Apr 03 2008

Educación musical: la fragmentación del aprendizaje

Published by Humberto under Música vocal

Un muy interesante comentario de una visitante de nuestro blog, me ha inspirado (luego de un largo silencio debido a una gran cantidad de trabajo) a escribir este artículo, porque dicho comentario expresa una triste realidad de nuestro país.
Tal como la profesora manifiesta, quienes cantan no siempre atienden las realidades del aparato fonador y quienes son fonoaudiólogos no tienen posibilidades de enfrentar la emisión desde el aspecto musical.
Yo tal vez, podría agregar que ninguno de ellos se ocupa de la psiquis de los alumnos, tema que creo es importante dentro de la enseñanza del canto.
Debo también reconocer que existen honrosas excepciones, con profesores que tienen un claro concepto de nuestra anatomía y sus funciones y las transmiten adecuadamente. 
Lo que ocurre es que, lamentablemente, la formación docente en el área de música en nuestro país se encuentra en una situación de carencias o, en el mejor de los casos fragmentada tal como mencioné en el título.
Este es un tema muy delicado, donde no pretendo herir susceptibilidades ni menospreciar el trabajo de nadie. En realidad, hemos producido y supongo que continuaremos produciendo excelentes músicos en todas las áreas de arte musical, ya sea instrumentistas, cantantes, directores, compositores, etc. Pero la realidad es que la excelente formación que muchos músicos tienen, no siempre es un aval para transmitir esos conocimientos y mucho menos – valga la paradoja – para transmitirlos a los que menos saben.
En el caso del canto, cuando un profesor recibe un alumno de canto, ¿tiene claro que debe enseñarle? El alumno que quiere cantar, ¿tiene claro lo que debe aprender? Una buena voz, ¿es sinónimo de un buen cantante?
En realidad uno podría preguntarse si el canto es un hecho innato o adquirido y cultural.
Y habría mucho para discutir allí, porque cantar es algo que todos tenemos como posibilidad, pero los factores histórico-sociales de teatralización y de elementos técnicos por un lado o de timidez y burla por otro han hecho que esa facultad que poseemos como seres humanos, sea – en algunos casos – cruelmente dañada.
Personalmente sostengo que todos podemos cantar, pero también todos pensamos que debemos ser Plácido Domingo, Liza Minelli o una figura de renombre para poder ser reconocidos como cantantes. Sin embargo, muchos cantantes no llegan a esa “envidiable posición” por tener una maravillosa voz. Llegan por su musicalidad, por su profunda comprensión de la actividad o por otros factores que los han llevado a tener un gran dominio del hecho musical.
Desde mi criterio, cuando despegamos el canto de su esencia y lo convertimos en un despliegue técnico (y sólo cuidamos de su técnica tal como en la música académica), cuando queremos hacer música pero no atendemos los requerimientos básicos de una buena posición (sólo pensamos en como sonará, sin atender a los conocimientos profundos del aparato fonador, como en la música popular) o cuando pretendemos que el otro transmita pero no nos ocupamos de sus sensaciones personales (sólo nos ocupamos de la música pero no del individuo), estamos dejando de lado algunos de las instancias básicas del canto: técnica, música y personalidad.
La pregunta sería, cuál de los institutos de formación, cuál de las escuelas donde se forman los docentes, cuál de las universidades que preparan a quienes serán formadores, atiende los tres aspectos del maravilloso fenómeno natural que es cantar? Porque en realidad, en el canto, lo único que se debe hacer es ayudar a crecer a lo que ya poseemos desde nuestro ser.
Obviamente, luego tendremos cantantes con mayores o menores capacidades, tal como tenemos economistas, ingenieros, pintores, atletas, etc. Pero la esencia está en todos y el peligro de la artificialidad nos puede perjudicar tanto como la desatención a la preparación profunda.
En muchos casos – más allá del canto – tenemos esa disociación entre técnica e interpretación y en otros entre técnica y “conocimiento del cuerpo”. Realmente, tal vez sea hora de redefinir conceptos, revisar actitudes y reelaborar formas de enseñanza para que la música pueda comenzar a enseñarse en forma “holística”.   

