Feb 22 2008

¿Cómo hacemos cantar a los chicos?

Publicado por Humberto en Música vocal

Este artículo es un escrito que puede generar controversias. Quienes conocen de canto y/o dirección coral, puede parecerles muy simple y de poco interés. Quienes no conocen las técnicas respectivas pueden preguntarse: es muy bueno cantar, pero ¿cómo lo hago?
Menciono esto porque de por sí, ya es una interesante experiencia observar que, puede haber docentes de música en los colegios que sean especialistas en canto y otros que en su vida han cantado dos notas seguidas (sé que soy un poco exagerado, pero es para ejemplificar).
¿Podremos imaginar un profesor de matemáticas que sea un gran especialista en álgebra y otro que nunca hizo ecuaciones, pero sabe de geometría? ¿Un geógrafo que conoce Europa pero no sabe nada de África? Sin embargo eso ocurre en música: hay docentes que cantan muy bien, pero no tienen idea de cómo tocar el piano y otros que huyen espantados cuando se les pide que canten algo.
Atentos a esa realidad, he comenzado a pensar que deberían existir “saberes básicos” de música que fueran útiles al docente de música, para que pueda transmitir el mensaje. ¿Cuáles serían esos saberes básicos, que por otra parte no pueden ser muy básicos? Esa es la gran pregunta, que tal vez podamos ir pensando poco a poco.
Todos quienes leen el blog, saben que existe un grupo de discusión paralelo al mismo, donde nos interesa que los docentes y músicos interesados se suscriban, para que puedan compartir sus opiniones entre sí. Este tema lo voy a ubicar en el grupo, como forma de generar esa “investigación”.
Retomo el aspecto del canto. No podemos convertir la técnica del canto o de la dirección coral, en un pequeño escrito de una carilla. Pero la realidad es que TODOS los docentes de música, deberían incitar, ayudar y promover que sus alumnos canten.
Como dije, no voy – al menos en este artículo – a entrar en los aspectos técnicos, pero sí sugerir algunas reglas que podrían ser útiles para la formación de los niños en el aspecto del canto:
Nunca rechazar a un niño por desentonado: Todos pueden corregirse y es nuestra responsabilidad hacerlo.
Empezar a cantar siempre con una dinámica de mp o mf.: Muchas veces oigo a docentes de música pidiendo “más fuerte!”, convirtiendo así un grupo de canto en un griterío infernal.
Lograr un sonido homogéneo: Cuando presentamos una melodía, podemos cantarla con “u”, varias veces (varias veces no es repetir en forma monótona), dividiéndolos en grupos más pequeños, cambiando el ritmo, desafiándolos a escucharse entre sí, ofreciendo que alguien la cante solo, etc. hasta que sintamos que el grupo va adquiriendo esa identidad que es la suma de todas las identidades, y que le confiere el color propio.
No permitir hablar mientras se canta: Debemos tener una atmósfera muy agradable mientras trabajamos en música, pero no exenta de orden y autoridad (palabra que debemos usar adecuadamente). La anarquía no es sinónimo de efectividad ni de placer.
Utilizar melodías adecuadas para las edades de los alumnos: Muchas veces y para darles satisfacción, se hace cantar a los alumnos las “canciones de moda”. Canciones – a veces son de dudosa calidad – que no están escritas para los chicos. Esto sólo aumenta las dificultades de los chicos y los docentes para un correcto aprendizaje. 
Ir escuchando a todos los alumnos, para conocer sus posibilidades y sus voces: Obviamente el tiempo es poco, pero creo que es necesario saber como canta cada uno. Esto puede llevar pocos minutos y a lo mejor podemos aprovechar un recreo para hacer más rápido ese indispensable trabajo. ¿Cómo podemos cocinar si no conocemos los ingredientes? Tal cual aquí, ¿cómo podemos elaborar un grupo de canto si no conocemos sus voces y sus potencialidades?
Por hoy es todo. Pero seguiré con el tema, ya que me apasiona y lo considero indispensable en cualquier formación musical a cualquier nivel.
Hasta la próxima!

