Música Viva

Conversando sobre la educación musical

“Paco Cabrera”, un orgullo de la docencia nacional

Este es un blog dedicado a la educación musical. Pero este artículo no tiene que ver con la educación musical sino con la EDUCACIÓN. Así en mayúsculas. Y me refiero a la educación, porque la “educación” es una abstracción que sólo podemos concretar quienes nos dedicamos a ella, cuando le ejercitamos con pasión y como ideal de nuestras vidas.

Tengo el honor de conocer al Señor, Maestro y Educador Francisco Cabrera. El tiempo, el trabajo y la vida nos han alejado, pero hubo una época en mi vida donde trabajando con él (en mi tránsito por el Collegium Musicum, como  parte de un coro y en una cantidad de charlas que me ilustraron y ayudaron mucho para mi labor), pude apreciar lo que significa un docente que da sentido a la educación, además de una persona con un gran sentido ético y de gran profundidad de pensamiento.

Leí con mucha satisfacción que ha sido merecedor de distinciones tanto en el plano del Gobierno de la Ciudad, como en el plano Nacional. Creo que se ha hecho justicia y celebro que se reconozca y se aplauda su dedicación, creatividad y convicción para la formación de quienes son y fueron los ciudadanos de nuestra nación.

El muy apreciado “Paco Cabrera”, es uno de esos hombres que da sentido de aplicación práctica a esa “educación”, de la que tanto hablamos y no siempre logramos poner en práctica. Es de desear que su ejemplo y su amor sean imitados por quienes lo sigan en esa maravillosa profesiópn de educar.

En lo personal, recuerdo su afabilidad, buen tratno y conocimientos, y solo me queda por decirle “Felicitaciones y Muchas Gracias, MAESTRO!”

Humberto López

Coro Kennedy: un disgusto musical

Estimados lectores, después de mucho tiempo me reúno con Uds. otra vez. Algunos problemas de salud me han mantenido, tal como el año pasado, lejos del blog, así que pido perdón por la tardanza en volver a escribir y por los comentarios que no pude contestar hasta el momento.

Lamento también, tener que reiniciarme en mi diálogo con quienes nos leen, a través de una circunstancia que personalmente no considero para nada agradable. Dedico mi vida a la educación musical, vivo hondamente preocupado por los problemas de la educación en general y por las causas-consecuencias de esa cultura en la cual estamos inmersos que, en líneas generales, remite a la falta de valores y a una generalizada intrascendencia, donde pareciera que nada importa y que hasta las cuestiones más serias son tomadas con un dejo de “no importancia”.

Ha habido muchas obras, comedias, películas, etc. que se han referido en forma burlesca a situaciones trágicas, pero ello se puede comprender como una forma de catarsis frente a hechos que sobrepasan por su horror, a las concepciones humanas y al entendimiento del funcionamiento de la sociedad como tal, o a tragedias que llevan al límite la resistencia de los individuos al intentar asimilarlas.

Aquí, en cambio, ha llegado a mí, un video donde se aúnan la música y las situaciones cotidianas, una de las banderas que enarbolo en este blog y que justifican muchos de los proyectos que he realizado en mi vida. Eso sí, siempre he pensado en la música y su nexo con la cotidianeidad, en forma positiva, de acción, de respeto y con el objeto de mejorar la formación de los individuos.

El Coro Kennedy, organismo de una extensa trayectoria y de clara influencia en el ambiente musical argentino ha interpretado, según se puede apreciar en la siguiente dirección de web: http://www.youtube.com/watch?v=dQj8DtYQPWY una canción referida a la gripe A, pandemia que además de ocasionar una cantidad de muertes, ha trastocado la vida de muchas personas, del mundo educativo y de alguna manera de toda la sociedad argentina. Para ello y por otra parte, ha utilizado la melodía de la parte coral de la Novena Sinfonía de Beethoven, en un arreglo “ad hoc” y cuyo texto se refiere, paradójicamente, a la hermandad entre los hombres.

No pretendo hablar de crítica musical. Mi ser músico se ha sentido tocado, pero no en mi profesión ni en la técnica musical, sino en mi aspecto de ser humano, como persona que trata de sentir al “otro” en el convencimiento de que yo también soy un “otro”. He meditado en el humor basado en una circunstancia que ha conllevado sufrimiento, que ha arrastrado vidas y que – especialmente en la salud y la educación - ha ocasionado casi un colapso en los sistemas establecidos.

