Música Viva

Conversando sobre la educación musical

La lectura musical – El ritmo y la melodía

Vuelvo sobre un tema muy importante, desde el punto de vista de la dirección y de la enseñanza de la música. Lamento parecer insistente, pero volveré a él todas las veces que lo crea necesario, ya que esas dos palabritas (ritmo y melodía) enmarcan la base de todo nuestro trabajo de enseñanza musical y de aplicación didáctica.
Creo que es importante aceptar que existen dos niveles de comprensión en cuanto a dificultad para estas dos áreas de la música: 
El ritmo es de mucho más fácil entendimiento y su práctica es mucho más sencilla.
La melodía resulta más compleja y su práctica requiere en ciertas circunstancias de condiciones más elaboradas que las del ritmo.
Cuando uno habla con los docentes de “lectura musical”, la mayoría trata de llevar a la práctica en primera instancia la lectura rítmica. En otros casos se confunde la lectura musical con “tocar las notas escritas en un instrumento”, lo cual no es lectura musical sino una relación muscular entre el movimiento y lo que se ve.
Lectura musical implica abrir una partitura y sin ayuda de un instrumento saber como suena, tal como ocurre con la lectura literaria. Obviamente existen distintas dificultades de lectura, pero también existen en el ámbito de la lectura común. Probablemente de una lectura a primera vista, sepamos lo que dice el diario, pero no podamos conocer el sentido de una obra de Shakespeare. De la misma manera, abrir una partitura de una canción infantil, tendría que ser de lectura inmediata, pero conocer la Consagración de la Primavera, necesitará de sucesivas lecturas para captar su sentido.
Cuando enseñamos, debemos tener conciencia que el ritmo se relaciona con algo que es cotidiano, mensurable y una realidad concreta alrededor nuestro: el tiempo. Si alguien no entiende que es una blanca o una negra, se lo medimos en tiempo. Si le decimos que la negra dura un segundo, que tome un reloj y marque negras, lo hará con – por lo menos – relativa seguridad de que entiende de lo que hablamos. Pero si le pedimos que entone un “do”, y no nos entiende, ¿de dónde lo puede obtener? La respuesta no es el piano, ya que para eso necesita conocerlo y no siempre hay un piano en nuestro cotidiano vivir. Por otra parte, el piano no nos ofrece más que una afinación temperada, que no coincide más que en generalidades con la afinación natural. He ahí donde aparece la dificultad mayor, en la falta de relación con nuestro entorno cotidiano. Hablar de duración del sonido, es concreto. Hablar de altura es abstracto. Y entonces hay que acudir en la mayoría de los casos, a la memoria auditiva, a la memoria muscular y a la percepción. Y si entramos en sutilezas, nos daremos cuenta que el problema se complica especialmente en la dirección de coros, ya que no es lo mismo afinar un “FA”, como tónica de Fa Mayor, como tercera de Re menor o como sensible de Sol b mayor.
El otro punto al que hay que prestar mucha atención, es que no siempre el docente de música tiene una afinación acertada (no podemos exigir que todos sean cantantes), y mucho pero que eso, que la mayoría de las veces no tienen instrumentos afinados adecuadamente. He escuchado frases tales como “para qué vamos a afinar el piano si total es para los chicos de jardín”. Justo para los “chicos de jardín” es cuando el piano debe estar más afinado, ya que es en el momento en que su oído se va formando. Guitarras que no tienen una cuidada afinación, no sólo no forman sino que comienzan a deformar el oído, tal como cualquier otro tipo de instrumento que necesita, en caso de ser usado para enseñar, de una afinación muy precisa.  
Poco a poco, voy a intentar profundizar más en el tema, para analizar (y me gustaría hacerlo con los amables lectores), las dificultades de la “lectura musical”.

El coro en la escuela – La afinación

Tremendamente ocupado, cerrando el año, he tenido poco tiempo para escribir. Tal vez aquí pueda remediarlo, con estos artículos que, desde hace unos días deseo subir al blog.
En otros artículos, cuando hablamos de la formación de un coro escolar, nos hemos referido a la melodía, al ritmo, a los silencios, a la forma de ensayo, a la selección de los integrantes, a muchas cuestiones que desde lo muy básico hacen a formar un coro. Quiero mencionar aquí un tema que – en lo que corresponde a directores noveles – puede servir de ayuda para evitar pérdidas de tiempo y mejorar la calidad de las interpretaciones.
Es muy importante que cualquier docente de música escuche bien. Escuchar bien significa percibir cualquier desviación rítmica o melódica (de duración o de altura) que se produzca cuando otros cantan. Es un tema que en general nos llama a contestar rápidamente: “por supuesto que escucho bien”, pero que no siempre “es” tal cual lo imaginamos. En las primeras etapas de cualquier actividad, es necesario concentrarse mucho en lo que se hace, porque probablemente existan infinidad de variables que sólo podremos percibir – a pesar de nuestros conocimientos – luego de una intensa experiencia. El “escuchar” funciona de la misma manera: es necesario, sobre todo en los primero tiempos de actividad, una escucha muy atenta, una concentración profunda en lo que percibimos para poder detectar cualquier sutil error que, a pesar de ser sutil, termina influyendo para impedirnos lograr un coro prolijo y que no resulte con una “tonalidad grisácea” a la que le falte brillo y precisión.
Y esa escucha debe ser al menos en tres niveles: el rítmico, el melódico y el armónico.
El artículo se titula  “la afinación” y a ella quiero referirme muy brevemente: afinar no es sencillo. Es una circunstancia abstracta, que pese a los adelantos electrónicos y a las ventajas tecnológicas, debe hacerse – especialmente en el caso de la voz – en forma “artesanal”. No es de fácil comprensión (me refiero a esto en otro artículo que hoy publico, referido a la enseñanza de la melodía y del ritmo), ya que realmente se desarrolla en base a sensaciones. ¿Cómo podemos precisarle exactamente a alguien que canta, cuál debe ser el lugar exacto en el que su afinación es correcta? Es necesario “sentir”, “escuchar” y “percibir”, que tal sonido es el adecuado, que brinda esa sensación de placer que nos satisface y que su relación con los restantes es la correcta.
Por lo tanto, la memorización muscular, la memoria auditiva y la repetición, juegan importantes papeles en el desarrollo de la afinación. Por supuesto que para lograr que esto sea así, el director o el docente, deben tener perfectamente claro cual es la afinación de cada sonido, no sólo “per se”, sino en su relación con los demás. En esta última circunstancia, por supuesto, aparece la escucha armónica, ya que no podemos olvidar que cada sonido debe afinar dentro de la función armónica que le corresponde.
Esto es un tema que parece muy profundo si lo pensamos para una canción infantil y de hecho lo es, pero desde el punto de vista docente es muy importante tenerlo claro, aunque su aplicación pueda resultar innecesaria en algunas canciones.  