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Feb 19 2008

La educación musical y la herencia

Publicado por Humberto en General

Un comentario que ha realizado una colega, lectora de nuestro blog, me despertó la inquietud de escribir un par de palabras acerca del trabajo en el aula.
Nuestra materia tiene (creo que como todo en la vida), un aspecto positivo y uno negativo, ambos paralelos.
La situación real de la materia “música” es, que pocas veces se controla su planeamiento y menos aún su puesta en práctica. Conque el trabajo de la clase se presente en algún acto, o se muestre de alguna manera, la cuestión está salvada. Como nuestro público es muy poco crítico, si esa presentación gusta (por el vestuario, la escenografía, la “gracias” de los chicos) o cualquier otra “visión”, aunque sea alejada de la música y, por sobre todo los padres están contentos, lo demás interesa poco.
Esto, por un lado es terriblemente negativo, porque preanuncia un profundo desinterés en la materia (tendrán conciencia que más de una vez hablo de “jerarquizarla”), pero a la vez puede ser muy positivo, porque permite al docente capaz y consciente, trabajar tranquilo sin estar atado a programas obsoletos o de difícil cumplimiento.
Por otra parte, están “las herencias”, que son los conocimientos o mejor dicho los “desconocimientos” que los alumnos traen, cuando han estado en manos de docentes conformistas con el sistema o poco capacitados para llevar adelante la materia.
Se – por experiencia propia – que esas situaciones exasperan a cualquier maestro o profesor que se sienta responsable por su trabajo ¿Un chico de secundaria que no sabe donde está el do? ¿Un chico de sexto grado que se burla al escuchar la palabra “fagot”? ¿Un alumno de polimodal que se ríe cuando escucha una soprano cantar ópera? ¿Otro que cree que cuanto más fuerte toca el conjunto de rock, mejor lo hace? ¿Adultos que jamás pisaron un teatro? Miles y miles de preguntas como éstas, pueden realizarse y solo conducir a la frustración.
Creo – en ese afán de ver lo positivo en cada situación – que cuando entramos a un aula, debemos siempre pensar que en música hay que comenzar desde el principio. A medida que descubrimos lo que ya saben, vamos poniéndonos cada vez más contentos y si no conocen nada, habrá que comenzar desde cero. De cualquier manera, música podemos hacer siempre y con cualquier nivel de conocimientos. 
Lo importante es sentir que desde el nivel que sea, nosotros estamos cumpliendo con nuestro rol, estamos construyendo personalidades y generando en los chicos el amor por la música. Buscamos descubrir identidades, lograr objetivos, formar amor por la música y mostrar la única diferencia aceptable entre dos músicas: la buena y la mal hecha.
No busco parecer el profeta de la autoayuda, simplemente me interesa que todos los que honestamente buscamos cumplir con nuestra misión, nos sintamos alentados precisamente de eso: de cumplir con nuestra misión.
Cada problema aporta la satisfacción intrínseca de su resolución. No siempre podremos arribar a la solución óptima, pero creo que una de nuestras metas, será, a fin del año, mirar atrás y ver, con alegría que nuestros niños, son un poco más músicos que cuando empezaron, cualquiera haya sido su nivel.
Muchas gracias, hasta la próxima! 

