dic 21 2008

La música y la realidad

Published by Humberto under General

Estimados lectores, después de mucho tiempo y habiendo atravesado algunos problemas, tengo la alegría de volver a escribir en este lugar tan querido que es el Blog de Música Viva. Lugar en el que he recibido muchas satisfacciones y que me ha permitido conectarme con muchos colegas y personas interesadas en la música y en su educación.
Si bien yo pensaba con que tema reiniciaría mi contacto con Uds. nunca imaginé que podría hacerlo desde un grupo de comentarios que surgieron a raíz de mi escrito “¿Qué significa enseñar instrumentos en un colegio de enseñanza general?, del cual surgieron tres interesantes comentarios, absolutamente disímiles entre sí, pero que precisamente por esas diferencias, me plantearon un hecho de mucha significación para mi.
Uno de ellos, generado por Gustavo, plantea el interrogantes acerca de cuales son los problemas dentro de la Enseñanza Musical.
El segundo de Ana Lucía habla acerca de la motivación, la evaluación y la formación de grupos musicales y sus características en los colegios.
El tercero de José Luis, plantea un panorama cuanto menos sombrío de la Educación Musical en nuestro país y de la formación de quienes deben llevarla adelante.
Como Uds. sabrán es un tema que me apasiona y que creo debería merecer la atención de todos aquellos quienes tratamos de formar seriamente a los estudiantes para poder apreciar, vivir, interpretar la música ya sea en forma amateur como profesional.
Entrando en tema, creo que entran en este incipiente análisis de la educación musical, muchas variables que se deberían analizar y de las cuales sólo hago un listado enunciativo, esperando que otros tengan la amabilidad de agregar al mismo sus propias conclusiones y experiencias.
He de enviar este artículo también a todos los miembros del Grupo de Música VIva, ya que dada la trascendencia del tema considero muy importante mencionarlo ante la mayor cantidad de gente posible.
Cuando hablamos de educación musical, creo que mencionamos un amplio espectro de temas y campos en los que un docente puede operar (música vocal, música instrumental, música electrónica, historia, audición, composición, etc.) que nos permitiría pensar que nos hallamos frente a un conglomerado de disciplinas, siendo cada una de ellas absolutamente distintas, pero que necesitan una serie de conocimientos y habilidades comunes que permiten avizorar su naturaleza peculiar.
Teniendo esto en consideración y analizando la situación en sus dos aspectos: la enseñanza en colegios generales y en conservatorios especializados, me parece que podríamos comenzar mencionando los siguientes aspectos:
1) La depreciación de nuestra educación musical, no es un hecho aislado, sino que creo se corresponde con la baja del rendimiento educativo en todas sus áreas, situación ampliamente divulgada y de conocimiento publico.
2) La ubicación en relación con su “utilidad práctica”, que la sociedad brinda a la música que, – paradojalmente – a pesar de reconocer su importancia dentro de la vida de los individuos, no se siente inclinada a considerar que necesite un espacio demasiado importante dentro del curriculum escolar.
3) La escasa importancia que le brindan las autoridades educativas, que sostienen que con que un alumno cumpla una de las asignaturas del “área artística”, ya sea ésta música, plástica, teatro, etc.) tiene cubierta su “cuota educativa” en las artes. Y esto sumado a la absurda separación que se realiza en forma tácita o explícita entre las ciencias y las artes.
4) Nuestra difícil situación social, como país y como parte de un mundo azotado por continuas crisis de todo tipo.
5) La operatividad de muchos directores de colegios que brindan un mínimo espacio a las actividades musicales, aduciendo razones de “costos”, de “importancia curricular”, de necesidad de ocuparse de las “materias importantes” (sic), de razones de “espacio”, etc. que contribuyeh a generar docentes humillados, resentidos, afectados en su autoestima y que generar un círculo vicioso que se retroalimenta en función del desprestigio de la música como materia.
6) La actitud de muchos docentes que se remiten a “cumplir” con su tarea o a ignorarla, resguardándose también en que “total, a nadie le importa lo que hacemos”.
7) La típica actitud social que nos envuelve de las “antinomias”: así como somos buenos o malos, de Ríver o de Boca, también nos ubicamos en ser “músicos clásicos” (considerando que la “otra música” es de muy baja calidad), o somos “músicos populares” (manifestando que la otra es música de elite”).