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Mar 05 2008

Cómo hacemos cantar a los chicos (2)

Published by Humberto under Música vocal

En el artículo anterior, me referí a ciertas características que a mi juicio debe tener la enseñanza del canto (o formación de coro), dentro de la Escuela de Enseñanza General.
Continuando con esa idea, creo que aquí es también muy importante distinguir la situación de cada clase, de cada docente y de cada alumno. El escrito anterior, tenía una clara referencia a todos aquellos aspectos que tenían que ver con la relación alumno-docente. En este, me gustaría detenerme en el entorno dentro del cual debemos hacer cantar a nuestros alumnos y en que forma sus particularidades afectan al desarrollo de una clase de este tipo.
Los aspectos que tienen que ver con el entorno, van desde el habitat donde desarrollamos nuestra clase, la experiencia previa de los alumnos (y la nuestra), hasta la conformación del curso.
Rápida y naturalmente, cuando un colegio o sus directores se proponen generar un coro (o un grupo de canto), pretenden resultados rápidos y si es posible espectaculares. En mi vida de docente, siempre desalenté esas expectativas, porque la realidad nos indica que todo trabajo de este tipo hecho apresuradamente, no da buenos resultados.
Obviamente que la falta de espíritu crítico de nuestro público, hace que los aplausos sean generosos (aunque a veces no muy justificables) y por otra parte, la falta de formación, contribuye a que los padres festejen más una canción de moda, que una obra de buena factura musical.
Creo que lo bueno es apuntar a un trabajo sereno, eficiente y que se distinga por su calidad; que vale la pena explicar a todos, que si bien lo haremos en el menor tiempo posible, ese tiempo debe transcurrir; que la espectacularidad no siempre tiene relación con la calidad; y que los niños merecen el respeto de una enseñanza con conciencia y que vaya a lo profundo.
Considero que todo esto, se debe explicar al director del colegio muy tranquilamente, ya que él tampoco – probablemente – comprende lo que significa el quehacer musical. La mayoría de las personas cree que la música se hace sin esfuerzo y que “no importa como sea, porque los chicos siempre gustan”. Es fantástico que los padres se inclinen por aplaudir a sus hijos, pero siempre va a ser mejor que los aplaudan con razón.
Así como en el escrito anterior focalicé mi atención en las cuestiones de relación entre docentes y alumnos, aquí me detengo a pensar en:
Es importante poseer un aula o salón con el menor nivel de ruido externo: esto es válido para todas las materias, pero en música trabajamos con sonidos y en un coro estos sonidos deben ser audibles por sobre todas las cosas. ¡Cómo podremos escuchar si el grupo afina, si estamos en un patio que da a la calle por donde pasan camiones!
Es también fundamental poseer un instrumento afinado: Si lo vemos desde el punto de vista coral, no es necesario contar con un instrumento: con un diapasón basta. He preparado coros muy complejos, sólo con la ayuda de mi voz, pero reconozco que es un enorme gasto de energía. Un piano, una guitarra, un teclado, son de gran ayuda para este trabajo. Pero sí, es esencial, que esos instrumentos estén bien afinados.
Hay que tener en cuenta la experiencia previa de los alumnos: No es lo mismo comenzar de cero para hacer cantar a un grupo de niños, que enfrentarse con un grupo experimentado. Nunca debemos olvidar que nosotros planteamos un desafío y que para ellos también lo es. Hay que tratar por todos los medios que se sientan muy cómodos haciendo este trabajo y que lo disfruten. El miedo a la exposición es normal en muchos seres humanos. Es lógico que deban exponerse para cantar bien, pero no debemos olvidar el esfuerzo que esto significa para ellos.
Debemos escucharlos a todos en forma individual: No es cuestión de tomar al grupo y hacerlo cantar. En todo grupo hay voces agudas, graves, entonadas, desentonadas, afinadas, desafinadas, fuertes, suaves, de timbre áspero, de mucha dulzura, con emisión rápida o lenta, etc. Debemos conocer el material con que hemos de trabajar y para eso es necesario escucharlos. No una sino varias veces, para que al tomar confianza puedan soltarse y dejar de lado el factor tensión (de gran influencia en el aspecto vocal).
Es conveniente utilizar obras que se adapten al registro medio del grupo, pero con alguna exigencia: No utilicemos sólo obras que les sean “cómodas”. Hagamos el trabajo cómodo, pero planteemos alguna exigencia en cada obra nueva. Es un proceso lento, pero debe ser sostenido. Existen experiencias de grupos corales en colegios que por años siguen cantando en el registro de una octava: de “do a do”. Cuando les he preguntado porqué, los docentes me contestan: “porque llegan hasta ahí”. En buena medida ese “hasta donde llegan” depende también del docente.
Siempre cantemos nosotros lo que les pedimos que canten ellos: Es importantísimo ejemplificar lo que vamos a hacer. No importa si nuestra voz es linda o fea, grave o aguda, lo importante es que ellos también nos escuchen cantar. El docente que toca el piano y les dice “canten” y jamás se expone, nunca podrá llegar a lo profundo del niño, porque lo pondrá en una posición desventajosa. El “riesgo” debe ser asumido por ambos.
Démosle partituras: así sea una simple línea melódica, es importante que ellos puedan ir visualizando esa escritura, que en un principio les será irreconocible, pero que poco a poco irá generando en ellos la costumbre de percibir ciertas diferencias sonoras.
Por último, jamás olvidemos que: es mejor una línea melódica bien afinada y precisa rítmicamente, que una canción a cuatro voces imprecisa y con errores de afinación. En ningún lugar del mundo está escrito que un coro DEBE ser a varias voces. Somos nosotros que imaginamos que si no es así no nos luciremos. Hacer un coro al unísono tiene sus propias dificultades y debemos enfrentarlas y vencerlas. Ya llegará el tiempo en que podamos cantar a varias voces, pero conservando la afinación y la justeza rítmica.
Les pido que no crean que busco “dictar cátedra”, sino compartir experiencias. Me gustaría mucho que quienes no estén de acuerdo lo hagan saber y que compartan sus opiniones, para el enriquecimiento mutuo. Hablo desde mi experiencia, desde años de esfuerzo, donde pude apreciar el valor del esfuerzo y la constancia como actitud fundamental para llegar al éxito. Todos los chicos pueden cantar, es sólo la actitud del docente la que los llevará a realizarlo!  
 

