Archive for the 'Música vocal' Category

Apr 03 2008

Educación musical: la fragmentación del aprendizaje

Published by Humberto under Música vocal

Un muy interesante comentario de una visitante de nuestro blog, me ha inspirado (luego de un largo silencio debido a una gran cantidad de trabajo) a escribir este artículo, porque dicho comentario expresa una triste realidad de nuestro país.
Tal como la profesora manifiesta, quienes cantan no siempre atienden las realidades del aparato fonador y quienes son fonoaudiólogos no tienen posibilidades de enfrentar la emisión desde el aspecto musical.
Yo tal vez, podría agregar que ninguno de ellos se ocupa de la psiquis de los alumnos, tema que creo es importante dentro de la enseñanza del canto.
Debo también reconocer que existen honrosas excepciones, con profesores que tienen un claro concepto de nuestra anatomía y sus funciones y las transmiten adecuadamente. 
Lo que ocurre es que, lamentablemente, la formación docente en el área de música en nuestro país se encuentra en una situación de carencias o, en el mejor de los casos fragmentada tal como mencioné en el título.
Este es un tema muy delicado, donde no pretendo herir susceptibilidades ni menospreciar el trabajo de nadie. En realidad, hemos producido y supongo que continuaremos produciendo excelentes músicos en todas las áreas de arte musical, ya sea instrumentistas, cantantes, directores, compositores, etc. Pero la realidad es que la excelente formación que muchos músicos tienen, no siempre es un aval para transmitir esos conocimientos y mucho menos – valga la paradoja – para transmitirlos a los que menos saben.
En el caso del canto, cuando un profesor recibe un alumno de canto, ¿tiene claro que debe enseñarle? El alumno que quiere cantar, ¿tiene claro lo que debe aprender? Una buena voz, ¿es sinónimo de un buen cantante?
En realidad uno podría preguntarse si el canto es un hecho innato o adquirido y cultural.
Y habría mucho para discutir allí, porque cantar es algo que todos tenemos como posibilidad, pero los factores histórico-sociales de teatralización y de elementos técnicos por un lado o de timidez y burla por otro han hecho que esa facultad que poseemos como seres humanos, sea – en algunos casos – cruelmente dañada.
Personalmente sostengo que todos podemos cantar, pero también todos pensamos que debemos ser Plácido Domingo, Liza Minelli o una figura de renombre para poder ser reconocidos como cantantes. Sin embargo, muchos cantantes no llegan a esa “envidiable posición” por tener una maravillosa voz. Llegan por su musicalidad, por su profunda comprensión de la actividad o por otros factores que los han llevado a tener un gran dominio del hecho musical.
Desde mi criterio, cuando despegamos el canto de su esencia y lo convertimos en un despliegue técnico (y sólo cuidamos de su técnica tal como en la música académica), cuando queremos hacer música pero no atendemos los requerimientos básicos de una buena posición (sólo pensamos en como sonará, sin atender a los conocimientos profundos del aparato fonador, como en la música popular) o cuando pretendemos que el otro transmita pero no nos ocupamos de sus sensaciones personales (sólo nos ocupamos de la música pero no del individuo), estamos dejando de lado algunos de las instancias básicas del canto: técnica, música y personalidad.
La pregunta sería, cuál de los institutos de formación, cuál de las escuelas donde se forman los docentes, cuál de las universidades que preparan a quienes serán formadores, atiende los tres aspectos del maravilloso fenómeno natural que es cantar? Porque en realidad, en el canto, lo único que se debe hacer es ayudar a crecer a lo que ya poseemos desde nuestro ser.
Obviamente, luego tendremos cantantes con mayores o menores capacidades, tal como tenemos economistas, ingenieros, pintores, atletas, etc. Pero la esencia está en todos y el peligro de la artificialidad nos puede perjudicar tanto como la desatención a la preparación profunda.
En muchos casos – más allá del canto – tenemos esa disociación entre técnica e interpretación y en otros entre técnica y “conocimiento del cuerpo”. Realmente, tal vez sea hora de redefinir conceptos, revisar actitudes y reelaborar formas de enseñanza para que la música pueda comenzar a enseñarse en forma “holística”.   

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Mar 13 2008

Cómo hacemos cantar a los chicos (3)

Published by Humberto under Música vocal

Un muy amable comentario a una de las notas de una muy buena y dedicada especialista en la educación musical, me hizo interrumpir mi secuencia planificada para estos escritos, con el fin de aclarar algunos aspectos de la forma de hacer cantar.Sostengo que el maestro debe ser un poco director y que todo director debería ser maestro. Cuando uno se pone frente a un grupo para que cante, debería siempre poder utilizar recursos de la dirección coral. Voy a ir poco a poco conversando acerca de estos, pero aquí quisiera referirme puntualmente a cierta metodología que deberíamos aplicar en ocasión de formar un grupo de canto (notarán que evito la palabra “coro”).