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Feb 18 2008

La gran melodía de Beethoven

Publicado por Humberto en General

Si hay una melodía que podemos llamar hermosa, es aquella que aparece en el último movimiento de novena sinfonía (llamada Coral), del gran maestro alemán.
Si hay una melodía a la que podemos tildar de sencilla, es justamente esa melodía. Creo que hay pocas cosas tan difíciles como construir cosas simples: Beethoven lo logró.
Si hay una melodía que nos da ganas de cantar y cantar, repetir y repetir, es esa melodía, que debe ser la que ha sido interpretada por más instrumentos y más veces en el mundo y en su historia (incluyendo la voz humana).
He ahí, donde reside el valor de esta melodía y su peligro: su valor está en su extrema belleza, su extraordinaria simplicidad y el gusto que los humanos sienten cuando la cantan. Su peligro en exactamente lo mismo: su hermosura, su sencillez y su gran atracción.
Creo que lo del valor no necesita explicación, pero lo del peligro vale la pena conversarlo: esa simplicidad hace que todo el mundo la cante y la cante y termine cantándola de cualquier forma.
Son sólo unos pocos compases que, en su gran mayoría se desenvuelven por grados conjuntos, con un ritmo sencillo, pero a la cual Beethoven le puso un toque de gracia y “genialidad”: todos sus frases son téticas, pero cuando retoma el tema, anticipa su primera nota y genera una síncopa.
He escuchado los sonidos que la componen durante muchos años, por multitud de chicos, de colegios, de agrupaciones musicales de distinto género, por coros, grupos instrumentales, chicos solistas, maestro que ayudaban a tocarla y en la mayoría de las oportunidades, esa síncopa, ese toque de gracia, esa “sorpresa” en el desenvolvimiento, ¡desaparece!
He aquí un ejemplo tangible de lo que yo mencionaba cuando escuché a Baremboin: cada detalle estaba cuidadosamente atendido. Obviamente, no es necesario observar todas las posibilidades de una orquesta sinfónica cuando estamos haciendo que los chicos toquen o canten esta melodía, pero aquellos que son elementales (ritmo, melodía y fraseo), deberían ser atendidos siempre y con mucho cuidado.
A continuación voy a escribir la melodía tal como es realmente y como se la escucha habitualmente en los colegios:

partitura original
partitura con error

Obviamente el error de referencia aparece entre los compases 12 y 13, que muchas veces es interpretado como en el segundo ejemplo, cuando en realidad debería ejecutarse como en el primero.
No sólo el problema radica en lograr mayor calidad, sino también por la posibilidad que nos da de enseñar otras cuestiones que no siempre aparecen en las canciones para chicos: síncopa, ligadura de prolongación, acento, matices, etc. (sin considerar la sorpresa del nuevo detalle que aparece para evitar la monotonía de la repetición).
Realmente, muchas veces, nuestro descuido puede hacernos perder maravillosas oportunidades interpretativas y pedagógicas, por lo que quiero mostrarles como cuando uno elige una melodía (y más si esa melodía pertenece a algún Gran Maestro), deberíamos investigar un poco más, ya que el propio Beethoven nos ilustra con una profusa serie de variaciones a lo largo de la obra, que nos permiten mostrar claramente, algunos de los procedimientos que pueden caber dentro de esa forma musical:
variación 2
variación 1

La melodía transformada de cuatro cuartos a seis por ocho, luego en seis cuartos, tomando solo el comienzo, etc., tal como se ve en los ejemplos escritos. Sin considerar las variaciones que podría aportar la parte instrumental.
Esto no pretende – obviamente – ser un análisis de la partitura, sino un llamado a cuidar con gran esmero la música escrita, para conservar la pureza y la calidad de quienes la compusieron, así esté interpretada por niños pequeños. A ellos les va a costar lo mismo tocar bien que tocar mal. Para el docente y su prestigio, debería haber una gran diferencia.
Cuando nos ponemos a observar el trabajo de los grandes maestros, no debemos nunca simplificar por nuestra cuenta, sin observar atentamente la partitura en su totalidad. Repito: por razones pedagógicas, uno puede modificar ciertos parámetros de una obra. Pero que esto se haga por comodidad o falta de atención, no es un buen ejemplo para quienes deben estudiar.
La melodía original, no ofrece dificultades mayores y aporta detalles que pueden contribuir y en mucho a que nuestros alumnos aprendan.
Gracias y hasta la próxima.