Celebro el humor, aplaudo las bromas, creo que no es necesario ser adusto para ser serio, ni es indispensable dejar de lado la simpatía, para llevar a cabo tareas importantes. Si creo que así como es necesario respetar y respetarnos en nuestras ideas, más aún es importante hacerlo en nuestros padecimientos.

Lamento una vez más, reiniciar un contacto que siempre ha sido tan fructífero y hermoso con una queja de este tipo, pero no sería honesto conmigo, si luego de escribir tantas palabras acerca del valor de la música, no defendiera precisamente ese valor, al comprender que, como todos los aspectos y creaciones del ser humano, aquello que es creado para mejorar puede ser empleado también para perjudicar. La música es un producto de alta sensibilidad y enorme poder, que imaginamos tiende a permitir nuestra superación y que debe llegar a todos, como forma de patrimonio cultural indiscutible.

Un organismo musical y que además, específicamente depende de una institución educativa, debería en todo momento marcar senderos de formación y contribuir a elevar el nivel educativo y cultural de aquellos que son sus oyentes, máxime cuando por medio de Internet, esos oyentes pueden ser toda la Nación y el mundo entero. El Coro Kennedy ha realizado grandes contribuciones al conocimiento del canto coral y tenido muy importantes ocasiones de trabajar junto a notables figuras de la música popular de nuestro país. Creo que esas magníficas circunstancias no sólo brindan lugares destacados y de lucimiento, sino que también producen situaciones de responsabilidad, atendiendo a la cantidad de personas sobre las que logran influencia.

He enviado en las últimas horas, una carta a la Rectora de la Universidad Kennedy, manifestando mis puntos de vista acerca del video de referencia. No se si obtendré respuesta y por supuesto ignoro, en el caso de producirse, cual será el tenor de la misma. Sólo se, que he cumplido con lo que creo mi deber como músico y como responsable de la educación musical de mucha gente, y por supuesto con mi conciencia.

Muchas gracias, hasta pronto.

Humberto López

El Teatro Colón: espejo y consecuencias.

Como muchos de Uds. sabrán, el Teatro Colón de Buenos Aires, tiene sus puertas cerradas desde hace más de dos años, con motivo de ciertas restauraciones y modificaciones que no han cumplido los términos pactados.

Esto ha generado múltiples polémicas, acusaciones y reproches, ya que el más importante Teatro de Ópera de nuestro país y uno de los más importantes de Latinoamérica, no cumple su función principal y está sometido a cuestionamientos tan graves como la permanencia de la que fue siempre su gran acústica y la falta de definiciones acerca de su futuro.

Toda esta indefinición, coloca a nuestro país en una situación poco feliz ante los artistas del mundo, genera un gran malestar social, altera la tranquilidad de los artistas y deja a la cultura y a la música, sin el apoyo de uno de los grandes espacios para su difusión.

Sin embargo, esta situación nos enfrenta con muchas otras consideraciones que – según mi entender – se relacionan en alguna medida con la educación y la formación que nuestro sistema educativo debería brindar a quienes transitan por él y que me llevan a escribir esta nota.

He reiterado en distintas oportunidades que no soy un músico dedicado a la ópera o al ballet, por lo cual no creo que mi voz tenga la autoridad suficiente para opinar acerca de los problemas prácticos – y muy desafortunados por cierto – que aquejan al Teatro Colón.

Es por eso que sólo me permito una reflexión, pretendiendo extraer un par de conclusiones que imagino podrían ayudarnos en el futuro, intentando lograr una aproximación positiva a la desgracia por la cual atraviesa esa institución y que sin dudas afecta a la sociedad y a la República toda.

Para ello, me permito utilizar dos palabras como eje del escrito: “espejo” y “consecuencias”, vocablos aparentemente inconexos pero que – al menos en mi pensamiento – crean la imagen de “las consecuencias de mirarse al espejo”.

En mis años de vida he visto y comprobado que los gobernantes tienen dos premisas básicas sobre las cuales asientan su desempeño: “todo lo anterior ha sido malo” y “a partir de ahora se solucionarán todos los problemas”, premisas erróneas desde su concepción dada la naturaleza humana, donde nunca el todo es todo o la nada es nada. No recuerdo haber oído de quienes han llegado al poder (político al menos), decir: “si bien esto ha sido un error y debemos corregirlo, esto otro ha sido un gran acierto, sigamos construyéndolo”.