Uno de los comentarios de María Fernanda (la lectora de referencia), se refería a generar el interés en los niños. Esa generación de interés debe ser realizada desde varios ángulos. Cuando creemos que su entusiasmo podrá generarse por el repertorio, tenemos algo de razón; si se debe a las oportunidades de poder cantar, otro poco; si es porque se sienten contenidos, otro poco; y si se debe a nuestra personalidad, otro poco. Son todos granos de arena que contribuyen a generar el entusiasmo, pero que resultan insuficientes cuando son aplicados en forma individual. Todos (y muchos otros que no menciono), deben aplicarse en forma simultánea (dentro de lo posible), para lograr ese entusiasmo que pretendemos. Pensando en esto, es que se me ocurrió unir aquí, cuatro palabras que creo que deben ir profundamente unidas en la actividad del canto en el colegio:

Arte – Dirección – Calidad – Espectacularidad.

Obviamente hacer cantar a los niños en el colegio es una actividad pedagógica, que necesita conocimientos, recursos, comunicación, etc. Pero que, para contribuir a generar el entusiasmo necesario, necesitamos relacionarla con el Arte.

Pretendemos y así tenemos que mostrarlo a los chicos, que ellos se consideren artistas y que nosotros tengamos la visión y la imaginación de que enseñar una canción y cantarla ante el público es un hecho artístico. No es el llenar un hueco y cantar porque “queda bien” o le “gusta a los padres”. Si queda bien, bárbaro, si los gusta a los padres, tanto mejor, pero nuestro objetivo (y el de los chicos) debe ser realizar una obra de Arte.

Para ello hay que Dirigir. Dirigir implica tener consignas claras, guiarlos hacia el éxito, contenerlos en sus temores y hacerlos hacer música. No sirven los directores dubitativos. Lamentablemente, es mejor equivocarse haciendo que creer estar siempre acertados por no ir adelante. El director debe sentirse seguro (aunque no lo esté) y transmitir esa seguridad. Debe lograr que se disipen los temores propios del cantar y además transmitir la satisfacción y la alegría de hacerlo. Cómo? Mostrando su propio placer y compartiendo su propia seguridad. Es muy importante que el director cante todo aquello que va a enseñar, que evite las dudas (a lo mejor para eso hay que estudiar antes de ir a la clase) y que esté en pleno conocimiento del análisis de la obra que vaya a enseñar.

Estas dos situaciones previas, tienen una influencia muy grande en la Calidad del resultado. Si hacer Arte eleva la autoestima y una Dirección clara brinda seguridad, la Calidad permite justificar el esfuerzo realizado. Por supuesto que la Calidad estará relacionada con nuestra propia capacitación, pero existen reglas básicas que respetándolas, aún cuando uno no sea un especialista en lo coral, darán muy buen resultado a la experiencia de canto.

Por último, la Espectacularidad. No necesariamente se relaciona con cuestiones grandilocuentes que necesiten mucho trabajo visual o grandes erogaciones en dinero. Tampoco es necesario – para lograrla – utilizar lo que está de moda. La Espectacularidad a la que me refiero pasa – dentro de la vida del colegio – porque cada evento o concierto donde participe el coro, despierte expectativas, sea esperado con mucho interés, sea valorado e impresione (en el buen sentido) a la comunidad educativa para que escucharlo, se convierta en una necesidad. Cada concierto debería llevar consigo una sorpresa, algo diferente que quede en el recuerdo de todos.

Planificar todo esto requiere entre otras cosas un cuidadoso análisis de las circunstancias y de los procedimientos para que todo esté adecuadamente organizado, pero también un análisis ecuánime de las posibilidades del coro. No debemos ser demasiado indulgentes con el repertorio y tampoco pensar que podremos hacer obras que vayan más allá de sus posibilidades.

La vieja costumbre de lo coral indica que un coro “a capella” tiene más calidad que otro acompañado; y que uno a varias voces será más virtuoso que otro al unísono. En mi entender prefiero un coro acompañado bien afinado, que una demostración sin instrumentos donde la afinación sea errática. Y también la experiencia dice que lograr un buen unísono no es una tarea tan sencilla como parece.

Una idea magnífica para cualquier concierto es hacer cantar a la audiencia. Y hasta podemos armar un canon con ellos! Eso despierta una gran alegría y convierte la rutina de un concierto en un hecho vivo y participativo, donde todos terminan entendiendo más.

Por último no olvidemos aquello que mencioné en uno de los artículos anteriores: la alegría, emoción que a mi criterio, debe estar siempre presente en cada concierto. Alegría de los chicos, alegría del público y alegría de quien conduce!

Hasta pronto!