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Feb 15 2008

La evaluación en la educación musical

Publicado por Humberto en General

Mucho hablamos de evaluación en reuniones de profesores. Es un tema complicado, que desvela no solo a los docentes, sino también a especialistas en la materia. Desde ya que toda observación, juicio u opinión sobre otros seres humanos, conduce muchas veces a situaciones de conflicto.        

Estos conflictos pueden aparecer aún más frecuentemente, cuando de esa evaluación surgen inconvenientes en la carrera, formación o desempeño del otro.           

He asistido a una reunión de profesores que, conducida por un especialista en la materia, fue incluyendo en el tema de la evaluación, no sólo sus aspectos prácticos, sino en una especia de “melodía retrógrada”, opiniones sobre la relación alumno docente, la forma de explicar, la posibilidad de entender, la rigidez de algunos sistemas, etc.           

Realmente, comenzar a devanar el ovillo de la evaluación en la educación, da para abarcar muchos temas que – de alguna manera – inciden en ella.           

Probablemente podamos conversar mucho más sobre el tema, pero resulta claro que si nosotros tratamos de jerarquizar la materia música, debemos estar atentos no sólo a su sistema de enseñanza-aprendizaje, sino también a la evaluación de los alumnos y por que no, a la nuestra. Tal como decimos de un matrimonio, la relación alumno docente es un proceso de dos, donde las actitudes de ambos influyen en el desarrollo de la relación y de sus consecuencias.            

Dentro de este proceso, donde la evaluación (consciente o inconsciente) es constante y continua (aunque no se manifieste gráficamente), debemos tener en cuenta una enorme cantidad de variables que van desde las personalidades a las actitudes, la comprensión y la interpretación, la voluntad del hacer y la timidez, etc.            

Pero, y con esto me gustaría terminar esta breve reflexión: en música o en su educación, la evaluación debe contemplar también, y en forma muy cuidadosa, los aspectos de la personalidad del alumno. Hemos mencionado hasta el cansancio que la música es un arte fundamentalmente expositivo. ¡Cuántas veces nos hemos encontrado con alumnos que estudian, aprenden, saben, pero en el momento de cantar una melodía, no pueden siquiera expresarse debido a su personalidad! ¡Cuántas también hemos visto alumnos que por su extraordinaria extroversión y capacidad histriónica, pensaban que no necesitaban preocuparse por la materia!            

Cuando digo esto, no pienso en profundos estudios de la teoría musical, sino en el cotidiano esfuerzo para avanzar un poco más en el conocimiento musical.            

Nuestro sistema de calificaciones es muy rígido. No contempla siquiera la diferencia que existe entre apreciar materias de ciencias duras o materias humanísticas, donde lo cuantitativo y lo cualitativo tienen un peso muy distinto.            

Tal vez allí cobra importancia nuestra actitud en ese proceso de evaluación. No podemos decir “ y bueno. . . yo en música los apruebo a todos, total es música”, porque estamos desvirtuando el valor de la materia ante los ojos de la comunidad educativa. Pero cuando evaluemos, debemos tomar en cuenta las características del arte musical y no sólo remitirnos a lo escrito en un papel, o a la forma de interpretar algún trozo musical.            

Una interesante ambigüedad, pero cuyo análisis puede enriquecernos mucho!  

