camino de las indicaciones precisas – casi sin discusión – cuando queremos formar un grupo de música (coro, orquesta, etc), ya que están orientados específicamente a interpretar obras musicales, para las cuales los chicos no tienen la preparación suficiente, ni en el aspecto analítico ni en el interpretativo.
Por el otro, existe el camino de la creación, con su carga de imprevisibilidades, que – a mi criterio – es indispensable para conocer la música desde dentro. Improvisar, componer, son actividades que deberían estar siempre presentes en la actividad del aula, para permitir a los niños descubrir por sí solos las posibilidades de la música.
En la primera opción el docente tiene que dictaminar e “imponer” (en el buen sentido del término) su práctica, ya que en líneas generales se trata de la solución de problemas puntuales (afinación, precisión rítmica, fraseo, etc.), que debe conducir a la realización de obras específicas.
En la segunda, el maestro debería enseñar y compartir, pero desde la propuesta del alumno, porque se trata de descubrir, de interactuar, de llegar a un conocimiento que, desde su proceso y por sus objetivos, contribuye a la formación de ambos.
Muchas veces he comentado que veo ciertos preconceptos en la actividad musical: si dirigimos un coro, para ser bueno, debe ser a cuatro voces o cantar “a capella”; si componemos, debemos hacer una obra memorable que – muchas veces – debe ser tan difícil de ejecutar como sea posible; si somos pianistas debemos ser “concertistas”; los cantantes deben hacer ópera, y así sucesivamente.
Pocas veces nos detenemos a elogiar la sencillez, la simplicidad, la tarea consecuente que nos permite el vivir de cada día y el enseñar en cada momento. Como siempre digo, no hablo de obras que se hacen en forma descuidada, hablo de responsabilidad en la interpretación o composición de lo que puede estar al alcance de todos.
Desde ya, la sencillez se vuelve sublime en manos de los genios, pero tendríamos que aceptar que todos podríamos disfrutar y hacer disfrutar, de enseñar y aprender, de compartir experiencias por medio de lo simple.
Si queremos cantar o formar un coro con nuestros alumnos, pensemos en lo hermoso de cantar a una voz o a dos y no nos disculpemos de hacerlo con piano; busquemos que lo que hagan sea lo mejor posible, que sientan el enorme placer del canto expresivo, ajustado y preciso. 
Si inducimos a componer, no esperemos una fuga de nuestros alumnos y tratemos de darles los elementos necesarios para que logren hacer música equilibrada en el estilo que elijan.
Si les proponemos improvisar, no pretendamos que lo hagan como un “jazzero” avezado, pero dejemos volar su imaginación y rescatemos todo lo bueno que puedan lograr en su cometido.
Interpretar y componer, son los dos caminos que deberían ir de la mano en cualquier aula donde se haga música. Y me atrevo a decir esto para cualquier nivel de enseñanza: en escuelas generales, en conservatorios y en universidades. Obviamente en las instituciones especializadas, el interpretar llevará una mayor exigencia técnica y el componer se realizará con una profundidad mayor, pero los pasos deberían ser los mismos.
En definitiva ambos caminos se dirigen al “hacer música”.
Hasta pronto   

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