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Mar 05 2008

Cómo hacemos cantar a los chicos (2)

Published by Humberto under Música vocal

En el artículo anterior, me referí a ciertas características que a mi juicio debe tener la enseñanza del canto (o formación de coro), dentro de la Escuela de Enseñanza General.
Continuando con esa idea, creo que aquí es también muy importante distinguir la situación de cada clase, de cada docente y de cada alumno. El escrito anterior, tenía una clara referencia a todos aquellos aspectos que tenían que ver con la relación alumno-docente. En este, me gustaría detenerme en el entorno dentro del cual debemos hacer cantar a nuestros alumnos y en que forma sus particularidades afectan al desarrollo de una clase de este tipo.
Los aspectos que tienen que ver con el entorno, van desde el habitat donde desarrollamos nuestra clase, la experiencia previa de los alumnos (y la nuestra), hasta la conformación del curso.
Rápida y naturalmente, cuando un colegio o sus directores se proponen generar un coro (o un grupo de canto), pretenden resultados rápidos y si es posible espectaculares. En mi vida de docente, siempre desalenté esas expectativas, porque la realidad nos indica que todo trabajo de este tipo hecho apresuradamente, no da buenos resultados.
Obviamente que la falta de espíritu crítico de nuestro público, hace que los aplausos sean generosos (aunque a veces no muy justificables) y por otra parte, la falta de formación, contribuye a que los padres festejen más una canción de moda, que una obra de buena factura musical.
Creo que lo bueno es apuntar a un trabajo sereno, eficiente y que se distinga por su calidad; que vale la pena explicar a todos, que si bien lo haremos en el menor tiempo posible, ese tiempo debe transcurrir; que la espectacularidad no siempre tiene relación con la calidad; y que los niños merecen el respeto de una enseñanza con conciencia y que vaya a lo profundo.
Considero que todo esto, se debe explicar al director del colegio muy tranquilamente, ya que él tampoco – probablemente – comprende lo que significa el quehacer musical. La mayoría de las personas cree que la música se hace sin esfuerzo y que “no importa como sea, porque los chicos siempre gustan”. Es fantástico que los padres se inclinen por aplaudir a sus hijos, pero siempre va a ser mejor que los aplaudan con razón.
Así como en el escrito anterior focalicé mi atención en las cuestiones de relación entre docentes y alumnos, aquí me detengo a pensar en:
Es importante poseer un aula o salón con el menor nivel de ruido externo: esto es válido para todas las materias, pero en música trabajamos con sonidos y en un coro estos sonidos deben ser audibles por sobre todas las cosas. ¡Cómo podremos escuchar si el grupo afina, si estamos en un patio que da a la calle por donde pasan camiones!
Es también fundamental poseer un instrumento afinado: Si lo vemos desde el punto de vista coral, no es necesario contar con un instrumento: con un diapasón basta. He preparado coros muy complejos, sólo con la ayuda de mi voz, pero reconozco que es un enorme gasto de energía. Un piano, una guitarra, un teclado, son de gran ayuda para este trabajo. Pero sí, es esencial, que esos instrumentos estén bien afinados.
Hay que tener en cuenta la experiencia previa de los alumnos: No es lo mismo comenzar de cero para hacer cantar a un grupo de niños, que enfrentarse con un grupo experimentado. Nunca debemos olvidar que nosotros planteamos un desafío y que para ellos también lo es. Hay que tratar por todos los medios que se sientan muy cómodos haciendo este trabajo y que lo disfruten. El miedo a la exposición es normal en muchos seres humanos. Es lógico que deban exponerse para cantar bien, pero no debemos olvidar el esfuerzo que esto significa para ellos.
Debemos escucharlos a todos en forma individual: No es cuestión de tomar al grupo y hacerlo cantar. En todo grupo hay voces agudas, graves, entonadas, desentonadas, afinadas, desafinadas, fuertes, suaves, de timbre áspero, de mucha dulzura, con emisión rápida o lenta, etc. Debemos conocer el material con que hemos de trabajar y para eso es necesario escucharlos. No una sino varias veces, para que al tomar confianza puedan soltarse y dejar de lado el factor tensión (de gran influencia en el aspecto vocal).
Es conveniente utilizar obras que se adapten al registro medio del grupo, pero con alguna exigencia: No utilicemos sólo obras que les sean “cómodas”. Hagamos el trabajo cómodo, pero planteemos alguna exigencia en cada obra nueva. Es un proceso lento, pero debe ser sostenido. Existen experiencias de grupos corales en colegios que por años siguen cantando en el registro de una octava: de “do a do”. Cuando les he preguntado porqué, los docentes me contestan: “porque llegan hasta ahí”. En buena medida ese “hasta donde llegan” depende también del docente.
Siempre cantemos nosotros lo que les pedimos que canten ellos: Es importantísimo ejemplificar lo que vamos a hacer. No importa si nuestra voz es linda o fea, grave o aguda, lo importante es que ellos también nos escuchen cantar. El docente que toca el piano y les dice “canten” y jamás se expone, nunca podrá llegar a lo profundo del niño, porque lo pondrá en una posición desventajosa. El “riesgo” debe ser asumido por ambos.
Démosle partituras: así sea una simple línea melódica, es importante que ellos puedan ir visualizando esa escritura, que en un principio les será irreconocible, pero que poco a poco irá generando en ellos la costumbre de percibir ciertas diferencias sonoras.
Por último, jamás olvidemos que: es mejor una línea melódica bien afinada y precisa rítmicamente, que una canción a cuatro voces imprecisa y con errores de afinación. En ningún lugar del mundo está escrito que un coro DEBE ser a varias voces. Somos nosotros que imaginamos que si no es así no nos luciremos. Hacer un coro al unísono tiene sus propias dificultades y debemos enfrentarlas y vencerlas. Ya llegará el tiempo en que podamos cantar a varias voces, pero conservando la afinación y la justeza rítmica.
Les pido que no crean que busco “dictar cátedra”, sino compartir experiencias. Me gustaría mucho que quienes no estén de acuerdo lo hagan saber y que compartan sus opiniones, para el enriquecimiento mutuo. Hablo desde mi experiencia, desde años de esfuerzo, donde pude apreciar el valor del esfuerzo y la constancia como actitud fundamental para llegar al éxito. Todos los chicos pueden cantar, es sólo la actitud del docente la que los llevará a realizarlo!  
 