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Feb 13 2008

Un muy merecido nombramiento

Publicado por Humberto en General

Tengo el placer y el agrado de comentar que la Dra. Ana Lucía Frega ha sido designada como Directora Artística en la Dirección Nacional de Música del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Creo que muchos de Uds. conocen la trayectoria de la Dra. Frega, no sólo en la vida educativa y artística de nuestro país, sino también en su desempeño internacional en áreas tan sensibles como la educación y el arte.
Más allá de sus indiscutibles capacidades para el desempeño de la tarea, creo que el “valor agregado” de esta designación, ha sido el pensar en una persona que puede unir en sí misma la actividad artística y la educación.
Es harto conocida la visión que en nuestro medio tienen los músicos profesionales, hacia quienes se dedican a enseñar música, al considerarla una actividad rutinaria y de la cual prefieren no tomar parte. No me refiero a la visión de los afamados instrumentistas que dictan clases particulares a alumnos avanzados, sino a la de aquellos docentes de música, que día a día luchan por generar el amor por el arte a quienes serán algún día el público de los conciertos.
Debo coincidir con que, para el compositor concibe en su mente la creación de monumentos musicales, o el director que guarda en su mente sinfonías y óperas completas – y que además conoce íntimamente los mecanismos para descubrir sus secretos – o para los muy habilidosos instrumentistas que pueden realizar proezas “casi milagrosas” con sus instrumentos, la figura del docente de música en el aula, tratando de que chicos sin ninguna experiencia se acerquen a la música y entonen con un ritmo preciso una simple melodía, puede resultar casi patético.
Todos coincidirán conmigo que esa tarea, cuando se realiza a conciencia y con el propósito de elevar el nivel de conciencia y de sensibilidad de nuestros alumnos, resulta una de esas abnegadas maravillas personales que ocurren en nuestro medio, donde a pesar de la cantidad de circunstancias desfavorables, muchos niños de muchos colegios, conocen, disfrutan y aprecian el maravilloso arte de la música.
Por otra parte, no olvidemos que muchos de esos monumentos musicales, han tenido de una forma u otra, origen en alguna simple melodía, que en muchos casos fue enseñada de padres a hijos o transmitida con mucho esfuerzo por algún maestro de música.
Muchos países empiezan a reconocer que el secreto de la perdurabilidad del arte musical, radica en la enseñanza de la música a la sociedad toda, para que – más allá de su poder como herramienta de formación personal – ese acercamiento permita surgir a impensados nuevos músicos y contribuya a la formación de ese público calificado que alguna vez aplaudirá a los grandes intérpretes.
Este nombramiento permite que se reúnan en una figura, la pasión por el arte, el sentido de la organización y la educación musical, brindando una visión abarcativa, flexible y profunda de la práctica musical. Esta mirada holística de la realidad de la música, nos permitirá sin duda alguna, comprobar la elevación del nivel artístico y educativo dentro de la Ciudad de Buenos Aires.
Muchas felicitaciones Dra. Frega!          

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Feb 12 2008

Los planes en la educación musical

Publicado por Humberto en General

Ya se acerca el momento de comenzar. No se si todos tendrán reuniones con sus colegas, con la dirección del colegio o simplemente comenzarán sus clases.
Sea como sea, es este un gran momento porque, continuando con lo que escribí en días pasados, es el momento ideal para presentar nuestras ideas con respecto al año en curso.
Es el momento para presentar “el proyecto”.
Tal vez a Uds. les sorprenda que sea tan insistente con este tema. Pero no olviden que considero la enseñanza musical como una parte muy trascendente en la vida del niño (y del adulto), por lo cual ubico al docente de música en un espacio sumamente importante dentro de la actividad escolar.
En un próximo escrito me referiré a esta “importancia”, pero considerando la enorme cantidad de herramientas que poseemos quienes enseñamos música, sigo pensando que cada año, debe ser una oportunidad de nuevos descubrimientos para el maestro de música, para sus alumnos y para sus pares.
No ignoro las enormes dificultades por las que atravesamos quienes enseñamos música. Y también sé que muchos colegios no cuentan con los mínimos elementos indispensables para dar una “aceptable clase de música”, pero es ahí donde radica nuestra fuerza: nosotros mismos y nuestros alumnos tenemos esos elementos mínimos, pero que nos pueden permitir disfrutar de la música. La Voz., el Cuerpo y el Silencio.
En cualquier materia, la voz es el medio de comunicación entre el docente y el alumno. En la nuestra es o puede ser el material de estudio, de aprendizaje, de práctica y el elemento para disfrutar.
El silencio es en el ambiente escolar, sinónimo de un pretendido orden. En nuestra materia puede ser el origen de grandes descubrimientos sonoros. Nuestro silencio es la puerta a otros sonidos.
Nuestro cuerpo nos provee de sonidos y de timbres, que pueden complementarse perfectamente con la Voz y el Silencio. Y además, el movimiento: el movimiento del cuerpo todo, de brazos, de piernas, etc. que nos lleva a sentir en forma alegre y distendida el sentido de la música.
Muchas veces sentimos que si no tenemos un piano o una guitarra no podemos hacer música. SIEMPRE podemos hacer música. En espacios reducidos o amplios, oscuros o iluminados, con o sin instrumentos, siendo cinco o cuarenta, niños o adultos, SIEMPRE podemos hacer música y por supuesto enseñarla.
Mostremos a la comunidad educativa estas capacidades de la música y consideremos nuestro proyecto para el año ahora, que es el momento de empezar y saber cuales serán nuestros recursos.
Pensemos, sólo a modo de práctica, ¡cuántos proyectos podríamos realizar utilizando la Voz, el Cuerpo y el Silencio!  
 