Lo preocupante, es que cuando se manifiesta que el pasado ha sido un cúmulo de errores (a veces incluso atribuidos a la mala fe), rara vez existan consecuencias tangibles, lo cual nos lleva a pensar que ello no ocurre para que no se conviertan en un espejo, que luego nos devolverá nuestra propia imagen.

Tenemos, en nuestra administración pública y en nuestros organismos, personas dedicadas, genuinamente preocupadas, dispuestas a colaborar, creativas y que buscan mejorar lo existente y generar nuevos avances con un gran aprovechamiento de los recursos. Pero, muchas veces y pese al esfuerzo de funcionarios realmente comprometidos con su actividad, los posibles logros se ven coartados por decisiones políticas que los superan.

Pareciera que siempre lo técnico, lo artístico, lo que tiene que ver con el conocimiento, está subordinado a lo político, aunque en realidad “lo político”, sea una abstracción que en algunos casos se vuelve concreta, en la manifestación de los intereses personales de quienes detentan el poder o de quienes pretenden lograrlo.

No puedo negar que ésta ha sido una conducta del hombre desde que el mundo es mundo, pero valdría la pena – ante los hechos consumados – pensar nuevamente en el espejo y en las consecuencias de esos manejos que anteponen lo personal a lo social.

El Teatro Colón – pobre entidad zarandeada por cada gobierno, así como por muchos de los individuos que han pasado por sus distintas direcciones – está siendo probablemente, víctima de un mal manejo arquitectónico, administrativo y financiero. No sé las causas, pero los resultados están a la vista. Los plazos no se cumplieron y muchas voces airadas clamaron y claman por una transparencia que no existe.

Ahora bien, más allá de las actitudes de los gobiernos y de las autoridades, de los posibles desaciertos de funcionarios sin las capacidades adecuadas, o de las acusaciones de mala fe que sin dudas dejan también sus huellas nosotros, los músicos, ¿hemos tenido en las épocas de normal funcionamiento del Teatro, la conducta adecuada frente a la música y a su desarrollo?

Como en todos los órdenes de nuestra sociedad, la paradoja del ser humano se ha hecho siempre presente en el Teatro: las glorias van emparentadas con las miserias, los triunfos con las mezquindades y lo sublime se da la mano con lo abyecto. He hablado en muchas ocasiones con directores extranjeros, que – obviamente – en conversaciones “off the record” se han manifestado muy asombrados de las capacidades de nuestros músicos, pero muy sorprendidos de sus actitudes. Quienes trabajan en el Teatro, han sido – indudablemente – muchas veces víctimas de reiterados abusos e injusticias en su trabajo, pero creo que tampoco debemos olvidarnos de las agremiaciones abusivas, del desinterés de algunos de sus integrantes frente al hecho musical y de los conflictos generados sólo por lograr o conservar espacios de poder, etc. que tampoco han mostrado al país y al mundo una imagen favorable de nuestro Teatro.

Para terminar de dar forma a la reflexión propuesta, me planteo ciertos interrogantes que pongo a la consideración de todos para que podamos encontrar algunas respuestas:

  • Si lo anterior estuvo mal, fue erróneo o hubo mala fe, ¿dónde están las consecuencias?.
  • Si lo actual es lo correcto, ¿porqué no se explicita en forma coherente, con los datos ciertos y plazos acordados?
  • Si existen problemas de fondo, presentes o pasados, ¿porqué no se aclaran y “se ponen sobre el tapete” para solucionarlos y porqué no se ubica a los responsables?
  • Esa mezcla de ocultamiento y olvido, ¿responderá al miedo al espejo?
  • El olvidar, ¿servirá para que otros olviden? El ocultar, ¿para que otros oculten?
  • Los músicos y personal idóneo, cuando el Teatro vuelva a su época de esplendor, ¿seguiremos anteponiendo las conveniencias personales al arte?

 

Todo esto – a mi criterio – debería dejarnos otra enseñanza: el espejo y las consecuencias (o sea el observarnos y el asumirnos), son dos elementos que están siempre presentes en la educación de todos las sociedades del mundo. Son parte esencial del proceso educativo y este proceso es a mi entender la solución para el problema de fondo que nos aqueja: el anteponer el interés personal antes que el interés social, el no reconocer al otro y el no intentar analizar los problemas en forma objetiva. Observar y analizar en forma ecuánime es el mayor logro que cualquier sistema educativo puede pretender alcanzar.

Creo por último, que en la situación que nos ocupa, la subjetividad ha primado por sobre la objetividad. La sensación es la de dos posiciones que consideran que todo lo de la vereda de enfrente es erróneo. Personalmente, me cuesta creer que no pueda haber aproximaciones objetivas al tema que busquen aprovechar lo mejor de cada una de ellas.