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Feb 22 2008

¿Cómo hacemos cantar a los chicos?

Published by Humberto under Música vocal

Este artículo es un escrito que puede generar controversias. Quienes conocen de canto y/o dirección coral, puede parecerles muy simple y de poco interés. Quienes no conocen las técnicas respectivas pueden preguntarse: es muy bueno cantar, pero ¿cómo lo hago?
Menciono esto porque de por sí, ya es una interesante experiencia observar que, puede haber docentes de música en los colegios que sean especialistas en canto y otros que en su vida han cantado dos notas seguidas (sé que soy un poco exagerado, pero es para ejemplificar).
¿Podremos imaginar un profesor de matemáticas que sea un gran especialista en álgebra y otro que nunca hizo ecuaciones, pero sabe de geometría? ¿Un geógrafo que conoce Europa pero no sabe nada de África? Sin embargo eso ocurre en música: hay docentes que cantan muy bien, pero no tienen idea de cómo tocar el piano y otros que huyen espantados cuando se les pide que canten algo.
Atentos a esa realidad, he comenzado a pensar que deberían existir “saberes básicos” de música que fueran útiles al docente de música, para que pueda transmitir el mensaje. ¿Cuáles serían esos saberes básicos, que por otra parte no pueden ser muy básicos? Esa es la gran pregunta, que tal vez podamos ir pensando poco a poco.
Todos quienes leen el blog, saben que existe un grupo de discusión paralelo al mismo, donde nos interesa que los docentes y músicos interesados se suscriban, para que puedan compartir sus opiniones entre sí. Este tema lo voy a ubicar en el grupo, como forma de generar esa “investigación”.
Retomo el aspecto del canto. No podemos convertir la técnica del canto o de la dirección coral, en un pequeño escrito de una carilla. Pero la realidad es que TODOS los docentes de música, deberían incitar, ayudar y promover que sus alumnos canten.
Como dije, no voy – al menos en este artículo – a entrar en los aspectos técnicos, pero sí sugerir algunas reglas que podrían ser útiles para la formación de los niños en el aspecto del canto:
Nunca rechazar a un niño por desentonado: Todos pueden corregirse y es nuestra responsabilidad hacerlo.
Empezar a cantar siempre con una dinámica de mp o mf.: Muchas veces oigo a docentes de música pidiendo “más fuerte!”, convirtiendo así un grupo de canto en un griterío infernal.
Lograr un sonido homogéneo: Cuando presentamos una melodía, podemos cantarla con “u”, varias veces (varias veces no es repetir en forma monótona), dividiéndolos en grupos más pequeños, cambiando el ritmo, desafiándolos a escucharse entre sí, ofreciendo que alguien la cante solo, etc. hasta que sintamos que el grupo va adquiriendo esa identidad que es la suma de todas las identidades, y que le confiere el color propio.
No permitir hablar mientras se canta: Debemos tener una atmósfera muy agradable mientras trabajamos en música, pero no exenta de orden y autoridad (palabra que debemos usar adecuadamente). La anarquía no es sinónimo de efectividad ni de placer.
Utilizar melodías adecuadas para las edades de los alumnos: Muchas veces y para darles satisfacción, se hace cantar a los alumnos las “canciones de moda”. Canciones – a veces son de dudosa calidad – que no están escritas para los chicos. Esto sólo aumenta las dificultades de los chicos y los docentes para un correcto aprendizaje. 
Ir escuchando a todos los alumnos, para conocer sus posibilidades y sus voces: Obviamente el tiempo es poco, pero creo que es necesario saber como canta cada uno. Esto puede llevar pocos minutos y a lo mejor podemos aprovechar un recreo para hacer más rápido ese indispensable trabajo. ¿Cómo podemos cocinar si no conocemos los ingredientes? Tal cual aquí, ¿cómo podemos elaborar un grupo de canto si no conocemos sus voces y sus potencialidades?
Por hoy es todo. Pero seguiré con el tema, ya que me apasiona y lo considero indispensable en cualquier formación musical a cualquier nivel.
Hasta la próxima!