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Feb 10 2008

La Globalización

Publicado por Humberto en General

 Leyendo el Clarín de hoy, domingo, encontré una muy interesante nota de un gran cellista como Yo-Yo Ma.En ella, bajo el título “Bach puede enseñar a vivir mejor en la globalización”, hace referencia a la tradición cultural en un marco de interacción solidaria. En esa interacción, lo importante – sostiene el autor – es que nadie deba sacrificar su identidad sino que pueda, mediante el intercambio, generarse una nueva cultura que, además, favorezca las tradiciones de todos. Menciona que dentro de las suites para cello de Bach, (sabemos que una suite es un onjunto de danzas, forma musical que el compositor alemán utilizó ampliamente), existe – por supuesto – la “zarabanda”, danza lenta que permite ilustrar el concepto de globalizaciónm ya que en su caso, la misma proviene de los bereberes de África, que mudó a España (donde fue proscripta por “lasciva”), trasladándose luego a Francia y a América.Por otra parte, en el caso de Yo-Yo Ma, está interpretada por un músico estadounidense nacido en París con ascendencia china.Esta “multiculturalidad”, favorecida por la rapidez de los viajes en esta época, por la facilidad de las comunicaciones y por la velocidad de intercambio cultural y pedagógico, puede ser apreciada en gran cantidad de ocasiones, en las manifestaciones del arte y de la actividad musical.Por otra parte, en el mismo diario, he visto un artículo dedicado a dos grupos orquestales de niños y jóvenes que interpretaron juntos un concierto – los chicos de las orquestas ZAP del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los de la banda norteamericana Ozomatli – obras de distinto tipo y características. Ambos grupos, unidos por la especial circunstancia, de estar formados por niños y jóvenes que pertenecen a zonas desfavorables y son considerados marginales han logrado superarse y participar de una tarea formativa y de comunicación con la sociedad que los ha marginado. Algo para destacar, es que este encuentro se realizó en una escuela de la Ciudad de Buenos Aires. Por último y como broche de oro de esta “confluencia de artículos”, quiero mencionar el título de uno de ellos, realizado por una ministra de educación de nuestro país, que a mi entender refleja mucho de lo que debemos pensar en la educación musical: En educación no hay unos y otros: en el “nosotros” está la respuesta.  Este escrito, no se refiere a la apreciación, defensa o ataque de ninguna postura política, sino que sólo intenta rescatar aquellas actividades o dichos que considera positivos para favorecer la educación. 

