Música Viva

Conversando sobre la educación musical

Componer en el aula – Velocidad

 

Continuando con la serie de escritos que tienen referencia a la composición en el aula, quisiera sugerir algunos caminos que pueden ser aplicados, como forma de incentivar a los niños a componer o improvisar.

Reitero que estoy refiriéndome a alumnos de escuelas generales, donde todos sabemos que el tiempo y los recursos son escasos.

En el artículo anterior, señalé aquellos que considero los primeros pasos en una pedagogía avalada por la composición. Ahora deberíamos pensar que podemos hacer luego de esta primera experiencia, que puede durar una, dos o tres clases (no desanimarnos si el primer día es un caos).

También el mundo lo fue. . .  (y a veces lo sigue siendo).

Luego del “reloj” uno podría sugerir “la fábrica”, donde podemos agregar cambios de velocidad y mayores modificaciones dinámicas. Aquí empieza a aparecer uno de los conceptos que es importante fijar en los niños. Digo “comienza a aparecer”, porque no lo van a entender fácilmente el primer día, pero poco a poco lo van a ir asimilando por medio de la experimentación: el cambio de velocidad.

Es importante hacerles entender que un cambio de velocidad es una modificación del pulso y no un cambio de figuras. Es necesario que sepan que cambiar corcheas por blancas nos hace ir  “más rápido” desde la esencia de la música.

Obviamente los sonidos aparecen y desaparecen más rápidamente, pero eso no altera la velocidad de nuestra obra. La real alteración de velocidad, está dada por la modificación de la velocidad del pulso.

Este es un concepto muy obvio, pero debe ser comprendido por los niños ya que en muchos casos por su abstracción, se presta a confusiones: “Señor: ¿cómo puede ser que ésta parte en negras sea más rápida que aquella en corcheas?”, es una pregunta que muchas veces me hacen los alumnos y que conlleva la necesidad de explicar por que ocurre eso.

Si los niños son pequeños, p.ej.: primaria, no nos detengamos en explicar medidas metronométricas, o indicaciones de tiempo: sólo hagamos énfasis en la diferente velocidad del pulso y luego permitamos que experimenten.

Desde experiencias muy simples como caminar más rápido (pero siempre con un “accelerando” regular, hasta la mayor complejidad de incrementar la velocidad mientras el grupo toca diversos ritmos a la vez, los chicos pueden divertirse con juegos que les permitirán rápidamente aplicarlos a la composición, donde establezcamos la consigna de “modificar la velocidad”.

Hemos hablado que todas las composiciones deben tener un final “conclusivo” y agradable. Podemos perfectamente aquí introducir la práctica y la noción del “rallentando” final, que les brindará la oportunidad de embellecer aún más sus composiciones.

Eso sí, por favor no olvidemos que para lograr un buen “accelerando”, es muy importante tener un ritmo preciso y saber hacia donde nos dirigimos, ya que si no corremos el riesgo que el “caballo se desboque” y no podamos controlar ese incremento de velocidad.

He pensado el plan de ir tomando cada uno de los elementos que puedan aparecer en una composición, dedicándole un tiempo en particular, como forma de ir combinándolos hacia la meta de armar composiciones cada vez más complejas.

Para finalizar hago énfasis en un detalle: Cuando abordamos un nuevo ítem en nuestras clases de música, pensemos siempre en explicar los fenómenos musicales no con palabras técnicas, sino con un vocabulario cotidiano. Luego que el sentido de lo que explicamos haya sido captado por los alumnos, en ese preciso momento, podemos incluir los términos técnicos.

Muchas gracias

Hasta la próxima!   

 

La lectura musical – El ritmo y la melodía

Vuelvo sobre un tema muy importante, desde el punto de vista de la dirección y de la enseñanza de la música. Lamento parecer insistente, pero volveré a él todas las veces que lo crea necesario, ya que esas dos palabritas (ritmo y melodía) enmarcan la base de todo nuestro trabajo de enseñanza musical y de aplicación didáctica.
Creo que es importante aceptar que existen dos niveles de comprensión en cuanto a dificultad para estas dos áreas de la música: 
El ritmo es de mucho más fácil entendimiento y su práctica es mucho más sencilla.
La melodía resulta más compleja y su práctica requiere en ciertas circunstancias de condiciones más elaboradas que las del ritmo.
Cuando uno habla con los docentes de “lectura musical”, la mayoría trata de llevar a la práctica en primera instancia la lectura rítmica. En otros casos se confunde la lectura musical con “tocar las notas escritas en un instrumento”, lo cual no es lectura musical sino una relación muscular entre el movimiento y lo que se ve.
Lectura musical implica abrir una partitura y sin ayuda de un instrumento saber como suena, tal como ocurre con la lectura literaria. Obviamente existen distintas dificultades de lectura, pero también existen en el ámbito de la lectura común. Probablemente de una lectura a primera vista, sepamos lo que dice el diario, pero no podamos conocer el sentido de una obra de Shakespeare. De la misma manera, abrir una partitura de una canción infantil, tendría que ser de lectura inmediata, pero conocer la Consagración de la Primavera, necesitará de sucesivas lecturas para captar su sentido.
Cuando enseñamos, debemos tener conciencia que el ritmo se relaciona con algo que es cotidiano, mensurable y una realidad concreta alrededor nuestro: el tiempo. Si alguien no entiende que es una blanca o una negra, se lo medimos en tiempo. Si le decimos que la negra dura un segundo, que tome un reloj y marque negras, lo hará con – por lo menos – relativa seguridad de que entiende de lo que hablamos. Pero si le pedimos que entone un “do”, y no nos entiende, ¿de dónde lo puede obtener? La respuesta no es el piano, ya que para eso necesita conocerlo y no siempre hay un piano en nuestro cotidiano vivir. Por otra parte, el piano no nos ofrece más que una afinación temperada, que no coincide más que en generalidades con la afinación natural. He ahí donde aparece la dificultad mayor, en la falta de relación con nuestro entorno cotidiano. Hablar de duración del sonido, es concreto. Hablar de altura es abstracto. Y entonces hay que acudir en la mayoría de los casos, a la memoria auditiva, a la memoria muscular y a la percepción. Y si entramos en sutilezas, nos daremos cuenta que el problema se complica especialmente en la dirección de coros, ya que no es lo mismo afinar un “FA”, como tónica de Fa Mayor, como tercera de Re menor o como sensible de Sol b mayor.
El otro punto al que hay que prestar mucha atención, es que no siempre el docente de música tiene una afinación acertada (no podemos exigir que todos sean cantantes), y mucho pero que eso, que la mayoría de las veces no tienen instrumentos afinados adecuadamente. He escuchado frases tales como “para qué vamos a afinar el piano si total es para los chicos de jardín”. Justo para los “chicos de jardín” es cuando el piano debe estar más afinado, ya que es en el momento en que su oído se va formando. Guitarras que no tienen una cuidada afinación, no sólo no forman sino que comienzan a deformar el oído, tal como cualquier otro tipo de instrumento que necesita, en caso de ser usado para enseñar, de una afinación muy precisa.  
Poco a poco, voy a intentar profundizar más en el tema, para analizar (y me gustaría hacerlo con los amables lectores), las dificultades de la “lectura musical”.