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Dec 09 2007

El coro en la escuela – El repertorio del concierto

Published by Humberto under Música vocal

Luego de muchos ensayos, puede llegar el momento de un concierto y con el mismo probablemente cerraremos el año de trabajo. Aunque alguna vez hayamos cantado previamente algunas canciones en algún acto escolar o nos hayan invitado a algún festival musical en otro colegio, éste, debería ser el momento más importante del año: el concierto final!
Todo concierto exige una exhaustiva preparación del programa. Mi opinión es que las obras musicales no pueden presentarse en cualquier orden, que cada concierto debe ser planeado, no sólo en cuanto al estudio individual de las obras que lo componen, sino al orden de las mismas y al porqué de ese orden.
Existen muchas formas de “ordenar” un programa de concierto: en orden cronológico, por orden temático, por la habilidad de sus ejecutantes, etc. Probablemente deberíamos elegir el que más conviene a cada situación, aunque debo dejar en claro que muchas veces el gusto personal o situaciones extra-musicales influyen en estas elecciones.
El orden cronológico es difícilmente aplicable en los colegios, porque los coros habituales no tienen una variedad de repertorio tan amplia como para incluir distintos períodos de la música. En cambio, el orden temático, puede ser interesante y por momentos divertido (canciones referidas a la lluvia, a los oficios, a la música, a los juegos, a la ecología, etc.). También el orden por dificultad (en los habituales conciertos Suzuki, primero tocan los que están en un nivel de dificultad superior, y luego se van agregando otros de menor dificultad, por lo tanto son más, hasta concluir en una gran masa instrumental, con la obra más sencilla) puede ser aceptable.
Todas estas son formas, igualmente útiles, según su aplicación y ésta debe estar analizada y definida por el docente. Obviamente hay algunos criterios comunes que podrían ser tomados en cuenta antes de decidir, de los cuales menciono los siguientes:
• Las obras deben alternar su carácter, (tempi rápido y lento, diferentes articulaciones, dinámicas contrastantes, etc.). Desde ya que para esto, el director debe elegir un programa donde estén presentes estos diferentes caracteres. Si un director elige un programa donde todas las obras son lentas y ligadas, probablemente su concierto será aburrido, si elige todas obras rápidas y muy articuladas probablemente será. . .aburrido también. No olvidemos que el oído se acostumbra a escuchar y deja de prestar atención. El cambio, la sorpresa, lo inesperado es aquello que le otorga variedad al concierto.
• Las obras deberían seguir un orden que vaya motivando cada vez más al público. Esto también tiene sus alternativas, ya que podemos ir generando cada vez una mayor exaltación en el público, pero, en algún momento generar un “anti-climax”, que podrá servir de “descanso” a la tensión creada por dicha exaltación.
• Las obras, si tienen diverso acompañamiento instrumental, pueden estar intercaladas de tal manera que provean al público de una variedad tímbrica interesante. Si algunas piezas son acompañadas con piano y violín y otras con guitarra y flauta (por dar un ejemplo), no ubiquemos todas las primeras juntas y las otras luego. Busquemos alternar, para generar también un clima de interés.
• La primera obra y la última son de enorme importancia. Nunca pongamos allí las obras más difíciles, ya que con la primera, necesitamos que el público se sienta cómodo y satisfecho y con la última que se vaya muy entusiasmado. Poner obras complicadas en esos lugares, es hacer más difícil el éxito. La primera obra debe tratar de ser alegre y muy fluida, para que la gente “entre en confianza”. La última debe ser “apoteótica” y si es posible utilizando todos los recursos a nuestra disposición, para que resulte impactante.
• Los solos, dentro del repertorio deben estar cuidadosamente colocados, para que su posible efecto, no sea anulado por las obras de conjunto.
• Por último hay que tener mucho cuidado si por alguna razón, amplificamos parte de los instrumentos o el grupo en su totalidad. El efecto sonoro que causa la amplificación, dificulta mucho la continuación de un “grupo acústico”. Puede que queramos hacerlo, pero sólo servirá para algún tipo de efecto y siempre hay que utilizarlo con muchísimo cuidado.
Me parece que por ahora es suficiente, aunque menciono un par de últimas recomendaciones: es conveniente hacer un programa escrito del concierto, donde figure el nombre de todos los participantes. Esto nos dará trabajo, pero alentará a los niños a seguir adelante. Y es muy adecuado que el director explique las obras que se cantarán (esto último lo comentaré en algún otro escrito).  