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Feb 09 2008

El placer de la música

Publicado por Humberto en General

Hay un tema que me preocupa y lo conversaba el otro día con uno de mis colegas. Muchas veces observo que cuando hacemos música (me refiero en un concierto como instrumentistas, cantantes o directores), nos encontramos tan preocupados por como saldrá, tan responsables de que todo sea perfecto, tan abrumados por todo aquello que implica el concierto que nos olvidamos de algo esencial para el ser humano: el placer.
Imagino que todos los que hemos elegido la música como carrera, lo hemos hecho porque nos gusta y nos da satisfacciones. Creo que el momento más sublime para un músico, el que más satisfacciones le otorga y el que más le permite justificar los esfuerzos realizados, es el concierto. Sin embargo, aparentemente, es el momento en que menos disfrutamos. Veo ensayos muy alegres, donde todos se divierten muchísimo y están muy relajados y a la vez observo conciertos sufridos, de rostros adustos y entrecejos fruncidos.
Y yo creo que debe ser al revés: rostros preocupados en cada ensayo y caras frescas y alegres en cada concierto. Las preocupaciones deben aparecer en los momentos en que podemos arreglar los problemas y no cuando lo que ocurre es “no arreglable”.
Pensándolo bien, tal vez a veces la preocupación en el concierto aparece por excesiva liviandad en los ensayos. Esto es otra cosa, ya que en tal caso, lo que ocurre es que, la falta de ensayos nos conduce a un concierto inseguro.
De cualquier manera, mi interés – como Uds. saben – está centrado en la educación musical. Allí es donde ubico este esquema de preocupaciones innecesarias ante el concierto, porque muchas veces las transmitimos a los niños.
Es muy importante que nosotros disfrutemos el concierto, para que los niños también estén tranquilos en el escenario. La música no pasa por los errores circunstanciales, sino por el mensaje que podamos transmitir.
Si los niños tienen incorporada la responsabilidad de estar en un escenario, no necesitan traerla a su mente en el concierto. Siempre esa responsabilidad estará allí y por lo tanto darán lo mejor de sí.
Eso nos garantiza un alto porcentaje de éxito.
Estemos confiados (responsablemente confiados), arreglemos los problemas en los ensayos, tengamos plena conciencia de nuestros movimientos y los de los alumnos, pensemos en entregar nuestro mensaje y sólo disfrutemos la música.
El escenario está hecho para eso! 
Nuestra tarea es enseñarlo!

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Feb 07 2008

Un “Proyecto”

Publicado por Humberto en General

Hemos compartido muchas veces mi visión del docente de música: ese maestro que no sólo debe enseñar, sino “publicitar” su materia, jerarquizarla a los ojos de los demás y resaltar el carácter de la educación musical como una experiencia artístico-pedagógica.
  Por eso, y al pensar en que volvemos al aula, me gustaría poner el énfasis en la palabra “proyecto”. En este momento se habla mucho en los ambientes educativos de “proyectos”: como tantas otras cosas, los proyectos pueden terminar convirtiéndose en una rutina, de la cual precisamente queríamos escapar por medio de ellos.
 Aquí aparece nuestro desafío: un proyecto musical debe ser algo vivo, algo que despierte expectativas, emociones y ansiedades en quienes lo realizan, quienes lo conducen y quienes lo apreciarán una vez concluido.
 Sería muy lindo que cada uno de nosotros nos propusiéramos, al comenzar el año, generar un proyecto que, sobrepasando los límites del aula, nos brindara esa adrenalina necesaria para avanzar con satisfacción.
 Un proyecto grande o pequeño, con cinco alumnos o con doscientos, en el colegio o fuera de él, con músicos amigos o con una orquesta sinfónica, con tres instrumentos o con cincuenta, de música clásica o popular, no importa, pero que, más allá de su forma, dimensión o características, nos gratifique y gratifique a quienes nos rodean: alumnos, padres, colegas, directores, etc.
 Algo que nos aparte de la rutina, que llame la atención sobre las posibilidades de la música, que ayude a otras materias, que permita a quienes nos rodean ver las posibilidades y alcances que puede tener la música.
 Eso sí: un proyecto con la mejor calidad posible. Una actividad donde todos los elementos de la música sean utilizados con mucho cuidado, como si fueran pequeñas gemas que deben tratarse con esmero, para formar la joya final. Ritmo, melodía, armonía, fraseo, articulación, etc. son todas piedras preciosas que deben ser cuidadas y pulidas en extremo para lograr equilibrio, belleza y calidad.
 Sea lo que sea que hagamos, no descuidemos la calidad, la raíz esencial de la buena música: la calidad. Puede ser música clásica, folklore, rock, tango, jazz o música latinoamericana. No importa cual, pero siempre con calidad, apelando a la creatividad de los alumnos, pero conduciéndola con conciencia para lograr el mejor producto posible.
 No creen interesante pensar en ese desafío?: ¿Qué proyecto puedo crear junto a mis alumnos, para que en este año toda la escuela nos sienta como una presencia viva, y disfrute de nuestra música?
 Podría ser un hermoso comienzo de año y un fantástico final, no?