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Feb 22 2008

¿Cómo hacemos cantar a los chicos?

Published by Humberto under Música vocal

Este artículo es un escrito que puede generar controversias. Quienes conocen de canto y/o dirección coral, puede parecerles muy simple y de poco interés. Quienes no conocen las técnicas respectivas pueden preguntarse: es muy bueno cantar, pero ¿cómo lo hago?
Menciono esto porque de por sí, ya es una interesante experiencia observar que, puede haber docentes de música en los colegios que sean especialistas en canto y otros que en su vida han cantado dos notas seguidas (sé que soy un poco exagerado, pero es para ejemplificar).
¿Podremos imaginar un profesor de matemáticas que sea un gran especialista en álgebra y otro que nunca hizo ecuaciones, pero sabe de geometría? ¿Un geógrafo que conoce Europa pero no sabe nada de África? Sin embargo eso ocurre en música: hay docentes que cantan muy bien, pero no tienen idea de cómo tocar el piano y otros que huyen espantados cuando se les pide que canten algo.
Atentos a esa realidad, he comenzado a pensar que deberían existir “saberes básicos” de música que fueran útiles al docente de música, para que pueda transmitir el mensaje. ¿Cuáles serían esos saberes básicos, que por otra parte no pueden ser muy básicos? Esa es la gran pregunta, que tal vez podamos ir pensando poco a poco.
Todos quienes leen el blog, saben que existe un grupo de discusión paralelo al mismo, donde nos interesa que los docentes y músicos interesados se suscriban, para que puedan compartir sus opiniones entre sí. Este tema lo voy a ubicar en el grupo, como forma de generar esa “investigación”.
Retomo el aspecto del canto. No podemos convertir la técnica del canto o de la dirección coral, en un pequeño escrito de una carilla. Pero la realidad es que TODOS los docentes de música, deberían incitar, ayudar y promover que sus alumnos canten.
Como dije, no voy – al menos en este artículo – a entrar en los aspectos técnicos, pero sí sugerir algunas reglas que podrían ser útiles para la formación de los niños en el aspecto del canto:
Nunca rechazar a un niño por desentonado: Todos pueden corregirse y es nuestra responsabilidad hacerlo.
Empezar a cantar siempre con una dinámica de mp o mf.: Muchas veces oigo a docentes de música pidiendo “más fuerte!”, convirtiendo así un grupo de canto en un griterío infernal.
Lograr un sonido homogéneo: Cuando presentamos una melodía, podemos cantarla con “u”, varias veces (varias veces no es repetir en forma monótona), dividiéndolos en grupos más pequeños, cambiando el ritmo, desafiándolos a escucharse entre sí, ofreciendo que alguien la cante solo, etc. hasta que sintamos que el grupo va adquiriendo esa identidad que es la suma de todas las identidades, y que le confiere el color propio.
No permitir hablar mientras se canta: Debemos tener una atmósfera muy agradable mientras trabajamos en música, pero no exenta de orden y autoridad (palabra que debemos usar adecuadamente). La anarquía no es sinónimo de efectividad ni de placer.
Utilizar melodías adecuadas para las edades de los alumnos: Muchas veces y para darles satisfacción, se hace cantar a los alumnos las “canciones de moda”. Canciones – a veces son de dudosa calidad – que no están escritas para los chicos. Esto sólo aumenta las dificultades de los chicos y los docentes para un correcto aprendizaje. 
Ir escuchando a todos los alumnos, para conocer sus posibilidades y sus voces: Obviamente el tiempo es poco, pero creo que es necesario saber como canta cada uno. Esto puede llevar pocos minutos y a lo mejor podemos aprovechar un recreo para hacer más rápido ese indispensable trabajo. ¿Cómo podemos cocinar si no conocemos los ingredientes? Tal cual aquí, ¿cómo podemos elaborar un grupo de canto si no conocemos sus voces y sus potencialidades?
Por hoy es todo. Pero seguiré con el tema, ya que me apasiona y lo considero indispensable en cualquier formación musical a cualquier nivel.
Hasta la próxima!