Cuando educamos músicos, nos ocupamos de la técnica. Sin embargo deberíamos ocuparnos del ser humano que luego aprenderá y dominará esa técnica. Cuando educamos administradores, nos ocupamos de las funciones y olvidamos que debemos formar seres humanos que luego aprenderán y cumplirán esas funciones. Cuando designamos gobernantes y autoridades, nos basamos en el carisma, en la conveniencia material o política o en un impulso emocional, sin analizar sus capacidades y sin exigirles una formación en lo humano que le haga sentir que debe anteponer sus deberes a sus derechos, que sus acciones públicas deben estar sometidas a las consecuencias y que su poder es una cesión social y no una adquisición personal.

Construir demora mucho más que destruir. El educar es una construcción lenta, pero que debemos asumir de una buena vez, para evitar nuevos “Teatros Colón” y rehabilitar nuestra imagen ante el mundo y ante nosotros mismos.

El Teatro Colón nos muestra como en un gran espejo, las falencias que yacen en nuestra sociedad. Está en nosotros animarnos a verlas y vernos reflejados en él, a asumirlo y a plantearnos seriamente que debemos ver las consecuencias de lo realizado y responsabilizar a quien corresponda por ellas.

Pero por sobre todo, a plantear los hechos con claridad, sinceridad y anteponiendo el conocimiento a la política, para que eduquemos sobre ello, a fin que nos podamos mirar en cualquier espejo sin temer a las consecuencias de nuestros actos.

Un muy merecido nombramiento

Tengo el placer y el agrado de comentar que la Dra. Ana Lucía Frega ha sido designada como Directora Artística en la Dirección Nacional de Música del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Creo que muchos de Uds. conocen la trayectoria de la Dra. Frega, no sólo en la vida educativa y artística de nuestro país, sino también en su desempeño internacional en áreas tan sensibles como la educación y el arte.
Más allá de sus indiscutibles capacidades para el desempeño de la tarea, creo que el “valor agregado” de esta designación, ha sido el pensar en una persona que puede unir en sí misma la actividad artística y la educación.
Es harto conocida la visión que en nuestro medio tienen los músicos profesionales, hacia quienes se dedican a enseñar música, al considerarla una actividad rutinaria y de la cual prefieren no tomar parte. No me refiero a la visión de los afamados instrumentistas que dictan clases particulares a alumnos avanzados, sino a la de aquellos docentes de música, que día a día luchan por generar el amor por el arte a quienes serán algún día el público de los conciertos.
Debo coincidir con que, para el compositor concibe en su mente la creación de monumentos musicales, o el director que guarda en su mente sinfonías y óperas completas – y que además conoce íntimamente los mecanismos para descubrir sus secretos – o para los muy habilidosos instrumentistas que pueden realizar proezas “casi milagrosas” con sus instrumentos, la figura del docente de música en el aula, tratando de que chicos sin ninguna experiencia se acerquen a la música y entonen con un ritmo preciso una simple melodía, puede resultar casi patético.
Todos coincidirán conmigo que esa tarea, cuando se realiza a conciencia y con el propósito de elevar el nivel de conciencia y de sensibilidad de nuestros alumnos, resulta una de esas abnegadas maravillas personales que ocurren en nuestro medio, donde a pesar de la cantidad de circunstancias desfavorables, muchos niños de muchos colegios, conocen, disfrutan y aprecian el maravilloso arte de la música.
Por otra parte, no olvidemos que muchos de esos monumentos musicales, han tenido de una forma u otra, origen en alguna simple melodía, que en muchos casos fue enseñada de padres a hijos o transmitida con mucho esfuerzo por algún maestro de música.
Muchos países empiezan a reconocer que el secreto de la perdurabilidad del arte musical, radica en la enseñanza de la música a la sociedad toda, para que – más allá de su poder como herramienta de formación personal – ese acercamiento permita surgir a impensados nuevos músicos y contribuya a la formación de ese público calificado que alguna vez aplaudirá a los grandes intérpretes.
Este nombramiento permite que se reúnan en una figura, la pasión por el arte, el sentido de la organización y la educación musical, brindando una visión abarcativa, flexible y profunda de la práctica musical. Esta mirada holística de la realidad de la música, nos permitirá sin duda alguna, comprobar la elevación del nivel artístico y educativo dentro de la Ciudad de Buenos Aires.
Muchas felicitaciones Dra. Frega!          

