mar 05 2008

Cómo hacemos cantar a los chicos (2)

Published by Humberto under Música vocal

En el artículo anterior, me referí a ciertas características que a mi juicio debe tener la enseñanza del canto (o formación de coro), dentro de la Escuela de Enseñanza General.
Continuando con esa idea, creo que aquí es también muy importante distinguir la situación de cada clase, de cada docente y de cada alumno. El escrito anterior, tenía una clara referencia a todos aquellos aspectos que tenían que ver con la relación alumno-docente. En este, me gustaría detenerme en el entorno dentro del cual debemos hacer cantar a nuestros alumnos y en que forma sus particularidades afectan al desarrollo de una clase de este tipo.
Los aspectos que tienen que ver con el entorno, van desde el habitat donde desarrollamos nuestra clase, la experiencia previa de los alumnos (y la nuestra), hasta la conformación del curso.
Rápida y naturalmente, cuando un colegio o sus directores se proponen generar un coro (o un grupo de canto), pretenden resultados rápidos y si es posible espectaculares. En mi vida de docente, siempre desalenté esas expectativas, porque la realidad nos indica que todo trabajo de este tipo hecho apresuradamente, no da buenos resultados.
Obviamente que la falta de espíritu crítico de nuestro público, hace que los aplausos sean generosos (aunque a veces no muy justificables) y por otra parte, la falta de formación, contribuye a que los padres festejen más una canción de moda, que una obra de buena factura musical.
Creo que lo bueno es apuntar a un trabajo sereno, eficiente y que se distinga por su calidad; que vale la pena explicar a todos, que si bien lo haremos en el menor tiempo posible, ese tiempo debe transcurrir; que la espectacularidad no siempre tiene relación con la calidad; y que los niños merecen el respeto de una enseñanza con conciencia y que vaya a lo profundo.
Considero que todo esto, se debe explicar al director del colegio muy tranquilamente, ya que él tampoco – probablemente – comprende lo que significa el quehacer musical. La mayoría de las personas cree que la música se hace sin esfuerzo y que “no importa como sea, porque los chicos siempre gustan”. Es fantástico que los padres se inclinen por aplaudir a sus hijos, pero siempre va a ser mejor que los aplaudan con razón.
Así como en el escrito anterior focalicé mi atención en las cuestiones de relación entre docentes y alumnos, aquí me detengo a pensar en:
Es importante poseer un aula o salón con el menor nivel de ruido externo: esto es válido para todas las materias, pero en música trabajamos con sonidos y en un coro estos sonidos deben ser audibles por sobre todas las cosas. ¡Cómo podremos escuchar si el grupo afina, si estamos en un patio que da a la calle por donde pasan camiones!
Es también fundamental poseer un instrumento afinado: Si lo vemos desde el punto de vista coral, no es necesario contar con un instrumento: con un diapasón basta. He preparado coros muy complejos, sólo con la ayuda de mi voz, pero reconozco que es un enorme gasto de energía. Un piano, una guitarra, un teclado, son de gran ayuda para este trabajo. Pero sí, es esencial, que esos instrumentos estén bien afinados.
Hay que tener en cuenta la experiencia previa de los alumnos: No es lo mismo comenzar de cero para hacer cantar a un grupo de niños, que enfrentarse con un grupo experimentado. Nunca debemos olvidar que nosotros planteamos un desafío y que para ellos también lo es. Hay que tratar por todos los medios que se sientan muy cómodos haciendo este trabajo y que lo disfruten. El miedo a la exposición es normal en muchos seres humanos. Es lógico que deban exponerse para cantar bien, pero no debemos olvidar el esfuerzo que esto significa para ellos.
Debemos escucharlos a todos en forma individual: No es cuestión de tomar al grupo y hacerlo cantar. En todo grupo hay voces agudas, graves, entonadas, desentonadas, afinadas, desafinadas, fuertes, suaves, de timbre áspero, de mucha dulzura, con emisión rápida o lenta, etc. Debemos conocer el material con que hemos de trabajar y para eso es necesario escucharlos. No una sino varias veces, para que al tomar confianza puedan soltarse y dejar de lado el factor tensión (de gran influencia en el aspecto vocal).
Es conveniente utilizar obras que se adapten al registro medio del grupo, pero con alguna exigencia: No utilicemos sólo obras que les sean “cómodas”. Hagamos el trabajo cómodo, pero planteemos alguna exigencia en cada obra nueva. Es un proceso lento, pero debe ser sostenido. Existen experiencias de grupos corales en colegios que por años siguen cantando en el registro de una octava: de “do a do”. Cuando les he preguntado porqué, los docentes me contestan: “porque llegan hasta ahí”. En buena medida ese “hasta donde llegan” depende también del docente.
Siempre cantemos nosotros lo que les pedimos que canten ellos: Es importantísimo ejemplificar lo que vamos a hacer. No importa si nuestra voz es linda o fea, grave o aguda, lo importante es que ellos también nos escuchen cantar. El docente que toca el piano y les dice “canten” y jamás se expone, nunca podrá llegar a lo profundo del niño, porque lo pondrá en una posición desventajosa. El “riesgo” debe ser asumido por ambos.
Démosle partituras: así sea una simple línea melódica, es importante que ellos puedan ir visualizando esa escritura, que en un principio les será irreconocible, pero que poco a poco irá generando en ellos la costumbre de percibir ciertas diferencias sonoras.
Por último, jamás olvidemos que: es mejor una línea melódica bien afinada y precisa rítmicamente, que una canción a cuatro voces imprecisa y con errores de afinación. En ningún lugar del mundo está escrito que un coro DEBE ser a varias voces. Somos nosotros que imaginamos que si no es así no nos luciremos. Hacer un coro al unísono tiene sus propias dificultades y debemos enfrentarlas y vencerlas. Ya llegará el tiempo en que podamos cantar a varias voces, pero conservando la afinación y la justeza rítmica.
Les pido que no crean que busco “dictar cátedra”, sino compartir experiencias. Me gustaría mucho que quienes no estén de acuerdo lo hagan saber y que compartan sus opiniones, para el enriquecimiento mutuo. Hablo desde mi experiencia, desde años de esfuerzo, donde pude apreciar el valor del esfuerzo y la constancia como actitud fundamental para llegar al éxito. Todos los chicos pueden cantar, es sólo la actitud del docente la que los llevará a realizarlo!  
 