El coro en la escuela – La melodía

Continuando con estos comentarios referidos al coro en la escuela, me animo a hablar un poco acerca del tratamiento de la melodía. Espero que quienes lean estas líneas no crean que insinúo que hay que separar los elementos de la música. Simplemente trato de analizar los caminos que puedan llevarnos – dentro de las desfavorables condiciones en que se trabaja en muchos colegios – a lograr un trabajo eficiente y cuidadoso.
El tratamiento de la melodía es tal vez más puntilloso y difícil que el del ritmo. Es bien sabido que cuando uno enseña música, es más complejo para la lectura musical la melodía que el ritmo. Evidentemente, esto se debe a que el ritmo tiene patrones de medida reconocibles (todos conocemos el transcurso del tiempo y sabemos como medirlo), en cambio la melodía se basa en algo que no está al alcance de la mayoría de nosotros. (Si yo quiero medir un ritmo, puedo llevarlo a segundos y será fácilmente entendida la diferencia de duración de los sonidos; si quiero “mensurar” la melodía, no puedo sugerirle a un niño “emití un sonido en 440 y ahora otro en 415). El proceso termina siendo una memorización auditiva y muscular, que no es sencillo de adquirir.
De cualquier forma y más allá de todo eso, el trabajo melódico se asocia, para mí, con un trabajo de dinámica. Muchas veces un director le pide a sus alumnos que “canten más afinado” y todos tienden a subir el volumen. Entonces aquí pienso en algunas sugerencias para comenzar el trabajo melódico:
Hemos convenido en que todos los que quieren deben ser aceptados en el coro.
Esto presupone un porcentaje de alumnos con problemas de entonación, de afinación y de registro. Es importante entonces, con mucha amabilidad y sabiendo que “todos están en el coro”, comenzar a escuchar las voces individuales para ubicar a cada uno en la cuerda que más se relacione con su voz y tener identificados a quienes tienen algún problema..
• Sería interesante empezar con una canción con una melodía y un ritmo muy sencillos. Esa canción nos tendría que facilitar el trabajo de “emparejar” al coro. De que todas sus voces suenen parejas y que podamos ir poco a poco cantando todos lo mismo.
• Muchas veces el texto tiene una gran influencia en la afinación, por lo cual recomiendo sobre todo al comienzo, practicar la melodía y aprenderla “laleando”. Una vez que hemos logrado un nivel de afinación aceptable, ubicar la letra. (En un próximo escrito puedo referirme al texto).
• Siempre, para el análisis previo de una canción, es necesario tener en cuenta la dificultad “interválica”. Es complicado para coros con niños muy pequeños entonar intervalos aumentados. Es más difícil entonar cuartas que terceras, es más complejo cantar séptimas que segundas.
• Nuevamente se plantea el tema de empezar juntos y terminar juntos. Ahora en forma melódica pero esa precisión sigue siendo necesaria para que el coro se ajuste.
• No permitir – y estoy usando un término autoritario – los “glissandi” entre notas. Cada sonido debe ser puro y tener su comienzo y su final preciso.

Si en los primeros ensayos, logramos que esto se realice, veremos como el coro avanza en una especie de “progresión geométrica”. Cada avance facilitará el próximo y se irá avanzando cada vez más rápido con resultados sustanciales.
Obviamente, en el tratamiento de la melodía, existen también muchas consideraciones acerca de otros temas: la respiración, la articulación, la correcta determinación del fraseo, la prosodia, las notas largas, los finales de frase, etc. Creo que podremos ir mencionando estos temas con el correr del tiempo (son muchos y es ideal no olvidarse de ninguno, pero tampoco sobrecargar el trabajo desde el principio), así que considero que por ahora es muy importante pensar en cuidar la afinación y no cantar fuerte bajo ninguna circunstancia (me refiero al comienzo del trabajo vocal).
Y cuando lleguemos a la conclusión que es necesario cantar fuerte, cuidarse mucho de que el canto no se convierta en un grito.