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Feb 07 2008

Regreso al aula

Publicado por Humberto en General

Ha comenzado el mes de febrero. Un mes de expectativas (a veces con un poco de mal humor, porque hay que terminar las vacaciones), un mes de reuniones, de proyectos y de comenzar.
Aquí tenemos dos formas – creo yo – para este comenzar:
Una, pensando en que hay que volver a la rutina, a los chicos que se “portan mal”, a llenar planillas, a aceptar al director, etc.
Otra, la posibilidad del encuentro con los alumnos “viejos”, el conocimiento de los “nuevos”, los próximos descubrimientos, las posibilidades de aprendizaje y el comenzar un camino que luego de transitarlo, nos deje un sentimiento de alegría y éxito.
Siempre pensé que nuestra sensación de éxito o fracaso, se relaciona íntimamente con nuestras expectativas. Por supuesto que siempre hay éxitos o fracasos que se deben a cuestiones que nos exceden. Pero, hay una actitud interior, que nos permite vivir cada hecho, cada acción y cada resultado en una forma personal y que se relaciona con lo que esperábamos, con lo que realizamos y con nuestra visión al evaluarlo.
No quiero convertir el escrito en una página de autoayuda. Pero sí, llamar la atención (sobre todo de mis colegas jóvenes), acerca de las particularidades de nuestra profesión: tenemos el privilegio de compartir año tras año nuestra existencia con 30, 50, 100 o 200 mentes que esperan algo de nosotros, pero que también nos enriquecen con sus aportes y con las que podemos realizar una tarea en común que nos hará disfrutar: hacer música.
Vivamos cada día haciendo música; porque jamás podremos negar que cualquiera sea nuestro estado de ánimo, nuestra relación con los alumnos y nuestros pares, o las condiciones de trabajo, la música sigue estando: en un piano, en una guitarra, en nuestra voz o en la simple pandereta medio estropeada que alguien alguna vez compró para la escuela.
Y lo bueno, es que con cualquiera de los elementos, y más allá de quien nos acompañe, podemos HACER MÚSICA.
Muchas veces he escuchado a colegas decir: “pero si no tuviera que estar acá, podría hacer mejor música y de mejor nivel”. Probablemente eso es cierto. Si yo no estuviera en mi casa en el centro de la ciudad llena de smog, probablemente podría vivir en la Costa Azul en un palacio al lado del mar. Siempre hay hipótesis mejores. Pero no dejemos de ver – imaginando situaciones que no son – las maravillas de nuestra realidad.
Podemos educar, podemos trascender, podemos seguir viviendo en la mente de muchos de aquellos chicos, que un día no se atreven a golpear un pandero y luego se sienten felices de sentirse “músicos”.
Enfrentemos los primeros días de clase: sintamos en ellos la alegría del vivir, la emoción de la comunicación y brindemos junto a los chicos, todo lo que la música nos ofrece, para el crecimiento propio y de los demás.
Gracias y . . . adelante!

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