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sep 05 2007

La práctica del cantar en el aula

Published by Humberto under General,Música vocal

Hola, nuevamente me pongo a escribir, pensando en continuar aquello que comenté en el artículo pasado: La voz en el aula!
¿Qué actividades sugiere esa frase?
Si pienso en responder esa pregunta debería inclinarme por una primera respuesta: cantar.
Respuesta muy predecible, ¿verdad?
Sin embargo, el cantar en el aula – cuestión muy obvia desde muchos puntos de vista – tiene ciertas características que no resultan tan obvias y que vale la pena comentar, aunque con la aclaración de que no pretendo señalar situaciones ni dictar cátedra:
Por un lado, me surgen estas preguntas:

  • ¿La clase, es mixta o con alumnos del mismo sexo?
  • ¿Cuál es la edad de los alumnos?
  • ¿Están en el período de cambio de la voz?
  • ¿Tienen costumbre de cantar o es su primera experiencia?

Por otra parte:

  • ¿Qué cantar?
  • ¿Hacerlo con piano o a capella?
  • ¿A una voz o a varias voces?
  • ¿En que idioma?
  • ¿En más de uno?
  • ¿A qué nivel técnico se pretende aspirar?

Todas estas preguntas y probablemente muchas otras, algunas de fácil respuesta, tendrían que estar en la mente del docente que trabaja con los niños su aspecto vocal.
Unas hacen al aspecto práctico de la tarea, pero otras son generadoras de pensamientos que sin duda son fruto de las connotaciones de la misma y a la vez bases y fundamento de las actividades.
Termino reiterando la frase que coronó el artículo previo: TODOS podemos cantar. Por otra parte no olvidemos que también TODOS los docentes deberían estar preparados para enseñar el como. No quiero decir con esto que los docentes de música debieran ser especialistas en canto, sino que tienen que tener los elementos básicos para lograr que sus alumnos canten.