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Nov 24 2007

El coro en la escuela – La afinación

Published by Humberto under Música vocal

Tremendamente ocupado, cerrando el año, he tenido poco tiempo para escribir. Tal vez aquí pueda remediarlo, con estos artículos que, desde hace unos días deseo subir al blog.
En otros artículos, cuando hablamos de la formación de un coro escolar, nos hemos referido a la melodía, al ritmo, a los silencios, a la forma de ensayo, a la selección de los integrantes, a muchas cuestiones que desde lo muy básico hacen a formar un coro. Quiero mencionar aquí un tema que – en lo que corresponde a directores noveles – puede servir de ayuda para evitar pérdidas de tiempo y mejorar la calidad de las interpretaciones.
Es muy importante que cualquier docente de música escuche bien. Escuchar bien significa percibir cualquier desviación rítmica o melódica (de duración o de altura) que se produzca cuando otros cantan. Es un tema que en general nos llama a contestar rápidamente: “por supuesto que escucho bien”, pero que no siempre “es” tal cual lo imaginamos. En las primeras etapas de cualquier actividad, es necesario concentrarse mucho en lo que se hace, porque probablemente existan infinidad de variables que sólo podremos percibir – a pesar de nuestros conocimientos – luego de una intensa experiencia. El “escuchar” funciona de la misma manera: es necesario, sobre todo en los primero tiempos de actividad, una escucha muy atenta, una concentración profunda en lo que percibimos para poder detectar cualquier sutil error que, a pesar de ser sutil, termina influyendo para impedirnos lograr un coro prolijo y que no resulte con una “tonalidad grisácea” a la que le falte brillo y precisión.
Y esa escucha debe ser al menos en tres niveles: el rítmico, el melódico y el armónico.
El artículo se titula  “la afinación” y a ella quiero referirme muy brevemente: afinar no es sencillo. Es una circunstancia abstracta, que pese a los adelantos electrónicos y a las ventajas tecnológicas, debe hacerse – especialmente en el caso de la voz – en forma “artesanal”. No es de fácil comprensión (me refiero a esto en otro artículo que hoy publico, referido a la enseñanza de la melodía y del ritmo), ya que realmente se desarrolla en base a sensaciones. ¿Cómo podemos precisarle exactamente a alguien que canta, cuál debe ser el lugar exacto en el que su afinación es correcta? Es necesario “sentir”, “escuchar” y “percibir”, que tal sonido es el adecuado, que brinda esa sensación de placer que nos satisface y que su relación con los restantes es la correcta.
Por lo tanto, la memorización muscular, la memoria auditiva y la repetición, juegan importantes papeles en el desarrollo de la afinación. Por supuesto que para lograr que esto sea así, el director o el docente, deben tener perfectamente claro cual es la afinación de cada sonido, no sólo “per se”, sino en su relación con los demás. En esta última circunstancia, por supuesto, aparece la escucha armónica, ya que no podemos olvidar que cada sonido debe afinar dentro de la función armónica que le corresponde.
Esto es un tema que parece muy profundo si lo pensamos para una canción infantil y de hecho lo es, pero desde el punto de vista docente es muy importante tenerlo claro, aunque su aplicación pueda resultar innecesaria en algunas canciones.  

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Nov 12 2007

El coro en la escuela – el desenvolvimiento del ensayo

Published by Humberto under Música vocal

He presenciado algunas veces, a alumnos de Dirección Coral o directores jóvenes que, muy celosos de la perfección en su trabajo, dedican mucho tiempo a practicar pasajes defectuosos durante los ensayos. Acuerdo con mucho agrado en ese empeño en corregir lo que está mal, pero me parece atinado también, brindar algunas observaciones que fui logrando de la práctica constante y de la experiencia, por el riesgo implícito de lo que llamo la “fragmentación” de la obra. .
Todos sabemos que existe una visión “holística” de cada obra. Que hay un discurso musical que debe ser cuidado y jamás interrumpido cuando hacemos música, ya sea coral, instrumental o mixta. Muchas veces vemos niños que tocan rápido los pasajes fáciles y luego se detienen en los pasajes lentos. Me ha tocado ver estudiantes de años superiores aplicar esa misma forma de tocar, aunque sea con mucho disimulo: imperceptibles modificaciones de tiempo que “detienen” el discurso, para enfrentar una dificultad técnica. Cuando hablamos de alumnos de colegios, muchos de ellos aún en primaria, no podemos pensar que van a decidir “per se”, como interpretar. Simplemente van a hacer lo que su maestro/director les indique o les permita. Por lo tanto en el caso del coro escolar, la responsabilidad es de ese maestro o director.
Como habrán podido apreciar me cuesta bastante expresarme en pocas palabras, pero voy a tratar de resumir en unas pocas frases aquello que creo importante para una dinámica de ensayo que no conduzca a esa “fragmentación” que mencioné al principio.
• Dar una visión general de la obra. Ya sea tocándola o cantándola es importante que los chicos conozcan el todo y que repitan ese todo cada vez que sea posible.
• No pretender corregir todo en las primeras veces que se canta. A veces es preferible, luego de haber enseñado la obra, pasar por alto algunos errores pero permitir que el grupo llegue al final con la interpretación.
• Cuando se corrige algo, centrar la atención en el pasaje a corregir y no repetir todo desde un principio. Ir exactamente a donde se encuentra el error: si es un intervalo desafinado, repetir sólo ese salto y su conexión con el anterior o el posterior; si es un problema rítmico, practicar sólo esa fórmula; si es de texto, solucionar la pronunciación en ese punto, etc.
• Es muy importante para esto, que el director prevea cuales pueden ser los puntos difíciles de la obra de acuerdo a su experiencia y realice prácticas aisladas de tal esquema rítmico, melódico o armónico.
• Mantener un pulso homogéneo en toda la interpretación. A veces es necesario interpretar ciertas partes más lentamente. Debemos entonces reducir la velocidad de toda la pieza, para mantener en la mente de los alumnos, la coordinación y coherencia rítmica que requiere toda la pieza.
• Tener siempre presente como director, el “horizonte de la obra”. Considerar que cuando uno habla, tiene la idea global del discurso en la cabeza, tal así con la pieza musical: es importante tener la conciencia del discurso general.
• Pensar siempre en frases, y nunca en notas o compases. A veces uno puede apreciar una monotonía que aparece en la interpretación, porque se aprecia una “sucesión de notas” o se acentúa en forma exagerada y constante cada compás.
• Y creo, para mí, lo más importante: cada nota tiene importancia dentro del discurso musical. Si bien hay que pensar en frases, hay que concebir la obra en su totalidad, es necesario cuidar cada una de las notas o figuras que componen esas frases, para que ese discurso tenga la variedad que se merece. Sin olvidar que los silencios son una parte fundamental de la música!.
Todo esto parece muy apretado y confuso y no creo que sea una cuestión sencilla que pueda resumirse en tan poco espacio, pero lo he escrito así como una pequeña llamada de atención a quienes deben o quieren comenzar a internarse en los vericuetos de dirigir coros. Tal vea, si el tiempo lo permite, iré ahondando en ciertos temas que aquí he tocado “a vuelo de pájaro”.  