Regreso al aula

Ha comenzado el mes de febrero. Un mes de expectativas (a veces con un poco de mal humor, porque hay que terminar las vacaciones), un mes de reuniones, de proyectos y de comenzar.
Aquí tenemos dos formas – creo yo – para este comenzar:
Una, pensando en que hay que volver a la rutina, a los chicos que se “portan mal”, a llenar planillas, a aceptar al director, etc.
Otra, la posibilidad del encuentro con los alumnos “viejos”, el conocimiento de los “nuevos”, los próximos descubrimientos, las posibilidades de aprendizaje y el comenzar un camino que luego de transitarlo, nos deje un sentimiento de alegría y éxito.
Siempre pensé que nuestra sensación de éxito o fracaso, se relaciona íntimamente con nuestras expectativas. Por supuesto que siempre hay éxitos o fracasos que se deben a cuestiones que nos exceden. Pero, hay una actitud interior, que nos permite vivir cada hecho, cada acción y cada resultado en una forma personal y que se relaciona con lo que esperábamos, con lo que realizamos y con nuestra visión al evaluarlo.
No quiero convertir el escrito en una página de autoayuda. Pero sí, llamar la atención (sobre todo de mis colegas jóvenes), acerca de las particularidades de nuestra profesión: tenemos el privilegio de compartir año tras año nuestra existencia con 30, 50, 100 o 200 mentes que esperan algo de nosotros, pero que también nos enriquecen con sus aportes y con las que podemos realizar una tarea en común que nos hará disfrutar: hacer música.
Vivamos cada día haciendo música; porque jamás podremos negar que cualquiera sea nuestro estado de ánimo, nuestra relación con los alumnos y nuestros pares, o las condiciones de trabajo, la música sigue estando: en un piano, en una guitarra, en nuestra voz o en la simple pandereta medio estropeada que alguien alguna vez compró para la escuela.
Y lo bueno, es que con cualquiera de los elementos, y más allá de quien nos acompañe, podemos HACER MÚSICA.
Muchas veces he escuchado a colegas decir: “pero si no tuviera que estar acá, podría hacer mejor música y de mejor nivel”. Probablemente eso es cierto. Si yo no estuviera en mi casa en el centro de la ciudad llena de smog, probablemente podría vivir en la Costa Azul en un palacio al lado del mar. Siempre hay hipótesis mejores. Pero no dejemos de ver – imaginando situaciones que no son – las maravillas de nuestra realidad.
Podemos educar, podemos trascender, podemos seguir viviendo en la mente de muchos de aquellos chicos, que un día no se atreven a golpear un pandero y luego se sienten felices de sentirse “músicos”.
Enfrentemos los primeros días de clase: sintamos en ellos la alegría del vivir, la emoción de la comunicación y brindemos junto a los chicos, todo lo que la música nos ofrece, para el crecimiento propio y de los demás.
Gracias y . . . adelante!

La música y la composición en el aula

Cuando hablamos de utilizar la composición en el aula – tema con el que yo me siento muy identificado – debemos dejar claro que no pensamos (como he dicho antes) en una composición referida a algún sistema musical. No nos referimos a tonalidades, modalidades o cualquier otro sistema conocido, sino que el trabajo está enfocado en el manejo de los sonidos.
Cuando incitamos a un niño a crear música, no debemos pensar en que tiene que componer una sonata de Mozart o una fuga de Bach. Simplemente tiene que combinar sonidos, para reflejar su idea y plasmarla en música. Tiene que sentirse contento de haber creado, de haber interpretado lo que hizo y de que otros puedan escucharlo.
Varias veces he hablado de la secuencia Improvisar-Componer, Interpretar, Escuchar y Apreciar, como forma de aproximación a la música.
Esta actividad va de la mano con circunstancias de la vida tales como Generar una idea, llevarla a la práctica, comprobar sus resultados y analizarlos. Hacemos esto cientos de veces por día, muchas veces sin darnos cuenta, pero si iniciáramos un proceso consciente cada vez, podríamos perfectamente comprobarlo.
Generar una composición musical en el aula es eso: crear una circunstancia de vida, donde hay frases que nacen y mueren, donde todos colaboran para el éxito de todos, donde hay quienes se encargan del ritmo, otros de la melodía, alguien de dirigir, donde se intercambian ideas y se debe llegar a transmitir nuestra idea, respetando la de los otros. No es este el artículo para trabajar tecnicismos. Simplemente es para mostrar la íntima relación de una obra musical con nuestro cotidiano vivir.
Cuando nosotros podamos mostrar y lograr que toda la comunidad educativa aprecie el sentido y la importancia de aprender música en forma creativa, habremos dado un gran paso adelante en su jerarquización como materia. 