8) La continua declamación de “Nuevos planteos curriculares” que en general se refieren siempre a la técnica de la interpretación (hablando de las instituciones especializadas), sin intentar comprender que el hecho musical es un tema que atañe a los individuos en forma personal y a la sociedad en general, tanto en el aspecto filosófico, psicológico, sociológico y antropológico.
9) La lejanía, en muchos casos, de las investigaciones de alto vuelo que se desarrollan dentro de la materia, de la constante de las aulas y de los problemas diarios que tienen los docentes que acuden a cada clase con cientos de dudas a enfrentar problemáticas que a veces los exceden desde todos los ángulos.
Tal vez considerarán que lo que acabo de mencionar es una mezcla de descripciones pesimistas u oscuras, sin embargo me he referido a circunstancias que están todos los días en las conversaciones de muchos quienes nos dedicamos a la educación y de muchos padres preocupados por el futuro de sus hijos.
Quienes me conocen, saben que soy un optimista a ultranza, pero no ignoran que trato de basar ese optimismo sobre las situaciones reales y concretas que me tocan vivir.
Y de ese optimismo y de esa realidad, surgen, a mi entender, como alternativa muy válida a esas descripciones, una serie de interrogantes que, si pudiéramos contestar, nos comenzarían a acercar a otra realidad muy distinta y mucho más promisoria:
¿ Tenemos conciencia los docentes de música, de la extraordiaria herramienta que poseemos, como elemento formador de la personalidad de los alumnos?
¿ Pensamos y reflexionamos alguna vez, que cuando impartimos una instrucción musical a nuestros alumnos, estamos generando en ellos un proceso sensitivo, que les va a permitir apreciar las circunstancias de su vida en una forma más amplia?
¿ Nos sentimos alertas ante el hecho de que podemos invitar a los alumnos a crear, generando en ellos la posibilidad de expresarse por medio de sus propias construcciones, alentándolos y guiándolos en el camino del arte?
¿ Somos conscientes que no necesitamos ser “genios” ni tener “vocaciones especiales” para hacer música y disfrutarla, sino que lo que hace falta es conocerla para poder llegar a amarla?
¿ Aceptamos la realidad que ese “conocerla” no necesariamente tiene un sólo camino, sino que cualquier ruta que elijamos, transitada con conocimientos, responsabilidad y esfuerzo, nos gratificará y gratificará a nuestros alumnos, permitiéndoles disfrutar de la actividad?
¿ Entendemos que ubicarnos en la óptica de pensar que “no hay docentes formados adecuadamente”, “los colegios no dan espacio”, “nunca afinan el piano”, “a nadie le importa”, etc. etc. no nos conduce más que a la frustración, alimentando el círculo que una y otra vez nos lleva a sentirnos fracasados?
¿ No podemos pensar que quienes creemos que estamos capacitados debemos ayudar a los otros, que quienes tienen medios pueden colaborar con otros, que quienes tienen circunstancias de éxito pueden compartiras y que – a fin de cuentas – los otros somos nosotros mismos?
¿ Queremos aceptar que el éxito y el fracaso no se miden en función de los logros, sino de las expectativas (expectativas ecuánimes, reflexivas y adecuadas a las circunstancias) y que los errores son la real fuente de aprendizaje?
¿ Estamos de acuerdo en que somos quienes podemos formar a los alumnos en la adquisición de un nuevo lenguaje no verbal, pero con un poder de comunicación extraordinario, que visto desde su aspecto científico o emocional, psíquico o fisico, íntimo o masivo, promueve grandes transformaciones en lo personal y en lo social?
Imagino que muchos considerarán que, aparentemente, estas preguntas tienen que ver poco con lo musical, pero sin embargo considero que en ellas se centra el cambio de actitud necesario para comenzar a modificar esa realidad que aparentemente nos abruma y que todo lo demás (técnica, habilidad, conocimientos específicos, etc.) estará absolutamente subordinado a la visión que podamos tener de nuestra enseñanza.
Los estudios de los volcanes no se dedican sólo al fuego y al humo, sino que se extienden a las circunstancias que los provocan, aunque el fuego y el humo, sean las manifestaciones que pueden apreciarse y que nos afectan.
Felicito a los jóvenes que se preocupan por esta problemática, me entusiasman los profesores que buscan conocer más de la técnica para enseñar cada día mejor, a veces es necesario ser cauto en las críticas al sistema (aunque las mismas se hagan debido a la urgencia y necesidad de que las cosas funcionen mejor) y creo que todos, deberíamos preguntarnos como interrogante final:
¿ Qué hacemos nosotros en nuestra actitud diaria, en nuestra cotidianeidad, por revertir esas situaciones? ¿Acudimos a los especialistas, para que escuchen nuestros reclamos? ¿Interesamos a los directores para que tomen conciencia de las ventajas de la música? ¿Dedicamos el tiempo necesario para que los alumnos y sus familias puedan conocer y amar la música? ¿Buscamos reunirnos en redes basadas en el compromiso con el otro y en su reconocimiento? ¿Generamos proyectos más allá de lo impuesto por el curriculum, como forma de que nuestros estudiantes disfruten del “hacer música”?
También son preguntas que deberíamos respondernos.
Soy consciente que no todo es simple y lineal, que esto no pretende ser ni un recetario de “autoayuda”, ni tampoco un descubridor de nuevas preguntas que probablemente Uds. ya se hayan planteado. Sólo pretende ser una manifestación de una visión de la realidad que nos circunda y que podemos – en caso que así lo pensemos – contribuir a modificar.
Muy feliz de estar nuevamente en contacto con Uds. los saluda
Humberto López

