nov 19 2007
La voz del silencio
Un artículo que leí en Igooh (blog por el cual incursiono algunas veces), escrito por una excelente y sensible escritora y docente, que lo hace bajo el Seudónimo de LyricTitania, me hizo cambiar el orden interno de mis artículos y escribir éste, dedicado al silencio. Escrito que por otra parte no viene mal para continuar con aquellos referidos al coro escolar.
He tenido un profesor de física – en mis años de estudiante secundario – que sostenía que el frío no existe y que es sólo pérdida de calor. Podríamos hacer un equivalente y sostener con mucha firmeza que el silencio no existe y que es sólo “ausencias de sonido”. El sonido es omnipresente, con lo cual es imposible suprimirlo, pero si podemos despejar nuestro entorno y nuestro interior de la multiplicidad de sonidos molestos y abusivos que nos rodean. He escrito algunas cosas sobre la polución sonora y espero seguir haciéndolo. La sobreabundancia de sonidos también es una forma de polución, de contaminación que nos invade y nos aleja de nosotros mismos, aturdiéndonos y dificultando el encontrarnos.
Para los músicos el silencio es una caja de Pandora, donde las sorpresas aparecen constantemente y de alguna forma hasta nos enfrentan con ciertas contradicciones: el silencio puede significar paz, puede generar gran tensión, el silencio es expectación, el silencio es conclusión, pero a la vez es invitación a lo que sigue, el silencio nos sorprende, nos incomoda, nos expone y es uno de los recursos más expresivos para jerarquizar el sonido. Vaya paradoja, no?
Uno a veces le pregunta a un cantante: ¿para qué es el silencio? y rápidamente responde: para respirar. Y sin embargo hay silencios para no respirar. Hay silencios vacíos y silencios llenos! Hace mucho tiempo, estando de visita en Inglaterra, tuve la oportunidad de visitar una iglesia donde un amigo (pastor metodista) iba a predicar. Si bien vivía allí, predicar en una lengua que no era la materna, lo ponía algo nervioso. Me preguntó que me había parecido su sermón y me sorprendí con mi propia respuesta: “tu discurso me pareció excelente, pero hubiera puesto más énfasis en las pausas”.
Me sentí sorprendido de mi propia respuesta y con el correr del tiempo me fui dando cuenta que muchas veces el secreto del éxito de un discurso, está en sus silencios y no en sus palabras.
Para la música es lo mismo: los silencios son una de las formas mediante las cuales los sonidos adquieren sentido. Un músico que sepa interpretar los silencios, probablemente tendrá ganado el 50% de su ejecución. Podría entonces agregar al artículo de mi colega en la docencia que, el silencio nos permite estar con nosotros mismos, pero también nos permite comunicarnos mejor con nuestros semejantes.
No nos aturdamos y empecemos a escuchar el silencio!
