Apr 03 2008
Educación musical: la fragmentación del aprendizaje
Un muy interesante comentario de una visitante de nuestro blog, me ha inspirado (luego de un largo silencio debido a una gran cantidad de trabajo) a escribir este artículo, porque dicho comentario expresa una triste realidad de nuestro país.
Tal como la profesora manifiesta, quienes cantan no siempre atienden las realidades del aparato fonador y quienes son fonoaudiólogos no tienen posibilidades de enfrentar la emisión desde el aspecto musical.
Yo tal vez, podría agregar que ninguno de ellos se ocupa de la psiquis de los alumnos, tema que creo es importante dentro de la enseñanza del canto.
Debo también reconocer que existen honrosas excepciones, con profesores que tienen un claro concepto de nuestra anatomía y sus funciones y las transmiten adecuadamente.
Lo que ocurre es que, lamentablemente, la formación docente en el área de música en nuestro país se encuentra en una situación de carencias o, en el mejor de los casos fragmentada tal como mencioné en el título.
Este es un tema muy delicado, donde no pretendo herir susceptibilidades ni menospreciar el trabajo de nadie. En realidad, hemos producido y supongo que continuaremos produciendo excelentes músicos en todas las áreas de arte musical, ya sea instrumentistas, cantantes, directores, compositores, etc. Pero la realidad es que la excelente formación que muchos músicos tienen, no siempre es un aval para transmitir esos conocimientos y mucho menos – valga la paradoja – para transmitirlos a los que menos saben.
En el caso del canto, cuando un profesor recibe un alumno de canto, ¿tiene claro que debe enseñarle? El alumno que quiere cantar, ¿tiene claro lo que debe aprender? Una buena voz, ¿es sinónimo de un buen cantante?
En realidad uno podría preguntarse si el canto es un hecho innato o adquirido y cultural.
Y habría mucho para discutir allí, porque cantar es algo que todos tenemos como posibilidad, pero los factores histórico-sociales de teatralización y de elementos técnicos por un lado o de timidez y burla por otro han hecho que esa facultad que poseemos como seres humanos, sea – en algunos casos – cruelmente dañada.
Personalmente sostengo que todos podemos cantar, pero también todos pensamos que debemos ser Plácido Domingo, Liza Minelli o una figura de renombre para poder ser reconocidos como cantantes. Sin embargo, muchos cantantes no llegan a esa “envidiable posición” por tener una maravillosa voz. Llegan por su musicalidad, por su profunda comprensión de la actividad o por otros factores que los han llevado a tener un gran dominio del hecho musical.
Desde mi criterio, cuando despegamos el canto de su esencia y lo convertimos en un despliegue técnico (y sólo cuidamos de su técnica tal como en la música académica), cuando queremos hacer música pero no atendemos los requerimientos básicos de una buena posición (sólo pensamos en como sonará, sin atender a los conocimientos profundos del aparato fonador, como en la música popular) o cuando pretendemos que el otro transmita pero no nos ocupamos de sus sensaciones personales (sólo nos ocupamos de la música pero no del individuo), estamos dejando de lado algunos de las instancias básicas del canto: técnica, música y personalidad.
La pregunta sería, cuál de los institutos de formación, cuál de las escuelas donde se forman los docentes, cuál de las universidades que preparan a quienes serán formadores, atiende los tres aspectos del maravilloso fenómeno natural que es cantar? Porque en realidad, en el canto, lo único que se debe hacer es ayudar a crecer a lo que ya poseemos desde nuestro ser.
Obviamente, luego tendremos cantantes con mayores o menores capacidades, tal como tenemos economistas, ingenieros, pintores, atletas, etc. Pero la esencia está en todos y el peligro de la artificialidad nos puede perjudicar tanto como la desatención a la preparación profunda.
En muchos casos – más allá del canto – tenemos esa disociación entre técnica e interpretación y en otros entre técnica y “conocimiento del cuerpo”. Realmente, tal vez sea hora de redefinir conceptos, revisar actitudes y reelaborar formas de enseñanza para que la música pueda comenzar a enseñarse en forma “holística”.
