Nov 14 2007

¿Qué significa enseñar instrumentos en un colegio de enseñanza general?

Published by Humberto under Música instrumental

Muchas veces, me encuentro con docentes de música que manifiestan enseñar instrumentos en sus colegios. Avanzando en la conversación, voy notando que la actividad se refiere en la mayoría de los casos a los instrumentos más comunes para el rock: bajo, batería, guitarra eléctrica, teclados, etc. Yendo un paso más allá, pregunto como los enseñan y la respuesta es “formamos una banda”. Me gustaría dejar en claro, que pese a ser un músico de formación clásica, no tengo nada en contra del rock, ni contra cualquier otro estilo de música popular. En realidad, muchas veces los disfruto mucho. Y por otra parte creo que las bandas son una magnífica oportunidad para que los niños y jóvenes unan sus esfuerzos y aprendan a trabajar en forma colectiva. Para mí la música es un hecho para disfrutar y analizar (en ese orden), independientemente del género. Eso sí, para disfrutarla, espero que la música – cualquiera sea ese género – tenga calidad y sea responsablemente bien hecha.
Nuestra tradición ha marcado que siempre hemos tenido instrumentos “de moda”: durante mucho tiempo fue el piano, la guitarra, luego los teclados electrónicos, etc.
La pregunta que muchas veces me planteo y he planteado, es ¿porqué se prefieren esos instrumentos a otros? Las respuestas que me han llegado han sido de las más variadas: desde “son más fáciles”, “son más baratos”, “están más cerca del gusto de los chicos”, “me gustan más” (sic. . .), etc.
Muchas de estas respuestas y otras por el estilo que he recibido, no se ajustan a la realidad: una flauta travesera o un violín son mucho más baratos que una batería, no creo que tocar una guitarra eléctrica (utilizando todos sus recursos), sea más fácil que una guitarra acústica y, por otra parte aquí viene la cuestión: no necesariamente la enseñanza tiene que estar más cerca del gusto de nadie, excepto cuando su horizonte sea sólo comercial.
Obviamente que si pensamos en la música pasatista, que invade nuestros programas de radio y televisión, si consideramos la música (necesariamente facilitada y monótona) que se difundo en los miles de lugares para bailar y si nos referimos a la necesidad de algún tipo de esfuerzo para comprender lo que escuchamos, probablemente la música de ese tipo “guste más”. Pero la misión del educador es también “formar el gusto”, experimentando y compartiendo vivencias que luego permitan elegir a quienes se están educando.
Cuántos de nuestros profesores enseñan que la música de los Beatles ha utilizado cellos? Cuántos señalan la importancia del violín en mucha de nuestra música folklórica? Y los instrumentos autóctonos? Y una última pregunta: cuántos de nosotros enfatizamos acerca de la simple cuestión de la importancia del timbre en la música de percusión escolar? No pretendo creer que en el escaso tiempo disponible, podamos enseñar todo, lo que me preocupa es la orientación. Muchos jóvenes creen que por tener a su disposición un micrófono, un par de instrumentos electrónicos y una batería junto a un potente amplificador y un par de baffles, están haciendo buena música, cuando en general copian e imitan modelos, sin respetar demasiado los parámetros de la música.
En esta época en que la música camina indefectiblemente a fusionarse, donde podemos escuchar cellos haciendo “Heavy rock”, donde la música étnica funde tradiciones milenarias, donde nos hemos permitido escapar de las rejas del sistema tonal, donde los “folkloristas” o los “rockeros” tocan junto a orquestas sinfónicas, ¿porqué no buceamos un poco más profundo con aquellos a quienes enseñamos? ¿Porqué no proponemos instancias más renovadoras y creativas, qué también van a terminar gustándoles?
Enseñar música en un colegio de enseñanza general no es sencillo. Pero hay muchas instituciones que han empezado a comprender el valor de la música y brindan ciertas oportunidades para que podamos hacer una tarea más fructífera. ¿Porqué  las desaprovechamos, acudiendo a lugares comunes que no plantean ningún desafío educativo?
 