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Nov 07 2007

El coro en la escuela – El texto

Published by Humberto under Música vocal

Continuando con estos escritos referidos al coro en la escuela, un punto muy importante para analizar es el referido al texto y creo que luego de haber hablado de la melodía, el siguiente paso obligado es referirse a las palabras que normalmente acompañan a esa melodía. No pretendo aquí referirme al texto como parte de expresión lingüística, sino como aplicación junto a una melodía para optimizar el resultado del trabajo musical. Aunque debemos tener en cuenta el sentido literario del mismo cuando lo tiene (o cuando no lo tiene), porque por supuesto esto puede incidir directamente en la interpretación de la obra.
Pero en un principio, pensemos en el texto como el conjunto de vocales y consonantes (fonemas), que debemos utilizar combinados con la melodía y el ritmo.
Este es el principal punto a desarrollar: cuando cantamos “establecemos” la melodía por medio de las vocales y “aseguramos” el ritmo con las consonantes.
Los sonidos de nuestras vocales, son en principio, puros: “a – e – i – o – u” y no tenemos vocales “intermedias” como el inglés, el francés o el alemán. Esto facilita las cosas desde el aspecto de la pronunciación, pero de alguna manera las dificulta, desde la mirada de la “prolijidad” al cantar. Nuestras vocales deben ser puras, parejas y no tienen puntos intermedios. Por lo tanto, debemos cuidar con mucho esmero que todas las “aes” sean similares y así sucesivamente con todas las vocales. Si nosotros prestamos mucha atención a cualquier grupo de gente cantando, veremos que existen muchos tipos de vocales (más oscuras, más claras, más cerradas, más abiertas, etc.) que, en principio necesitamos “emparejar”. No discuto que en la expresividad del fraseo, las vocales puedan tener sutiles cambios de color, pero creo que podemos dejar esto para más adelante.
Las consonantes representan otro tipo de problema: son muchas y cada una con sus propias características, considerando además si comenzamos con ellas, si terminan la frase o si las encontramos en el medio de un pasaje. Es un tema complejo, pero en principio creo que hay que considerar dos o tres aspectos.
El primero referido al comienzo: es importante tener en cuenta la velocidad de emisión de las consonantes: una “m” es de emisión más lenta que una “p”, una “s” corre el peligro de ser más desprolija que una “t” y todo eso por el tiempo que tardamos en emitirlas.
Las consonantes del final, deben siempre ser pronunciadas firmemente (Ojo, no acentuarlas), pero sí que estén firmes para que se escuchen y por supuesto. . . todas a la vez.
Aquellas que están en el medio de una frase, deben también ser claras (en algún momento exageradas), teniendo en cuenta, muchas veces, nuestras “desviaciones” de pronunciación en el lenguaje cotidiano y por supuesto del idioma en que se canta. ¿Pensamos que muchas veces nuestras eses son haches aspiradas? ¿Qué en nuestro país no existe diferencia entre la  “b” y la “v”? Qué en inglés es necesario exagerar la “r”?. No busco con esto que debamos “españolizar” nuestra forma de pronunciar, pero cuando cantamos las consonantes deben ser claras para ayudar a precisar el ritmo de la obra.
Ritmo, melodía y texto: Tres pilares que se deben cuidar para obtener un buen resultado coral.     