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sep 04 2007

EL CANTO EN EL COLEGIO

Published by Humberto under General,Música vocal

Hola a todos.

Tal como comenté en mi bienvenida, este blog va a estar dedicado fundamentalmente a
la Educación Musical, tema muy amplio por cierto.

Y la primer pregunta que uno se plantea, es por donde empezar a escribir algo de lo que habló y habla durante tanto tiempo. La educación y la educación musical en particular son temas tan familiares, tan presentes en nuestra vida, tan constantes durante nuestra existencia, que parece muy sencillo ponerlos sobre “blanco y negro”. Pero comenzar implica decidir y por supuesto definir. Y las opciones son tantas y cada una de ellas encierra tanto valor y tanta riqueza que no es sencillo desechar alguna.

De cualquier manera, creo que es justo comenzar por el instrumento más inherente al hombre: la voz humana.

Ninguno de mis colegas ha de dudar cuando decimos que la voz debe ser una de las más importantes herramientas dentro de una clase de educación musical y a la vez uno de los puntos esenciales donde el educador debe enfatizar su labor.

Es fundamental que todo niño cante, que todo joven cante y que cada adulto cante, con muchas o con pocas aptitudes, pero que el cantar sea una constante, al menos durante todo su proceso educativo.

Y aquí aparece uno de los postulados que considero esenciales en cualquier formación musical: TODOS tienen el derecho y la “obligación” de cantar. Quienes tienen por naturaleza muy buena voz y quienes no han sido privilegiados por ella, TODOS pueden y deben cantar.

Es lógico que el educador musical no pueda generar grandes o bellas voces si la naturaleza no ha dado un paso previo, pero sí puede ayudar a que todo niño entone adecuadamente, tenga un claro sentido rítmico y genere una capacidad de fraseo que convierta a su canto en un hecho de comunicación.

Es mi interés dedicar bastante tiempo a presentar ideas en este aspecto. He visto muchos docentes inhibidos de cantar delante de sus alumnos y muchos más alumnos inhibidos de cantar delante de cualquier persona. Creo que una de las principales funciones de un docente de música es lograr que los niños canten sin inhibiciones y con felicidad.

Vuelvo aquí unos párrafos atrás para aclarar que es lo que quiero decir con que todos tienen el “derecho” y la “obligación” de cantar:

Derecho, porque cantar es un placer y un motivo de felicidad y nadie puede arrogarse la posibilidad de cercenarlo. Afortunadamente en muchas escuelas ya no se escucha eso de “Juancito canta horrible, así que lo puse a hacer otra cosa”, aunque todavía hay quienes crean que sólo deben cantar los que “tienen buena voz” y no entienden que cantar puede ser una meta, pero también es un proceso, que deben atravesar todos los que quieren cantar. No podemos rechazar en un coro de un colegio a un niño “porque no entona”. Nuestra obligación docente nos señala que debemos formarlos para que entonen y canten.

Obligación, por la necesidad de aplicar el canto al aprendizaje de la música, a superar las inhibiciones y a expresarse con el instrumento más cercano a nuestra esencia. La única forma de “aprender a cantar” es haciéndolo. Entonces debemos considerar que el canto es una de las formas fundamentales de aproximación a la música, y así como “imponemos” ciertas reglas (de conducta, de actitud, de desarrollo de un programa, etc.) también deberíamos “imponer” la actividad de cantar.

En mi experiencia docente he visto niños de ocho años volver a su casa llorando por haber sido rechazados para integrar el coro del colegio porque “vos no entonás” (sic). Algún profesor de matemáticas le dijo alguna vez a un alumno de tercer grado: “andate de la clase porque no sabés multiplicar”?. Es una pregunta que deberíamos hacernos cada vez que consideramos que alguien no sirve para la música: ¿Qué es enseñarla: un simple proceso de evaluación de aptitudes o un proceso complejo para alcanzar dichas aptitudes?

Y por último: ¿cuál es nuestra responsabilidad docente en ese proceso?

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