El Teatro Colón y los organismos oficiales

Hay mucha preocupación en el medio musical argentino por el destino del Teatro Colón. No sólo en lo que atañe a su edificio (en pleno plan de reformas, que no se cumplirán dentro del plazo establecido), sino en cuanto a su reestructuración interna, a sus próximas temporadas y a su organización definitiva. Esto incluye el destino de muchos de sus organismos internos. Esa preocupación se transmite muchas veces en agudas críticas referentes a la cultura en nuestro país, al enfoque que exhiben algunos gobernantes en cuanto a que “la cultura debe autofinanciarse” y a la escasa repercusión que tienen los temas culturales y/o artísticos en la problemática de nuestro país.
Existe un foro de opiniones que sabia y generosamente ha creado el Sr. Armando Ayache, donde muchas prestigiosas figuras musicales de nuestro medio, envían sus mails – tanto desde nuestro país, como del extranjero – haciendo conocer sus opiniones. No siempre me siento autorizado a intervenir, ya  que el foro aborda temas muy vinculados con la ópera, género al que no pertenezco y sobre el cual no me siento de ninguna manera persona autorizada.
Sin embargo, me pareció adecuado escribir algo acerca de la educación musical, que creo que es el punto más importante en la decisión acerca del Teatro, de las Orquestas y de la vida musical en nuestro país. Es muy complicado, desde mi punto de vista, hablar de cultura, si no existe educación que la sustente. Copio aquí algunos de los párrafos que envié a dicho foro, ya que me parece importante compartirlo con Uds.:

“Quienes enseñamos música, vemos a diario cual es el nivel musical de los alumnos en los colegios que frecuentamos. Hago énfasis en los colegios, porque desde ya, los conservatorios son lugares especializados que – imaginamos – congregan a quienes están vocacionados para la música, pero en realidad debería decir: el nivel musical de alumnos de colegios y conservatorios. No pretendo con esto realizar ninguna crìtica a los directivos o docentes de los conservatorios, en muchos casos profesores que brindan mucho más que lo “estipulado por ley”, para que sus alumnos puedan aprender. No, mi énfasis está puesto en largos años de lo que considero una comprensión poco adecuada de lo que significa ser músico
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En otra ocasión una docente de música, se me acercó a preguntarme: disculpe, pero ¿cómo me doy cuenta cuando un niño desentona?
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Escucho docentes de música que ensayan con “orquestas de flautas dulces” y no afinan antes de comenzar!
Oímos clases de música en los colegios donde se usan las canciones de las telenovelas de moda “porque a los chicos les gusta y con eso se enganchan”.
 
