feb 07 2008
Un “Proyecto”
Hemos compartido muchas veces mi visión del docente de música: ese maestro que no sólo debe enseñar, sino “publicitar” su materia, jerarquizarla a los ojos de los demás y resaltar el carácter de la educación musical como una experiencia artístico-pedagógica.
Por eso, y al pensar en que volvemos al aula, me gustaría poner el énfasis en la palabra “proyecto”. En este momento se habla mucho en los ambientes educativos de “proyectos”: como tantas otras cosas, los proyectos pueden terminar convirtiéndose en una rutina, de la cual precisamente queríamos escapar por medio de ellos.
Aquí aparece nuestro desafío: un proyecto musical debe ser algo vivo, algo que despierte expectativas, emociones y ansiedades en quienes lo realizan, quienes lo conducen y quienes lo apreciarán una vez concluido.
Sería muy lindo que cada uno de nosotros nos propusiéramos, al comenzar el año, generar un proyecto que, sobrepasando los límites del aula, nos brindara esa adrenalina necesaria para avanzar con satisfacción.
Un proyecto grande o pequeño, con cinco alumnos o con doscientos, en el colegio o fuera de él, con músicos amigos o con una orquesta sinfónica, con tres instrumentos o con cincuenta, de música clásica o popular, no importa, pero que, más allá de su forma, dimensión o características, nos gratifique y gratifique a quienes nos rodean: alumnos, padres, colegas, directores, etc.
Algo que nos aparte de la rutina, que llame la atención sobre las posibilidades de la música, que ayude a otras materias, que permita a quienes nos rodean ver las posibilidades y alcances que puede tener la música.
Eso sí: un proyecto con la mejor calidad posible. Una actividad donde todos los elementos de la música sean utilizados con mucho cuidado, como si fueran pequeñas gemas que deben tratarse con esmero, para formar la joya final. Ritmo, melodía, armonía, fraseo, articulación, etc. son todas piedras preciosas que deben ser cuidadas y pulidas en extremo para lograr equilibrio, belleza y calidad.
Sea lo que sea que hagamos, no descuidemos la calidad, la raíz esencial de la buena música: la calidad. Puede ser música clásica, folklore, rock, tango, jazz o música latinoamericana. No importa cual, pero siempre con calidad, apelando a la creatividad de los alumnos, pero conduciéndola con conciencia para lograr el mejor producto posible.
No creen interesante pensar en ese desafío?: ¿Qué proyecto puedo crear junto a mis alumnos, para que en este año toda la escuela nos sienta como una presencia viva, y disfrute de nuestra música?
Podría ser un hermoso comienzo de año y un fantástico final, no?