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feb 05 2008

Un gran ejemplo

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He tenido en el día de ayer la oportunidad de ver, en un canal de cable, un concierto que brindó el Maestro Daniel Barenboim con su Orquesta West-Eastern Divan, realizado en el Palacio de Alhambra en Granada. 
Más allá del maravilloso ejemplo de unidad que nos brinda al realizar una aplicación concreta de las posibilidades sociales de la música, pude apreciar con cuanto refinamiento el Maestro Barenboim conducía la orquesta.
Su cuidado en el fraseo, en destacar cada instrumento cuando correspondía, la claridad del discurso musical, la prolijidad del contrapunto, etc. convirtieron esa escucha en un verdadero placer.
Lamentablemente no todos podemos ser maestros de ese nivel, pero mi pensamiento voló una vez más hacia una clase de música.
Cuántas veces descuidamos la precisión rítmica!
Cuántas veces le pedimos a los chicos que hagan música sin tener nosotros puestas todas nuestras energías para recibir esos sonidos!
Cuántas veces no nos permitimos disfrutar de la música que los chicos hacen, porque a priori la consideramos “pobre” y de “poca importancia”!.
No vamos a comparar – es obvio – la sensación de dirigir una orquesta sinfónica interpretando Brahms, con la de estar en el aula día tras día atendiendo la complejidad de la interrelación con los alumnos. Pero, sin embargo encontrar música en esta relación con los niños, depara también muchas satisfacciones de otro tipo.
Si nos ponemos a pensar que utiliza un gran director para que sus obras suenes “lindas” encontraremos siempre tres elementos básicos: exactitud rítmica, precisión melódica y adecuado fraseo.
Es exactamente lo mismo que deberíamos utilizar en nuestras clases. La diferencia probablemente esté en la complejidad del material y de los elementos utilizados. Pero su aplicación es la misma! ¿Por qué muchas veces descuidamos esos factores y nos perdemos el privilegio de tener un grupo consolidado en cada clase de música?
Tal vez hay muchas respuestas para esta pregunta y muchos factores que inciden en la situación, pero le doy tanta importancia al asunto que me gustaría verlo un poco más de cerca. En otros escritos me referiré al tema. Por ahora me importa mucho mencionarlo, como reflexión para nuestras actitudes.
Por otro lado me place mucho comentar la importancia de la creación de esta orquesta desde el punto de vista social. La misma tiene su sede en Sevilla y podemos encontrar información acerca de ella en www.barenboim-said.org
Es una prueba viviente de la importancia de la música en nuestra sociedad.

Para terminar, transcribo un párrafo que se halla entre las bases fundacionales de dicha institución:

“Uno de los principios inspiradores de la nueva Fundación es que la música no puede aislarse de la sociedad. Partiendo de este principio, el objetivo prioritario de la Fundación Barenboim-Said es integrar la música en el tejido de la sociedad, ámbito del que se ha ido alejando a lo largo del siglo XX como resultado de un movimiento generalizado de especialización.
En palabras de Daniel Barenboim “tenemos que concienciar a la gente de la necesidad de la educación musical como elemento orgánico de la cultura. Incluso si hay educación musical, ésta es llevada a cabo de un modo especializado. En el mejor de los casos, a los jóvenes se les ofrece la oportunidad de practicar un instrumento, de adquirir inevitablemente un nivel teórico necesario, de musicología, y de todo aquello que un músico precisa profesionalmente. Pero al mismo tiempo existe una incomprensión general y creciente de un problema que es a la vez simple y complejo: esto es la imposibilidad de articular con palabras el contenido de una obra musical. Después de todo, si fuera posible expresar con palabras el contenido de una sinfonía de Beethoven ya no necesitaríamos esa sinfonía. Pero el hecho de que sea imposible expresar con palabras el contenido de la música no significa que ésta no tenga contenido.”

No todos podremos generar una Fundación de este tipo, ni alcanzar estos niveles de calidad, pero tal vez podamos en nuestro humilde espacio de cada día llevar adelante la misión de cuidar y alimentar la educación musical. Es de esperar que esto nos pueda servir de ejemplo.   