Podría dar cientos de ejemplos (tal vez eso habla de la cantidad de años vividos), donde la Música, la verdadera música, brilló por su ausencia en los lugares donde debía ser enseñada. Y eso funcionó siempre con la “complicidad” de muchos músicos que consideraban que la música era para arriba de los escenarios!.
Tampoco es esto una acusación: tenemos una larga tradición en nuestro país de música del romanticismo, impregnada del concepto del divismo, del instrumento solista, de las vocaciones de genios, que llevó a nuestros músicos a imaginar que lo único que era necesario era tocar o cantar o bailar bien. Y fuimos generando en la mente de quienes viven en nuestra sociedad que “la música era para elegidos”, que “sólo quienes tenían vocación podían hacer música”, e incluso que “quienes enseñaban música eran los músicos fracasados”. Y nos fuimos olvidando que la música es de todos, que el sonido nos circunda en forma omnipresente, que el hacer música debe ser un goce desde el primer momento en que se enseña, que ser músico no es ser elegido (que dentro de los músicos, luego aparecerán los elegidos) y fuimos degradando su enseñanza y alejándola de la vida cotidiana. Creo que sólo un ingeniero elegido llegó a hacer el puente de San Francisco y sin embargo hay millones de ingenieros, un sólo economista elegido llega a presidente del Banco Mundial y hay millones de economistas, hubo sólo un Bach, un Mozart, un Schoenberg, un Verdi, un Mendelssohn, pero es necesario que haya millones y millones de músicos para que surjan otros “elegidos”.
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¿cuántos Britten tenemos en la Argentina?. ¿Cuántos compositores hacen música para el aula? (música seria, con sentido artístico que tenga la dignidad de conciertos, pero las facilidades para estudiantes). ¿Cuántos Kodaly? ¿Cuántos músicos de nuestras orquestas van a las aulas de los colegios a mostrarles a los niños los milagros de un fagot, de un violín, de un corno, de una hermosa frase musical bien tocada, para despertar en ellos el sentido de la música?
Todos esos espacios que hemos ido dejando los músicos, han sido sabiamente aprovechados por quienes tienen una innegable capacidad de negocios, fomentando programas que brindan “oportunidades” a “jóvenes talentos” a los que se forma en un año para ser protagonistas de musicales que en los países de origen son interpretados por músicos con una formación académica muy grande, o programas donde se bastardea el canto y la gente habla con gran liviandad de afinación, ritmo, fraseo, etc. y que su objetivo está muy lejos de educar. Ese espacio es el que hay que recuperar o crear: el de la educación.
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Criticamos a los políticos (no estoy para defenderlos, porque no creo que lo merezcan), decimos que a los gobernantes les falta “cultura musical”, pero me gustaría saber: quien le enseñó música al Presidente de la Nación o al Jefe de Gobierno de la Ciudad o a cualquiera de los políticos que realizan sus plataformas electorales? (repito para que quede claro, no estoy defendiendo su posición), pero creo que para todos ellos, el Colón siempre ha sido un misterio (maravilloso misterio), pero misterio al fin. Me gustaría conocer una estadística que nos señale cuantas veces (en promedio), nuestras principales figuras políticas en los últimos 60 años han asistido regularmente a conciertos.
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Permítame terminar con la frase de un Maestro y Músico (así con mayúscula), con una profundidad conceptual que superó con creces los límites de la música, de la didáctica, y que siempre pensó su enseñanza desde la amplitud de un ser visto en forma holística:
“Nuestro tiempo busca mucho. Pero ha encontrado ante todo una cosa: la comodidad. Esta se extiende a todo, incluso al mundo de las ideas, y nos lo hace tan cómodo como jamás hubiéramos podido suponer. Hoy todo el mundo se las ingenia para hacerse la vida agradable”. . . “Lo mismo da que se vaya del movimiento a la búsqueda o de la búsqueda al movimiento: sólo el movimiento produce lo que puede llamarse verdaderamente formación. Es decir: preparación, conocimientos sólidos. El profesor que no se preocupa de decir más que ‘lo que sabe’ y que por lo tanto no se apasiona, exige demasiado poco de sus alumnos. El movimiento debe partir de él mismo y comunicar su inquietud a los alumnos. Entonces ellos buscarán como él”. . . El movimiento que de esta manera procede al profesor, volverá de nuevo a él. También en este sentido he aprendido este libro de mis alumnos. Y debo aprovechar esta ocasión para agradecérselo”. Arnold Schônberg  (tomado del libro “Armonía” de dicho autor, publicado por “Real Musical Editores – Madrid” pag. XXIV.
Esto fue escrito en el año 1911! ! !”
      

He quitado párrafos de esta nota, para no hacerla tan extensa. Realmente mi pensamiento está colocado en que si todos tuviéramos la formación adecuada, muchos de los problemas que nos aquejan, no existirían. Nadie discutiría por el nivel cultural, porque éste sería un hecho.