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Sep 27 2007

La canción y la música

Published by Humberto under General

Me gustaría hacer un breve comentario acerca de las vivencias de muchos jóvenes o niños cuando hablamos de la canción. Desde el punto de vista de pedagogos o especialistas en enseñar música, sería interesante que pudiéramos percibir cuantas veces, cuando un joven se refiere a lo “linda que es tal canción”, lo que en realidad hace es pensar y sentir en relación con el texto. Y muchas veces, la música pasa desapercibida.
Una vez, me tocó corregir el ensayo que una alumna presentaba para rendir el Bachillerato Internacional. Pactamos que el tema del ensayo, que se referiría a la música, se llevaría a cabo escribiendo sobre el grupo U2. Cuando me presentó el trabajo, muy completo y detallado por cierto, descubrí que en ese escrito, no había ninguna referencia a la música! Hacía un detallado análisis de los textos de las canciones, pero referencia a la música, ninguna.
He observado esta “confusión” en muchos alumnos, a mi criterio una visión errónea de la música.
Esto para mí, se asocia a quienes manifiestan estudiar guitarra, pero en realidad acuden a un profesor con el que aprenden algunos acordes (en realidad tampoco los acordes, sino la posición de los dedos sobre las cuerdas) y cantan sus canciones preferidas. O quienes tocan una melodía en un teclado, mientras la máquina hace sonar los arpegios o los bajos.
Creo que quienes enseñamos música y pretendemos hacerlo en serio, deberíamos “luchar” (en el buen sentido de la palabra) contra estas prácticas, que no forman músicos ni permiten conocer la música, sino que generan “juegos” que no deberían relacionarse con el arte.
Esta puede parecer una afirmación temeraria, porque no dudo que la música, su educación y su práctica se van transformando con el paso del tiempo. Personalmente soy muy afecto a las transformaciones, pero a aquellas que permiten a los individuos crecer y no a las que facilitan tanto los caminos, que sólo dan un aparente placer, sin permitir el análisis real de cada uno de los temas.   