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Nov 09 2007

La música orquestal para los niños

Published by Humberto under Música instrumental

Afortunadamente, algo va cambiando en nuestra sociedad y en estos últimos años, ciertas autoridades educativas y otras políticas, han comenzado a tener en cuenta la importancia de la música instrumental para los niños.
Va empezando a cobrar cierta distancia el recuerdo de miles de niños tocando piano o guitarra en el “conservatorio de barrio”, que sin dudas cumplió su función muchos años atrás como “casi único” difusor de la enseñanza musical (fuera de los conservatorios por supuesto), en la sociedad argentina. Algunos guiados por prestigiosas figuras – me viene a la memoria Alberto Williams – y otros conducidos por pianistas o guitarristas que muchas veces con buenas intenciones y poco conocimiento, iniciaban a los chicos en el mundo de la música. No soy historiador ni musicólogo, así que ruego a quien lea esto me corrija, pero luego fueron apareciendo profesores de canto y más delante de órgano (específicamente dentro del ámbito religioso), que brindaban también instrucción musical.
Un profundo cambio se operó a partir de la actividad en nuestra sociedad, de músicos tales como E. Epstein, T. Fuchs, E. Leuchter, G. Gratzer, y L. Spiller que profundamente dedicados a la enseñanza fueron introduciendo la música del barroco y allí por los años 1950, 1960 nuestros incipientes pianistas, tomaron conciencia que la música de Bach no había sido para piano sino que – al ser para clave y órgano – necesitaba otra interpretación que aquel romanticismo que predominó en la primera mitad del siglo pasado. Tuvimos luego un fuerte auge – enorme y desproporcionado, diría yo – de  música coral, pero que también contribuyó a la difusión de música poco conocida en nuestro país. Llegamos así al conocimiento del renacimiento y del medioevo, dentro de la cual muchos directores de jerarquía – profiero no nombrarlos para no cometer el error de olvidar alguno o algunos – lograron una excelente actividad coral, muchas veces partiendo de las universidades, contribuyendo así a expandir los límites de la música coral y comenzamos a escuchar las palabras “motete”, “chanson”, “madrigal”, con la lógica consecuencia de la incorporación de la flauta dulce como “caballito de batalla” en la educación musical dentro de los colegios. La aparente “facilidad” con que los niños (y los docentes) podían hacer uso de la flauta, nos condujo también a pequeñas “orquestas” de flautas, donde – y esto lo he vivenciado en forma personal – ni siquiera se afinaban los instrumentos antes de empezar a tocar un “concierto”!.
Podemos entonces pensar, en una enorme y tal vez incompleta visión global, que para los años 80 disponíamos de muchísima enseñanza privada de piano, guitarra, canto, órgano y de múltiples coros y “orquestas de flautas” especialmente en colegios.
Tal vez en el comienzo de los 90, asomó un cambio que podemos ver como muy importante: a) por un lado la irrupción de la música electrónica, que en sus comienzos fue reservada para los muy eruditos, pero con los avances tecnológicos se popularizó a tal punto que hoy cualquier persona puede comprar un teclado y desde el primer día generar, por lo menos, melodías acompañadas con un uso indiscriminado de timbres y efectos sonoros y b) mediante la iniciativa de algunos colegios (especialmente privados), la irrupción del método Suzuki (como gran impulsor de la enseñanza grupal), la actitud de algunos estamentos políticos y el impulso de algunos organismos culturales extranjeros, se comenzó a difundir la enseñanza de los instrumentos de la orquesta (con los violines a la cabeza).
En este punto, apareció una forma de enseñar música que, si quienes nos dedicamos a la docencia musical y a la música sabemos utilizar adecuadamente, podremos tener otra importantísima herramienta para educar a nuestros niños: la posibilidad de la orquesta. Una orquesta es un organismo muy complejo, que necesita de muchos saberes por parte de quien la dirige para poder conducirse adecuadamente.
No hablo de una orquesta profesional, que tiene sus directores, sus archivistas, su gremialismo, su códigos y sus costumbres arraigadas y funcionando a pleno. Hablo de 70 u 80 niños tocando juntos, a tempo, expresivamente, uniendo técnica con interpretación, donde el director tiene que ser un poco instrumentista, un poco gerente, otro poco organizador, archivista, arreglador, etc. etc. etc.
Sin embargo, ver muchas veces niños por la calle con estuches de violines, cellos, flautas traveseras, cornos o fagotes, es un espectáculo que me emociona y que me lleva a pensar que, ojalá esta actitud no sea una moda efímera, sino que sea el comienzo de un nuevo hábito que perdure dentro de la sociedad.
Existen, afortunadamente, directores en nuestro país, que dedican mucho tiempo de su actividad a los niños, que hacen y disfrutan la música con ellos, desde la disciplina (agradable, pero disciplina al fin) de un organismo orquestal. Mis felicitaciones por su labor y espero que puedan y quieran continuar esta tarea que considero fantástica para la difusión de la educación musical.  

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Oct 04 2007

La Educación Musical y la Orquesta II

Published by Humberto under Música instrumental

Cuando hablamos de orquesta viene a nuestra mente un gran grupo de músicos, perfectamente ordenados, interpretando obras de gran envergadura y dificultad y en muchos casos dirigidos por músicos de gran renombre y por supuesto, capacidad.
Sin embargo, orquesta también puede ser el grupo de niños o jóvenes que aún en sus primeros pasos de dominio del instrumento, llegan a interpretar obras sencillas, pero con un sentido de grupo y desde ya, respetando los parámetros de la música.
Muchas veces quienes enseñamos música nos encontramos con “ideas”, que brindan los directores de los colegios o colegas que, sin dudarlo, con muy buena intención – pero pocos conocimientos – intentan aportar sus opiniones que, lamento decirlo, poco ayudan al desarrollo de la música. He escuchado de boca de un director de colegio la siguiente opinión: “. . .y no podemos formar una banda con alguien que enseñe todos los instrumentos y los “junte”. . .  Queda tan lindo!
A veces pienso que esos ¡queda tan lindo!, ¡que lindo “ver” a los chicos tocar! y otras frases por el estilo, terminan por dañar más que lo que benefician. Lamento ser un poco duro o enérgico en el tema, pero si pretendemos enseñar música, debemos respetar sus condiciones. A esta docente uno podría responderle: “y ya que hay docentes trilingües, ¿porqué no enseñan inglés, castellano y francés en la misma clase?. La verdad, es que se ahorrarían dos maestros!”.
Cada instrumento es un secreto en sí. No hablo de un secreto “oscurantista”, es un secreto a develar, una maravilla que produce sonidos con sus timbres, sus características y sus propios descubrimientos. He visto chicos de 10 años tocando pequeñas piecitas en el fagot, en el corno, en la trompeta, en el cello, etc. que pertenecen a escuelas de enseñanza general. Y tocarlas bien!. Esa es la verdadera base de una orquesta de niños, una correcta enseñanza de cada instrumento, donde quien la dirija cuente con el apoyo de todos los docentes de instrumentos, para ir sorteando los problemas técnicos que puedan aparecer. No es necesario tocar la Consagración de la Primavera o Adios Nonino o un concierto Brandemburgués: es fundamental tocar un simple arreglo de una pieza sencilla pero con un buen sentido rítmico (además de la precisión necesaria), una correcta afinación y el fraseo y la expresividad necesarias para comunicar el mensaje musical.

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