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feb 01 2008

La Música

Published by Humberto under General

He reiniciado mi labor del año y no quería dejar pasar el día de hoy sin escribir en el blog, buscando simbolizar mis pensamientos, con respecto a la música y a su educación.
Pensando en él, surgieron las siguientes preguntas: ¿Cómo llamarlo? ¿A qué referirme?
Pensé que lo mejor sería comenzar pensando en la música en general, no sólo en aquella de los recitales, de los conciertos, de los colegios o de los conservatorios, sino sólo de la MÚSICA. Y por supuesto pensé también en quienes tienen a su cargo el enseñarla, el transmitirla, el ponerla en manos de los demás.
Vivimos un momento en el cual la sociedad cuestiona muchas de las tradiciones, busca nuevos caminos, desafía con nuevos mensajes y por sobre todo, desde un punto de vista, pone en tela de juicio las aparentes “seguridades” y por otro, en muchos casos, acepta pasivamente modificaciones que hacen a profundos cambios en su modo de vida.
No soy sociólogo ni un entendido en la materia, pero pareciera que hay una especie de “cuestionamiento superficial”, que nos hace protestar contra todo, pero que a la vez nos lleva a aceptarlo.
Vivimos en un entorno que nos muestra enormes acontecimientos mediáticos, donde – sin cuestionar sus fundamentos ni sus objetivos – asistimos a concursos, torneos, selecciones de actores, actrices, cantantes, con jurados no acordes con la materia de que se habla, en los que ilusionamos a miles de jóvenes con un “estrellato fácil” que en muchos de los casos termina “estrellándolos” contra una realidad muy dura.
Una forma de vida que privilegia el facilismo por sobre el esfuerzo y que en muchos casos nos lleva a comparaciones no muy positivas: “¿para qué me voy a preocupar, si aquel consiguió tal cosa sin ningún esfuerzo?” Una era de zapping, un período de velocidades extremas, una época donde, por dar un ejemplo, a pesar de los muertos que se ven a diario en accidentes de tránsito, todos seguimos considerando que podemos violar sus normas y donde lo que predomina es la falta de respeto y la fuerza por sobre la razón.
Llegado aquí, pareciera que el escrito no tiene referencias a la música, ni a su educación y que es una serie de pensamientos negativos con respecto a la vida. No es mi intención brindar panoramas oscuros, sino ver como podemos, desde nuestro lugar de músicos y educadores, compensar un poco esa extrema superficialidad que nos rodea.
La música – cualquiera sea su manifestación – hecha con un sentido de trascendencia, con un objetivo de comunicación profunda, de transmisión de aquello que sentimos y realizada con la necesaria responsabilidad, es una actividad que – creo que todos sabemos – nos conduce a pensar, a sentir y a encontrarnos con nosotros y con nuestros semejantes que la comparten.
Lamentablemente creo que debemos excluir de este grupo a la música comercial y a aquellos que buscan realizarla sólo para lograr una fama efímera. Creo que quienes me conocen saben que respeto y aliento cualquier actividad musical que se emprenda: coros, grupos de rock, orquestas, cantantes, folkloristas, etc. No es importante cual sea la manifestación musical, lo que es importante es la intencionalidad y la profundidad con la que esta actividad se realice.
Esa es una de nuestras misiones al enseñar música: conducir a que, quienes pretenden adquirir conocimientos o formarse con nosotros, comprendan y acepten que los verdaderos logros – más o menos modestos – se alcancen mediante una actitud de compromiso y esfuerzo, que al cabo del tiempo, nos dará muchas más satisfacciones.
La música es interpretación. Su actividad nos expone. También su realización, su escucha y su análisis son cuestiones de proyección hacia la sociedad.
Enseñarla es un proceso pedagógico, artístico y social. En su devenir están involucradas todas las áreas de nuestro ser: lo físico, lo racional y lo sensitivo.
Con esto termino: los músicos tenemos todas las herramientas posibles para un pleno trabajo personal y social, para un crecimiento integral de nuestro ser, que además nos puede producir infinitas satisfacciones. No lo desperdiciemos!
Tampoco pensemos en abrumar a nuestros alumnos con la responsabilidad de “ser músico”. Conduzcámolos con alegría, tratemos que las clases sean descubrimientos, que se sientan contentos con sus logros y que puedan desarrollar su creatividad. Tal vez, luego podamos decir: Misión cumplida!
Me alegro mucho de encontrarnos nuevamente y agradezco a quienes comparten sus comentarios y espero que muchos más sigan haciéndolo
Hasta pronto!     
 

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