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Sep 06 2007

El docente de música frente al canto

Published by Humberto under Música vocal

Me tomé el atrevimiento de concluir el artículo anterior con una afirmación más que temeraria:
“Por otra parte no olvidemos que también TODOS los docentes deberían estar preparados para enseñar el como” en lo referido a la enseñanza del canto.
Esto me trajo otro pensamiento, íntimamente relacionado con la preparación de un maestro de música y pienso que aún deberíamos ir mucho más atrás, preguntándonos que significa un docente y que significa enseñar. Ojalá que quienes lean esto se sientan atraídos para aportar datos y opiniones con respecto a este tema, que excede y con mucho el área de la música. Retornando a nuestro tema específico, nos debemos replantear qué esperamos de un docente que en el aula deba ocuparse de que los alumnos canten.
Creo que todos los seres humanos, alguna vez cantamos. Lo hemos hecho en nuestras casas, en una fiesta, en una cancha de fútbol, en público, etc. Lo hacemos porque nos produce placer, porque es una manifestación de nuestra afectividad y como forma de transmitir nuestras emociones.
Imagino que para un docente, enseñar a cantar debe significar extraer todo esto del alumno y encauzándolo además para que cultive su voz, para que entone y/o afine mejor, para que adquiera precisión rítmica, para que exprese en forma consciente y con un sentido aquello que desea, por medio del canto.
Probablemente aquí aparezca una de las conclusiones a las que he llegado luego de presenciar múltiples clases de canto, clases de aula y de haber sido docente y director de coros durante muchos años: enseñar a cantar, significa en principio… saber escuchar.
He visto profesores de canto que pretendían transmitir una técnica de canto donde se hablaba mucho de la respiración, de la máscara, de la voz de cabeza, de la colocación etc., pero que no percibían las desafinaciones de sus alumnos. He vivido el caso de una docente que en una interesante mezcla de candor, interés, preocupación y sorpresa, me preguntó al cabo de un taller: perdón profesor pero, ¿cómo me doy cuenta cuando un niño desentona?
Debo confesar que fue una pregunta que me descolocó. Primero por no poder brindar una respuesta y segundo por pensar que estaba dando. . . clases de música!
Comparto perfectamente que todo es necesario para ser un buen músico. Pero no creo que debamos inclinarnos tanto por la técnica que dejemos de prestar atención a las condiciones básicas de quien desee hacer música: afinación, precisión y fraseo.
Por eso y terminando, deslizo una pregunta que probablemente repetiré muchas veces dentro de este blog: tenemos muy buenos e importantes programas de carreras en docencia de la música: carreras que seguramente comprenden dictados de distintas especies: melódicos, rítmicos, armónicos, etc. Esos programas, ¿incluyen el aprendizaje de la escucha real?; tal vez menos técnica, pero muy valiosa para el análisis de la voz de un niño, voz blanca, donde la impostación aún no tiene lugar.
Y he aquí entonces que el docente debería mantener una actitud equidistante entre ser el propulsor, el guía, el inspirador de cualquier niño para que cante y a la vez respetar la idiosincrasia de cada alumno, advirtiendo mediante la escucha – tal vez en ciertos casos también atendiendo a lo visual – porqué un niño puede tener dificultades para expresarse adecuadamente por medio del canto y lograr corregirlo con un sentido de alegría y superación.

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Sep 05 2007

La práctica del cantar en el aula

Published by Humberto under General, Música vocal

Hola, nuevamente me pongo a escribir, pensando en continuar aquello que comenté en el artículo pasado: La voz en el aula!
¿Qué actividades sugiere esa frase?
Si pienso en responder esa pregunta debería inclinarme por una primera respuesta: cantar.
Respuesta muy predecible, ¿verdad?
Sin embargo, el cantar en el aula – cuestión muy obvia desde muchos puntos de vista – tiene ciertas características que no resultan tan obvias y que vale la pena comentar, aunque con la aclaración de que no pretendo señalar situaciones ni dictar cátedra:
Por un lado, me surgen estas preguntas:

  • ¿La clase, es mixta o con alumnos del mismo sexo?
  • ¿Cuál es la edad de los alumnos?
  • ¿Están en el período de cambio de la voz?
  • ¿Tienen costumbre de cantar o es su primera experiencia?

Por otra parte:

  • ¿Qué cantar?
  • ¿Hacerlo con piano o a capella?
  • ¿A una voz o a varias voces?
  • ¿En que idioma?
  • ¿En más de uno?
  • ¿A qué nivel técnico se pretende aspirar?

Todas estas preguntas y probablemente muchas otras, algunas de fácil respuesta, tendrían que estar en la mente del docente que trabaja con los niños su aspecto vocal.
Unas hacen al aspecto práctico de la tarea, pero otras son generadoras de pensamientos que sin duda son fruto de las connotaciones de la misma y a la vez bases y fundamento de las actividades.
Termino reiterando la frase que coronó el artículo previo: TODOS podemos cantar. Por otra parte no olvidemos que también TODOS los docentes deberían estar preparados para enseñar el como. No quiero decir con esto que los docentes de música debieran ser especialistas en canto, sino que tienen que tener los elementos básicos para lograr que sus alumnos canten.

