Sep 25 2007

La polución sonora

Published by Humberto under Ecologia, General

Anoche, desde una de las habitaciones de mi casa, tuve la “oportunidad” de escuchar una interesante “versión” de un ritmo de marcha que se percibía a través de los parlantes de un auto que pasaba ¡13 pisos más abajo! Y estaba con las ventanas cerradas. . .
Imagino, la cantidad de decibeles que soportarían quienes estaban dentro del vehículo.
Esto me hizo pensar inmediatamente en la cantidad de ruidos descontrolados que soportamos quienes vivimos en las grandes ciudades: bocinas, motores, reproductores de sonidos, frenadas, arranques de autos súbitos, etc.
Y, dentro de este cuadro, mi mente siguió divagando y pensando en las discotecas, donde actualmente el sonido que nuestros jóvenes escuchan, está provocando una gran cantidad de hipoacusias, así como los reproductores personales de sonido (discman, MP3, etc.), que a veces escuchamos quienes vamos sentados al lado de sus usuarios directos (imaginemos el volumen que tienen “dentro de sus oídos”)
Transcribo a continuación una nota de Clarín.com, del día 20 de marzo del año 2000, que no por antigua deja de ser de actualidad.
Una vez más la pregunta es: qué hacemos los músicos y los educadores musicales para luchar contra esta forma de polución? ¡Cuánto podríamos hacer desde las aulas para combatirla!
Espero pronto retomar el tema con más información para compartir con Uds.

La contaminación sonora en la ciudad

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La contaminación sonora es uno de los daños ambientales que, pese a su gravedad, no suele ser tenido en cuenta en la manera en que debiera. Por eso es preciso que las autoridades públicas arbitren las medidas necesarias para disminuir el creciente nivel de ruidos que aqueja a la ciudad de Buenos Aires. Según un estudio realizado para el Plan Urbano Ambiental por el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires, la ciudad es cada vez más ruidosa. Tras cuatro años de mediciones, se comprobó que en los últimos 27 años el nivel de ruido creció un 70 por ciento; el tránsito vehicular es el causante del 80 por ciento de la polución sonora. La confección del nuevo mapa acústico de la ciudad - el último databa de 1972 -, con la identificación de las esquinas más ruidosas, confirmó la intuición preexistente de que el ruido se expandió más allá del Centro. Los cambios en la vida urbana fueron determinando una prolongación de la jornada laboral y con ella las horas de ruido en casi toda la ciudad. Sin duda, la mayor responsabilidad por el aumento del ruido se debe a la expansión del parque automotor, que en los últimos diez años creció en un 400 por ciento. Las mediciones realizadas en 162 esquinas desde 1996 a 1998 y en 124 en el 99 determinaron que aunque camiones y colectivos producen los ruidos más intensos, al haber proporcionalmente muchos más autos son éstos los que provocan más polución sonora. Este problema podría reducirse si las autoridades establecieran requisitos de menor emisión de ruidos para los automóviles, especialmente para los vehículos de transporte público. Pero las fuentes de contaminación sonora no se agotan en el tránsito. También contribuyen en este sentido las obras en construcción, los locales bailables que atronan con su música, los mercados que empiezan a trabajar a la madrugada, las empresas de servicios que taladran las calles y los propios vecinos que agregan su cuota de ruido. Por eso, la multiplicidad de causas exige medidas de distinta naturaleza, tales como reordenar el tránsito pesado, incentivar el uso del transporte público, sancionar los motores estruendosos y ampliar los espacios verdes, amortiguadores del ruido. Es imprescindible, además, la formación de conciencia ciudadana sobre el daño que produce el ruido. En la medida en que persistan la acción insuficiente de las autoridades y la falta de conciencia, el ruido seguirá reinando.
(Clarín.com, 20/03/2000)

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Sep 13 2007

La música y los glaciares

Published by Humberto under Ecologia, General

Un tema muy interesante para apreciar en lo que se refiere a la relación entre la música y el mundo que nos rodea, es la importancia que ese arte tiene para colaborar con esa tan importante rama de la ciencia, que llamamos ecología.
Difícilmente un músico pueda “descontaminar” un río o impedir que se talen los árboles, pero tiene en sus manos una poderosa herramienta de difusión y puede ser un gran “pregonero” de aquellas actividades que perjudican el medio ambiente o dañan a los seres humanos.
Vale para esto el ejemplo que apareció publicado en el diario Clarín el domingo pasado, en el que se menciona el trabajo de un músico alemán, Kalle Laar, quien ha realizado una instalación musical en los Alpes, mediante la cual desde cualquier teléfono celular de cualquier parte del mundo puede escucharse el sonido del deshielo de los glaciares Vernagtferner y Pasterze. Estos glaciares, debido al calentamiento global, han comenzado un deshielo que año tras año hace que pierdan superficie. El músico expone su sonido al mundo, como forma de llamar la atención hacia otra de las manifestaciones de la degradación de nuestro planeta.
A veces no tomamos conciencia de la importancia del sonido en nuestras vidas. Tal vez porque los sonidos son tan omnipresentes y tan constantes en nuestra existencia que no reparamos en él. ¿Podemos imaginar un mundo donde no escuchemos el llanto del bebé, el sonido de nuestros seres queridos, el paso de un padre que se acerca o el ladrido de nuestro perro? O aún más simplemente, ¿podemos pensar en un mundo sin música, sin voz, sin canto? Probablemente el ser humano debería reprogramar toda su existencia y empezar a vivir como una “especie distinta”.
En esto radica la importancia de ese trabajo en los Alpes, en utilizar un elemento primordial de nuestro entorno, de algo que afecta nuestras emociones, nuestra razón y nuestro físico, que nos rodea y nos envuelve, para que nos ayude a tomar conciencia de las circunstancias difíciles por las que atravesamos, sólo debido a nuestra responsabilidad o “irresponsabilidad” como seres humanos.

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