La educación musical en el contexto de la educación

Escribir el comentario anterior, me hizo reflexionar en lo referente a la educación dentro de nuestro desenvolvimiento social. Aprender es crecer, educarse es crecer y crecer es una de nuestras condiciones básicas como seres vivos. El hombre siempre tuvo curiosidad por conocer más y más de su entorno, e imagino que muchas veces agradeció al otro hombre que con más experiencia o más conocimiento lo ayudaba a aprender, le facilitaba el camino que va de la oscuridad a la luz.
Si aceptamos eso, inmediatamente mi mente me lleva a un cuestionamiento sencillo: ¿cómo es posible que, si el aprender es una cuestión innata y además, esencial para la supervivencia, existan tantas resistencias por parte de los alumnos y de determinados padres a colaborar con la tarea educativa y a participar de los procesos de enseñanza-aprendizaje?
El enseñar debería ser una fuente de descubrimientos, donde tanto el docente como el alumno pudieran disfrutar del proceso, viviendo la satisfacción que brinda el aprendizaje por el aprendizaje en sí mismo. Sin embargo y lamentablemente en  muchas de las instituciones educativas e incluso en el sistema educativo en general, aproximarse a una materia (o a una posibilidad de conocimiento) surge – en la mayoría de los casos – de  la “obligación de estudiar”, del “deber de ir al colegio”; lo cual entraña una contradicción, ya que si estudiar (lo que fuera) es un factor de crecimiento, estaríamos colocando al crecimiento dentro del “deber”, cuando en realidad es un hecho natural.
Evidentemente, podríamos pensar que algo falla o ha fallado con el correr de las generaciones: muchas veces la relación docente alumno, se vive dentro del colegio como una batalla, donde cada uno aplica sus estrategias y sus poderes para ganar un combate que inevitablemente conduce a una victoria “pírrica”. Ambos terminan frustrados o con la sensación de que el maravilloso hecho de enseñar-aprender, consumió tantas energías que desalienta a quienes lo practican. 
No tengo profundos conocimientos de educación, ni leyes educativas ni pedagogía, sólo soy alguien enamorado de aprender y enseñar música. Por eso, este artículo es en realidad una gran pregunta: ¿qué es lo que no resultó para que nuestros alumnos y sus padres piensen en el colegio como una obligación social, como un instrumento para poder hacer dinero en el futuro o como en la batalla para zafar? ¿Cómo es posible que la cantidad de alumnos que concurren a aprender por el profundo sentido vital de ese aprender, sea tan escasa? ¿Cómo puede ocurrir que los alumnos no sientan el placer de aprender?
La educación musical tiene muchas formas de entusiasmar a los niños para que sientan ese placer al hacer música y al aprenderla. Creo que esto se da por las posibilidades que la música brinda para el desarrollo de la creatividad individual y por la facilidad con que el alumno puede ver aplicados sus conocimientos y ser reconocido por sus pares.
Tal vez se deberían aplicar estrategias de enseñanza, que apelen más al desarrollo de la creatividad, a la discusión y al cambio de ideas y a pensar en descubrimientos, que al aprender en forma obligada y muchas veces memorística.
Aquí concluyo con mi pregunta intacta. Tal vez vale la penar intentar responderla, no? 

La música – la educación; la duda y la incertidumbre. (I)

Música en zapatillasRecibí con gran alegría un mail de la profesora Ana Grumberg, autora de un delicioso libro llamado Música en zapatillas. Anécdotas, reflexiones e ideas para intentar con música” que me llamó mucho la atención. Me hizo un comentario acerca de mis ideas con respecto a la duda y la incertidumbre, que me trajo a la memoria algunos pensamientos que siempre han rondado en mi mente.Cuando yo era niño, íbamos al colegio a aprender y desde mi hogar, hogar de inmigrantes con poca instrucción académica, se veía la escuela como una institución señera, indiscutible, donde yacía el conocimiento que una vez aprendido, sería nuestra herramienta para vivir mejor en un futuro.Se aprendían allí verdades indudables, cálculos que – hechos a mano – ejercitaban nuestra mente, redacción y ortografía indiscutibles, retazos de historia que transitaban sin tropiezos desde las palabras del maestro y el conocimiento de instituciones que se sostenían sin mancha en nuestra mente de alumno. Los glaciares eran firmes, el aire puro, los ríos fuente de vida, el espacio un misterio y las tablas de matemáticas había que aprenderlas a mas tardar en primero superior!Nuestra educación actual, se basa en la certeza de la incertidumbre, donde no sólo las “verdades” se convierten en dudas, las instituciones pueden adoptar cualquier rol y los maestros son seres cuestionables que a veces son juzgados por sus propios alumnos. Deseo aclarar que no abro juicios de valor sobre estas transformaciones. No pretendo analizar si era mejor la autoritaria e indiscutible figura paterna o la “democracia” familiar donde los padres deben discutir con sus hijos cada decisión. No se si era mejor una dirección de colegios con enormes escritorios de madera lustrada, donde el director o el rector era una figura señera que tenía una especie de poder divino sobre el destino de sus alumnos, o un colegio donde el director necesita del acuerdo de los alumnos para ingresar a él. Sólo deseo exponer que nuestra actual sociedad vive en la duda y la incertidumbre constante y que esa es nuestra forma de estar insertos en ella.Y que la educación – fiel reflejo de cada situación social de la historia – debería enseñar hoy el manejo de la duda, como una de las formas de desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje.Creo que mejor que tratar de “eliminar las dudas” es aprender a “convivir con ellas”!Y la educación musical, que papel puede asumir frente a esto?