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Sep 04 2007

EL CANTO EN EL COLEGIO

Published by Humberto under General, Música vocal

Hola a todos.

Tal como comenté en mi bienvenida, este blog va a estar dedicado fundamentalmente a
la Educación Musical, tema muy amplio por cierto.

Y la primer pregunta que uno se plantea, es por donde empezar a escribir algo de lo que habló y habla durante tanto tiempo. La educación y la educación musical en particular son temas tan familiares, tan presentes en nuestra vida, tan constantes durante nuestra existencia, que parece muy sencillo ponerlos sobre “blanco y negro”. Pero comenzar implica decidir y por supuesto definir. Y las opciones son tantas y cada una de ellas encierra tanto valor y tanta riqueza que no es sencillo desechar alguna.

De cualquier manera, creo que es justo comenzar por el instrumento más inherente al hombre: la voz humana.

Ninguno de mis colegas ha de dudar cuando decimos que la voz debe ser una de las más importantes herramientas dentro de una clase de educación musical y a la vez uno de los puntos esenciales donde el educador debe enfatizar su labor.

Es fundamental que todo niño cante, que todo joven cante y que cada adulto cante, con muchas o con pocas aptitudes, pero que el cantar sea una constante, al menos durante todo su proceso educativo.

Y aquí aparece uno de los postulados que considero esenciales en cualquier formación musical: TODOS tienen el derecho y la “obligación” de cantar. Quienes tienen por naturaleza muy buena voz y quienes no han sido privilegiados por ella, TODOS pueden y deben cantar.

Es lógico que el educador musical no pueda generar grandes o bellas voces si la naturaleza no ha dado un paso previo, pero sí puede ayudar a que todo niño entone adecuadamente, tenga un claro sentido rítmico y genere una capacidad de fraseo que convierta a su canto en un hecho de comunicación.

Es mi interés dedicar bastante tiempo a presentar ideas en este aspecto. He visto muchos docentes inhibidos de cantar delante de sus alumnos y muchos más alumnos inhibidos de cantar delante de cualquier persona. Creo que una de las principales funciones de un docente de música es lograr que los niños canten sin inhibiciones y con felicidad.

Vuelvo aquí unos párrafos atrás para aclarar que es lo que quiero decir con que todos tienen el “derecho” y la “obligación” de cantar:

Derecho, porque cantar es un placer y un motivo de felicidad y nadie puede arrogarse la posibilidad de cercenarlo. Afortunadamente en muchas escuelas ya no se escucha eso de “Juancito canta horrible, así que lo puse a hacer otra cosa”, aunque todavía hay quienes crean que sólo deben cantar los que “tienen buena voz” y no entienden que cantar puede ser una meta, pero también es un proceso, que deben atravesar todos los que quieren cantar. No podemos rechazar en un coro de un colegio a un niño “porque no entona”. Nuestra obligación docente nos señala que debemos formarlos para que entonen y canten.

Obligación, por la necesidad de aplicar el canto al aprendizaje de la música, a superar las inhibiciones y a expresarse con el instrumento más cercano a nuestra esencia. La única forma de “aprender a cantar” es haciéndolo. Entonces debemos considerar que el canto es una de las formas fundamentales de aproximación a la música, y así como “imponemos” ciertas reglas (de conducta, de actitud, de desarrollo de un programa, etc.) también deberíamos “imponer” la actividad de cantar.

En mi experiencia docente he visto niños de ocho años volver a su casa llorando por haber sido rechazados para integrar el coro del colegio porque “vos no entonás” (sic). Algún profesor de matemáticas le dijo alguna vez a un alumno de tercer grado: “andate de la clase porque no sabés multiplicar”?. Es una pregunta que deberíamos hacernos cada vez que consideramos que alguien no sirve para la música: ¿Qué es enseñarla: un simple proceso de evaluación de aptitudes o un proceso complejo para alcanzar dichas aptitudes?

Y por último: ¿cuál es nuestra responsabilidad docente en ese proceso?

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