feb 05 2008

Un gran ejemplo

Published by Humberto under General

He tenido en el día de ayer la oportunidad de ver, en un canal de cable, un concierto que brindó el Maestro Daniel Barenboim con su Orquesta West-Eastern Divan, realizado en el Palacio de Alhambra en Granada. 
Más allá del maravilloso ejemplo de unidad que nos brinda al realizar una aplicación concreta de las posibilidades sociales de la música, pude apreciar con cuanto refinamiento el Maestro Barenboim conducía la orquesta.
Su cuidado en el fraseo, en destacar cada instrumento cuando correspondía, la claridad del discurso musical, la prolijidad del contrapunto, etc. convirtieron esa escucha en un verdadero placer.
Lamentablemente no todos podemos ser maestros de ese nivel, pero mi pensamiento voló una vez más hacia una clase de música.
Cuántas veces descuidamos la precisión rítmica!
Cuántas veces le pedimos a los chicos que hagan música sin tener nosotros puestas todas nuestras energías para recibir esos sonidos!
Cuántas veces no nos permitimos disfrutar de la música que los chicos hacen, porque a priori la consideramos “pobre” y de “poca importancia”!.
No vamos a comparar – es obvio – la sensación de dirigir una orquesta sinfónica interpretando Brahms, con la de estar en el aula día tras día atendiendo la complejidad de la interrelación con los alumnos. Pero, sin embargo encontrar música en esta relación con los niños, depara también muchas satisfacciones de otro tipo.
Si nos ponemos a pensar que utiliza un gran director para que sus obras suenes “lindas” encontraremos siempre tres elementos básicos: exactitud rítmica, precisión melódica y adecuado fraseo.
Es exactamente lo mismo que deberíamos utilizar en nuestras clases. La diferencia probablemente esté en la complejidad del material y de los elementos utilizados. Pero su aplicación es la misma! ¿Por qué muchas veces descuidamos esos factores y nos perdemos el privilegio de tener un grupo consolidado en cada clase de música?
Tal vez hay muchas respuestas para esta pregunta y muchos factores que inciden en la situación, pero le doy tanta importancia al asunto que me gustaría verlo un poco más de cerca. En otros escritos me referiré al tema. Por ahora me importa mucho mencionarlo, como reflexión para nuestras actitudes.
Por otro lado me place mucho comentar la importancia de la creación de esta orquesta desde el punto de vista social. La misma tiene su sede en Sevilla y podemos encontrar información acerca de ella en www.barenboim-said.org
Es una prueba viviente de la importancia de la música en nuestra sociedad.

Para terminar, transcribo un párrafo que se halla entre las bases fundacionales de dicha institución:

“Uno de los principios inspiradores de la nueva Fundación es que la música no puede aislarse de la sociedad. Partiendo de este principio, el objetivo prioritario de la Fundación Barenboim-Said es integrar la música en el tejido de la sociedad, ámbito del que se ha ido alejando a lo largo del siglo XX como resultado de un movimiento generalizado de especialización.
En palabras de Daniel Barenboim “tenemos que concienciar a la gente de la necesidad de la educación musical como elemento orgánico de la cultura. Incluso si hay educación musical, ésta es llevada a cabo de un modo especializado. En el mejor de los casos, a los jóvenes se les ofrece la oportunidad de practicar un instrumento, de adquirir inevitablemente un nivel teórico necesario, de musicología, y de todo aquello que un músico precisa profesionalmente. Pero al mismo tiempo existe una incomprensión general y creciente de un problema que es a la vez simple y complejo: esto es la imposibilidad de articular con palabras el contenido de una obra musical. Después de todo, si fuera posible expresar con palabras el contenido de una sinfonía de Beethoven ya no necesitaríamos esa sinfonía. Pero el hecho de que sea imposible expresar con palabras el contenido de la música no significa que ésta no tenga contenido.”

No todos podremos generar una Fundación de este tipo, ni alcanzar estos niveles de calidad, pero tal vez podamos en nuestro humilde espacio de cada día llevar adelante la misión de cuidar y alimentar la educación musical. Es de esperar que esto nos pueda servir de ejemplo.   

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nov 07 2007

El coro en la escuela – El texto

Published by Humberto under Música vocal

Continuando con estos escritos referidos al coro en la escuela, un punto muy importante para analizar es el referido al texto y creo que luego de haber hablado de la melodía, el siguiente paso obligado es referirse a las palabras que normalmente acompañan a esa melodía. No pretendo aquí referirme al texto como parte de expresión lingüística, sino como aplicación junto a una melodía para optimizar el resultado del trabajo musical. Aunque debemos tener en cuenta el sentido literario del mismo cuando lo tiene (o cuando no lo tiene), porque por supuesto esto puede incidir directamente en la interpretación de la obra.
Pero en un principio, pensemos en el texto como el conjunto de vocales y consonantes (fonemas), que debemos utilizar combinados con la melodía y el ritmo.
Este es el principal punto a desarrollar: cuando cantamos “establecemos” la melodía por medio de las vocales y “aseguramos” el ritmo con las consonantes.
Los sonidos de nuestras vocales, son en principio, puros: “a – e – i – o – u” y no tenemos vocales “intermedias” como el inglés, el francés o el alemán. Esto facilita las cosas desde el aspecto de la pronunciación, pero de alguna manera las dificulta, desde la mirada de la “prolijidad” al cantar. Nuestras vocales deben ser puras, parejas y no tienen puntos intermedios. Por lo tanto, debemos cuidar con mucho esmero que todas las “aes” sean similares y así sucesivamente con todas las vocales. Si nosotros prestamos mucha atención a cualquier grupo de gente cantando, veremos que existen muchos tipos de vocales (más oscuras, más claras, más cerradas, más abiertas, etc.) que, en principio necesitamos “emparejar”. No discuto que en la expresividad del fraseo, las vocales puedan tener sutiles cambios de color, pero creo que podemos dejar esto para más adelante.
Las consonantes representan otro tipo de problema: son muchas y cada una con sus propias características, considerando además si comenzamos con ellas, si terminan la frase o si las encontramos en el medio de un pasaje. Es un tema complejo, pero en principio creo que hay que considerar dos o tres aspectos.
El primero referido al comienzo: es importante tener en cuenta la velocidad de emisión de las consonantes: una “m” es de emisión más lenta que una “p”, una “s” corre el peligro de ser más desprolija que una “t” y todo eso por el tiempo que tardamos en emitirlas.
Las consonantes del final, deben siempre ser pronunciadas firmemente (Ojo, no acentuarlas), pero sí que estén firmes para que se escuchen y por supuesto. . . todas a la vez.
Aquellas que están en el medio de una frase, deben también ser claras (en algún momento exageradas), teniendo en cuenta, muchas veces, nuestras “desviaciones” de pronunciación en el lenguaje cotidiano y por supuesto del idioma en que se canta. ¿Pensamos que muchas veces nuestras eses son haches aspiradas? ¿Qué en nuestro país no existe diferencia entre la  “b” y la “v”? Qué en inglés es necesario exagerar la “r”?. No busco con esto que debamos “españolizar” nuestra forma de pronunciar, pero cuando cantamos las consonantes deben ser claras para ayudar a precisar el ritmo de la obra.
Ritmo, melodía y texto: Tres pilares que se deben cuidar para obtener un buen resultado coral.     

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