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Oct 28 2007

El coro en la escuela – El ritmo

Published by Humberto under Música vocal

El ritmo es uno de los elementos fundamentales de la música. En realidad es un elemento imprescindible. Si pensamos en la música como una conjunción de ritmo, melodía y armonía (con todas sus variantes), podemos suprimir la armonía o quitar la melodía, pero jamás podremos prescindir del ritmo. Esto se debe a que éste conecta la música con un factor fundamental de nuestra existencia: el tiempo. Ese tiempo, que más allá de las especulaciones de la física o de la filosofía, para nosotros transcurre y es necesario medirlo. Me atrevo a insinuar que no existe música sin ritmo. No existe música sin una medición de algún tipo que se asiente en una regularidad de medición.
Y en el coro, tal como en cualquier actividad musical, el ritmo es el factor fundamental para la realización de una pieza musical. Una maravillosa melodía, con un ritmo defectuoso, se desdibuja y puede quedar irreconocible. Una compleja elucubración armónica que no conserve un orden rítmico, puede ser un zafarrancho de sonidos inentendibles.
Mi énfasis está puesto en dos circunstancias específicas en las que el director de coro debería tener cuidado y ser muy exigente: la precisión rítmica y el uso de los diversos ritmos.
• Con respecto a la primera, la precisión es un factor que el director debe tener en cuenta y vivenciar no sólo con su mente, sino con su cuerpo y su espíritu. El ritmo tiene su base en la duración temporal del sonido. Es un hecho fácilmente mensurable y por lo tanto el director tiene que tenerlo en cuenta y ser siempre preciso. Es importante que los niños respeten los sonidos hasta su extinción. He visto muchos directores y docentes que “descuidan” las notas finales, que no atienden la duración exacta de los sonidos y menos aún cuando a las notas les siguen silencios. Es fundamental que cada sonido valga lo que vale. Que cada puntillo tenga la duración exacta, que no se confundan las figuraciones que pueden parecer similares pero que no lo son: Ej.: corchea con puntillo y semicorchea en un compás de cuatro cuartos y corchea y semicorchea en un compás de doce octavos. (Es un simple cálculo matemático: en el primer ejemplo la corchea con puntillo vale 3/4 del tiempo y en el segundo la negra vale 2/3). Que tampoco se confunda el grupo de corchea y dos semicorcheas con un tresillo o viceversa (error muy común en los niños). Todo esto es responsabilidad de director, en cuanto a un serio trabajo relacionado con el ritmo.
• En lo referente a los compases, el uso casi constante de obras en cuatro cuartos, tres cuartos o seis octavos, no prestando suficiente atención a los ritmos de cinco o siete. Existe mucha literatura para coro de niños, donde el compás de cinco o el de siete tiempos es una constante. Y creo que eso parte del supuesto que estos compases son más “difíciles” que los primeros. Creo que es algo que nos inculcan cuando aprendemos. La experiencia me indica lo contrario: cuando a los niños se les enseña la marcación de los compases, les da lo mismo aprender unos que otros. Creo que somos quienes los enseñamos que les adosamos las dificultades que imaginamos.

Existen muchos más elementos sobre los que dialogar en lo referente al ritmo: pronunciación de las consonantes, entradas y finales precisos, articulación adecuada y por supuesto la cadencia rítmica de la obra vista como un todo. Poco a poco iremos desglosando también estos ítems.
Creo que el ritmo es un elemento demasiado importante como para descuidarlo y que debe ser enfatizado desde un principio como un pilar de la correcta interpretación.

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Oct 28 2007

El coro en la escuela – El acompañamiento

Published by Humberto under Música vocal

Por venir de un Festival de Coros, llegó a mi memoria un tema que creo es fundamental en el armado y presentación de un coro. El acompañamiento.
Así como creo que no es necesario presentar coros “a capella”, por lo menos en cuanto a coros escolares se refiere, sobre todo por las dificultades intrínsecas que esto representa para nuestra realidad escolar actual, menos considero el presentar un coro acompañado por una grabación.
No reniego de los avances tecnológicos; todo lo contrario, soy un ferviente admirador de ellos, siempre y cuando estos avances no nos hagan “retroceder” en nuestras capacidades, ya que entonces deberíamos considerarlos retrocesos y no avances.
Soy un enemigo, sobre todo en los colegios, de que los alumnos hagan música sobre otra música grabada. Sin duda que existen fantásticas grabaciones hasta de orquestas sinfónicas, que sin errores y sin dudas, tocan perfectamente bien cualquier obra.
Por supuesto que uno podría decir que un niño o un coro, puede cantar perfectamente bien sobre una grabación “perfectamente bien” realizada.
Pero – a mi entender – cantar o tocar un instrumento sobre una grabación, “mata” la esencia de la música, elimina la posibilidad de interpretar y sólo somete al cantante o instrumentista a seguir la determinación de una cinta que ni siquiera realizó su docente o director.
Creo que en el desarrollo del aprendizaje de la música, sea por medio de talleres, clases, actividad coral, instrumental, etc. hay que ser muy flexible. Sin embargo este es un punto en el que me planto con mucha firmeza: hacer música es generar creatividad en cada momento y no podemos atarnos ni atar a los niños a una obra musical monótona, donde “desaparece” la propia expresión.
El músico o docente de música que dirige un coro, tiene que acompañar o ser acompañado por un instrumento que tenga todas las posibilidades de expresión que brinda la música y que a la vez permita a esos niños expresar sus propios “sentires” en la interpretación.

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